La primera publicación de la Benemérita: «Guía del Guardia Civil» (1850-1855)

El Coronel de la Guardia Civil D. Jesus Nuñez Calvo, asociado de AEME y delegado para Andalucia, envia este articulo de su autoria.

 

La primera publicación de la Benemérita: «Guía del Guardia Civil» (1850-1855)

 

 

Introducción
Por Real Decreto de 26 de enero de 1844, del Ministerio de la Gobernación de la
Península, se dispuso la nueva organización del ramo de seguridad pública,
considerado, «uno de los objetos que más han excitado la consideración y el celo
del Gobierno», de la jovencísima reina Isabel II.
Tras desacreditar, extensa y detalladamente en su exposición, el modelo de
seguridad pública que hasta entonces se había tenido en España, se expuso el
nuevo modelo a desarrollar, a lo largo de diez artículos. Dicho real decreto estaba
suscrito por Luis González-Bravo López de Arjona, presidente del consejo de
ministros; Luis Mayans Enríquez de Navarra, ministro de Gracia y Justicia, y notario
mayor de los reinos; Manuel de Mazarredo Mazarredo, mariscal de campo y
ministro de la Guerra; Juan José García-Carrasco Gómez-Benítez, ministro de
Hacienda; José Filiberto Portillo Fernández de Velasco, ministro de la Marina,
Comercio y Gobernación de Ultramar; y el marqués de Peñaflorida, José Justiniani
Ramírez de Arellano, ministro de la Gobernación de la Península.
En el décimo y último artículo del citado real decreto, se dispuso que este último
ministro dispondría, «con la urgencia que el servicio público reclama, la
organización de una fuerza especial destinada a proteger eficazmente las personas
y las propiedades, cuyo amparo es el principal objeto del ramo de protección y
seguridad».
Apenas transcurridos dos meses, por Real Decreto de 28 de marzo siguiente,
dimanante también del Ministerio de la Gobernación de la Península, y suscrito por
las autoridades citadas anteriormente, se creaba «la organización de la fuerza civil
de protección y seguridad pública», reconociéndose, entre otras muchas cosas,
que
[…] ni el ejército ni la Milicia nacional desempeñan con la fe necesaria el
servicio enojoso de la policía, que aquellos cuerpos miran con cierto desvío por
las preocupaciones vulgares, y que solo se presentan a sus ojos como una
obligación pasajera, accesoria y extraña al primordial objeto de su respectivo
instituto.
Por lo tanto, se procedió a disponer la creación «de una fuerza especial de
protección y seguridad, en atención al desamparo en que hoy se ve la autoridad
pública para proteger eficazmente el orden y las personas y bienes de los vecinos
honrados y pacíficos». A tal efecto, se tenía en consideración «que ni el ejército
permanente ni la Milicia Nacional pueden atender este servicio sin menoscabo de
su peculiar organización y objeto, sin detrimento de la disciplina militar, y sin
molestias ineficaces y perjuicios de la mayor trascendencia para las clases
acomodadas y laboriosas».
Dicho Cuerpo, «especial de fuerza armada de infantería y caballería», estaría bajo
la dependencia del Ministerio de la Gobernación de la Península, «y con la
denominación de Guardias civiles».
Para su organización, por real decreto de 12 de abril de 1844, del Ministerio de la
Gobernación de la Península, se dispuso que se procediera a ello por conducto del
Ministerio de la Guerra, así como una serie de modificaciones y normas, tendentes
a «ofrecer un alivio y una recompensa a la clase militar que tan acreedora se ha
hecho por su lealtad, valor y constancia», durante la Primera Guerra Carlista (1833
1840).
Tres días más tarde, por real orden del Ministerio de la Guerra, era comisionado el
mariscal de campo Francisco Javier Girón Ezpeleta, II Duque de Ahumada, como
«director de organización» de la Guardia Civil, quedando facultado, «para proponer
las medidas que conduzcan a la más útil organización de esta fuerza en vista de
los elementos que por ella puedan emplearse, teniendo en consideración que del
acierto de su primera planta depende su porvenir y el que produzca el feliz resultado
a que se la destina».
Sin embargo, el 3 de mayo de 1844, cuando el Cuerpo de la Guardia Civil se
encontraba todavía en fase de planeamiento y remodelación del texto fundacional,
se procedió a un cambio de gobierno, siendo nombrado por real decreto para
presidirlo, así como ministro de la Guerra, el capitán general Ramón María Narváez
y Campos.
Éste dispondría la prosecución del II Duque de Ahumada en su labor de
organización del nuevo Cuerpo de la Guardia Civil, que ya con plena naturaleza
militar, sería aprobada por real decreto de 13 de mayo de 1844, dimanante del
Ministerio de la Guerra.
Finalmente, por Real Decreto de 1º de septiembre de 1844, teniendo en
consideración «los méritos, servicios y circunstancias” que concurrían en el II
Duque de Ahumada, era nombrado inspector general del cuerpo de guardias
civiles, en atención al celo e inteligencia con que desempeña su organización».
La primera edición de la «Guía del Guardia Civil»
En aquel entonces, la Benemérita, al igual que sucedía con otras muchas
instituciones de la época, civiles y militares, careció durante sus primeros seis años
de existencia de una publicación periódica interna propia, que, publicada al menos
varias veces al mes, recogiera y difundiera entre todos sus componentes no sólo
su normativa legal de actuación y aplicación, sino también sus muy diferentes
pareceres, servicios y vicisitudes corporativas, así como otras cuestiones de
interés.
Lo que sí se hizo por iniciativa del II Duque de Ahumada, como inspector general
del benemérito Instituto, y ello ya fue de agradecer en esa época, es editar en la
«Imprenta de D. Victoriano Hernando», sita en el núm. 11 de la madrileña calle del
Arenal, con periodicidad prácticamente anual, una Recopilación de las Reales
Órdenes y Circulares de interés general para la Guardia Civil, expedidas desde su
creación «por los Ministerios de la Guerra y Gobernación, y por el Inspector General
de la misma, arreglada de su orden en la Secretaría de la Inspección General».
Dado que no había en toda la Administración del Estado, un despliegue tan extenso
de unidades por todo el territorio nacional como el de la Guardia Civil, era necesario
que sus componentes dispusieran de la legislación y normativa necesarias, así
como textos de consulta que ayudasen a la resolución de las dudas que pudieran
plantearse.

