CEUTA Y MELILLA: ESPAÑA EN EL FLANCO SUR. Coronel, r Perez Piqueras

 

 

 

CEUTA Y MELILLA: ESPAÑA EN EL FLANCO SUR

 

Juan José Pérez Piqueras
Coronel del E.T. (Retirado)
Técnico Superior de Inteligencia: CESID-CNI, 19 años.
Diplomado en Análisis del Terrorismo Yihadista, por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla el 18.09.2017.
Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores
Exconsejero en la Embajada de España en Argel (2007-2009).

 

Desde hace décadas, Marruecos mantiene una reivindicación política sobre Ceuta y Melilla que reaparece periódicamente en su discurso nacional. Para España, sin embargo, la realidad es clara: ambas ciudades forman parte del territorio español y están plenamente integradas en nuestro ordenamiento constitucional e institucional.

La historia también debe ser tenida en cuenta. Ceuta quedó incorporada a la Corona portuguesa en 1415 y pasó a la Corona española en 1580, mientras que Melilla forma parte de la Monarquía Hispánica desde 1497. Ambas cuentan, por tanto, con una prolongada trayectoria histórica vinculada a España, muy anterior a la creación del Estado marroquí moderno, independiente desde 1956.

Pero Ceuta y Melilla no constituyen únicamente una cuestión histórica. Su posición geográfica, junto al Estrecho de Gibraltar y en el acceso occidental al Mediterráneo, les proporciona un evidente valor estratégico. Son ciudades españolas, fronteras exteriores de la Unión Europea y puntos especialmente sensibles para la seguridad del flanco sur europeo.

Por ello, su defensa debe formar parte de una auténtica política de Estado. España necesita combinar diplomacia, cooperación y diálogo con Marruecos con una capacidad de disuasión suficiente para garantizar su integridad territorial. Disuadir no significa provocar ni buscar la confrontación; significa disponer de los medios necesarios para evitar que una eventual presión pueda transformarse en una amenaza.

El contexto regional aconseja, además, no bajar la guardia. La inestabilidad del Sahel, la actividad de organizaciones yihadistas, el crimen organizado transnacional, los movimientos migratorios y la creciente competencia estratégica en el Magreb configuran un escenario complejo. A ello se suma la modernización de las capacidades militares de distintos países de la región.

España debe asumir que la seguridad de Ceuta y Melilla no es únicamente una cuestión bilateral. Al tratarse de fronteras exteriores de la Unión Europea, su estabilidad afecta también a la seguridad europea. La protección del Mediterráneo occidental, la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado y el control de las fronteras exteriores son responsabilidades que trascienden nuestras fronteras nacionales.

Las relaciones con Marruecos son demasiado importantes para España como para reducirlas a momentos de crisis. Precisamente por eso necesitamos una política estable, previsible y basada en el respeto mutuo, pero también en la defensa inequívoca de nuestros intereses nacionales.

Ceuta y Melilla no son una cuestión coyuntural. Son España. Su defensa debe abordarse con serenidad, inteligencia y firmeza, combinando diplomacia, cooperación, inteligencia y unas Fuerzas Armadas preparadas.

La mejor garantía para la estabilidad no es la ambigüedad, sino la claridad: diálogo siempre que sea posible, cooperación cuando sea necesaria y capacidad de defensa cuando resulte imprescindible.

25 de septiembre de 2026