Ciclo II/26. » LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS» :  VENTAJAS Y VUNERABILIDADES DE LA IA. General Martinez Isidoro

Ciclo II/26:   LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS

 

 

 

 

                    VENTAJAS Y VUNERABILIDADES DE LA IA

 

Ricardo Martinez Isidoro
General de  División, r del ET
Presidente de la Asociacion Española de Militares Escritores

 

La Inteligencia Artificial (IA) está de moda desde hace ya varios años, y se puede admitir que cuando llegan sus análisis de implementación a los públicos interesados son recibidos de diferente manera según cada receptor; en el caso de este ciclo de AEME el interés reside en su aplicación a las funciones y misiones que realizan o podrían realizar las Fuerzas Armadas, en los diferentes niveles de planeamiento y conducción de las operaciones, y en su funcionamiento ordinario como institución, con la adopción de esta técnica que supera ya ampliamente los límites de las primeras comunicaciones públicas y estudios ad hoc. (1)

Es necesario, antes de analizar las vulnerabilidades y ventajas de la IA, describir una serie de premisas que se deducen de aquellos análisis globales e incluso geopolíticos:

-La IA no está dirigida, en cuanto a su investigación y desarrollo por actores estatales, sino empresariales, situados fundamentalmente, pero no solo, en Estados Unidos y China, con dependencias subsidiarias de otras empresas, taiwanesas, holandesas, etc.

-La competencia empresarial, en el mercado libre, está abierta a los avances de la competitividad, y se puede admitir que en el caso de la IA no se ha llegado al límite máximo de su desarrollo, y este tampoco va a ser impedido por las grandes potencias impulsoras, según se deduce de los escasos acuerdos de la reciente visita de Xi Jinping a los Estados Unidos. Los grandes CEO de las principales empresas punteras en IA han reconocido recientemente su temor a verse desbordados por los rapidísimos avances de esta.

-La inteligencia artificial aplicada desborda cualquier situación pasada y es el eje de gravedad de la rivalidad internacional, desbancando a otras competencias.

-Salvo la temprana regulación, para evitar riesgos, de la Unión Europea[1] y la guía moral del Papa León XIV, con su Encíclica Magnifica Humanitas, no existen otras referencias aplicables para el control de la aplicación de la IA; quizás habría que citar una recomendación general del Comité Internacional de la Cruz Roja, de posible aplicación de la IA a los conflictos armados: “Es necesario preservar la responsabilidad humana allí donde el empleo de la fuerza afecte directamente a la vida”. (2)

-Las potencias medias no van a detentar una soberanía completa sobre los productos de la IA, que les van a ser necesarios introducir para ser competitivas en sus mercados, siempre va a existir una cierta dependencia, y cambiar de proveedor será muy difícil.

-Además de toda la implementación técnica necesaria, la posesión de datos propios fiables, de todo tipo, su mantenimiento actualizado y protegido por los necesarios escudos nacionales, es la base de las estimaciones y soluciones sanas de la IA propia.

-En Defensa, la IA se aplicaría transversalmente, influyendo en aquellos sectores en los que las soluciones propuestas por aquella sean acordes con los valores y responsabilidades humanas de sus componentes.

-La IA ya no puede ser considerada simplemente como una herramienta tecnológica auxiliar más, dentro de las disponibles, sino como una estructura estratégica general que se introduce y produce efectos en todos los ámbitos de la percepción, decisión y ejecución.

Para un militar, en cualquier nivel, el ejercicio del Mando es una de las capacidades que el Jefe de cualquier Pequeña o Gran Unidad, Mando Componente o Conjunto, debe poner a disposición del cumplimiento de sus misiones; su pericia en el Mando, fruto de sus conocimientos y experiencia, es un cúmulo de potenciales reacciones a las diversas situaciones que se puedan presentar, de las que siempre será responsable. Su capacidad de liderazgo, que debería acompañar a la de mando, y subordinada a la primera, es deseable, pero de lo que siempre debe de estar dotado es de la capacidad de calibrar lo que precisa para decidir, entre sus necesidades, lo que puede preguntar a su sistema de IA teniendo en cuenta la fiabilidad de este.

