El General de Ejercito, Fernando Alejandre Martinez, asociado de AEME envía este articulo, segundo de una serie dedicada al tema, de gran actualidad, » Gibraltar».

GIBRALTAR, UN “GLOBAL COMMON” CON ACENTO ESPAÑOL
- Gibraltar, un cuello de botella en mitad del eje Baleares-Canarias.
Gibraltar constituye la puerta del Mediterráneo, pero, además de la puerta y del litoral que lo bordea, España cuenta, en esa zona, con una segunda baza estratégica. Cuenta con Canarias y Baleares que representan la profundidad estratégica en una vía de comunicación marítima que resulta ser clave en el concierto mundial.
El Peñón, el Estrecho y los Archipiélagos forman parte de una misma ecuación geopolítica cuya lógica deriva directamente de la geografía. El estrecho de Gibraltar controla el paso entre el Atlántico y el Mediterráneo. El archipiélago balear proyecta la influencia de España hacia el Mediterráneo occidental y el canario lo hace sobre el Atlántico oriental y el África Occidental.
Todo ese conjunto conforma un corredor estratégico de extraordinario valor para el comercio internacional, la estabilidad regional y la seguridad marítima. Sin tener en cuenta las dimensiones del Estrecho y sus riberas, no puede comprenderse la importancia de la profundidad estratégica que le dan los archipiélagos.
El estrecho de Gibraltar es un corredor de privilegio para la vigilancia de los movimientos navales de flotas, habituales en la zona, con intereses en el sur de Europa, el norte de África e incluso en Oriente Próximo. No en vano, el Estrecho, es la salida de la flota rusa del Mar Negro (desde Crimea a través del Bósforo) a las aguas abiertas del océano Atlántico.
Gibraltar, Baleares y Canarias constituyen los vértices de un espacio marítimo de interés cuya relevancia trasciende los ámbitos tradicionales de la Defensa nacional. Por sus aguas discurren rutas comerciales esenciales, infraestructuras críticas submarinas y líneas de comunicación cuya seguridad afecta directamente a la prosperidad económica y la autonomía estratégica de España y de Europa.
Todo ello nos lleva a la conclusión de que el debate sobre la soberanía del Peñón es sólo una pequeña parte del problema que plantea el eje Baleares-Estrecho-Canarias. Un eje que, a mi entender, debería ser concebido como parte de un sistema integrado de seguridad y defensa. Un sistema que debería ser analizado no solo en su faceta de protección del territorio nacional, sino también como garantía de estabilidad en un espacio marítimo de importancia global.
Esta visión exige superar aproximaciones fragmentadas y asumir que la posición geográfica de España constituye simultáneamente una responsabilidad y una ventaja estratégica. Como ocurre con otros Estados ribereños de grandes estrechos internacionales, la verdadera cuestión no es únicamente cómo controlar el territorio, sino cómo ser capaces de ejercer una influencia efectiva sobre un entorno marítimo esencial para el interés nacional y para el funcionamiento de los grandes flujos de la globalización.
Es por ello que el análisis estratégico del Estrecho no puede detenerse, simplemente, en “la Roca”, en el Peñón de Gibraltar. La geografía y la geoestrategia obligan a ampliar la mirada y a ser conscientes de que el estrecho de Gibraltar no es un punto aislado, sino el centro de un sistema defensivo mucho más amplio.
Las Baleares están situadas en una posición privilegiada en el Mediterráneo occidental. La continuidad geográfica del Estrecho hacia el este, conduce a ellas pasando por el mar de Alborán y las costas de Málaga, Granada, Almería y Murcia en el lado peninsular. Pero también, y luego hablaremos con más detalle de ello, pasando por su orilla africana o sur, por las costas de Marruecos y de Argelia y por la importante presencia española en esa costa norteafricana gracias a sus plazas de soberanía y a un conjunto bien conocido de islas y peñones.