Hay que tener presente que entonces los medios de intercomunicación a distancia
eran prácticamente inexistentes, salvo la prensa y el correo postal. Y también hay
que tener conciencia de que, en muchas ocasiones, las plantillas de aquellos
puestos, no llegaban siquiera a media docena de guardias civiles, mandados por
un cabo o un sargento que residían en casas-cuarteles.
Es por ello que pronto se tuvo la necesidad de disponer, y además varias veces al
mes, de un boletín o periódico que tratase los temas profesionales. De hecho, ello
ya se estaba llevando a cabo en algunas instituciones civiles y militares.
Fruto de esa imperiosa necesidad, surgió el periódico llamado «Guía del Guardia
Civil», siendo de titularidad privada. Su primer número fue editado el 1º de octubre
de 1850 y pasó a publicarse los días 1, 10 y 20 de cada mes, siendo su precio de
venta el de un real y medio, tanto en Madrid como en provincias, franco de porte.
Su redacción estaba en el número 6 de la madrileña calle de Leganitos y, aunque
no oficial, fue la primera publicación periódica referida al benemérito Instituto.
Hay que resaltar que su edición se adelantó en tres meses, e inspiró la publicación,
el 4 de enero de 1851, de «El Guía del Carabinero», tal y como se publicó en la
«Gaceta de Madrid», antigua denominación del «Boletín Oficial del Estado», el 11
de enero de dicho año.

