España amenazada. General de Ejercito, r Fernando Alejandre Martinez.

 

España amenazada

 

España, como todos los países del mundo, se enfrenta a retos en su capacidad de supervivencia y en su voluntad de defensa. Y hay un número importante de españoles que no cree que haya una amenaza existencial

 

 

Foto: Migrantes y menores en las naves del Tarajal a la espera de ser realojados, este jueves. (EFE/Reduan Dris Regragui)
Migrantes y menores en las naves del Tarajal a la espera de ser realojados, este jueves. (EFE/Reduan Dris Regragui)

En un libro que escribí hace ya unos años, citaba la frase de Baudelaire que dice que «el mejor truco del Diablo fue persuadir al mundo de que no existía». Tengo que reconocer que, la semana pasada, viendo lo sucedido en Ceuta, me habría resultado muy fácil decir “lo avisé” y aún más dejarme llevar por las imágenes y por la indignación que embargaba a muchos españoles y ponerme a despotricar de la vergonzante situación a la que se ha visto abocada nuestra patria.

Sin embargo, preferí reposar esas terribles imágenes y la repercusión que han tenido en el mundo entero. Preferí tratar de alejar mi análisis de un momento tan bochornoso como el de ver a mis compañeros inermes, indecisos y, en algunos casos, desarmados (textualmente, sin sus armas). Preferí no ver demasiadas imágenes de soldados españoles siendo ninguneados por los ilegales y en muchas ocasiones, superados por los acontecimientos de lo que era, sin género de dudas, una invasión del territorio nacional.

Me di un tiempo de reflexión, sobre todo después de oír al presidente del Gobierno (y a alguno de sus ministros) mostrar su agradecimiento a Marruecos por su comportamiento y colaboración. Se hablaba, en foros oficiales, de colaboración marroquí, a pesar de la evidencia de que el reino alauita, a mis ojos y a los de una gran cantidad de militares y civiles, españoles y extranjeros, acababa de arrollarnos en una demostración de fuerza y falta de respeto por España y sus fronteras. Tal vez quisieran con esas referencias señalar que, esta vez y ya van tres, todo ha quedado en un aviso a navegantes, aunque el mensaje que han enviado es que cuando el Rey de Marruecos quiera, veremos la verdadera y, si Dios no lo remedia, definitiva invasión.

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                                                           Migrantes en Ceuta. (Reuters)

Pasados unos días, me pongo a ello y lo hago para señalar que lo que acabamos de ver en Ceuta no es una crisis migratoria, por mucho que algunos, metiendo la cabeza en el suelo para no ver el ensayo de intifada que acaba de tener lugar en las pantallas de sus televisores, hablen de mafias del tráfico de personas y resoluciones judiciales malinterpretadas.

España, como todos los países del mundo, se enfrenta a retos en su capacidad de supervivencia y en su voluntad de defensa. Uno de ellos deriva de que, basta ver la televisión estos días, en España hay un número importante de españoles que no cree que haya una amenaza existencial para la nación, por lo menos, nada que vaya más allá de la inestabilidad económica, el paro o la inflación. Pero, con conciencia de la amenaza o sin ella, el diablo del que hablaba Baudelaire existe. Existe, aunque la sociedad española crea que puede seguir viviendo su sueño de falsa seguridad en el que, orgullosa de ser una sociedad «buenista» y pacifista (más que pacífica), acepta a regañadientes la necesidad de tener unas Fuerzas Armadas cuyo empleo vaya más allá de la UME y de las operaciones de «Ayuda Humanitaria» de las Naciones Unidas.

Creo que resulta patente que muy pocos de nuestros conciudadanos tienen conciencia de nuestra necesidad de defensa nacional. Lo que me parece aún peor es constatar que esa falta de conciencia (o exceso de inconsciencia) afecta, de forma general, a muchos de los que tienen responsabilidades de gobierno, a una gran mayoría de los que nos dirigen desde instituciones locales, autonómicas o nacionales.

Lo más curioso del caso es que todo, casi todo, está escrito. La Constitución nos dice qué es lo que hay que «garantizar» y qué hay que «defender«. Son, evidentemente, términos diferentes. Mientras garantizar significa dar garantía, asegurar, proteger o respaldar el cumplimiento de algo, defender significa amparar, librar, proteger, mantener o sostener algo contra una opinión o acción ajena.

