AEME.PAA 1S/22: Eficacia en combate: El rechazo a causar bajas.

La Asociación Española de Militares Escritores comienza el Ciclo «Plan de Activación de Asociados 1S/22» que  es un espacio abierto en la web para que los asociados  publiquen temas de libre elección. Los artículos se publicaran  los martes de cada semana.

 

El  Coronel del E.T, r García Riesco, asociado de AEME,  nos ofrece un ensayo sobre la psicología del combatiente en relación a las vicisitudes del combate.

 

EFICACIA EN COMBATE: EL RECHAZO A CAUSAR BAJAS

 

Ambientación y antecedentes

Al combatiente le cercan dos instintos en la confusión de la batalla: el de supervivencia y el rechazo a causar bajas al enemigo; esto último sólo es soportable si el soldado es capaz de distanciarse de las propias acciones. Sin embargo, las consecuencias de «no aceptar la necesidad de destruir al enemigo» estremecen; S.L.A Marshall señala que «el miedo a matar -más que el miedo a morir- es la causa más común del fracaso en la batalla»[1].

El capitán británico Siborne fue el primero que atisbó, en 1830, la necesidad de conocer «lo que realmente sucede en el combate»[2]. A tal objeto, escribió una carta a todos los oficiales británicos supervivientes en la batalla de Waterloo, solicitando operativas específicas y detalles tácticos que incluían la actuación de los combatientes.

Du Picq, en la década de 1860, documentó la tendencia de los soldados a no disparar adecuadamente. Distribuyó un cuestionario a los oficiales y obtuvo respuestas sorprendentes: uno declaró que «muchos soldados dispararon al aire a largas distancias» y otro observó que «cierto número de nuestros soldados dispararon sin apuntar debido al aturdimiento»[3].

Al analizar la Guerra austro-prusiana de 1866, Hohenlohe señaló que «se encontraron fusiles de avancarga cargados con diez cartuchos, lo que evidenciaba que los tiradores no habían disparado después de cargar el arma»[4].

 

Tesis de S.L.A. MARSHALL

Los soldados no disparan adecuadamente

S.L.A. Marshall, en la Segunda Guerra Mundial, estudió concienzudamente la actuación de los soldados estadounidenses; aspecto que consideró el más complejo de la batalla. Observó que muchos no disparaban por su rechazo a causar bajas enemigas; tras entrevistar a muchos infantes después de los combates, concluyó que «sólo un soldado de cada cuatro había disparado su arma mientras estaba en contacto con el enemigo, lo que constituía una gran desventaja en la guerra porque lo que la batalla demandaba era más y mejor fuego»[5].

 

Falta de comunicación entre los combatientes

Otro concepto importante señalado por S.L.A. Marshall es que, una vez en combate, la comunicación entre los participantes era deficiente; lo más duro de un campo de batalla no resultó ser el asalto, sino la amenazante vacuidad que constantemente anunciaba el peligro inminente, es decir, la terrible sensación de soledad e impotencia que aturdía y paralizaba el dedo al disparar. Una causa importante de este problema era la mala información sobre el enemigo: tanto las películas de instrucción como las de Hollywood -que siempre mostraban al adversario de forma clara y visible- resultaron ser falsas. El efecto de la falta de comunicación en la confusión del combate provocaba la estampida que sigue al pánico; S.L.A. Marshall, después de estudiar numerosos casos de huida generalizada, llegó a la conclusión de que «podrían haberse evitado con una comunicación adecuada»[6].

 

Instrucción mejorable

También constató que la instrucción había sido poco eficaz porque el soldado estaba más pendiente de sus superiores que de vivir una experiencia lo más cercana posible al combate real; en concreto, no realizaba disparos que simulaban al enemigo como objetivo, ni se familiarizaba adecuadamente con entornos de incertidumbre y caos.

 

Validez de la teoría

Weigley corroboró las tesis de S.L.A. Marshall al señalar que «la infantería estadounidense no era particularmente agresiva»[7]; English, por su parte -comparando en 1944 la efectividad de la infantería alemana y aliada- argumentó «que el énfasis alemán en la cohesión del grupo reducido explicaba la diferencia crítica en el desempeño táctico de los dos ejércitos»[8]; y Keegan -para quien  S.L.A. Marshall era «el du Picq estadounidense», precisó que «su propósito fue persuadir al ejército estadounidense de que sus soldados no combatían adecuadamente»[9].

En 1986, la división de estudios de campo del British Defense Operational Analysis Establishment respaldó abiertamente la tesis de S.L.A. Marshall. Al comparar las tasas de bajas causadas en laboratorio simulado con las ocurridas en más de 100 batallas durante los siglos XIX y XX, se descubrió que la capacidad de causar bajas era mucho menor en las batallas históricas, lo que se consideró «consecuencia de la falta de voluntad para participar en el combate real»[10].