Concretamente la nota decía:
Ha comenzado a publicarse en esta corte, con el título de Guía del carabinero,
un periódico de igual índole que El Guía del guardia civil, y dirigido, según
creemos, por la misma apreciable persona que redacta éste. Su objeto no
puede ser más útil ni más digno, pues en ambos se limita a consolidar la
educación moral de aquellos cuerpos con la frecuente enumeración de hechos
merecedores de alto encomio, creando además una honrosa emulación entre
los individuos que los componen. Esperamos y deseamos al Guía del
carabinero la misma favorable acogida que ha obtenido su hermano mayor.

Estaba dedicado, por lo tanto, y en formato similar, a difundir asuntos de interés
profesional y de opinión, sobre el Cuerpo de Carabineros del Reino, que al igual
que el de la Guardia Civil era también de naturaleza militar, si bien más antiguo, ya
que se había creado el 9 de marzo de 1829, bajo la denominación oficial de
«Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras». Por Ley de 15 de marzo de 1940
el Cuerpo de Carabineros sería integrado en el de la Guardia Civil, pasando éste a
desempeñar la vigilancia de costas y fronteras, así como ejercer el resguardo del
Estado.
Hay que significar que la publicación periódica de la «Guía del Guardia Civil» tuvo
una importante repercusión, dentro y fuera de la Benemérita, comenzándose a
publicar incluso antes de que algunas Armas y Cuerpos de nuestro Ejército, de
mayor antigüedad en la vida nacional, editasen algo similar.
Su pública aparición fue inmediatamente analizada y comentada, muy
favorablemente, no sólo en la prensa militar de la época, sino también en la civil
que se editaba entonces. Uno de aquellos periódicos, ubicado en Madrid, pero de
difusión nacional, fue El Archivo Militar, que había comenzado a publicarse el 1º de
abril de 1841. Debajo del titular de su cabecera, aparecía como subtítulo:
«Periódico dedicado a promover los intereses del Ejército», significándose que en
absoluto se trataba de una publicación oficial, sino que era de titularidad privada.
Entonces se publicaba los martes, jueves y sábado de cada semana.
Así, en la tercera página del núm. 106 de su 2ª época, correspondiente al 3 de
octubre de 1850, se editó un extenso artículo dedicado a la aparición, dos días
antes, del primer ejemplar de la «Guía del Guardia Civil». Su contenido era bastante
ilustrativo:
Con el título de Guía del guardia civil ha empezado a publicarse un periódico
esclusivamente (sic) dedicado a este cuerpo. A juzgar por el primer número,
que tenemos a la vista, los redactores del Guía han comprendido
perfectamente su misión periodístico-militar, y aunque encerrados en la
monotonía de su especialidad, ofrecen a sus lectores, muchos de los que
necesariamente serán individuos de la clase de tropa, a los que parece que
principalmente se dirigen, bastante amenidad, gran copia de sana doctrina,
mucho interés y no poca instrucción en todo lo relativo al servicio del cuerpo.
Creemos, por lo tanto, que esta publicación alcanzará larga vida, y lo creemos
tanto más, cuánto que su módico precio de real y medio al mes permite su
adquisición sin el menor detrimento, aún a las clases más inferiores de la
guardia civil.

