Ciclo II/26. LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS: LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN LAS OPERACIONES MULTIDOMINIO

Ciclo II/26. LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS

 

 

 

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN LAS OPERACIONES MULTIDOMINIO

 

Federico Aznar Fernandez-Montesinos

 

Decía André Glucksmann que el maquiavelismo de la estrategia confunde fuerza con poder. Gran verdad, porque la guerra no es un choque de fuerzas, esto es, una actividad inherentemente militar, sino un choque de poderes y, por consiguiente, una actividad política; de hecho, la más importante. El poder es resultado de la completa integración de los distintos elementos del Estado, uno de los cuales es, sin duda, el estrictamente militar. Pero no es el único. Y lo militar, además, incorpora en el siglo XXI, una enorme complejidad.

La guerra moderna es el resultado de un proceso progresivo de integración. Primero, era algo que tenía lugar, casi en exclusiva, en cada uno de los dominios tradicionales (los entornos operativos principales, Tierra, Mar y Aire). Después de modo conjunto, o, lo que es lo mismo, en todos ellos y simultáneamente.

Un nuevo paso adelante, aunque en otra dimensión, fue la conocida como la Revolución de los Asuntos Militares (RMA). Esta estaba sostenida sobre tres pilares tecnológicos: sensores, sistemas de comunicación y armamento. Se concebía como una guerra de tercera generación. El modelo pretendido era el de una guerra corta sustentada sobre una maniobra brillante que ocasionaba daños mínimos y dejaba inoperativo al ejército enemigo sin necesitar siquiera su destrucción; e implicaba la definitiva desaparición del modelo industrial que había sustentado las llamadas guerras de Segunda Generación.

Estas eran un modelo surgido de las guerras que siguieron a la Revolución Francesa. Con ellas vino una ampliación de los objetivos de la política, a la que, más tarde, se sumaron la Revolución Industrial y de los Transportes que ampliaron, a su vez, los límites del campo de batalla. La suma de ambas ampliaciones hizo que la guerra, progresivamente, se fuera desplazando para hacerse total.

La guerra es un hecho social  y llega hasta allí donde lo hace el hombre. Si este llega al espacio exterior, a internet, a las redes sociales o a la tecnología, hasta allí lo hace también la guerra. Ubi societas, ibi bello. Y es que quien ignore el envite puede ser flanqueado y hasta derrotado.

Y no solo eso. La expresión Fuerzas Armadas recoge en su misma formulación una relación con la tecnología; son fuerzas como se dice, pero significativamente dotadas de un elemento tecnológico, las armas, que las significa hasta el punto de entrar en su nombre y quedar consignadas como fuente del poder de los Ejércitos.

La tecnología es decisiva en el modelo de Ejércitos. No es la misma la guerra que hace un pueblo pastor, que la que hace otro agricultor.  Las guerras se libran con las herramientas de que dispone cada sociedad en cada momento. Como ejemplo referir la conocida cita del profeta Isaías (2,4) “convertirán sus espadas en arados, harán hoces con sus lanzas” que preludia el advenimiento del Mesías; pero también la de Joel (4,10) “forjad espadas con los azadones y lanzas con las hoces” que lo es menos pese a ser posterior y enlazar mejor con la tradición del Pentateuco.

Si vivimos en “sociedades de la información”, no nos debe extrañar que la información acabe convertida en un arma, como lo fueron, en su momento, azadones, hoces y arados.

Es más, la idea de una “sociedad de la información” alude a un proceso de transformación social y tecnológica. Todas las sociedades lo son de la información. Al hablar así aludimos a una sociedad en la que las condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de la información han sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica. Esta se encuentra centrada no tanto en el conocimiento o la información como en el procesamiento e integración de la información, y, consecuentemente, en las TICS, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones[1].

Todo esto hizo que a los tres dominios tradicionales, se sumaran otros nuevos  de alguna manera relacionados con la tecnología y las TICS: el ciber, el espacio exterior o el ámbito cognitivo (que en el ámbito OTAN se incluye en el de la información). Integrar todos estos dominios y el elenco de operaciones en ellos, hizo que la guerra, en su marcha hacia lo integral, antes se hiciera “híbrida”, lo que significa una mezcla parcial o una fusión no del todo conseguida, pero un avance en el camino.

En esta marcha, como un paso más, se inscriben las operaciones multidominio. Estas tienen lugar en entornos operativos cada vez más complejos por interconectados. En ellas se pretende que las operaciones se sincronicen simultáneamente en todos y cada uno de los dominios y de un modo integral, esto es, superando cualquier planteamiento secuencial.

