LAS DIFÍCILES RELACIONES DE RUSIA CON EUROPA Y OCCIDENTE. Coronel Garcia Riesco

 

 

 

LAS DIFÍCILES RELACIONES DE RUSIA CON EUROPA Y OCCIDENTE

 

Rusia considera que Europa lleva dos siglos sin tratarla como se merece. Ante el desdén estadounidense hacia unos aliados europeos débiles, se están imponiendo en el Kremlin las tesis más eslavófilas que consideran al Continente un ente frágil y hostil a quien hay que ignorar y sabotear. Frente a la amenaza, Europa carece de la necesaria capacidad de disuasión por lo que debe dedicar sus mejores energías a desarrollar la defensa total y, una vez demostrada la fuerza, intentar reestablecer las relaciones diplomáticas con Rusia previas a la invasión de Ucrania.

 

La visión eurófoba de Rusia

Los fundamentalistas eslavófilos moscovitas consideran que Europa ha aplicado históricamente «dobles raseros» en sus relaciones con Rusia, dado que ha considerado su propio uso de la fuerza como algo legítimo frente a comportamientos rusos similares, vistos como desestabilizadores. El problema radica en la persistente negativa de Europa a reconocer a Rusia como un actor legítimo e igualitario, lo que es considerado como un prejuicio estructural incrustado en el pensamiento europeo: desde principios del siglo XIX Europa no ha tratado a Rusia como actor continental con quien colaborar, sino como transgresor al que hay que contener o anular.

Las frecuentes invasiones europeas han dejado profundas cicatrices en el alma colectiva rusa: la polaca-lituana en el siglo XVII, las suecas en el XVIII y la napoleónica en el XIX. Tras 1815, Rusia ocupa un papel central en Europa, pero a mediados del siglo XIX el resentimiento enraíza en sus élites debido a que en la Guerra de Crimea (1853–1856) Gran Bretaña y Francia apoyan al Imperio Otomano contra Rusia. Tolstoi denuncia la incomprensión y marginación de Europa respecto a una Rusia que «no se ha desviado de su rumbo» y critica que la historia moderna europea limite el género humano a los pueblos que ocupan un pequeño espacio occidental de Eurasia [[1]]. Pogodin, más radical, considera que Rusia no puede esperar nada de Europa salvo odio ciego y maldad; en su memorando de 1853 —clave para comprender el resentimiento— contrasta los episodios de coerción y violencia de Europa con la indignación del Continente ante las acciones rusas en regiones adyacentes [[2]].

En los periodos revolucionarios y de entreguerras del siglo XX, Europa pasa de la rivalidad con Rusia a la intervención directa en sus asuntos internos. Desde noviembre de 1917 hasta principios de los años 20, la intensa actividad europea —con operaciones relevantes en Murmansk y Odessa— tiene por objeto estrangular la Revolución Bolchevique en su cuna; Reid describe tal presencia como un esfuerzo mal ejecutado pero deliberado para derrocarla [[3]]. Estos episodios potencian la doctrina Pogodin; Blok, en 1918, advierte que, si Rusia es rechazada por Europa, mirará hacia el Este y se mantendrá neutral ante la invasión asiática del viejo Continente [[4]].

Los inmensos sacrificios de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial —soportó la mayor parte del esfuerzo bélico con más de 20 millones de muertos—no han sido adecuadamente reconocidos por Occidente; Zakharova precisa que en el resultado de la Guerra no es decisivo el desembarco aliado en Normandía, sino las victorias del Ejército Rojo en Stalingrado y Kursk [[5]]. Ya en la Guerra Fría, el Tratado de Estado de 1955 permite que la Austria neutral y democrática —libre de tropas soviéticas— logre una reunificación que no consigue Alemania porque se considera que amenaza el orden hegemónico estadounidense. En suma, la Unión Soviética es tratada como una potencia a neutralizar en lugar de un país con quien colaborar; para Brzezinski Eurasia es el «supercontinente axial», y la dominación global estadounidense impide la aparición de cualquier potencia capaz de dominarla [[6]].

 

El momento de los occidentalistas rusos: la opción paneuropea

El fin de la Guerra Fría da pie a desarrollar instituciones conjuntas entre ambos bloques que se asientan en la primera mitad de los años 90 con el Acuerdo de Asociación y Cooperación (1994). Gorbachov no es el único que defiende la opción paneuropea: Mitterrand considera que «Europa ya no será la que conocemos desde hace medio siglo…Rusia regresará a casa, a su historia y su geografía» [[7]], y Thatcher, por su parte, impulsa la opción de una asociación europea ampliada que reciba a los países de Europa del Este y a la Unión Soviética [[8]]. El intento de asociación institucional representa la culminación de unos 200 años de esfuerzos de los europeístas rusos para occidentalizar el país; Adamachin señala que «reinaba entonces un clima de euforia y pensábamos que estábamos en el mismo barco que Occidente» [[9]].