Por su parte, las Canarias, desde esta perspectiva, dejan de ser periferia geográfica para convertirse en plataforma avanzada de indudable valor estratégico. La continuidad del Estrecho hacia el oeste, conduce inevitablemente a los archipiélagos atlánticos que son posesión de España y Portugal. Durante demasiado tiempo, el archipiélago de Canarias ha sido contemplado principalmente desde una perspectiva insular o regional. Sin embargo, su verdadera relevancia es geopolítica. Las islas Canarias constituyen una plataforma avanzada sobre el Atlántico medio y un punto de apoyo fundamental para la proyección hacia África Occidental y América. Además y, en caso de cierre, total o parcial del canal de Suez, Canarias puede convertirse en parada obligada de los buques que rodean África por el cabo de Buena Esperanza.
El archipiélago aparece, por tanto, como la prolongación natural de la posición política y de la estrategia española en el ámbito del Estrecho. La vigilancia de los espacios marítimos, la presencia naval en el Atlántico oriental y la legitimidad estratégica derivada de una presencia eficaz y permanente en las islas forman parte de una misma lógica geopolítica. Una lógica que vincula la defensa del archipiélago Canario, la seguridad del Estrecho y la estabilidad de África Occidental como elementos de una misma ecuación estratégica. No se trata de problemas independientes, sino de manifestaciones distintas de una realidad geográfica que España está llamada a gestionar si desea aprovechar plenamente las ventajas (y afrontar los riesgos) derivados de su posición entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre Europa y África.
Además, la creciente importancia del Golfo de Guinea, las transformaciones políticas en el sur del Sahel y la lucha de poder de las grandes potencias han incrementado el valor estratégico de Canarias. Durante décadas, las Canarias han ocupado una posición relativamente secundaria en las prioridades de seguridad europeas. Sin embargo, lo que sucede hoy entre el Golfo de Guinea, Mauritania, Malí, Níger o Senegal ya no puede considerarse una cuestión lejana, ni para Europa, ni para España. Por el contrario, constituye una realidad directamente vinculada a la seguridad nacional y a la estabilidad del entorno europeo.
A estos factores se suma la progresiva penetración de actores externos que perciben África como un espacio de oportunidad geopolítica. La presencia económica y tecnológica de China, la actividad política y de seguridad impulsada por Rusia en diversos países africanos y la competencia por el acceso a recursos estratégicos y mercados emergentes forman parte de una dinámica de alcance global.
Esta circunstancia adquiere una dimensión singular ya que el archipiélago constituye una plataforma española en el Atlántico medio orientada a América y África Occidental. Una plataforma cuya conexión con la Península, conviene no olvidarlo, depende, al menos en parte, de unas líneas de comunicación marítimas y aéreas que atraviesan el entorno del Estrecho.
En un escenario de crisis híbrida caracterizado por acciones de presión política, campañas de desinformación, sabotajes sobre infraestructuras críticas o interferencias sobre el tráfico marítimo, la capacidad de España para garantizar la seguridad y continuidad de esas comunicaciones resultaría decisiva. Cuanto menor fuera su capacidad de influencia sobre el entorno del Estrecho, mayor sería el riesgo de aislamiento del archipiélago.
Existe, por tanto, una continuidad estratégica entre Baleares, Gibraltar y Canarias que rara vez se analiza de manera integrada y mucho menos en conjunción con las costas españolas en las orillas norte y sur del Estrecho. Una continuidad que deriva de que en el sur peninsular existe un arco geopolítico que conecta el Mediterráneo occidental con el Atlántico oriental y que sitúa a España en una posición singular dentro de Europa.
Pocos países disponen simultáneamente de semejante combinación de profundidad estratégica, proyección geográfica y control potencial sobre líneas de comunicación esenciales. Siempre nos quedará la duda de porque lo que nos parece obvio al hablar de Ormuz y de Irán, no lo aplicamos a nuestro propio caso.
- Gibraltar, la importancia de la ribera sur para la geoestrategia nacional.
