Estados Unidos y China. Hacia la “Bipolaridad Dual G-2 (+)”
La visita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Pekín del pasado jueves y viernes para reunirse con el presidente de China, Xi Jinping, inicialmente no parecía que iba a ser un encuentro equilibrado entre dos líderes mundiales en distinta posición política, estratégica y económica, en el entorno de la geopolítica internacional.
El presidente estadounidense acudió a Pekin en una posición de debilidad como consecuencia de unos errores estratégicos no provocados por ninguna crisis inesperada sino por él mismo. Su errática y cambiante política arancelaria, sus ambiciones sobre el Canal de Panamá, Canadá, Groenlandia, Venezuela y Cuba, sus fracasos en las actuales guerras en Ucrania, provocada por Rusia, y en Irán, causada por su propia Administración, su postura en dañar y romper la alianza atlántica o su fractura de la confianza tradicional, amistad y lealtad con la Unión Europea han producido un claro desprestigio y un aparente declive de Estados Unidos en el panorama geopolítico global.
De hecho, el encuentro estaba previsto que se celebrara a mediados del pasado mes de abril, unos días antes de que comenzaran los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. El líder estadounidense esperaba llegar a la capital china con el conflicto armado ya solucionado. Sin embargo, llegó a Pekin con una guerra cuyo final es imprevisible, aparte de estar causando gravísimas repercusiones económicas y energéticas mundiales. Es decir, se encontraba en una clara vulnerabilidad estratégica.
En los últimos meses, Estados Unidos ha pasado de ser garante de los valores y principios de Occidente y de las normas de un sistema internacional sujeto a reglas a ser su principal disruptor. Es decir, se ha constituido en culpable de haber destruido el orden internacional establecido que, precisamente, había sido creado por el propio país del Mississippi.
En el otro lado está su rival geoestratégico, China, una superpotencia nuclear con el casi monopolio de tierras raras, fundamental en la industria tecnológica emergente y disruptiva de Estados Unidos, cuyo régimen ejerce un control pleno de todos sus ciudadanos. En concreto, se encuentra fortalecido y con importantes iniciativas que le encaminan hacia una bipolaridad dual de nuevo cuño.
Para el mandatario chino Taiwán es el “asunto más importante” en la relación bilateral chino-estadounidense y anunció que si se gestionan bien los vínculos entre ambas potencias se podrá mantener una “estabilidad estratégica constructiva” pero, si se maneja mal los dos países podían llegar al “choque” e incluso al conflicto y a una situación muy peligrosa de acuerdo con medios estatales chinos.
Con esta posición, ya desde el inicio, China lo relacionó dentro del significado de la “Trampa de Tucídides” en la que se considera la rivalidad por la hegemonía global entre el ascendente y el establecido. En román paladino, con este mensaje capital China pretende proyectarse al mundo desde la amenaza explícita respecto a Taiwán en un tono más diplomático, pero con mayor firmeza estratégica.
Pekín considera a Taiwán una parte inalienable de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para hacerse con su control, mientras que Washington mantiene vínculos no oficiales con Taipei y es su principal suministrador de armas.
En relación con este asunto, el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó el pasado jueves que la política estadounidense hacia la isla se mantiene sin cambios. Dicha posición fue reiterada por el presidente Trump en sus declaraciones a los periodistas a bordo del Air Force One, a su regreso a Estados Unidos, aunque ponía en duda que vaya a aprobar el paquete de asistencia militar de 14.000 millones de dólares a Taiwán, pendiente desde principios de año.
En cuanto a Irán, a pesar de la insistencia de Estados Unidos de reclamar a China que emplee su influencia y ascendencia sobre Teherán para poner fin a la guerra en el país persa, Xi Jinping no hizo ninguna declaración oficial sobre el tema.
Sí lo hizo el ministerio de Asuntos Exteriores chino cuando publicó que esta guerra, que nunca debió ocurrir, no tiene ninguna necesidad de continuar. Encontrar una salida cuanto antes beneficia tanto a Estados Unidos como a Irán, así como a los países de la región e incluso al mundo entero. Pekin apuesta por una salida negociada.
En el campo comercial, las dos partes no han hablado sobre los aranceles estadounidenses a las importaciones procedentes de China. Sin embargo, mientras China ha aceptado la compra de 200 unidades de aviones de pasajeros Boeing, Estados Unidos ha autorizado la venta a China de chips NVIDIA AI H 200, de última generación, pieza clave para el desarrollo de la inteligencia artificial y uno de los puntos más conflictivos entre ambas superpotencias. Por otra parte, ambas partes parecen dispuestas a prorrogar un acuerdo sobre “tierras raras”, el cual garantiza la continuidad de las exportaciones chinas de estos minerales que expira a finales de año.
China ha dejado claro que en relación con Taiwán la independencia del país es incompatible con la estabilidad en el Estrecho en tanto que la Administración estadounidense no realizará ninguna consulta con Pekin sobre el derecho de Estados Unidos a vender armas a Taiwán. En el asunto de Irán no se ha conseguido ningún compromiso de China ni en la apertura del estrecho de Ormuz ni en el “desarme nuclear
A pesar de todo, ambas partes están satisfechas de haber conseguido sus objetivos mínimos que les permite calificar a la Reunión como un importante avance. Trump ha salido con acuerdos considerados como “victorias” económicas, en tanto que Xi ha utilizado el encuentro para presentar a China como un competidor de Estados Unidos con pleno derecho ya que es un país de orden ante la perturbación global existente, moderado y pacífico. Un país fuerte, creíble y sólido que tiene el poder y la autoridad para ser un referente en la actual y futura geopolítica mundial. A tenor de los resultados, la reunión ha sido equilibrada para ambos actores.
No cabe duda de que el encuentro entre Trump y Xi en Pekin ha sido mucho más que una visita de Estado y que una reunión bilateral. Esta celebración constituye una demostración encapsulada en la geopolítica de poder, donde cada actor exhibe sus capacidades reales y potenciales no solo en el campo político y diplomático sino también en el escenario militar y tecnológico, especialmente el relacionado con las tecnologías emergentes y disruptivas, entre las que sobresalen la inteligencia artificial y la computación cuántica.
La denominada estabilidad estratégica constructiva, como una nueva visión para establecer relaciones constructivas entre China y Estados Unidos, enfatizando la importancia de la colaboración y la diplomacia entre los líderes de ambas partes, busca implantar una estabilidad positiva, sólida, constante y duradera, basada en la cooperación y el compromiso por la paz. Formará parte de una nueva bipolaridad dual G-2 (+), que se alumbra para el próximo futuro donde Estados Unidos y China estarían acompañados por la Unión Europea y Rusia, respectivamente.
GD (R) Jesús Argumosa Pila. General de División del ET, r
Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores
Director de la Cátedra de Geopolítica y Estudios Estratégicos del EIIS.

