El 29 de agosto de 2027, el Coroenl de Intendencia, r Francisco Galvache Valero-Martin, Dr. en Filosofia y Letras y asociado de AEME y de AME, escribía este articulo de rigurosa actualidad.
¿Quousque tándem abutere, Catilina, patientia nostra? (Cicerón)
Parafraseando las primeras frases de la primera Catilinaria, estaría mas que justificado preguntar a quienes, hurtando el protagonismo de quienes rendían su homenaje a las víctimas, se alzaron con el santo y la limosna en beneficio de sus intereses: ¿Hasta cuándo abusaréis, independentistas, de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo vuestra locura furiosa se reirá de nosotros? ¿Cuándo terminará vuestra desenfrenada y jactanciosa audacia?
Desdichadamente y desde hace demasiado tiempo, preguntas como estas se hallan sin respuesta, por la sencilla razón de que ni siquiera han sido formuladas –y menos dirigidas- a quienes están dispuestos a robarnos España. Y es que, los nuevos Catilinas no han tenido ni tienen en frente, hoy por hoy, a Cicerón ni a nadie que se le parezca. Sí que cuentan, por el contrario, con muchos epígonos de Silas, eternos traidores ávidos de poder y de riquezas que adulan y apoyan a los sediciosos, a los que siguen miríadas de resentidos e ignorantes bravucones que lanzan bravatas e insultos y que, con ocasión o sin ella, violentan la paz y pudren la convivencia.
Pero no queda la cosa ahí: tan patético paisaje se completa con la abundante presencia de gentes subyugadas por la fuerza persuasiva de eslóganes y consignas, y de otras siempre dispuestas a seguir la fiesta por pura indigencia cultural y/o necedad extrema. Era de ver: ¡Una riada humana afirmando a gritos no tener miedo de quienes siembran la muerte y la destrucción a lo largo y ancho de los cinco continentes! Y que se revuelve e intenta morder a quienes la salvaguardan.
No, no es verdad. Claro que tienen miedo. Miedo cerval que les impide incluso señalar con el dedo a los asesinos y a la diabólica justificación ideológica que invocan. Los perciben como una amenaza demasiado real, inmediata… e inafrontable (según creen). De manera que, puestos a drenar la frustración que ello supone, qué mejor que dirigir su furia contra el enemigo imaginado por el nacionalismo/populismo de sus mentores.
Ese estúpido grito, no es muestra de valor. No se trata de valientes que se sobreponen al miedo y hacen frente al enemigo real: al yihadismo en este caso (perdón: al yihadismo y a los yihadistas, porque no es lo mismo). Se trata de escapistas, de gentes que huyen de esa amenazante realidad escondiendo la cabeza bajo el ala del eufemismo, y culpando al empedrado de sus males reales o imaginarios a impulsos de las pasiones: del odio provocado por los prejuicios y del pavor producido por el miedo invencible.
Ahora bien, hay algo a lo que todas estas gentes no sienten temor alguno, y ese algo es, nada menos, el Estado y su Gobierno. ¿Hasta cuándo uno y otro continuarán tolerando ésta furiosa locura? Creo que abusar de la prudencia, de la reina de las virtudes, entraña un riesgo inmenso.
Francisco Galvache Valero
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