VENEZUELA Y LA NUEVA LITURGIA DEL PODER
Aunque todavía son pocos los detalles conocidos, no hay duda de que el ataque estadounidense contra Venezuela efectuado el pasado 3 de enero y materializado en la Operación Resolución Absoluta, no solo ha sido discreto y preciso como ha dicho el Teniente General retirado, Jefe de Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Dan Caine, sino también brillante ya que requirió la intervención de un gran número de componentes de las fuerzas armadas actuando estrechamente y de forma integrada con las agencias de inteligencia y las fuerzas del orden, alcanzando todos los objetivos previstos, especialmente la captura de Nicolás Maduro.
Es verdad que la ONU calificó la intervención estadounidense como un “precedente peligroso” en el escenario internacional, al considerar que se trataría de una vulneración del derecho internacional y de los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas. Su secretario general, Antonio Guterres, enfatizó que, independientemente de la situación en Venezuela, este tipo de acciones no justifican procedimientos que violen el derecho internacional. Pero también es cierto que Maduro es un criminal, conspirador para narcoterrorismo y un presidente ilegítimo ya que perdió las elecciones de julio de 2024 usurpando el poder en enero de 2025.
Pero la repercusión global del ataque de Estados Unidos a Venezuela es mucho más profunda de lo que podíamos imaginar ya que rompe el actual sistema de seguridad internacional e introduce una nueva liturgia del poder, sustentada en tres grandes ejes geopolíticos. El primero, lo conforma el establecimiento de objetivos que satisfagan directamente a los intereses nacionales. Esta vez, Estados Unidos no pretenden restaurar la democracia, corregir un fraude electoral, proteger los derechos humanos o proporcionar al pueblo venezolano una vida digna, libre y prospera sino tan solo conseguir el control de los principales recursos venezolanos, incluido el petróleo y aplicar la vieja doctrina Monroe en el hemisferio occidental.
El segundo se deriva de la falta del respeto a la legalidad internacional, a las normas establecidas y aprobadas por la comunidad mundial. Ya no se necesita la aprobación del Consejo de Seguridad de NNUU para intervenir al objeto de eliminar o impedir un posible conflicto que afecte a los intereses nacionales. En la nueva liturgia geopolítica, cualquier potencia puede actuar en su zona de influencia con plena libertad de acción.
El tercer eje se rige por la realpolitik. En esta nueva era geopolítica holística, el culto del poder se fundamenta en el dominio y competencia geoestratégica entre las superpotencias, grandes potencias y potencias emergentes donde la multipolaridad se halla en un estado aún incipiente y en el que los intereses comunes aún no se han fraguado totalmente. De hecho, estamos en un mundo dividido entre las fuerzas geoestratégicas democráticas frente a las fuerzas geoestratégicas autoritarias.
Las reacciones de la comunidad internacional han sido muy diversas. En América Latina el ataque fue recibido de dos formas opuestas. Mientras los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, Cuba y México se postularon en contra de las operaciones militares en Venezuela, los de Argentina, Ecuador y Panamá aplaudieron la intervención militar.
Por parte de Europa, la reacción ha sido tibia. En general, la cúpula de la UE hizo un llamamiento a respetar la legislación internacional y pidió una transición pacífica y democrática. En esta línea de seguir con atención y preocupación lo que ha sucedido en Venezuela fue la opción adoptada por varios países europeos. Todo ello da una idea de la prudencia y el difícil equilibrio que trata de mostrar Bruselas para no enfrentarse con Estados Unidos.
En cuanto a Rusia y China, la primera condenó la “agresión militar” estadounidense contra Venezuela y abogó por el diálogo para evitar una mayor escalada en la región. China rechaza la operación militar estadounidense señalando un riesgo creciente en la región e insta a Washington a cumplir normas internacionales.
Se espera que Estados Unidos no cometa el mismo error que hizo en Irak después de la Guerra del Golfo, expulsando a todos los militares iraquíes, gran parte de los cuales se hicieron miembros del Estado Islámico. Por ello, resulta imprescindible mantener determinadas instituciones estatales evitando que aparezca un vacío de poder que dificulte o impida controlar el país.
Después del éxito de la Operación Resolución Absoluta, el problema para Estados Unidos es la forma de llevar a buen término esta iniciativa. Trump ha confirmado que gestionará Venezuela hasta que se produzca una transición segura, adecuada y sensata y que implicará también la entrada de empresas petroleras estadounidenses en el país.
Desde el punto de vista de la legalidad y legitimidad democráticas y en línea con los más elementales principios universales de la comunidad internacional lo lógico es que se hubiera declarado presidente a Edmund Gonzalez Urrutia, ganador de las elecciones de julio de 2024, del partido Vente Venezuela cuya presidenta es Maria Corina Machado. Fue respaldado por el 70% de los votos. Constituiría la mejor manera de respetar el derecho del pueblo venezolano a elegir su propio futuro.
Con este marco de referencia, inicialmente, resultaba sorprendente la declaración de Trump sobre Maria Corina Machado en el sentido de que la líder opositora venezolana no tiene el apoyo y respeto suficientes del pueblo venezolano. Sin embargo, la verdadera razón es que Estados Unidos quiere mantener las instituciones para gobernar el país y está claro que ahora María Corina no dispone del poder ni la autoridad adecuada.
Horas antes de esta declaración de Trump, María Corina Machado en un comunicado difundido en sus redes sociales respaldó el uso de la fuerza, por parte de la Casa Blanca, para la salida del poder de Maduro expresando que “estamos preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder. Más adelante añadía “hemos luchado por años, lo hemos entregado todo, y ha valido la pena. Lo que tenía que pasar está pasando”.
Por ello, en espera de que aparezcan las condiciones necesarias para celebrar elecciones que es cuando le tocará el turno a Corina Machado, ahora que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ha ordenado que la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodriguez asuma el cargo de presidenta interina tras la captura del presidente Nicolás Maduro, se presenta la ocasión para que Estados Unidos pueda gestionar y tutelar el gobierno de Venezuela cooperando y colaborando con la nueva presidenta a través del equipo estadounidense nombrado al efecto.
Con alta probabilidad continuarán en sus puestos ante la presidenta interina, su hermano Jorge Rodriguez, Diosdado Cabello y Vladimiro Padrino. De todos ellos, el de mayor peso político y más difícil de manejar es Diosdado Cabello.
En definitiva, Estados Unidos ha decidido adoptar un enfoque pragmático y de tutela temporal, evitando el colapso institucional y no repetir el fracaso de su actuación en Irak. Para ello, cuenta con dos principales herramientas de presión y de negociación, por un lado, la exigencia de su acceso al sector energético venezolano y, por otro, el despliegue militar de 15.000 efectivos en el Caribe.
A mayor abundamiento, Estados Unidos incluye entre sus exigencias la no renovación de los acuerdos de Venezuela con China, Rusia e Irán, rivales estadounidenses a los que Washington quiere que desaparezca su influencia en la región. Sin duda, los tres países son conscientes y asumen la actualidad de la nueva liturgia del poder.
Jesús Argumosa Pila. General de División, r
Vicepresidente 2º de la Asociacion Española de Militares Escritores
Director de la Catedra de Estudios Estratégicos del Instituto Europeo de Estudios Internacionales (IEEI)

