CICLO I /26 DE AEME «CHINA EN LA NUEVA ERA GEOPOLITICA» :   CHINA Y LA GUERRA DE IRAN

CICLO I /26 DE AEME «CHINA EN LA NUEVA ERA GEOPOLITICA»

 

 

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, conversa con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, durante una reunión bilateral en Beijing, a principios de mayo. Cai Yang/Xinhua/AP

 

 

                              CHINA Y LA GUERRA DE IRAN

 

China es una potencia mundial que aspira a ser protagonista del nuevo orden internacional, todavía en su fase de desorden; sus fortalezas residen en su propia entidad, casi inconmensurable, en su creciente nivel tecnológico, ganador en esta nueva, pero no última, revolución industrial, en su potencial jerárquico, sin discusión para el líder del partido único, en la extensión “colonizadora” de su economía, a escala mundial, en la pertenencia, con Rusia, a conjuntos geopolíticos como los BRICS, influyente sin duda en el SUR GLOBAL, e incluso siendo objeto de cierta admiración política por aquellos regímenes cuyas políticas de izquierda no han tenido un éxito similar. También es notable en China su Defensa, incorporando la más alta tecnología a sus Fuerzas Armadas, incluido su potencia nuclear, que defiende sus territorios, no sin polémica, pero que disuaden de comportamientos occidentales similares a los del siglo XIX y XX.

Irán es una potencia con un régimen teocrático, de partido único, surgido, en su versión actual, de un proceso revolucionario relativamente reciente, en un país de una importante cultura milenaria y actual, que en cierta medida rechaza muchas de las medidas autoritarias, sociales y políticas que, impuestas por la fuerza, provocan reacciones que a su vez fuerzan represiones frecuentes en colectivos que han perdido sus derechos individuales. El proyecto del nuevo Estado salido de la revolución de 1989 es su extensión por el Creciente Fértil, deseo ancestral de ocupar el productivo espacio entre el Eufrates y el Tigris, en Irak, Siria, Líbano, Israel y Egipto en la fértil llanura fluvial del Nilo, aspecto que con el leitmotiv constitucional de destruir el Estado de Israel, choca con esta potencia regional que posee su propia estrategia de defensa, ante el acoso sistemático de los “proxis” de Irán, Hezbollah, Hamás , los Huties del Yemen  y las milicias chiitas de Irak, además de sus acciones indirectas a través de sus servicios de inteligencia, controladores de la oposición en el exilio y de los opositores extranjeros, con su red de sicarios.

El nuevo Irán está concebido para resistir a un ataque masivo exterior, apoyándose en su geografía, montañas y desiertos prácticamente inexpugnables, costas abruptas de difícil arribo, fuerzas terrestres bien organizadas para el combate, con la Guardia Revolucionaria como armazón fundamental de una defensa especial, dotada de unidades de misiles y drones, y finalmente una defensa territorial descentralizada en cada provincia, y todo ello impregnado y cohesionado por una ideología religiosa que da cohesión al conjunto y reprime cuando es necesario; en el nivel estratégico, la baza, contra el derecho internacional, del cierre del estrecho de Ormuz, con efectos mundiales.

Las diferencias tan notables entre los dos países, no tanto en autocracia, no impiden que la poderosa economía china  consiga lo que precisa y desea, y atesora Irán, su energía, relativamente cercana, a precios competitivos y con un seguro de abastecimiento conferido por una relación profunda y larga, que además de ser instrumental constituye un elemento más de la lucha soterrada contra el predominio de Estados Unidos en la zona, e incluso a nivel mundial dadas las vinculaciones de los persas con otras zonas de conflicto, como en Hispanoamérica , y en el Caribe en particular.

La política exterior de China evita, en general, el conflicto, pues este es enemigo de la actividad económica, y en especial del comercio, y el gran país vive de esta actividad, cada vez con productos más sofisticados y tecnológicamente avanzados; en este sentido, alinearse abiertamente con Irán, con la conflictividad que conlleva ese vínculo, de forma directa, visible y evidente, le puede suponer un deterioro económico que su ritmo de crecimiento no puede permitirse, no solo por el empuje de los requerimientos que precisa su enorme población sino por la competitividad a la que le somete Estados Unidos, y viceversa.

No obstante, Irán por el carácter de su jerarquía y credo religioso expansionista, impulsor de conflictividad en la región, e incluso por la calificación de terroristas a varios de sus” proxis”, por instituciones internacionales, no es un compañero de viaje relevante o conveniente, por lo que las relaciones se llevan en el nivel mínimo suficiente para cumplir los objetivos que se marcan en cada extremo, no existiendo grandes declaraciones de peso en apoyo de Irán.

