El digital LA CRITICA.COM publica este articulo sobre la geopolítica de CEUTA, de la pluma del General Jesus Argumosa:

La crisis en Ceuta. Marruecos, geopolítica y soberanía
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En el momento en que escribo estas líneas, 6 de agosto, todavía se encuentran en Ceuta entre 2000 y 2500 migrantes, de los cuales cerca de un millar son menores. La Unión Europea da por superada la crisis migratoria en Ceuta, después de que 72.000 migrantes ingresaron en la ciudad autónoma, y aboga por reforzar fronteras y prevención. Esta posición se ha producido después de la reunión extraordinaria del antes de ayer de los ministros de Interior de la UE por videoconferencia. (…)
En agosto de 2021, Bielorrusia promovió la entrada de centenares de inmigrantes y refugiados de Oriente Próximo y Norte de África a Polonia. En aquel momento, varios países europeos y Estados Unidos expresaron su solidaridad con Polonia argumentando un ataque a su soberanía e integridad territorial. Resulta preocupante que en el caso de Ceuta varios estados miembros hayan tendido a favorecer la desunión en la Unión Europea. Parece que en la reunión citada se ha corregido esta tendencia y los 27 han mostrado su pleno apoyo a España. Sin embargo, la crisis de emigrantes en Ceuta encierra características de alto calado tanto a nivel nacional como en el horizonte internacional que es preciso tenerlas muy en cuenta en el marco de nuestros intereses de seguridad. Para nadie es un secreto que Marruecos dispone de una doctrina estratégica permanente de expansión territorial – la aplicación de la teoría del “espacio vital” de Ratzel -, concebida por el nacionalismo marroquí, que reclama el Gran Marruecos que engloba el Sahara Occidental, parte de Argelia y Mauritania y territorios españoles del Norte de África que incluye claramente a Ceuta y Melilla. En la aplicación de esta estrategia se enmarca la operación militar y política de la “Marcha Verde” que tuvo lugar en noviembre de 1975, cuando más de 350.000 civiles marroquíes, muchos de ellos ancianos y niños, armados únicamente con banderas y ejemplares del Corán, entraron de forma pacífica en el territorio español del Sahara Occidental. La “Marcha Verde”, que fue apoyada por parte de la CIA y Estados Unidos, se materializó en la ocupación militar de la mayor parte de dicho territorio por Marruecos, que sigue manteniendo el control en la actualidad. Junto a este acontecimiento de la “Marcha Verde”, que ya hace 50 años largos, se han producido una serie de actos hostiles contra España, por parte de Marruecos. Desde la crisis de la isla de Perejil, desarrollada en julio de 2002, que fue ocupada por militares marroquíes durante diez días, hasta la entrada en la ciudad autónoma de 72.000 inmigrantes los pasados 30 y 31 de julio, pasando por el cruce masivo de unos 10.000 inmigrantes a Ceuta, en mayo de 2021, y por la aprobación por Marruecos, de forma unilateral, de una ampliación de las fronteras marítimas, en 2020, considerando el Sahara Occidental como territorio propio, añadiendo recientemente una supuesta explotación conjunta con España del monte Trópic, rico en telurio, cobalto y tierras raras. Todos ellos forman parte de la estrategia mencionada. En román paladino, estos actos forman parte de lo que ahora se llama “guerra híbrida”. Es un hecho objetivo que Marruecos está instrumentalizando la inmigración como una herramienta política de las diferentes amenazas híbridas que hoy se están utilizando en ese amplio espacio de “zona gris” – espectro de rivalidad situado entre la paz y la guerra abierta – en cuyo campo de acción actúan un conjunto de operaciones como el sabotaje de infraestructuras críticas, ciberataques, operaciones encubiertas o sanciones económicas. Los casos de 2021 y el del pasado mes de julio son de libro. Es prácticamente imposible que los diferentes servicios de inteligencia ya sean españoles o marroquíes no detecten un movimiento de más de 72.000 personas moviéndose por el territorio marroquí y comunicándose por redes sociales. Si los servicios marroquíes no lo evitaron, lógicamente, ha sido porque respondía a los intereses de Rabat y si el gobierno español no tomó las medidas adecuadas ha sido por negligencia y una falta de responsabilidad gubernamental ante una amenaza directa contra nuestros intereses de seguridad nacional como son la soberanía y la integridad territorial. Para ser realistas, y con independencia de que el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, señale al CNI, dependiente de Defensa, por no advertirle de la marea humana que se desplazaba hacia Ceuta y de que fuentes militares recuerdan que el control y seguridad de las fronteras es competencia de Interior, lo cierto ha sido que el gobierno – que sigue exculpando a Marruecos – ha fracasado en la defensa de la soberanía e integridad territorial nacional ante el pueblo español y en la defensa de la soberanía e integridad territorial europea ante la Unión Europea. Llegados hasta aquí, uno de los factores más importantes que está influyendo sobre esta crisis es la geopolítica de la soberanía o, mejor dicho, la ubicación geográfica de Ceuta en la geoestrategia del poder. La ciudad autónoma junto con el territorio peninsular, además de Melilla aportando profundidad estratégica, ocupa una posición privilegiada en el control del Estrecho de Gibraltar por el que anualmente pasan 100.000 embarcaciones lo que constituye más del 10% del tráfico marítimo internacional. Por ello, en esta crisis aparecen otras potencias mundiales y regionales con intereses en la zona que se decantan por apoyar a Marruecos por ser un actor que se ajusta más estrechamente a sus objetivos políticos y tener con él relaciones preferenciales, como pueden ser Estados Unidos, Israel y algunos países europeos. La única voz del Gobierno que ha mostrado una actitud discrepante hacia Marruecos ha sido la ministra de Defensa, Margarita Robles. España debe actuar en complicidad con los países europeos y que estos actúen en reciprocidad como ocurrió en el apoyo que se dio a Polonia en la crisis con Bielorrusia mencionada anteriormente. Lo ideal es que en la Unión Europea se tome una decisión con plena unidad colectiva en la inmigración, en la que España participe y rompa su aislamiento. Se han puesto en cuestión la soberanía e integridad territorial nacional, nuestros intereses de seguridad fundamentales y es indispensable que esto no vuelva a ocurrir. Ante la estrategia hostil, ambigua y calculada de Marruecos, resulta imperioso que el Gobierno español desarrolle y aplique una estrategia de anticipación, firme, sólida y creíble, que ejerza la disuasión adecuada, que nuestra posición sea permanentemente activa y no reactiva, como viene sucediendo, incluso que se vuelva a nuestra tradicional postura sobre el Sahara Occidental, que sería lo más lógico y razonable. Con la crisis de Perejil, el cruce masivo de inmigrantes en 2021 y la reciente entrada de 72.000 inmigrantes, Marruecos está probando para ver cuál es nuestra respuesta, así cuales son las posiciones y reacciones internacionales. Y la realidad nos indica que, con una alta probabilidad, el país magrebí lo intentará, de nuevo. Es ineludible que España esté preparada, tanto a nivel nacional como internacional, para dicha posibilidad.
GD (R) Jesús R. Argumosa Pila FUENTE
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