Sin embargo, las élites moscovitas no asumen las ventajas de limitar la propia soberanía para seguir el modelo europeo. El derrumbe de la Unión Soviética, en diciembre de 1991, da el golpe de gracia al proyecto paneuropeo con la integración en la OTAN de las antiguas democracias populares y de las ex repúblicas soviéticas bálticas. Kennan —el padre de la doctrina de la contención frente al expansionismo soviético— considera que es el error más grave de la política estadounidense desde 1945 [[10]], y Matlock señala que demasiados políticos estadounidenses ven el fin de la Guerra Fría como si se tratara casi de una victoria militar [[11]]. La intervención de la OTAN en la ex Yugoslavia (1999), sin mandato de las Naciones Unidas, hace que Rusia tome conciencia de su relegación; Rubinski señala que «el bombardeo de la OTAN a Belgrado suscitó una enorme decepción entre los partidarios de la «casa común» [[12]].

 

El discurso eslavófilo del Kremlin

En 2001, en un discurso pronunciado en el Bundestag, Putin invita a Europa a unir sus capacidades al potencial económico, cultural y militar de Rusia [[13]], pero el anuncio estadounidense de abandonar el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) le hace cambiar de opinión: «Nos quieren infligir nuevas líneas de demarcación y nuevos muros» [[14]], clama en Munich en 2007. La situación empeora en 2008 cuando la Cumbre de la OTAN en Bucarest declara que Ucrania y Georgia se convertirán en miembros de la OTAN, por lo que Rusia lanza sus tropas para obstaculizar una extensión de la Alianza en el Cáucaso. El levantamiento del Maidán de 2014 —que derroca al presidente ucraniano Yanukóvich con el apoyo de gobiernos occidentales— no es considerado por el Kremlin una revolución popular, sino un golpe violento respaldado por Occidente que vuelve a Ucrania contra Rusia. Con la anexión de Crimea comienza una radicalización rusa que se acentúa con el rechazo ucraniano a los intentos de resolver el conflicto en el Donbás —Minsk II (2015)— y de establecer la neutralidad de Ucrania —Comunicado de Estambul (2022)—.

Dado que Rusia siempre será considerada por Europa como potencia a contener, desmembrar o aniquilar, sólo cabe el argumento del «soldado ruso»: las reivindicaciones de Moscú se impondrán cuando sus tropas lleguen a Berlín o París, por lo que «la lucha existencial», clama Demourine, «exige quemar toda Europa hasta el Canal de la Mancha y más allá» [[15]]. Patrushev, más radical aún, considera que los países europeos habrían construido desde hace mil años una «pirámide parasitaria» para apropiarse de las riquezas rusas; en concreto considera que «la guerra en Ucrania es una confrontación más amplia entre Rusia y Occidente liderada por una fuerza anglosajona [[16]]. Para Karaganov, «Rusia se enfrenta a una élite europea irresponsable que utiliza a la democracia para intoxicar a sus propias sociedades» [[17]].

En suma, Rusia considera que no es reconocida por un Occidente que la juzga con modelos que no se aplica a sí mismo; pretende dar lecciones sobre gobernanza democrática mientras equipa a Ucrania con armas occidentales avanzadas y la convierte en abiertamente hostil. Para el Kremlin, la guerra en Ucrania, el colapso del control de armamento nuclear, los problemas energéticos y armamentísticos de Europa, su fragmentación política y su pérdida de autonomía estratégica son el coste acumulado de dos siglos de negativa del Continente a tomarse en serio las preocupaciones de seguridad de Rusia.

 

Europa no sobrevivirá sin capacidad de disuasión

La eslavofilia rusa es incompatible con los valores europeos. Rusia ve a los ciudadanos occidentales como consumidores superficiales que, al perder los ideales, llevan a sus países a un desastre demográfico y moral, por lo que lleva años movilizando a su población, industria y propaganda para un enfrentamiento con una Europa que presume impotente. Percibe el conflicto como una confrontación de sus valores comunitaristas y espirituales frente a los individualistas y materialistas europeos; «como una lucha por la supervivencia nacional, la soberanía y el destino histórico» [[18]], señala Connolly.

Massala construye un escenario en el que Rusia, una vez firmada la paz con Ucrania, ataca a Estonia al objeto de probar la solidez de la Alianza; advierte de los peligros de la complacencia y del alto precio a pagar cuando la disuasión se erosiona y las alianzas no funcionan, por lo que propone claridad estratégica y coraje político para disuadir a Rusia [[19]]. Es hora de la autonomía estratégica europea porque ninguna gran potencia ha sobrevivido externalizando su supervivencia; los valores que han hecho posibles las mejores condiciones de vida conocidas por la historia «no se conservan por inercia ni sobreviven al cinismo ni a la tibieza», precisa Garrocho, «y el momento de comprobarlo, lamentablemente, parece que ha llegado» [[20]].