Tras detallarse diversos aspectos de la composición, edición y publicación de dicho
periódico, se seguía comentando la opinión que merecía la nueva publicación:
Está visto que la guardia civil es un cuerpo que desde el primer día de su
creación camina rápidamente al más alto grado de perfección posible, y que
esta perfección será duradera por cuanto se ponen para ello todos los medios,
hábilmente combinados.
Seguidamente, en el artículo citado se ponían en valor las virtudes que por primera
vez habían conseguido que una institución de seguridad pública de ámbito estatal
pudiera mantenerse en el tiempo, como así se ha demostrado que ha sido, lo cual
no había pasado nunca antes.
Primeramente, se instituyó el cuerpo con el firme deseo de que produjera todos los
resultados propuestos, sin omitir nada que pudiera contribuir para conseguirlo.
Buena organización, acertada elección en el personal, sabias disposiciones, mucha
perseverancia, y repetidos ejemplos de moralidad y buen cumplimiento, fueron las
bases que se establecieron.
A continuación, dicho artículo puso en valor la documentación normativa que se
había ido publicando, referente a la propia Benemérita, y que por primera vez fue
agrupada y editada posteriormente para facilitar su consulta y tenencia en las
unidades:
Después, para facilitar la ejecución de las disposiciones sucesivas, se formó
una colección de todas las reales órdenes, y circulares referentes a la guardia
civil (únicas en su clase que hay en el ejército); espedidas (sic) en cada año,
cuya interesante colección consta ya de cuatro tomos, y, por último, se ha
fundado este periódico especial, posiblemente bajo los auspicios de la
inspección general, que servirá de verdadero Guía a los individuos del cuerpo.
La conclusión del artículo no podía ser de mejores deseos de éxito para la «Guía
del Guardia Civil», que, aunque sólo se había publicado entonces el primer número,
resumía muy bien, y con visión de futuro:
Esta última disposición que tan buenos resultados debe producir, prueba por el
pronto que cuando cada diez días se publican todos los actos y todas las
disposiciones de la inspección general, en vez de temer ésta ser acusada por
sus descuidos o por sus parcialidades, tiene por el contrario mucho celo y
mucha justicia que ostentar. Por nuestra parte de ningún modo mejor podemos
dar a conocer a nuestro nuevo colega que trasladando a nuestras columnas,
como lo hacemos, la mayor parte de las materias que las suyas contienen.

Más breve, pero muy significativo también, entre otros muchos periódicos civiles,
que entonces se hicieron eco del nuevo medio dedicado a poner en valor a la
Benemérita y difundir su actuación, no sólo entre sus miembros, sino entre todos
los lectores del país, es el ejemplo de El Popular, subtitulado «El periódico de la
tarde», cuyo primer número se publicó el 15 de junio de 1846.
En su edición correspondiente al 3 de octubre de 1850, decía:
Ha empezado a publicarse en esta corte con el título de Guía del guardia civil
un periódico dedicado a este cuerpo, que saldrá los días 1, 10 y 20 de cada
mes. A juzgar por el primer número, que tenemos a la vista, la Guía del guardia
civil satisface cumplidamente el fin que se propone, y los individuos del citado
cuerpo leerán en ella cuantas noticias o instrucciones puedan apetecer para
ganar, como lo están luciendo en el día con general aplauso, el grande objeto
a que están destinados.
Realmente toda la prensa española de entonces, civil y militar, publicaba
comentarios similares, poniendo en valor aquél primer periódico dedicado a la
Benemérita.

