Ciclo II/26: LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS : «La IA y la nueva era geopolítica». General Argumosa

Ciclo II/26:   LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS

 

 

 

La IA y la nueva era geopolítica

 

Jesus Argumosa Pila
General de Division, r del ET
Vicepresidente 2º de la Asociacion Española de  Militares Escritores
Director  de la  Catedra de Geopolitica y Estudios Estratégicos del Instituto Europeo de Estudios Internacionales (IEEI)

 

La relación entre Inteligencia Artificial (IA) y geopolítica está dando lugar a una nueva etapa en la distribución del poder mundial. La cuestión ya no es solo quién tiene más territorio, población o armas, sino quién controla los modelos de IA, los chips, los centros de datos, la energía, los datos y el talento tecnológico.

Los sistemas de IA ya tienen la capacidad de adoptar decisiones difíciles que hasta ahora se habían fundado en la mente humana o en leyes y normas de los tribunales. Tales decisiones se extienden desde cuestiones de vida o muerte, como el uso de drones autónomos dotados de armamento letal en los ejércitos, hasta asuntos políticos y económicos que afectan a la población como pueden ser la manipulación ideológica o las pérdidas de empleo debidas a la automatización impulsada por la IA que puede afectar a los trabajadores poco cualificados aumentando la brecha salarial.

La tecnología de la IA no es neutral, porque sigue las pautas de quién la concibe, la financia, la regula y la utiliza. La IA está diseñada por personas, entrenada con datos históricos y orientada por intereses políticos y económicos. El control real de la IA está en manos de un pequeño grupo de grandes corporaciones tecnológicas y proveedores de infraestructura en la nube. Compañías como Microsoft, Google, Amazon, Alibaba, Baidu y Deepseek controlan los recursos clave. Poseen los servidores gigantes y la capacidad de cálculo necesaria para entrenar los modelos. Y no olvidemos que los algoritmos aprenden de datos de sociedades desiguales.

Las principales ventajas de la IA se plasman en una mayor eficacia en tareas complejas, automatización de procesos, mayor capacidad de analizar grandes volúmenes de datos, minimizar los errores humanos, mejorar la seguridad y la defensa, avanzar en la medicina y en la eficiencia energética, innovar en la industria o lograr el máximo rendimiento en la toma de decisiones.

Pero también es verdad que la IA se ha convertido en el tema crucial de la geopolítica actual. Su capacidad para influir en la opinión pública, desacreditar pruebas reales y manipular procesos electorales ha generado preocupación en todo el mundo. La IA generativa, con sus diferentes agentes, puede ser utilizada por actores nacionales y extranjeros para difundir desinformación y socavar la confianza en la democracia.

Estamos pasando de la geopolítica del petróleo a la geopolítica de la computación. Durante décadas, el petróleo fue un recurso estratégico central. Ahora aparece un conjunto de recursos críticos: semiconductores avanzados y capacidad de fabricación; control de datos y capacidad de computación; electricidad suficiente para alimentar a esos centros; talento científico y tecnológico; modelos de IA capaces de convertirse en infraestructura económica y militar.

Esto modifica las relaciones de dependencia. Un país puede tener grandes recursos naturales y, sin embargo, depender de otros para acceder a la tecnología necesaria para convertir esos recursos en poder económico.

Se puede apreciar una rivalidad central entre Estados Unidos y China. La competición entre ambas superpotencias probablemente sea uno de los ejes principales de esta nueva era. Estados Unidos mantiene ventajas extraordinarias en empresas de IA, diseño de chips y ecosistemas tecnológicos. China, por su parte, posee una enorme capacidad industrial, un mercado gigantesco y una fuerte capacidad estatal para movilizar recursos.

La competencia ya no consiste únicamente en desarrollar el mejor “chatbot”. Abarca chips, modelos, centros de datos, aplicaciones, industria, defensa e influencia internacional. Quién domine toda la cadena tendrá una ventaja geopolítica considerable.