Así, en vez de ser una secuencia estricta de operaciones, se trata de aprovechar las ventajas fugaces obtenidas en algunos de los dominios, a medida en que aparecen, para abrir camino a operaciones en los otros. Esto lo logra concertando los dominios tradicionales o físicos (a los que se añade el espacio exterior) entre sí y  con los no tradicionales (ciber y cognitivo) de modo que unos potencien a los otros y multipliquen sus efectos.

No son decisiones que se tomen en un entorno estático, como el Administrativo, sino que el centro de resolución y su circunstancia también se desplaza con el tiempo y se realimenta con las nuevas decisiones y los cambios en el entono. Lograr tal cosa requiere gestionar un mar de datos procedentes de múltiples plataformas, con sus considerandos, y hacerlo en tiempo real. Esto excede con creces la capacidad de que dispone cualquier Estado Mayor convencional. Se requiere de sistemas muy avanzados para tal gestión.

En fin, vivimos en un tiempo en el que las nuevas tecnologías están provocando una mejora de la eficiencia general de industria, agricultura y transporte. El software no solo se está imponiendo en el mundo, sino que también lo está rediseñando. Y eso, inevitablemente, ha tenido sus efectos sobre las Fuerzas Armadas y el modelo de Ejércitos.

La inteligencia artificial (IA) es un campo de la informática que trata de crear sistemas que sirvan para realizar tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana. Como esta, sirve a la integración de elementos, y, con ello, a la fusión de datos. De este modo, se propicia el encuentro simultáneo de gran número de actores mientras se modelizan los procesos y se da un valor excepcional tanto a la información como a su gestión[2].

La IA es la clave de la Cuarta Revolución Industrial porque el conocimiento y la información son el eje con que se construye esta. Ello explica su centralidad en un mundo cada vez más interdependiente e interconectado.

Tales sistemas pueden percibir su entorno, razonar sobre el conocimiento, procesar la información derivada de los datos y tomar decisiones realimentándose después, con el resultado adquirido. Para lograrlo, previamente, utiliza grandes cantidades de datos que sirven para identificar patrones y aprender. El resultado se plasma en forma de algoritmos que se van depurando sucesivamente, sobre la base de la experiencia adquirida.

Estamos ante una tecnología de doble uso (COTS). Algoritmos cada vez más sofisticados (fruto del Machine Learning), asociados a un conocimiento más profundo de la realidad (Big Data) va a ser conducido con patrones humanos cada vez más perfeccionados (la finalidad de la IA)[3].

Las ventajas que oferta son de clara aplicación militar. Así se reduce el tiempo de respuesta y permite la microgestión y la centralización de las decisiones, haciendo que estas dependan menos del ser humano que, de quererlo, puede hasta quedar fuera del proceso de decisión. Y combinada con tecnologías como la computación cuántica ofrece posibilidades casi infinitas. Por eso el presidente ruso Vladimir Putin decía “quien quiera que sea líder en esta esfera se convertirá en líder del mundo”. Y China definía la IA “como un nuevo punto focal en la competición internacional”.

Esta transforma también grandes bases de datos en inteligencia táctica, permitiendo la integración de datos procedentes de múltiples plataformas para la toma de decisiones en tiempo real. Aún estamos en un estadio muy inicial, el tiempo hará que los parámetros se vayan perfeccionando. Inevitablemente va a tener una presencia cada vez mayor y más decisiva.

Aun es más, la implementación de nuevas tecnologías genera no pocas dificultades no solo legales (las tecnologías se suelen implementar en unos siete años mientras se tarda más de 15 en regularlas) sino también éticas, esto es, de adaptación a los patrones socio culturales del momento. Pensemos, por ejemplo, en la problemática de las armas autónomas y la atribución de responsabilidades; o su uso para el rastreo y deportación de emigrantes o en las siempre legal y factualmente complejas labores de targeting. La problemática suscitada por empresas como Palantir se inscriben en esta lógica.

En cualquier caso, se da cumplimiento así a la admonición de Carl Schmitt en el sentido de que “de ningún importante descubrimiento técnico es posible prever cuáles serán sus objetivas influencias políticas”[4]

 

 

Notas:

[1] Silva Robles, Carmen; Jiménez Marín, Gloria; Elías Zambrano, Rodrigo; “De la sociedad de la información a la sociedad digital. Web 2.0 y redes sociales en el panorama mediático actual”. Nº15 (2012) – Estudios Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Playa Ancha Valpa raíso, Chile

[2] Valladao Alfredo A.G. “Artificial Intelligence and Political Science”. OCP Policy Paper, 2018.

[3] Gilli, Andrea. “Preparing for “NATO-mation” the Atlantic Alliance towards the age of artificial intelligence”. Colegio de Defensa de la OTAN. NDC policy brief Nº 4 febrero 2019.

[4] Schmitt, Carl. El concepto de lo político. Alianza editorial, Madrid, 1991, pp. 85 y ss