Desarrollo y final de la «Guía del Guardia Civil»
La «Guía del Guardia Civil», que tenía como subtítulo, «periódico dedicado al
Cuerpo», se fue afianzando y posicionando. En su ejemplar núm. 7,
correspondiente al 1º de diciembre de 1850, comenzaba:
Todas las instituciones, todos los gobiernos, toda corporación cuando tratan de
crear, tienen graves inconvenientes que vencer. La Guardia Civil, por lo mismo
que era una institución nueva, necesitaba superarlos; y como el público había
visto otros ensayos frustrados, también creyó que éste se frustraría. En 1824
se organizaron los celadores reales con la fuerza de seis a setecientos
caballos, y acabaron por disolverse al poco tiempo de su creación. En tiempo
de la Reina Gobernadora, se creó el cuerpo llamado de Salvaguardias, cuya
organización, tampoco debió corresponder, pues igualmente fue disuelto; y de
aquí la principal causa para que el público dudase de que se llevase a cabo el
establecimiento de la Guardia Civil.
Sin embargo, como es bien sabido, casi 182 años después, tan benemérito Cuerpo,
de naturaleza militar, sigue no sólo permaneciendo, sino acrecentándose.
Durante los casi cinco años que se estuvo difundiendo la «Guía del Guardia Civil»,
merece especial atención una nota remitida por «José de Valderrama, Carlos de
Pravia, Juan Lorenzo, Antonio María Cebrián, Francisco Ortiz y Félix María
Carvajal», que fue publicada por la Gaceta de Madrid, el 9 de febrero de 1852. Se
trataba de la adhesión a la reina Isabel II, tras el atentado acaecido por
apuñalamiento contra su persona. El depravado sería juzgado y ejecutado.
Señora: El director, redactores y demás empleados de los periódicos militares
Guía del guardia civil, Guía del carabinero y Veterano, manifiestan a V. M. el
profundo dolor de que se hallan poseídos por el horroroso atentado con que un
criminal quiso llenar de luto y de desgracias a la nación: la Providencia se
apiadó de V. M. y de la España, y ha impedido aquellos horrores, salvando la
preciosa vida de la Nieta de San Fernando: por ello, Señora, recibe ya las
plegarias que desde el templo le dirigimos todos los españoles, dándole gracias
por tanta misericordia. La magnitud del crimen se halla confundida para
siempre por la magnanimidad de V. M., por el profundo sentimiento de la nación
y por las pruebas de lealtad, respeto y amor con que todos sin distinción se
acercan hoy a V. M., entre cuyo número tienen la satisfacción de contarse los
que, llenos de iguales sentimientos y deseos, suscriben.
Dicho año de 1852, por cierto, sería trascendental para la Benemérita ya que
supondría su consolidación como el Cuerpo de Seguridad más antiguo del Estado
que hoy día sigue actuando. Se aprobaron, aunque poco difundidos fuera del
Cuerpo, a pesar de su gran relevancia, la segunda «Cartilla del Guardia Civil», el
segundo “Reglamento de Servicio de la Guardia Civil” y el segundo «Reglamento
Militar de la Guardia Civil», todo ello por Real Orden de 29 de julio, Real Decreto
de 2 de agosto, y Real Orden de 17 de octubre, respectivamente. Sustituirían a los
aprobados el 20 de diciembre de 1845, así como el 9 y 15 de octubre de 1844.
Fueron realmente tiempos complicados para la Benemérita, que nunca los tuvo
fáciles, ya que, desde su creación, en 1844, hasta esta segunda tanda de
disposiciones normativas de 1852, España tuvo diecinueve ministros de la
Gobernación y dieciocho ministros de la Guerra, mientras mantuvo a la misma
persona al frente de la Benemérita, el II Duque de Ahumada, mariscal de campo, y
posteriormente teniente general, Francisco Javier Girón Ezpeleta. Ello fue
fundamental para que no sucediera lo mismo que con las anteriores instituciones
policiales del Estado, que habían ido desapareciendo una tras otra.
Poco después, la Gaceta de Madrid publicó el 18 de noviembre de 1852, en su
sección de «Noticias varias», una nota con los títulos de los 86 periódicos, «entre
chicos y grandes», que entonces se editaban en Madrid. Buena parte de esos
medios se difundían por todo el territorio nacional, principalmente por el método de
la suscripción. Entre ellos se encontraban, por orden de citación, que no de primera
aparición, el «Boletín Oficial del Ejército», el «Guía del Carabinero», el «Guía del
Guardia Civil», «La Gaceta Militar», «La Revista Militar», el «Memorial de Artillería»
y el «Memorial de Ingenieros». Por cierto, aunque no se mencionaba en dicha
reseña, también hay que citar el «Memorial de Infantería», que el 1º de noviembre
de 1852, acababa de publicar su primer número.
El 20 de julio de 1855 se publicaría el núm. 173, y último, de la «Guía del Guardia
Civil», no sin cierta polémica y con una despedida crítica de su director, José Díaz
Valderrama. El 1º de agosto siguiente comenzaría la publicación de «El Mentor del
Guardia Civil», precedente del actual «Boletín Oficial de la Guardia Civil», el cual
iniciaría su andadura el 1º de agosto de 1858, y sobre los que hablaremos más
adelante. █

Jesus Nunez Calvo.   Coroenl de la Guardia Civil. Doctor en Historia.

Miembro de la Asociacion Española de Militares Escritores

Academico  de Numero de la de Ciencias y Artes  Militares