El coronel, r del CGEA Julio Serrano Carranza, asociado de AEME publica en LINKEDIN este interesante articulo de Abraham Serrano. OSAC member Consultor Internacional de Seguridad y Defensa, especializado en geoestrategia e inteligencia internacional y Derechos Humanos.. Por su ines lo reproducimos en la web.
Ceuta y el Nuevo Orden del Estrecho de Gibraltar. El tablero que nadie te está explicando.
El control de los accesos marítimos y terrestres en el flanco sur de Europa ha trascendido las agendas de seguridad doméstica para consolidarse como un nodo crítico de la alta política global. En el marco de las Relaciones Internacionales, el Estrecho de Gibraltar opera como uno de los chokepoints o puntos de estrangulamiento más determinantes del comercio y el despliegue militar planetario, actuando como la única llave de paso natural entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Históricamente, la gobernanza de este espacio ha estado marcada por una soberanía fragmentada y tensiones latentes entre el Reino de España, el Reino Unido (a través de Gibraltar) y el Reino de Marruecos.
Sin embargo, la confluencia de dos hitos fundamentales a mediados de 2026 —la firma del Tratado sobre Gibraltar y el posterior colapso fronterizo por flujos migratorios masivos en Ceuta— ha obligado a la comunidad académica a reformular las dinámicas de la autonomía estatal.
Este artículo examina, bajo el prisma del institucionalismo liberal y la teoría de la securitizaciónde la Escuela de Copenhague, cómo la instrumentalización de flujos humanos como armas asimétricas impacta en la soberanía fáctica española.
A través de este análisis, se evalúa si la inserción de recursos transnacionales responde a una agenda de contención euroatlántica dirigida contra potencias revisionistas como Rusia y China, o si se inscribe estrictamente dentro de la cooperación técnica intergubernamental.
Para comprender la dimensión geopolítica de las tensiones en Ceuta y el Estrecho de Gibraltar, es imperativo analizar este espacio no como una frontera periférica aislada, sino como un eslabón crítico en la red global de puntos de estrangulamiento marítimo. Siguiendo las tesis fundacionales del almirante Alfred Thayer Mahan (1890) sobre la influencia del poder naval, el control de las vías de tránsito marítimo internacional determina la hegemonía global.
Quien domina los accesos a los mares cerrados o semicoloniales no solo asegura sus propias líneas de comunicación y comercio, sino que adquiere la capacidad de estrangular de forma asimétrica las economías de sus competidores estratégicos.
En la arquitectura de la seguridad global del siglo XXI, el eje compuesto por el Estrecho de Ormuz, el Canal de Suez y el Estrecho de Gibraltar conforma el corredor de tránsito comercial y energético más vital del planeta, conectando de forma ininterrumpida las economías de Asia-Pacífico y el Golfo Pérsico con los mercados de la Unión Europea y el Atlántico Norte.
El Estrecho de Ormuz, bajo la custodia jurídica de Omán e Irán, concentra el tránsito de aproximadamente el 20% del petróleo mundial. Para la estrategia de defensa de los Estados Unidos y la OTAN, Ormuz representa un punto de máxima volatilidad donde la Quinta Flota estadounidense opera de forma permanente para contrarrestar la proyección de poder asimétrico de la República Islámica de Irán, la cual utiliza la amenaza latente de un bloqueo marítimo como una herramienta de disuasión existencial frente a Occidente.
Por su parte, el Canal de Suez, administrado soberanamente por Egipto, es el nexo directo entre el Mar Rojo y el Mediterráneo.
Las recientes inestabilidades internacionales, exacerbadas por los ataques con drones y misiles de facciones beligerantes como los hutíes en el estrecho de Bab el-Mandeb, han demostrado la extrema fragilidad de esta ruta.
La necesidad de escoltas militares multinacionales para salvaguardar el libre comercio ha acelerado la «securitización» integral de toda la cuenca del Mediterráneo, forzando a las potencias occidentales a blindar la entrada y salida de estas aguas en sus extremos terminales.
El Estrecho de Gibraltar actúa como el tapón definitivo del Mediterráneo Occidental. Mientras que Ormuz y Suez se localizan en zonas de alta inestabilidad geopolítica o bajo la soberanía de regímenes no alineados, Gibraltar está custodiado por dos democracias liberales integradas en la estructura de seguridad occidental: el Reino de España y el Reino Unido.
