MATÍAS DE GÁLVEZ Y LA EXPULSIÓN DE LOS INGLESES DEL
REINO DE GUATEMALA (1779-1783)
Matías de Gálvez y Gallardo fue un gran militar y político que pasó por los cargos de Inspector de Milicias en la Capitanía General de Guatemala o Reino de Guatemala, presidente de la Real Audiencia, gobernador y capitán general, así como virrey de Nueva España. Durante muchos años luchó contra los ingleses en dicha entidad guatemalteca hasta su expulsión en 1783.

Matías de Gálvez. Atribuido a Andrés López (1790). INAH, Tepotzotlán (México)
Primeros años
Nació el año 1717 en Macharaviaya (Málaga), al igual que sus tres hermanos menores y su hijo Bernardo, conde de Gálvez. Aunque todos ellos fueron relevantes en la vida pública de España y América, no eran de linaje noble, sino hidalgos. José fue ministro de Indias y protagonista principal en la Ordenación del Territorio en el Nuevo Mundo, Miguel ocupó el cargo de embajador de España en Rusia y Antonio fue comandante general en la Bahía de Cádiz. Por último, su hijo Bernardo, amén de relevar a su padre en calidad de virrey de Nueva España, contribuyó a la Independencia de Estados Unidos (1775-1783) y a la reconquista de Florida Occidental, tras la expulsión de los ingleses de Norteamérica.
Cuando el malagueño frisaba 11 años falleció su padre, de modo que, al ser el primogénito, tuvo que atender sus propiedades agrícolas. Así permaneció varios años hasta que logró orientar su vida hacia la Carrera de las Armas. En 1745 se casó con su prima segunda María Josefa de Madrid y tuvieron dos hijos: Bernardo, citado arriba, y José, que falleció con ocho años. Al cabo de un lustro de viudedad, contrajo segundas nupcias con Ana de Zayas y Ramos, residente en Madrid. Matías se trasladó allí con su esposa e ingresó cual cadete en el Real Cuerpo de Artillería.
Carrera Militar
Al final de sus estudios militares alcanzó el empleo de alférez y comenzó una nueva etapa. Solicitó destino a Tenerife en 1756 y allí fue destinado al Regimiento de Milicias de Los Realejos, al norte de la isla, y con él siempre estaba su hijo Bernardo. Desempeñó varios cargos militares: gobernador de la fortaleza costera de Paso Alto –inmediata a la capital tinerfeña– hasta el año 1775, Subinspector de Milicias –ya con el grado de teniente de Rey–, y lugarteniente del comandante general de las Islas. En lo que atañe a servicios civiles, ejerció de administrador de la renta del Tabaco, presidente de la Real Aduana y síndico personero del puerto de la Orotava.
Rumbo a las Indias
Matías estaba muy integrado en Canarias, mas la Corona le tenía reservado un puesto en el Nuevo Mundo. De hecho, en 1778 fue destinado como Inspector de Tropas y Milicias al Reino de Guatemala, un lugar que requería una intensa reorganización y una preparación militar para luchar contra los ingleses, pues su conflicto se preveía inminente. El malagueño, en cualquier caso, organizó una expedición de canarios a Luisiana, quienes se incorporaron y habitaron cinco pueblos fundados por su hijo Bernardo.
La Capitanía General de Guatemala, a la que fue destinado Gálvez, la conformaban el territorio homónimo, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, la región de Chiapas mexicana (al sureste) y las provincias Chiriquí y Bocas del Toro de Panamá (al oeste de esa entidad geográfica). Se trataba de un amplio espacio que demandaba una gran infraestructura y un gran ejército instruido.
El Reino estaba gobernado por el capitán general Martín de Mayorga, si bien había solicitado su traslado a causa de su edad avanzada, que llegó en pocos meses. De esa manera, Matías le sustituyó en marzo de 1778 y en abril del año siguiente tomó posesión de la Audiencia de Guatemala. En cuanto llegó a su destino, él comenzó a solucionar asuntos pendientes. Por un lado, reorganizó las Milicias de Guatemala y las preparó para la defensa de su territorio, especialmente el fuerte de San Fernando de Omoa, al norte de Honduras. Disponía de 30.000 soldados, con dragones de Caballería e Infantería y baterías de Artillería destacadas en los núcleos de Comayagua, Tegucigalpa y Santa Ana.
Por otro lado, tuvo que atender la construcción de Nueva Guatemala de la Asunción, dado que la Antigua de Santiago de los Caballeros estaba derruida a causa de un terremoto acaecido en 1773. A la vez, comenzó la construcción de la catedral, puso en marcha iniciativas agrícolas, sociales, sanitarias, económicas, culturales, etc.; además de la instalación de la Casa de la Moneda en la urbe. Por todo ello, el Consistorio criollo lo nombró «El primer padre de la Patria».