La IA también cambia poderosamente los métodos y procedimientos de la guerra, general y particularmente. La dimensión militar es especialmente importante. La IA puede mejorar la inteligencia y análisis de grandes cantidades de información; el reconocimiento de imagines y objetivos; drones y sistemas autónomos; guerra electrónica; ciberseguridad y operaciones cibernéticas; planificación logística y simulación militar.

Esto podría reducir el coste de determinadas capacidades militares y hacer que países relativamente pequeños puedan disponer de sistemas muy sofisticados. Pero también aparece un problema: la rapidez de decisión. Si las máquinas pueden detectar, evaluar y actuar mucho más rápido que los seres humanos, aumenta el riesgo de escaladas accidentales.

En un campo de batalla transparente, la IA generativa introduce otra transformación: la capacidad de producir texto, imagines, audio y video falsos a una gran escala. Esto puede afectar a elecciones, opinión pública, propaganda, reputaciones de gobiernos, operaciones de influencia y conflictos militares.

La frontera entre información, desinformación y propaganda se vuelve cada vez más difícil. En ese sentido, la IA no solo puede cambiar quién tiene más poder, sino también quién consigue definir qué es verdad.

Para la Unión Europea, la cuestión es especialmente delicada. Europa posee grandes empresas, universidades, capital humano y un enorme mercado, pero depende en ámbitos críticos de tecnologías desarrolladas fuera de Europa. Es decir, la UE se encuentra con dificultades para conseguir su autonomía estratégica.

Por eso, el debate europeo gira alrededor de la soberanía tecnológica o autonomía estratégica: no necesariamente producirlo todo internamente, sino evitar dependencias que puedan convertirse en vulnerabilidades geopolíticas. Europa tendrá que decidir cuanto invierte en infraestructura de computación, fabricación de semiconductores, modelos europeos, energía, investigación, defensa tecnológica y regulación.

La nueva geopolítica no significa necesariamente que solo los grandes puedan beneficiarse. Los países pequeños también pueden ganar. Disponen de condiciones para especializarse en determinados segmentos: chips, energía barata, centros de datos, investigación, ciberseguridad, aplicaciones industriales o regulación.

            Esto puede crear una especie de geopolítica de nodos: el poder no está únicamente en el tamaño del Estado, sino en su posición dentro de las redes tecnológicas mundiales.

Uno de los grandes cambios que se están produciendo es el de pasar de la globalización a la competencia tecnológica. La globalización de las últimas décadas buscaba maximizar la eficiencia mediante cadenas de suministro internacionales. La nueva etapa parece buscar algo diferente como eficiencia, seguridad, resiliencia y control estratégico.

Por eso, vemos controles de exportación de tecnología, políticas industriales, inversiones estatales y esfuerzos para asegurar cadenas de suministro. La IA está acelerando esta transformación porque tiene aplicaciones simultáneamente económicas, científicas, militares y políticas.

En el terreno de las oportunidades y los riesgos, se aprecia claramente que la IA presenta unas extraordinarias ventajas y beneficios para la positiva evolución de la humanidad en sus distintas disciplinas de calidad de vida, desde las económicas hasta las sanitarias pasando por las sociales, culturales, industriales, tecnológicas, de justicia, de seguridad o de defensa. Sin embargo, también puede producir a la sociedad daños graves y peligrosos por lo que es necesario establecer unas normas regulatorias para impedir que ocurran.

En síntesis, se puede afirmar que la nueva era geopolítica podría definirse así: territorio, recursos, industria, información, computación e inteligencia artificial. La gran pregunta para las próximas décadas no será simplemente qué país tiene más y mejor IA, sino ¿quién controla la infraestructura que permite crearla, quién establece las reglas para utilizarle y quién consigue convertirla en poder económico, militar y político?

Y ahí está probablemente la verdadera dimensión geopolítica de la IA

 

26 de septiembre de 2026