Ante la ausencia de una unión política que sustente al ejército europeo, la historia de la defensa continental ha sido un proceso de fracasos positivistas; el plan Klingbeil, recientemente anunciado —la unión de seis países europeos para potenciar el Continente económica y militarmente—, continúa con el mismo esquema. Sin embargo, ninguna sociedad disuade sin las virtudes intangibles que, a la postre, deciden los resultados de los conflictos: una retaguardia organizada y sacrificada, liderada por las mentes más brillantes, que despliega en el frente a soldados capaces y generosos dispuestos a causar bajas y a morir. Europa tiene en el modelo finlandés de «seguridad integral» la mejor referencia para conseguir capacidad de disuasión, porque coordina cientos de organizaciones públicas y privadas en simulacros nacionales y exige que cada ministerio mantenga activados planes que garanticen los servicios esenciales, las cadenas de suministro y las comunicaciones.

Una vez lograda la capacidad de disuasión, Europa ha de explorar todas las posibilidades de relación con Rusia. Putin —que recientemente ha lamentado la práctica inexistencia de contactos— condiciona el retorno a las relaciones amistosas al respeto por los intereses nacionales rusos. En cualquier caso, será un proceso largo y difícil; Lavrov precisa que, de producirse, se enmarcarían en una visión distinta porque hay que tener en cuenta los importantes procesos en curso en Asia-Pacífico, Medio Oriente, África y América Latina [[21]].

 

Jesús Alberto García Riesco 

Coronel (r) y politólogo

Asociación Española de Militares Escritores

 

 

[[1]] Citado en RUBIO, Antonio. “Tolstói para analistas internacionales”, RIE, 05 Oct 2022.

https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/tolstoi-para-analistas-internacionales/

[[2]] Citado en SACHS, Jeffrey. “European Russophobia and Europe’s Rejection of Peace: A Two-Century Failure”, CIRSD, December 22, 2025.

https://www.cirsd.org/en/news/european-russophobia-and-europes-rejection-of-peace-a-two-century-failure

[[3]] REID, Anna. A Nasty Little War, Basic Books, 2024

[[4]] Citado en RADCHENKO, Sergey. “Fear and Resentment in the Kremlin”.

https://www.cirsd.org/en/horizons/horizons-winter-2025-issue-no-29/fear-and-resentment-in-the-kremlin

[[5]] Citada en  HODGEN, Nathan. “Russia lost the most lives during WW2”, CNN, June 7, 2019.

.https://edition.cnn.com/2019/06/07/europe/putin-d-day-absence-intl#:~:text=But%20Putin%20also%20used%20the%20question%20to,have%20been%20somehow%20overlooked%20in%20the%20West

[[6]] BRZEZINSKI, Zbigniew. “Geostrategy for Eurasia”, Foreign Affairs,  SEPTEMBER 1997 https://www.foreignaffairs.com/system/files/pdf/articles/1997/76504.pdf

[[7]] MITTERRAND, François. Allocution de 31 décembre 1989.

https://www.vie-publique.fr/discours/139496-allocution-de-m-francois-mitterrand-president-de-la-republique-loc

[[8]] Citado en SAROTTE, Mary Elise. The Struggle to Create Post-Cold War Europe, Princeton University Press, 2009

[[9]] Citado en RICHARD, Hélène. “Cuando Rusia soñaba con Europa” SEPTIEMBRE 2018. https://www.eldiplo.org/231-estalla/cuando-rusia-sonaba-con-europa/

[[10]] KENNAN George. “A Fateful error”, Nytimes, Feb. 5, 1997 https://www.nytimes.com/1997/02/05/opinion/a-fateful-error.html

[[11]] RICHARD, Hélène. Op. Cit.

[[12]] Ibid.

[[13]] Speech in the Bundestag of the Federal Republic of Germany.September 25, 2001.

http://en.kremlin.ru/events/president/transcripts/21340

[[14]] Speech and the Following Discussion at the Munich Conference on Security Policy.

http://en.kremlin.ru/events/president/transcripts/24034

[[15]] Citado en LANCEREAU, Guillaume. • “Quemar todoo hasta el Canal de la Mancha”. Le Grand Continent, 1 de diciembre de 2025.

https://legrandcontinent.eu/es/2025/12/01/quemar-todo-hasta-el-canal-de-la-mancha-frente-a-occidente-la-diplomacia-rusa-llama-a-la-sangre/

[[16]] LOUGH, John. “How Britain became Russia’s enemy number one”, NEST, 23 October 2025.   https://nestcentre.org/war-with-the-anglo-saxons/

[[17]] Citado en LANCEREAU, Guillaume. “Rusia está en guerra contra Europa” 9 de dic. de 2025.

https://legrandcontinent.eu/es/2025/12/09/segun-el-allegado-a-putin-karaganov-rusia-esta-en-guerra-contra-europa-x/

[[18]] CONNOLLY, Richard. “Why Economic Pain Won’t Stop Russia’s War”, RUSI, 28 January 2026. https://www.rusi.org/explore-our-research/publications/commentary/why-economic-pain-wont-stop-russias-war

[[19]] MASALA, Carlo. If Russia Wins: A Scenario.  6 enero 2026, Grove Press, 2026.

[[20]] GARROCHO, Diego. “El precio de ser europeo”. El País 19 de enero de 2026. https://elpais.com/opinion/2026-01-19/el-precio-de-ser-europeo.html

[[21]] Citado en RICHARD, Hélène. Op. Cit.