En el diario La Razón, el periodista Esteban Garcia Marcos, comenta unas declaraciones de nuestro asociado el coronel, r Jesus A. Garcia Riesco sobre la adaptación del solidado a las nuevas técnicas de combate.

Jesús Alberto García Riesco, coronel retirado, alerta de la falta de soldados: «La tecnología aumenta la necesidad de combatientes instruidos con voluntad de vencer»
La experiencia ucraniana obliga a revisar el adiestramiento mientras los aliados prometen multiplicar sus operadores y España prueba en Almería cómo encajan los nuevos sistemas en sus unidades

La automatización permite encomendar tareas a máquinas, pero exige conocimientos a quienes las emplean y a quienes deben protegerse de ellas. El problema afecta a toda la unidad, que necesita disponer del equipo y saber emplearlo.
La formación ocupa así un lugar propio en el debate sobre el rearme europeo. Las compras de aeronaves y sensores tienen que acompañarse de personal preparado para trabajar con ellos. El coronel español retirado Jesús Alberto García Riesco cuestiona la adaptación de los ejércitos occidentales a esas exigencias, con especial atención a las pequeñas unidades que siguen combatiendo sobre el terreno.
Aprender bajo vigilancia aérea
Su argumento parte de una realidad física: conquistar y defender posiciones sigue requiriendo tropas. En un artículo publicado el 1 de agosto de 2026 por la Asociación Española de Militares Escritores, el coronel de Artillería sostiene que la preparación humana cobra más peso cuando se multiplican los medios técnicos. Reclama cambios en la organización y en la enseñanza junto a la incorporación de drones y guerra electrónica. Su crítica se dirige al conjunto occidental.
Existe una forma de trasladar esa experiencia a los ejercicios. En la operación Interflex, dirigida por Reino Unido, militares ucranianos han enseñado a instructores extranjeros procedimientos aprendidos durante la guerra. La ficha audiovisual oficial publicada por la OTAN el 11 de febrero de 2026 documenta una demostración con pilotos australianos, británicos y suecos. El aprendizaje circula en ambas direcciones: quienes reciben formación también aportan conocimientos que sirven para corregir el programa.
La necesidad de más especialistas ya tiene un compromiso político. El 7 de julio de 2026, al presentar la iniciativa Drone Edge, Mark Rutte anunció que los aliados se comprometían a quintuplicar los operadores de drones formados antes de terminar 2027. El anuncio acompaña a las inversiones contra estas amenazas, que incluyen soluciones como la protección de bases. La meta exige ampliar la enseñanza; todavía debe traducirse en personal capacitado.
Las pruebas sobre el terreno
España cuenta con una vía para comprobar cómo funcionan esas herramientas dentro de sus fuerzas. El Ejército de Tierra reunió en Viator, Almería, equipos militares y empresas durante la campaña de experimentación del 7 al 17 de abril de 2026. Su comunicado describe pruebas con puestos de mando, medios contra drones y vehículos sin tripulación. Esa experimentación acompaña a los programas españoles de drones, aunque cada capacidad tiene sus propios plazos.
La finalidad declarada de la campaña consiste en distinguir qué medios pueden incorporarse, cuáles requieren cambios y qué necesidades siguen sin resolverse. Es una cuestión compartida con desarrollos como los convoyes militares autónomos. La demostración permite detectar dificultades; por sí sola, no acredita que todas las unidades dispongan ya del material o dominen su empleo en operaciones.
En Interflex, esa distancia entre conocer una herramienta y enfrentarse a ella se trabaja también con humo, sonidos y globos de agua que simulan municiones lanzadas desde drones. Son recursos sencillos para reproducir una amenaza compleja. La formación busca que los alumnos lleguen al frente con una experiencia previa de esa presión.