La centralidad de este punto radica en que representa la última línea de defensa ante cualquier vector de inestabilidad proveniente del norte de África o de los teatros en conflicto de Oriente Medio.
Quien controle militar y aduaneramente la orilla norte (Algeciras, Tarifa y Gibraltar) y la orilla sur (Ceuta) dispone del poder de veto definitivo sobre cualquier buque que pretenda ingresar al Océano Atlántico.
Esta geografía física cobra un significado crítico cuando se cruza con la doctrina estadounidense de contención a la República Popular China.
Bajo la iniciativa de la «Franja y la Ruta» (Belt and Road Initiative), Pekín ha intentado diversificar sus rutas comerciales y asegurar el suministro de materias primas mediante la adquisición y control financiero de infraestructuras portuarias estratégicas a lo largo de todo el globo, una táctica conocida en la literatura militar como el «Collar de Perlas».
China depende profundamente del libre tránsito por Ormuz y Suez para mantener abastecido su tejido industrial y para exportar sus manufacturas de alto valor hacia Europa.
La vulnerabilidad estructural de China radica en el denominado «Dilema de Malaca», el cual se extiende a Ormuz, Suez y Gibraltar: en caso de un conflicto bélico de alta intensidad (por ejemplo, una escalada en el Estrecho de Taiwán), el poder naval combinado de la OTAN y los Estados Unidos posee la capacidad operativa de sellar simultáneamente estos tres puntos de estrangulamiento.
Al restringir estos chokepoints, Occidente podría colapsar el comercio exterior chino y cortar el suministro de hidrocarburos procedentes de Oriente Medio en cuestión de semanas.
Para que este dispositivo de estrangulamiento estratégico sea infalible en el Mediterráneo, el mando aliado de la OTAN requiere que el Estrecho de Gibraltar permanezca bajo una supervisión de máxima seguridad y predictibilidad institucional.
La tesis de que las crisis periféricas en Ceuta forman parte de una arquitectura geopolítica orquestada para desplazar a España del Estrecho de Gibraltar requiere una evaluación empírica basada en el funcionamiento de las agencias de la Unión Europea y las dinámicas reales de la región.
El análisis especializado en tácticas asimétricas norteafricanas señala que el uso de presiones migratorias por parte de Rabat opera bajo la doctrina de la «guerra híbrida».
Marruecos instrumentaliza estratégicamente la vulnerabilidad fronteriza de los enclaves españoles no como un mecanismo de cesión a terceros, sino como una palanca de negociación bilateral directa con Madrid para forzar concesiones diplomáticas y económicas en áreas clave como el reconocimiento de la soberanía sobre el Sáhara Occidental.
Por lo tanto, la intervención de la Unión Europea y de agencias de control fronterizo no responde a un desplazamiento de la autoridad local, sino a una dinámica de securitización institucionalizada.
El despliegue operativo de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) en los perímetros de Ceuta o el uso de redes de inteligencia satelital del Centro de Análisis y Operaciones Marítimas en materia de Narcotráfico (MAOC-N) no sustraen la soberanía jurídica del Estado español.
Bajo el derecho comunitario e internacional, los agentes transnacionales carecen de facultades coercitivas autónomas; su actuación está estrictamente supeditada a la cadena de mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (Guardia Civil y Policía Nacional).
La «seguridad compartida» opera aquí como un multiplicador de capacidades tecnológicas y logísticas financiado por Bruselas, blindando el espacio Schengen sin diluir la titularidad soberana de la frontera, la cual sigue siendo administrada de forma exclusiva por las autoridades de Madrid.
Es en este punto exacto donde la teoría de la conspiración de una «pérdida de soberanía provocada» se disuelve ante la lógica del institucionalismo liberal: la OTAN y los Estados Unidos no necesitan restarle soberanía a España ni desplazarla del control de Ceuta o el Estrecho; al contrario, necesitan un Estado español fuerte, tecnológicamente hiperconectado y jurídicamente respaldado por los recursos federalizados de la Unión Europea.
El Tratado de Gibraltar firmado el 14 de julio de 2026 demuestra un fortalecimiento de la posición española en el peñón: al integrarse la colonia británica al espacio Schengen, Londres aceptó que sean los oficiales y los controles aduaneros españoles quienes custodien la entrada y salida de flujos en el puerto y aeropuerto de Gibraltar.
