LA POSIBLE NUEVA ESTRATEGIA DE DEFENSA Y SEGURIDAD DE LA UNIÓN EUROPEA, UN RETO PARA ESPAÑA Y SU ARMADA.

 

Ensayo redactado por el Capitán de Navío  r,  Aurelio Fernandez Diz, asociado de AEME y Vocal de Publicaciones de su Junta Directiva, recogido en  el Cuaderno de Pensamiento Naval numero 30, y que por su actualidad se transcribe  en esta web:

 

 

LA POSIBLE NUEVA ESTRATEGIA DE DEFENSA Y SEGURIDAD DE LA UNIÓN EUROPEA, UN RETO PARA ESPAÑA Y SU ARMADA.

 

 

La salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE) va a tener mas trascendencia de la que cabría esperar. Es muy probable que la estrategia de Defensa y Seguridad de la UE, sin las restricciones y entorpecimientos impuestas tradicionalmente por el RU experimente una importante actualización liderada por Francia. El pilar europeo de la OTAN va a sufrir una profunda trasformación reafirmando sus propios principios estratégicos. Italia está tomado posiciones para convertirse en potencia naval por lo menos en el Mediterráneo central y Grecia para el Mediterráneo oriental. El reto es que España y su Armada puedan responsabilizarse del Mediterráneo occidental, el Estrecho y el Atlántico oriental en la parte que incluya las islas Canarias.

 

España pertenece, como es bien sabido, a dos grandes organizaciones internacionales directamente relacionadas con la defensa y la seguridad: la Alianza Atlántica (OTAN) y la Unión Europea (UE). Y no es fácil pertenecer a las dos organizaciones simultáneamente porque ambas requieren vocaciones distintas. Y requieren también un previo querer pertenecer a cualquiera de las dos organizaciones, o a las dos a la vez, de acuerdo con un determinado nivel de participación. Como el Reino Unido (RU) ha abandonado la UE es de esperar que cada una de estas organizaciones evolucione de un modo distinto.  La UE, sin el lastre británico, se verá obligada a tomar conciencia de sí misma y actuar en consecuencia.

La actual Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) de la UE está contenida, limitada en sus

Cubierta Pensamiento Naval núm. 30

afanes, porque la mayoría de sus miembros (27) pertenecen a la OTAN (21). Es muy probable que, sin la presencia del RU en los procesos de decisión internos de la nueva UE, todos sus miembros se vean en la necesidad, y en la posibilidad, de tener su propio pensamiento estratégico común. El acercamiento entre Francia, Alemania e Italia en cuestiones de defensa así lo confirma y permite pensar que se están tomando, al más alto nivel, decisiones tendentes a paliar los efectos negativos que la salida del RU de la UE pueda provocar en su posible estrategia de defensa.

La OTAN

Como es bien conocido, la OTAN es una asociación, una alianza de naciones independientes que desde 1949 se organizaron para mejor alcanzar determinados objetivos militares. Aunque la OTAN nació para hacer frente a la amenaza soviética, aun encuentra hoy razones para no dejar de existir. Y la principal razón es que una Rusia gobernada por Putin vino a sustituir, en el pensamiento de la OTAN, la percepción de aquella antigua amenaza. La guerra fría ya no existe o, al menos, como la conocíamos cuando la Unión Soviética era una dura realidad. Hoy las circunstancias internacionales son bien distintas. No cabe duda de que la salida del RU de la UE, y un cierto abandono por parte de los EEUU, han colocado a la UE ante la necesidad de encontrar cuanto antes su verdadera identidad estratégica para dar su propia respuesta a los retos que impone un mundo progresivamente inestable. Esta situación de interinidad está colocando al pilar europeo de la OTAN en una posición de cierta debilidad y desorientación que está obligando a las grandes potencias europeas a resituarse estratégicamente ante el nuevo orden europeo porque la sola oposición a la política exterior de Putin, como hace la OTAN, no parece motivo suficiente para asegurar la deseable cohesión entre todos los miembros de la Unión.

La UE

La UE es un caso bien distinto. Sin duda persigue para sí misma los mismos objetivos de defensa y seguridad que la OTAN, pero siguiendo un camino diferente. Para la UE, sumida en un proceso de progresiva integración, lo importante es el conjunto los países que la componen y, un poco menos, los países considerados individualmente, como sucede en la OTAN. Todo parece indicar que el objetivo último de la UE será llegar a decidir y actuar por sí misma como un conjunto indivisible. Mas o menos como actúan los EEUU en todo lo relacionado con su propia defensa. Es muy posible que este haya sido el verdadero motivo por el que el RU haya ido perdiendo interés en pertenecer a una UE fuente de compromisos que nunca vio con claridad que fuesen de su verdadero interés.