 

Trascendencia

S.L.A. Marshall fue criticado porque es difícil que un mando militar con experiencia en combate admita que la mayoría de los soldados bajo sus órdenes no han disparado adecuadamente, y Watson, por su parte, observa que «sus hallazgos fueron ignorados en gran medida por el mundo académico»[11]. Sin embargo, sus conclusiones llevaron a las autoridades militares estadounidenses a adecuar en mayor medida la instrucción a las exigencias del combate real, lo que implicó -según fuentes institucionales- un porcentaje de «disparos adecuados en combate» del 55 por ciento en la guerra de Corea y del 90 por ciento en la guerra de Vietnam.

También la instrucción actual de los soldados norteamericanos está impregnada de sus tesis porque son conscientes de que si se entra en combate con el entrenamiento adecuado hay más posibilidades de cumplir la misión y de salir con vida. «La instrucción que se realiza en el campo de entrenamiento de Parris Island, dice Dyer, pretende desensibilizar a los marines ante el sufrimiento del enemigo»[12]; en lugar de disparar tranquilamente a una diana circular, el soldado pasa horas en una trinchera esperando que aparezcan aleatoriamente objetivos humanos simulados ante los que hay que reaccionar con prontitud. La repetición del ejercicio muchas veces -al desarrollar la sensación de que las siluetas son símbolos ajenos a seres humanos- «desensibiliza» al combatiente.

Especial influencia ha tenido S.L.A. Marshall en el Close Combat Lethality Task Force (Grupo de trabajo de letalidad de combate cercano) cuya misión es «mejorar la preparación para el combate, la letalidad, la capacidad de supervivencia y la resistencia de las unidades estadounidenses que combaten en primera línea»[13].

 

Conclusiones

La reticencia a disparar en la batalla es un problema de importancia capital en cuya solución deben participar los mejores activos de la sociedad. S.L.A. Marshall -referencia ineludible- muestra que la disposición a causar bajas es imprescindible para evitar el fracaso en el combate.

Su conclusión de que en la Segunda Guerra Mundial «sólo el 20-25 por ciento de los combatientes estadounidenses disparó con buen propósito» impacta pero, técnicamente, no extraña; al profundizar en la Teoría de Pareto[14] – un 20 por ciento de los miembros de una institución asume de facto el 80 por ciento del esfuerzo a desarrollar en la misma-  la tesis de S.L.A. Marshall resulta familiar.

Si se libra una nueva guerra mundial será -como lo fueron las del siglo XX- entre ejércitos de conscriptos a los que se les demandará ser eficaces en combate. El problema es que las sociedades occidentales educan a sus ciudadanos en el miedo a la agresión con tal insistencia que el rechazo a causar bajas forma parte de su estructura emocional; al ser incapaz de movilizar soldados que rompan el paradigma 20/80 de Pareto y de S.LA. Marshall, «el mundo libre» renuncia a defenderse espiritualmente por lo que están condenado a desaparecer.

Jesús Alberto García Riesco   Coronel del ET, r                                  Licenciado en Ciencias Políticas                                                 Asociación Española de Escritores Militares

 

 

 

 

[1] MARSHALL, S.L.A. “Men against Fire. The Problem of Battle Command in Future War. New York”, 1947.

[2] SIBORNE, Herbert. “Letters from the Battle of Waterloo”, Greenhill Books, 2018.

[3] DU PICQ, Ardant. “Etudes sur le combat”, Económica, 2004.

[4] Citado en TAYLOR, Philip M, “Munitions of the mind: A history of propaganda”, Paperback, 2003.

[5] MARSHALL, S.L.A.. Op. Cit.

[6] MARSHALL, S.L.A.. Ibid.

[7] WEIGLEY, Rusell. “Eisenhower’s Lieutenants: The Campaigns of France and Germany”, University of Indiana, 1944.

[8] ENGLISH, John. “On Infantry”, Praeger Press, New York, 1984.

[9] KEEGAN, John. “El rostro de la batalla”, Turner, 2013.

[10] McCOLSKEY, Joseph. “British Operational Research in Word War II”, 1986. Disponible en https://www.jstor.org/stable/170548

[11] WATSON, Peter. “War on the Mind”, ‎Hutchinson, 1978.

[12] DYER, Gwynne. “War”, Garnet Publishing, 2017.

[13] CUMMINSGS, Steven. “Ten ways to fix the U.S. military’s close combat lethality”. Disponible en https://warontherocks.com/2018/03/ten-ways-to-fix-the-u-s-militarys-close-combat-lethality/

[14] El matemático Vilfredo PARETO comprobó que cualquier población se divide en dos grupos según la proporción 20/80, de modo tal que el 20 por ciento minoritario se reparte el 80 por ciento de «algo» y 80 por ciento mayoritario se reparte el 20% del citado «algo».