CICLO I /26 DE AEME «CHINA EN LA NUEVA ERA GEOPOLITICA»

Corrupción y lealtad, las obsesiones de Xi Jinping
Las condenas a muerte con dos años de suspensión de pena, pronunciadas el 7 de mayo por un tribunal militar, a los exministros de Defensa Wei Fenghe y Li Shangfu, tras ser declarados culpables de recibir y ofrecer sobornos, son las más severas contra altos mandos militares desde que Xi Jinping inicio la campaña anticorrupción hace 14 años. Las sentencias se enmarcan en las recientes purgas en el Ejército Popular de Liberación (EPL), que dificultan una guerra a corto plazo y revelan hasta qué punto la corrupción y la lealtad obsesionan al presidente de China.
El bombazo, sin embargo, se produjo en enero, con la dramática caída de Zhang Youxia, primer vicepresidente de la Comisión Militar Central, amigo de toda la vida de Xi Jinping y el oficial uniformado de mayor rango de China, y de Liu Zhenli, también miembro de la CMC y jefe de su departamento en el Estado Mayor Conjunto. La cúpula del Ejército más numeroso del planeta, con dos millones de efectivos, quedó diezmada.
Meses antes habían sido destituidos el segundo vicepresidente de la CMC He Weidong, y Miao Hua, su jefe de asuntos políticos y personal. Las salidas de estos cuatro generales, unidas a la de Li Shangfu, que cayó en junio de 2024, han dejado al más alto órgano de comando militar de China con sólo dos miembros: el presidente Xi Jinping y el vicepresidente, Zhang Shengmin, encargado de los asuntos disciplinarios en las Fuerzas Armadas.
La sorprendente decisión de eliminar a esos y otros importantes generales del EPL por prácticas corruptas refleja, según el diario hongkonés South China Morning Post, una clara “evaluación estratégica de que la reforma de las Fuerzas Armadas es más urgente que la cuestión de Taiwán”. Precisamente, la campaña anticorrupción “sin restricciones” fue diseñada para “eliminar obstáculos y elementos negativos que frenan la efectividad de combate de los militares”.
“La corrupción es la mayor amenaza que enfrenta nuestro partido”, declaró el presidente de la República Popular en un discurso ante el Comité Central del Partido Comunista Chino, pronunciado en octubre de 2025 y publicado parcialmente en enero. Xi Jinping reiteró que su campaña anticorrupción no tiene fin y advirtió que ningún funcionario ni miembro del PCCh debe albergar ilusiones de impunidad, ni encontrará donde esconderse.
Tras su nombramiento como secretario general del PCCh en noviembre de 2012, Xi inició una lucha sin cuartel para erradicar el cáncer que corroía las filas del partido y del ejército. Millones de cuadros a lo largo de su primer mandato fueron destituidos y muchos encarcelados. Cayeron moscas y tigres, como se denomina popularmente a los funcionarios según que tengan cargos menores o pertenezcan a la élite dirigente. Los informes presentados al comienzo de su segundo mandato, en 2017, proclamaron una “victoria abrumadora” contra la corrupción.
En los siguientes cinco años la lucha continuó, aunque de forma más moderada. Pero desde que Xi Jinping se otorgó un tercer mandato que podría ser vitalicio, ha desatado una furia incontenible por la limpieza y el buen funcionamiento de las instituciones. Solo en 2025, los anticorrupción castigaron a 983.000 personas, entre las que se incluyen 65 altos funcionarios. Nunca antes hubo una campaña tan devastadora.
Los analistas señalan que más que preocuparse por encontrar un delfín, Xi quiere que su legado sea un partido fuerte capaz de mantenerse en el poder por tiempo inmemorial. Según el historiador francés Orlando Funes, el colapso de la Unión Soviética fue una de las peores pesadillas de Xi Jinping, por lo que cuando asumió el liderazgo del partido se comprometió a que el PCCh “no sufriría el mismo destino que el PCUS”. Xi achacó el hundimiento de la URSS a la corrupción, la falta de disciplina partidaria y la falta de control ideológico, además de a los errores cometidos por Gorbachov en la aplicación de las reformas.