Cuando un mando militar decide, sobre todo en el alto nivel, no lo hace sin recibir un completo conocimiento de la situación, y ahí debe recurrir a la IA cuando ese recurso favorezca la comprensión del problema, no a su perturbación con soluciones y modelos frágiles, fruto de datos no adaptados o intoxicados por el adversario. Sin duda que acudir a la IA va a acortar el proceso de la decisión y presionar al Jefe en términos intelectuales, aspecto que no es precisamente lo mejor en este momento crítico que define el futuro de vidas humanas y medios, además de sus efectos estratégicos, pero el acudir a la IA avanza situaciones que el mando militar debe comprobar y aceptar en su caso.

El método para llegar a la decisión es cartesiano, compuesto, común a los que utilizan los investigadores para aproximarse lo más posible a la verdad de las cosas, bien susceptible de ser apoyado por una IA que sea realmente inteligente y que ayude al Jefe a tomar buenas decisiones.

La misión, el propósito y el estado final deseado impuestos en la jerarquía de las operaciones militares no puede modificarse pues se trata de la decisión y responsabilidad del escalón superior; en estos conceptos la IA no puede entrar si no es para detectar vulnerabilidades en los modelos decididos que deberían ser discutidos en la Conferencia de la Decisión y modificados por el Jefe de ese escalón, en su caso, pues lo lógico es que ambos estadios se integren en el mismo sistema de IA, sistema paralelo estructurado de apoyo, nunca decisorio suplantando al humano.

En el estudio del terreno, del mar, del ámbito espacial, etc,  la IA adquiere un valor extraordinario dado el desarrollo y utilización de la información geográfica, satelital, de diferente sensores, etc, cuyos inputs son múltiples, de calidad y contrastables, de tal forma que puede ser un apoyo inestimable para plantearla preguntas de todo tipo que resuelvan el estudio de los elementos que configuran el espacio de batalla; las bases de datos de este elemento están recogidas cuidadosamente desde tiempos inmemoriales, son de calidad y fácilmente mejorables.

El enemigo es otro de los factores de la decisión de imprescindible estudio, cuyas bases de datos básicos pueden ser utilizadas en IA, dado que los medios disponibles son conocidos prácticamente de forma abierta, y más cuando un Estado pretende ejercer su disuasión sobre un hipotético agresor, dándoles la publicidad necesaria. Pero habrá un determinado espacio de desconocimiento y de clasificación que estará oculto, perturbando la calidad de la IA de apoyo; también es variable la actualidad de los modelos de actuación del enemigo, según conflictos anteriores en los que haya participado, y difíciles de prever los próximos; siempre será necesario descubrir las maniobras de decepción del enemigo, aspecto en el que la IA puede apoyar, aunque no definitivamente, para descubrir la desinformación operativa de aquel.

La integración armamento/enemigo y terreno /enemigo, pueden ser cuestiones a consultar a la IA, dando al Jefe una simulación del comportamiento de este, siempre muy ilustrativa, aunque su admisión no deberá ser automática sino contrastada con la percibida e intuida por el Jefe, por su experiencia y conocimientos específicos acumulados en su, normalmente, mayor experiencia operativa.

La presentación de las líneas de acción, que recordemos cada una debe cumplir la misión e inscribirse en el propósito del jefe superior, es un acto en el que la IA, siguiendo su intervención alimentada con los datos de los procesos anteriores, elaborar las suyas, si se pide, y estas pueden coincidir con las anteriores o discrepar; de nuevo el Jefe debe empeñar sus facultades y decidir continuar el proceso con las líneas de acción predominantes, o con otras.