China fue el primer país de importancia que esgrimió un plan de paz para la solución del conflicto entre Ucrania y Rusia, 12 puntos que tenían su interés y que quizás haya que releer e interpretar, aunque tampoco condenó la invasión rusa; esa facultad que tienen para realizar su política principal y observar los conflictos periféricos con cierta distancia no se ha producido todavía en la guerra de Oriente Medio, quizás porque uno de sus participantes prioritarios es Estados Unidos y su Presidente negocia “vis à vis” con Xi Jinping, cuyo encuentro se ha producido en el  pasado reciente, con una apariencia poco relevante de éxito para los norteamericanos; descartar que ambos dirigentes no hayan hablado de Irán podría ser un error de análisis, pues se trata de un conflicto muy relevante que afecta a China, y posiblemente este encuentro haya tenido bastante que ver con el inestable memorándum de paz firmado, con gran boato, en Versalles.

La agenda era complicada, además del consabido reequilibrio del déficit en la balanza comercial mutua, a favor de China, con la amenaza dual de la imposición de aranceles, la guerra de Ucrania, quizás por el interesante momento de su desarrollo y el apoyo que Xi Jinping presta a Rusia al respecto, el dosier de las tierras raras y los semiconductores, armas de negociación en cada lado, suponían asuntos graves , por eso es muy probable que se dedicara un tiempo a la guerra de Estados Unidos con  Irán, especialmente los aspectos de ayuda militar que China presta a los persas y las consecuencias que para el abastecimiento de energía suponen ya para la República asiática el bloqueo del Estrecho de Ormuz; también cobra importancia la posibilidad de que Irán se haga con la técnica y los medios para edificar una fuerza de disuasión nuclear, aspecto que se une con el “savoir faire” de los persas en materia de misiles, cada vez más precisos y de mayor alcance (el misil iraní que se aproximó a las Islas de Diego García lo demuestra), que Donald Trump quisiera llevar a la mesa de las negociaciones nucleares en una recuperación del sobrepasado START III. Es probable también que la interlocución con Pakistán, con buenas relaciones con ambos tuviera sus efectos.

Es patente que China apoya a Irán en este conflicto que mantiene al mundo con una repercusión económica desfavorable, lo hace por la vía diplomática, financiera, muy probablemente, comercial y soterradamente en apoyo contra las operaciones de Estados Unidos; Irán se está viendo privado del caudal económico que supone la exportación de sus recursos energéticos, quizás lo más importante para mantener su economía, sometida también a las sanciones de Estados Unidos y de la Unión Europea, y la contraparte se ve privada de la energía que precisa para mantener su enorme economía, al menos en parte, aspecto que no puede mantenerse sine die pues aquella se resentiría cuando la entidad de las reservas energéticas alcancen cierto nivel de consumo, aunque es muy posible que Rusia haya aumentado su aportación, quizás en el último viaje de Putin a China.

Es muy probable, que China esté ayudando a Irán en sus operaciones contra Israel y Estados Unidos, si no directamente sí a través de apoyos notables en inteligencia de objetivos, empleando su IA, que ha mejorado el “targeting”iraní , antes mucho menos preciso, también en comunicaciones satélite para su mando y control de las operaciones, e incluso con sistemas de posicionamiento global (GPS) propios, protegidos contra las interferencias habituales mediante tecnología avanzada del Imperio.

Este aspecto, el de la ayuda técnica, sería bien utilizado, con rendimiento, por un país cuyo nivel tecnológico no es en absoluto despreciable sino todo lo contrario.

Otro aspecto en el que China puede ser definitiva para finalizar la guerra de Irán, que otra vez se atisba, es su voluntad, o deseo, de abrir el Estrecho de Ormuz a la circulación de mercancías y exportación de energía. China, a pesar de su autarquía aboga por el respeto del derecho internacional (no tanto en el Tíbet y en Sinkiang) y la libre circulación por los Estrechos es una pieza fundamental de aquellos, aunque en el caso de Ormuz tenga carta blanca para atravesarlo por concesión de Irán, y  el gran país tiene presente lo que le significaría el cierre del Estrecho de Malaca para sus propios intereses comerciales; en este sentido, su apoyo a la apertura de Ormuz, al parecer, eliminaría la baza estratégica que está teniendo Irán con su cierre, aspecto que por su fuerza geoestratégica retiene la solución definitiva.

Irán, como Venezuela en su momento, y Cuba (China le acaba de mandar varios miles de toneladas de arroz de ayuda humanitaria), son peones indirectos del Imperio que zahieren a los Estados Unidos, los mantiene activados y distraídos, además de obtener recursos energéticos de los dos primeros, al menos hasta ahora, y expresan la solidaridad comunista en el continente americano, mientras el ascenso imparable de los asiáticos no para de crecer.

Parece evidente que el posible acuerdo de paz, todavía en la fase de memorándum, entre Estados Unidos e Irán, convierte a los persas, si no en ganadores en el conflicto, sí en más fuertes como régimen, e invierte el comportamiento belicoso de estos ,ahora defendiendo a sus tentáculos regionales que antes ejercían la acción contra Israel por ellos; y esto es otra victoria de China sobre los Estados Unidos.

 

   Ricardo Martínez Isidoro           General de División del Ejrcito, r.

   Presidente de la Asociacion Española de Militares Escritores.  AEME)