En España, ese defender y ese garantizar se recogen en el artículo 8.º de la CE, en el que indica que las Fuerzas Armadas (constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire), tienen como misión GARANTIZAR la soberanía e independencia de España y DEFENDER su integridad territorial y el ordenamiento constitucional. Por cierto, la Constitución, al marcarles a las Fuerzas Armadas su misión, no menciona nada relativo a INTERESES NACIONALES. Repito, nada en la Constitución dice que soldados españoles deban defender la integridad territorial de Letonia o garantizar la soberanía de Irak. Eso lo hacen por decisión gubernamental y, en un mundo ideal, debería estar directamente relacionado con la seguridad de la nación y con sus intereses nacionales. Parece obvio señalar que esos intereses no deberían, en modo alguno, ser de carácter político o partidista. Es más, deberían ser formuladas por el gobierno de turno (mejor que lo fueran con, al menos, cierto respaldo de las Cortes) y deberían implicar que la seguridad (y la economía y bienestar) de los españoles mejorase cuando sus Fuerzas Armadas actuasen en defensa de intereses nacionales.

La segunda cosa que la Constitución no dice (ni puede decir) es quién es el enemigo de quien hay que defender esas cosas más o menos concretas que cita (soberanía, independencia, integridad territorial y ordenamiento constitucional) o que no cita (intereses propios y aliados que se convierten en nacionales). La determinación de esos intereses y de quién es el enemigo es propia de las políticas de defensa, aunque, en mi opinión, y de eso es de lo que hablo en mi libro, debemos tener previsto, como nación, defendernos de MARRUECOS y, en su caso, de ARGELIA, del terrorismo internacional (yihadista o no) y del crimen organizado. Pero también de RUSIA, de la inestabilidad en Oriente Próximo y del islamismo radical. Tanto como de IRÁN, de CHINA (y del PCCH).

La verdad es que no solo España está bajo amenaza, sino que el mundo es mucho menos seguro ahora que lo era en los ochenta del pasado siglo. Si algo tengo claro es que hace treinta y tantos años, cuando caía el muro de Berlín, nos engañaron los que auguraron que con la desaparición de los bloques desaparecían los riesgos y nos encaminábamos hacia una era de paz mundial. Bueno, esos y los que pensaron que los ejércitos podían convertirse en organizaciones no gubernamentales que podían ir repartiendo democracia por doquier. España no puede evitar, por su situación geográfica y por su peso en la estrategia occidental, estar bajo una amenaza evidente y seria, pero de eso hablaremos en los siguientes artículos.

Aunque la ministra de Defensa de España diga que lo ocurrido la semana pasada «… no es una guerra. Son seres humanos que vienen engañados y hay que darles un tratamiento adecuado»; lo cierto es que España ha sido atacada en una forma de guerra híbrida y que el engaño puede haber afectado a una mayoría de los invasores (los que ya han regresado a su país), pero a la totalidad de los que entraron en nuestro territorio nacional.

Muy probablemente, tras este ensayo de intifada (similar al que vimos en 2021), vendrá otra vuelta de tuerca, probablemente entonces contando con el apoyo de los espías, soldados, islamistas radicales, terroristas o delincuentes que se han quedado (¿2000?, ¿2700?) en determinados barrios de Ceuta tras el regreso de los que les daban cobertura en la invasión de la semana pasada. No sabemos cuántos han quedado en territorio de Ceuta, menos aún los que se han disuelto en las redes islamistas de, por ejemplo, el barrio del Príncipe.

De lo que no tengo duda alguna es de que España está hoy mucho más amenazada que hace quince días y que se ha aumentado de forma exponencial su vulnerabilidad táctica en la frontera sur, sobre todo porque la respuesta española ante lo ocurrido ha dejado ver a las claras nuestra debilidad estratégica.

 

 

Fernando Alejandre Martínez, General de Ejército (R). Fue JEMAD entre 2017 y 2020
Es miembro de la Asociación Española de Militares Escritores. 

 

 

Fuente:

https://www.elconfidencial.com/espana/2026-08-03/entrada-inmigrantes-ceuta-marruecos-crisis-migratoria_4399707/