De igual manera, hoy en Pekín se considera que la deslealtad dentro de las propias filas de Nicolás Maduro fue en gran medida responsable del éxito de Estados Unidos en el secuestro del expresidente venezolano. China sigue de cerca la situación en Ucrania, Venezuela y otros lugares para detectar posibles implicaciones a nivel nacional. Su fijación es que la corrupción y la mala gestión en esas guerras han mermado la capacidad de combate y causado cuantiosas pérdidas.
En un discurso de 2020, Xi advirtió que persistían conductas que dañaban la pureza del partido, y citó “impureza ideológica, impureza política, impureza organizativa e impureza de conducta”.
En abril, durante una reunión con altos mandos del EPL de cara a la celebración en 2027 del centenario del Ejército, Xi instó a los militares a mantenerse “puros”. “Es fundamental –dijo el presidente- comprender la disciplina, tener claras las reglas y normas, y mantener un sentido de respeto… Debemos garantizar que todos sean iguales ante las leyes y reglamentos, sin trato especial en su cumplimiento ni excepciones en su aplicación”.
Pero no solo los militares deben evitar tentaciones. Según investigadores y analistas, la campaña anticorrupción está lejos de ser una estrategia temporal y sigue cobrándose cabezas entre los máximos líderes del partido a nivel central, regional y local, en los ministerios y gobiernos, entre los reguladores financieros, ejecutivos de empresas estatales, rectores de universidades, científicos, tecnólogos y otros. Se está convirtiendo en la base sobre la que el partido pretende anclar su permanencia a largo plazo en el poder y en el modo en que presiona a sus funcionarios para que sigan la línea política que marca la dirección.
A principios de abril, Ma Xingrui, exsecretario del partido en la provincia de Xinjiang, fue puesto bajo la tutela de la Comisión Central de Investigación de la Disciplina, cuyos temidos agentes aparecen a cualquier hora del día o de la noche para llevarse al investigado, que permanece desaparecido durante meses. Es la primera vez desde la tumultuosa era de Mao Zedong que el Politburó pierde en un mandato a tres de sus miembros. El Politburó salido del XX Congreso del PCCh en 2022 tenía 24 miembros (todos hombres).
En cuanto al Comité Central del partido, el órgano que elige al Politburó y controla a los cien millones de afiliados del PCCh, también ha disminuido. Según un recuento del South China Morning Post, de sus 205 integrantes, 13 ya han sido expulsados del partido por “violaciones de la disciplina y la ley” y otros 11 están siendo investigados.
Los sectores en los que se centró la Comisión de Disciplina el año pasado fueron las finanzas, las empresas estatales, la energía, la seguridad contra incendios, el tabaco, los productos farmacéuticos, las universidades, los deportes, el bienestar público y la beneficencia, los proyectos de construcción y los procesos de licitación. Cada día es más evidente que lo que comenzó como una campaña anticorrupción ha derivado en una extensa operación para gestionar a los cuadros, imponer prioridades y supervisar la implementación de las políticas. Se trata en realidad de un esfuerzo titánico para transformar el PCCh y garantizar su permanencia en el poder.
De hecho, Xi Jinping ha puesto en marcha lo que denomina la “autorrevolución” del partido, con la que pretende convertirlo en una institución más eficaz y duradera, capaz de gobernar China independientemente de quien esté al mando. Esta vuelta de tuerca en la gobernanza del PCCh busca utilizar la disciplina no solo como instrumento de control, sino también como una fórmula de gobierno, de manera que las normas internas definan las prioridades y la conducta aceptable; la formación ideológica genere funcionarios más comprometidos; las inspecciones mejoren el cumplimiento y las purgas de tigres disuadan a los afiliados de cometer irregularidades.
Todo apunta a que el ascenso o descenso de los funcionarios dependerá cada vez más de su lealtad y de sus esfuerzos contra la corrupción. Se espera que se introduzcan métricas más sofisticadas y estándares más estrictos en las evaluaciones de desempeño. De aquí a final de año, todos tratarán de cumplir al máximo las prioridades del partido, sabedores de que para entonces se designarán los perfiles del nuevo Comité Central que salga del XXI Congreso del PCCh que se celebrará en el otoño de 2027.
GEORGINA HIGUERAS