La sincronización entre las tensiones de Ceuta y los acuerdos de la verja alimentó narrativas de desestabilización, pero las evidencias jurídicas apuntan a que España ha centralizado, bajo el mandato delegativo de la Unión Europea, el control aduanero y de seguridad de la orilla norte del Estrecho.
Tras el análisis pormenorizado de las dinámicas operativas y los marcos jurídicos que rigen el flanco sur de Europa, se desprenden las siguientes conclusiones:
- Soberanía delegada y control operativo: La presencia de agencias multilaterales de la UE no constituye un acto de injerencia externa. Legalmente, estas fuerzas operan como personal técnico de apoyo supeditado a la Guardia Civil y la Policía Nacional de España, reforzando la soberanía estatal frente a desafíos asimétricos en lugar de suplantarla.
- Consolidación del peso geopolítico de Madrid: El Tratado de Gibraltar de 2026, lejos de restar soberanía a España, delegó en sus autoridades el control aduanero de la última frontera de Schengen en el peñón, lo que incrementa la relevancia de Madrid como el guardián de los accesos al Mediterráneo Occidental.
- Límites de la instrumentalización híbrida: La resolución de la crisis migratoria masiva en Ceuta mediante canales diplomáticos directos y devoluciones coordinadas de manera bilateral demostró que el Estado español retiene la capacidad exclusiva de abrir, cerrar y defender sus fronteras de manera soberana frente a los intentos exteriores de coacción política.
Prospectiva de Escenarios Futuros (2026-2035)
Escenario 1: El Fortín Multilateral Español (Alta Probabilidad)
España consolida su posición como el gendarme principal del sur de Europa.
El flujo de fondos europeos y la integración tecnológica a través del MAOC-N y Frontex se duplican.
Las relaciones con Marruecos se estabilizan temporalmente mediante acuerdos de cooperación económica y control migratorio conjunto.
En este escenario, el control del Estrecho de Gibraltar permanece firmemente bajo la dirección de Madrid y Londres, utilizando el paraguas de la Unión Europea para legitimar internacionalmente el blindaje del espacio Schengen y diluir las críticas humanitarias internas.
Escenario 2: La Internacionalización por Amenazas Híbridas (Mediana Probabilidad)
Ante una eventual escalada bélica o un incremento sustancial del patrullaje de la armada china o rusa en el Mediterráneo, la OTAN presiona para declarar el Estrecho de Gibraltar como una «Zona de Seguridad de Interés Aliado Permanente».
Aunque España retiene la soberanía nominal, las decisiones de interceptación marítima de alta prioridad estratégica pasan a ser coordinadas en tiempo real por un comando conjunto establecido en la Base Naval de Rota.
Las crisis migratorias en Ceuta pasan a ser tratadas formalmente como amenazas híbridas o ataques asimétricos contemplados bajo las estrategias de defensa colectiva de la Alianza Atlántica.
Escenario 3: Fractura de Cooperación e Inestabilidad Asimétrica (Baja Probabilidad)
Un cambio político radical en Madrid o Rabat rompe los canales de comunicación bilaterales vigentes.
Marruecos utiliza la presión migratoria intermitente de forma masiva como arma de coacción política permanente.
Ante el desgaste presupuestario y el colapso político interno en España, la Unión Europea condiciona el flujo de fondos de rescate o estabilidad a una «europeización» total de las fronteras de Ceuta y Melilla, restando autonomía operativa a Madrid y delegando de forma autónoma en Frontex las decisiones de asilo, control de aduanas y expulsión en territorio africano.
Bibliografía.
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- Consejo de la Unión Europea. (2026). Tratado relativo a la situación de Gibraltar tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea y su integración en el Espacio Schengen. Oficina de Publicaciones Oficiales de las Comunidades Europeas.
- Frontex. (2025). Operational evaluation report: Joint Operation Operations in the Western Mediterranean. Frontex Media Cell.
- Keohane, R. O. (2005). After hegemony: Cooperation and discord in the world political economy. Princeton University Press.
- Mahan, A. T. (1890). The Influence of Sea Power upon History, 1660–1783. Little, Brown & Co.
- Ministerio del Interior de España. (2026). Informe técnico sobre la gestión de la crisis migratoria extraordinaria en la Ciudad Autónoma de Ceuta. Secretaría General Técnico.
- VisualPolitik. (3 de agosto de 2026). MOROCCO attacks with HYBRID WARFARE in CEUTA: Can SPAIN DEFEND ITSELF? [Archivo de Video]. YouTube. youtube.com