Ahora, la UE está aún en el proceso de llegar a ser y lo que cabe esperar de sus miembros es que contribuyan, en la medida de lo posible, a que sea la organización que todos desean. El mundo se globaliza, pero se globalizará aún más con una UE plenamente unida, ayudada por un Brexit que, de momento, no ha hecho otra cosa que estimular este proceso unificador.

Dentro de una UE unificada, cualquier gobierno que disponga de la ambición, la voluntad y la fuerza militar necesaria podrá influir en los procesos de decisión y defender mejor sus propios intereses.   Los españoles, por lo menos en temas económicos, ya no concebimos nuestra propia existencia al margen de la UE de la que tanta ayuda hemos recibido, y aun recibiremos, tanto en el campo de la defensa como en el campo de la cooperación industrial, en la economía en su conjunto, y particularmente en el proceso de obtención de los grandes objetivos de fuerza, dentro de una definitiva integración de las industrias de defensa europeas.

Si hemos de interpretar bien la situación en la que nos encontramos, los europeos se verán en la ineludible necesidad de analizar cuál es la mejor defensa a la que deben de aspirar, cómo podrá evolucionar la situación internacional y, consecuentemente, qué decisiones son las que se deban de adoptar.

Es evidente que Europa debe de responsabilizarse de su propia defensa, abiertamente, sin condicionamiento alguno, como nunca lo hizo con anterioridad, esperando siempre que fuesen otros los protagonistas estratégicos que se responsabilizasen por ella.  Sin los vetos del complicado y tantas veces desleal RU, la UE encontrará más fácil resolver sus problemas de defensa y de planeamiento estratégico dejando que sean los intereses de sus 27 miembros los que sirvan de catalizador de las decisiones que haya que tomar. Los intereses son los que al final mueven todas las voluntades. La UE irá encontrándose así misma cuando a su vez vayan encontrando dentro de ella el debido equilibrio los intereses de todos y de cada uno de sus miembros.

Los países militarmente más poderosos son los que tienen más peso a la hora de decidir, aunque todo se haga bajo un exhaustivo dialogo y consenso. Ello implica que cada país participante en el proceso de la decisión debe de tener un concepto propio de cómo mejor resolver los problemas de defensa que se puedan plantear.

El Reino Unido

Para todo lo relacionado con su propia defensa el RU ha prescindido de la defensa europea, en la que de todos modos intentará influir, y ha decidido permanecer sólo en la organización atlántica, al lado de los EEUU. El RU se va con el convencimiento de poder asegurar mejor, dentro de la OTAN, la defensa de sus exclusivos intereses, repartidos por el mundo entero. Pero no es muy difícil imaginar la posibilidad de que, más temprano que tarde, el RU vuelva a solicitar su reingreso en la UE cuando compruebe que todos sus acuerdos comerciales con países repartidos por todo el mundo no le den el resultado esperado.

Debemos de recordar que el RU dentro de la UE mantuvo una continua labor de entorpecimiento en todo aquello que fuese definir la seguridad y la defensa propiamente europea. El RU nunca quiso, ni quiere, una UE fuerte en su conjunto motivo por el que, para lograrlo, siempre propició su desorganización en lo político y su debilidad en lo militar.

Los EEUU

Con Trump, los EEUU empiezan a ver a la OTAN con no muy buenos ojos. No sabemos aún si con Biden sucederá lo mismo, pero es muy probable que así sea porque así es el sistema político norteamericano cuando la defensa de sus intereses está en juego. Parece que los EEUU empezaron a alejarse de la organización atlántica por una permanente falta de contribución económica de los miembros europeos para hacer frente, dentro de la OTAN, a los obligados gastos de una defensa común. El “burden sharing” nunca se cumplió al gusto norteamericano. La constatación de esta realidad y las ambiciones descontroladas de China, especialmente en el ámbito marítimo, unido todo ello a los problemas con Corea del Norte, están llevando las preocupaciones norteamericanas muy lejos de una Europa que empieza a tener un cierto sentimiento de haberse quedado sola ante su responsabilidad de hacer frente a sus propias necesidades de defensa y seguridad. Todos los europeos aseguran desear que el vínculo trasatlántico no se rompa…pero poco hacen aun para impedirlo.

Francia

De esta situación son muy conscientes los principales países europeos que actualmente están en fase de reposicionamiento. La más destacada es Francia que, siendo ahora la única potencia de la UE con capacidad nuclear, se siente como en la obligación de dirigir la política exterior europea. Francia está desplegando su fuerza naval muy activamente por el Mediterráneo, pero también por aguas muy lejanas. Uno de sus submarinos nucleares estuvo operando recientemente en las conflictivas aguas del mar de la China como una seria y clara señal de la voluntad de la UE. Curiosamente y en paralelo, el portaviones inglés Queen Elizabeth se dirigirá próximamente hacia la misma zona de conflicto mientras los EEUU hace tiempo que han desplegado sus unidades navales en ella. El juego parece que no ha hecho más que comenzar.