Reino de Guatemala (1779-1783) en el Virreinato de Nueva España.
Expulsión de los ingleses
La guerra prevista contra los ingleses se declaró el 24 de junio de 1779 y el plan de defensa del general Gálvez –siguiendo los consejos del brigadier de ingenieros Agustín Crame– se basaba en la Geografía del Reino; es decir, en defender con el grueso de las fuerzas disponibles la zona más poblada del centro y oeste del territorio, la cual miraba al océano Pacífico; mientras que la oriental, inmediata al Atlántico y prolija en selvas, debía fortificarse en los puertos con guarniciones capaces de rechazar los ataques foráneos. En caso de penetración enemiga, había que prever reservas para cerrar el paso por las posibles vías de entrada.
Había dos vías de penetración desde el océano Atlántico al Pacífico: la del fuerte de San Fernando de Omoa, con un camino único que se dirigía a la capital de Guatemala y estaba defendida por 400 hombres; y la del valle del río San Juan en Nicaragua, que disponía de un puerto con el mismo nombre y del castillo de la Inmaculada Concepción. Precisamente, por esos lugares estaban los ingleses instalados con la intención de llegar al gran lago de Nicaragua y alcanzar el océano Pacifico. Su fin último era dividir Centroamérica de este a oeste.
El primer encuentro con los ingleses se produjo en el castillo de San Felipe, cerca del lago Dulce, en la costa atlántica, que fue ocupado por aquellos. Ante esa situación, el teniente coronel José Rosado, gobernador del presidio de Bacalar –en México, al norte de Belice–, envió una unidad militar española hacia el sur del lago Dulce y logró la expulsión de los británicos y la captura de varias embarcaciones. Desde el mismo presidio partió otra expedición hacia Cayo Cocina, en la boca del río Belice, y el 15 de septiembre de 1779 el resultado fue similar: desalojo y captura de prisioneros y naves enemigas.
Fuerte de San Fernando de Omoa
Al cabo de unas semanas, Gálvez tuvo noticias de la presencia de ingleses cerca de dicho fuerte, considerado por él «la llave y el muro exterior del Reino», y se preveía un ataque inmediato. De hecho, a mediados de octubre desembarcaron en el puerto 700 ingleses y cientos de indios mosquitos y zambos. Sin demora, el general se puso en marcha con su hueste y recorrieron más de 400 km para llegar a dicho enclave. Cuando se acercaron, el fuerte ya estaba ocupado por los ingleses; sin embargo, el 29 de noviembre de 1779 consiguieron la rendición británica.
El vencedor comunicó la victoria a su hermano José y este al rey Carlos III, lo que contribuyó al ascenso de Matías a general de brigada de la Marina Real, al tiempo que mantenía el puesto de capitán general de Guatemala. Conseguida la victoria de Omoa, Gálvez organizó dos expediciones: una por la costa de los Mosquitos y otra por el interior. La primera consiguió expulsar a los ingleses y nativos de los ríos Tinto y Limón, y la segunda expedición dejó libre el interior de británicos y sus auxiliares.

Fuerte y caserío de San Fernando de Omoa. Litografía (1856). Revista Harper’s New Monthly n.º LXXIX, vol. XIV
Río San Juan en Nicaragua
El interés británico por llegar al Pacífico a través de ese curso fluvial seguía latente; aún más, se volcaron con medios humanos y armamento con ese objetivo. En abril de 1780, un millar de ingleses e indígenas penetraron por el curso fluvial y se dirigieron al fuerte de la Concepción; a un tiempo, en el puerto fondeaban un navío –al mando del comandante Nelson, futuro almirante inglés–, dos fragatas, dos bergantines, dos balandras y un paquebote; todos armados en grado sumo.
Toda esa información llegó a oídos del malagueño, de modo que con celeridad emprendió con su tropa la marcha hacia ese enclave. Los ingleses se reforzaron con 800 combatientes veteranos y más medios materiales, con los que asediaron el fuerte. Al final, el capitán Ayssa, con solo 123 hombres y después de una dura resistencia, capituló el 28 de abril.
En enero de 1781 las fuerzas de Gálvez estaban próximas al fuerte, pero apenas observaron movimientos ni fuegos de las armas. Cogieron prisioneros a unos ingleses, y estos revelaron que la mayoría de los defensores habían fallecido y los demás estaban muy débiles a causa de las enfermedades tropicales sobrevenidas tras la estación lluviosa. Los escasos supervivientes habían huido durante la noche al conocer la presencia de los españoles. Por esa acción, Matías de Gálvez fue ascendido a mariscal de campo (general de división).