La comparación y confrontación de las alternativas es una magnífica ocasión para el empleo de esa IA fiable con la que se ha contado en ese Cuartel General, donde el Jefe de la Gran Unidad, finalmente, tomará su decisión, empeñando personalmente toda la responsabilidad resultante.

En el resto de las actividades complementarias a la decisión, la IA desarrolla toda su potencialidad, en el “targeting” cuyos efectos letales potencian mantener unas bases de datos extremadamente fiables, evitando daños colaterales actualmente tan frecuentes y costosos ante la opinión pública en el ámbito cognitivo; la IA intervendrá en la programación de medios autónomos, dándoles la libertad de acción pretendida y supervisándolos  estrechamente, también lo hará en todos los aspectos logísticos en los que la organización sistemática que proporciona la IA está absolutamente indicada.

Se podrían analizar otros elementos de los procesos volitivos en el ámbito de la concepción y conducción de las operaciones, donde se puedan apreciar las virtudes y las vulnerabilidades de la IA, pero serían redundantes.

Es necesario citar, por su importancia, la función de combate inteligencia, donde la aplicación de la IA puede ser abundante y muy aprovechada, aunque hay que huir de que se la considere como definitiva; la Inteligencia Artificial resuelve muchos de los problemas a los que se enfrentaba habitualmente el analista, el que resuelve la médula del ciclo de inteligencia, siempre superado por la sobreinformación procedente de la fase de obtención, y es precisamente la IA bien aplicada la que le va a presentar el núcleo de su interés por la OSINT, dedicándose a otras fuentes más clasificadas, procedentes sobre todo de la HUMINT, herramienta fundamental de un Servicio de Inteligencia. La integración de todos los orígenes de información creará modelos en los que nuestra IA, siempre organizada ad hoc, puede ser fundamental.

El resto de los ámbitos, ciber y cognitivo, incluso espacial, son muy susceptibles de apoyarse en la IA, en especial en el ciberespacio, en el que la IA puede detectar las vulnerabilidades de los sistemas digitales propios y recomendar soluciones, dada la multitud de utilizadores de estos medios, incluidos los de Defensa, etc.

La conectividad, pieza clave de la estructura de la IA, incluye una multitud de corresponsales y orígenes de información, la “nube de combate”, los sistemas de mando y control integrados, los diferentes sensores en todos los ámbitos, consiguiendo “un campo de batalla transparente” reflejado siempre en las pantallas. La IA, en estas condiciones tiene una gran responsabilidad en mantener el conjunto activo, sus bases de datos protegidas, y alimentadas por una energía en crecimiento.

Al describir someramente este recorrido, vital para la concepción y conducción de las operaciones militares, se han podido detectar la ventajas y vulnerabilidades de la  aplicación de la Inteligencia Artificial, que las Fuerzas Armadas deben de conocer y habituarse en su aprendizaje y utilización, es más, los futuros Mandos de las Grandes Unidades tendrán un estructura de pensamiento diferente a lo que hasta ahora ha sido norma, su modo de decidir cambiará con el incremento de la velocidad de llegada de

datos y modelos que le proporcionará la IA, que muy frecuentemente le adelantará. El Estado Mayor, igualmente, debe de conocer las posibilidades de este tecnológico apoyo, que nunca le sustituye sino le complementa.

La clave estará en mantener siempre un control y una supervisión sobre esta nueva tecnología, otras de impacto la precedieron, y asegurar que la decisión siempre será humana, con los valores que la caracterizan.

 

   3 de octubre de 20226 

 

[1] Según el Reglamento de la UE, “la IA es un sistema basado en una máquina que está diseñado para funcionar con distintos niveles de autonomía y que puede mostrar capacidad de adaptación tras el despliegue, y que, para objetivos explícitos o implícitos, infiere de la información de entrada que recibe la manera de generar resultados de salida, como predicciones, contenidos, recomendaciones, o decisiones, que pueden influir en entornos físicos o virtuales”.

 

[2] CESEDEN.