Si hemos llegado a este punto aceptando que la geoestrategia española debería basarse al menos hasta cierto punto, en la «profundidad estratégica» como piedra angular de la relación entre el Estrecho y los dos archipiélagos, aceptaremos que entre el Estrecho de Gibraltar, Canarias y Baleares se debería articular una parte sustancial de la Defensa Nacional de España.
La relevancia de lo que es el Estrecho propiamente dicho debe analizarse desde la perspectiva completa, desde la de un corredor estratégico más amplio que el propio cuello de botella que vigila el Peñón ya que integra las costas de Huelva, Cádiz, Málaga, Granada, Almería y Murcia junto con las de Marruecos, Portugal y Argelia integrando Rota, Algeciras, Gibraltar, Ceuta, Alborán y Melilla en un espacio geográfico de singular importancia para la seguridad euroatlántica.
La concentración de capacidades militares, infraestructuras logísticas y medios de vigilancia en este entorno convierte el extremo occidental del Mediterráneo en uno de los puntos neurálgicos de la arquitectura de seguridad de la OTAN. No es casualidad que los destructores que forman parte de su escudo anti-misiles tengan su base en Rota, ni que, a través del estrecho se articulen movimientos navales entre el Atlántico y el Mediterráneo, se sostengan operaciones de presencia avanzada y se facilite la respuesta ante crisis que puedan afectar tanto al flanco sur de la Alianza como a las rutas marítimas internacionales.
Además, la posición en la orilla africana de Ceuta, Melilla y de las islas y peñones, proporciona una perspectiva privilegiada sobre la evolución de la seguridad en esa zona y en el Sahel. La inestabilidad política de la región, la expansión de redes criminales, de tráficos ilícitos y de carácter yihadista, los movimientos migratorios irregulares y la creciente lucha de poder entre potencias por la influencia en África Occidental convierten este espacio en una de las principales preocupaciones estratégicas para Europa y, sobre todo, para España. En consecuencia, Rota, Gibraltar, Ceuta, Alborán y Melilla no deberían entenderse como enclaves aislados, sino como componentes de un mismo sistema de observación, vigilancia, presencia y proyección que contribuye a la seguridad de España, a la estabilidad de Europa y al funcionamiento operativo de la Alianza Atlántica contribuyendo a asegurar un área de creciente importancia geopolítica.
Como se ha indicado, sería un error geoestratégico de primer orden analizar este corredor exclusivamente desde la orilla norte o peninsular (incluso hacerlo pensando sólo en la anomalía de que en la mitad del Estrecho y en su punto, valga la redundancia, más estrecho, se halle ubicado un Peñón cuya soberanía se hurta a España). En el análisis hay que tener en cuenta, además, otros factores como son el papel que pueden jugar Argelia y Marruecos, pero también las plazas de soberanía y demás territorios españoles en el norte de África. Ceuta, Melilla y las islas y peñones. Más allá de las consideraciones históricas o identitarias, desde ellos se aporta presencia, conocimiento del entorno y capacidad de vigilancia sobre una de las zonas más sensibles del Mediterráneo occidental. Su importancia estratégica no reside únicamente en su valor territorial, sino en su contribución al conjunto del dispositivo defensivo español a uno y otro lado del Estrecho y en ambas orillas del mismo.
El estrecho de Gibraltar es, por todo lo anterior, un elemento estructural de la posición geopolítica española. Afecta a la economía, a la energía, al comercio, a la seguridad marítima, a las comunicaciones estratégicas, a las relaciones con África y al papel internacional de España. Su importancia trasciende ampliamente el ámbito de la Defensa, aunque sin duda lo incluye. También supera el marco de la política exterior, aunque igualmente la condiciona.
La crisis de Ormuz ha recordado al mundo que los estrechos continúan siendo piezas esenciales del orden internacional, que la geografía no ha perdido importancia; al contrario, la mantiene intacta.
Fernando Alejandre Martinez General de Ejercito.
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