Isla de Roatán
Respecto a la presencia británica en el Reino de Guatemala, todavía quedaba pendiente su expulsión del valle del río Tinto y la recuperación de la isla. En el primer caso, la fuerza española, al mando del comandante Cayetano Ansoátegui, se dirigió a un asentamiento enemigo dotado de un recinto de madera alambrado en un alto con cuatro cañones preparados para hacer fuego. De facto, el fuego se inició en cuanto los españoles los cercaron. A la postre, transcurridas cuatro horas, los británicos se retiraron del lugar.
A un tiempo, el capitán Vicente de Arizabalaga tenía órdenes de dirigirse hacia los ríos Tinto y Patuca, para, finalmente, llegar al núcleo de Caribe. Aquel pensaba que allí estaría el comandante, mas ya se había ido, por lo que también abandonó el último lugar ocupado por británicos en ese entorno de la costa de Honduras.
Quedaba, por último, la isla de Roatán, de escasa extensión –similar a Ibiza– y convertida en una base avanzada defendida con cinco fuertes alrededor de la capital de la isla. Con el fin de atacar ese enclave fuertemente defendido, el mariscal Gálvez decidió establecer su cuartel general en Trujillo, en la costa hondureña. En ese lugar concentró casi cuatro mil combatientes y una flota compuesta por balandras, goletas y canoas escoltadas por fragatas, una corbeta y cuatro lanchas cañoneras. A un tiempo, los soldados fueron instruidos para realizar un ataque anfibio a la isla, situada a una distancia de 60 km.
Dispuestos en posición de combate, pronto se escucharon los primeros cañonazos por ambos bandos que duró tres horas; posteriormente, el fuego artillero de los ingleses se silenció por la eficacia de los cañones de las naves. Gálvez desembarcó la tropa de las lanchas, y las compañías de infantes y granaderos ocuparon los fuertes de la isla. En ellos izaron la Bandera española y en el crepúsculo del mismo día los británicos capitularon. Recogieron lo que pudieron y navegaron raudos rumbo a Jamaica. Ese día fue el 17 de marzo de 1782 y en junio del mismo año ascendieron a teniente general a Matías de Gálvez.
Al cabo de una semana, la isla quedó guarnecida y la fuerza española ocupó la isla y sus núcleos urbanos. Gálvez, a finales de marzo, regresó al río Tinto y comunicó al ministro de Indias que todos los objetivos se habían cumplido. El 3 de septiembre de 1783 se firmó la paz con los ingleses.
Los últimos días
Desde el 14 de agosto de 1782 Matías de Gálvez era virrey interino de Nueva España, en sustitución de Martín de Mayorga, y fue titular desde el 14 de agosto del año siguiente. Desde el inicio tuvo problemas con la Audiencia por temas jurisdiccionales, pues cada uno defendía sus prerrogativas, y recurrió incluso al Consejo de Indias.
Por su parte, atendió a numerosas necesidades del nuevo territorio: infraestructuras, la cultura (escuelas de dibujo), el saneamiento de aguas en el lago de México, la minería (de plata y otras), las levas de soldados y las luchas contra las rebeliones de los indígenas en distintos puntos de Nueva España.
Con todo, la salud del virrey se deterioró gravemente, aunque ya arrastraba dolores desde su permanencia en Guatemala. Delegó las funciones que tenía de la Real Audiencia y, finalmente, falleció el 3 de noviembre de 1784 en la Ciudad de México. Una semana más tarde fue inhumado en la iglesia del Colegio Apostólico de San Fernando. En honor a sus méritos, el rey Carlos III le dispensó del juicio de residencia que tenía pendiente.
Conclusiones
Abundantes fueron los méritos de Matías de Gálvez en su vida militar y civil. Expulsó a los ingleses del Reino de Guatemala que trataban de separar Centroamérica desde el océano Atlántico al Pacífico, contribuyó a la independencia de Estados Unidos, ora directamente, ora a través de su hijo Bernardo o su hermano José, fundó la Nueva capital de Guatemala de la Asunción, organizó un potente ejército en Guatemala y el Consistorio de la metrópoli lo nombró «El primer padre de la Patria». En Nueva España apenas estuvo un año y medio, y en ese tracto de tiempo realizó vastas tareas militares y sociales. Le sustituyó su hijo Bernardo de Gálvez.
Jose Garrido Palacios. Teniente Coronel del ET,,r
Doctor en filosofía y Letras
De la Asociacion Española de Militares Escritores
Colaborador de la Revista MILITARES
Bibliografía
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