Por otro lado, Francia ha obtenido una base naval permanente en Chipre, el portaaviones Charles de Gaulle (buque insignia de la Armada francesa) ha estado patrullando por el Mediterráneo oriental durante los recientes y críticos momentos vividos en la zona. Al mismo tiempo Macron acaba de aprobar un programa de armamento masivo para el estado griego, que incluye la entrega de modernos buques de guerra y aviones de combate. Macrón ha puesto oportunamente sobre la mesa la idea de alcanzar una “pax mediterránea” pensada principalmente para el Mediterráneo oriental, propuesta seriamente cuestionada por Turquía, lo que viene a demostrar cómo se reparten los intereses de los países de la zona.

Italia

Sabemos que Francia, Italia y Grecia se están moviendo dentro del Mediterráneo. Italia se ofrece a Francia como potencia naval por lo menos dentro de lo que fue el Mare Nostrum italiano o Mediterráneo central. En la reciente reunión entre los jefes de estado mayor de ambas marinas quedó constancia de una gran coincidencia de intereses y posibilidades de colaboración en el Mediterráneo.  Italia ya ha adquirido 30 aviones F-35, a repartir entre su Marina y su Fuerza Aérea, y está renovando su fuerza submarina, con submarinos AIP. La Marina italiana se considera un socio estratégico de la Marina francesa con la que mantiene una relación privilegiada en términos de una amplia cooperación. Camino francés que la Armada ha abandonado, a propuesta de Navantia, como simple consecuencia de la construcción del nuevo submarino S- 80.

Grecia

Aun en plena crisis económica Grecia fue capaz de mantener, por razones obvias, unos destacados presupuestos militares. A pesar de su limitado nivel económico Grecia, con las ayudas y apoyos de los EEUU y Francia, es ya una potencia naval irreemplazable en el Mediterráneo oriental. Sus permanentes desencuentros con Turquía la mantienen muy activa políticamente y dispuesta para entrar en guerra si falta hiciese en la defensa de sus intereses. La opinión publica griega está a favor de su gobierno porque están en juego grandes yacimientos de petróleo y gas natural en el mar Egeo y en el Mediterráneo oriental. Turquía, a su vez, también desea ejercer como gran potencia militar en el Mediterráneo oriental y territorio euro- asiático.

España

España es europeísta por propia naturaleza y porque ella misma contribuyó activamente a forjar la historia de muchos países europeos. Además, España tiene esa vocación porque vive en el convencimiento de poder defender mejor sus intereses dentro de una Europa unida.

Los procedimientos de consulta y decisión dentro de la OTAN colmaron siempre cualquier preocupación de los estados miembros. También para España fue trascendente su ingreso en la OTAN porque le permitió tener una percepción de una nueva seguridad al lado de sus aliados europeos y bajo la sombrilla nuclear estadounidense. Pero la salida del RU de la UE ha venido a trastocar los fundamentos de una percepción común de intereses, dentro del conjunto de la OTAN.

Epílogo

Si España desea participar en la construcción de la nueva defensa y seguridad europeas debe de moverse mucho más asertivamente ante sus aliados y adquirir los correspondientes compromisos. Si Francia va a ejercer de potencia global europea, el Mediterráneo occidental podría ser una responsabilidad española. Una nueva estrategia de defensa europea podría proponer a España que se responsabilizase del debido y eficaz control del Estrecho de Gibraltar, vocación permanente de nuestra estrategia naval. Porque para la UE será más importante que el verdadero control del Estrecho y sus accesos lo ejerza España y no un RU siempre displicente con los intereses que no son propiamente los suyos.

Nuestra antigua estrategia naval, definida en el PLANGENAR de la Armada del año 1978, se muestra hoy todavía plenamente válida alrededor del conocido eje Baleares -Estrecho -Canarias. Para materializar esta estrategia, España podría mantener debidamente actualizado, y al servicio de la defensa europea, un plan A2/AD[1]  que asegurase el control permanente y efectivo del Estrecho de Gibraltar y sus accesos cuando graves amenazas así lo aconsejasen para garantizar, no solo nuestra propia seguridad, sino también la seguridad europea, en su conjunto. Un plan que, aun afectando principalmente a la Armada, sería un plan verdaderamente conjunto, nacional y europeo, bajo cuya sombrilla quedasen Ceuta, Melilla, peñones, la isla de Alborán y hasta el mismísimo Gibraltar, aún en manos de otros. Y sin olvidarnos de nuestras islas Baleares y Canarias cuyas Zonas Económicas Exclusivas se atreven a disputarnos desde la otra orilla del Estrecho.

En cualquier caso, las misiones que puedan corresponder a España dentro de la nueva estrategia europea dependerán de nuestro nivel   de ambición. Sin un nivel de ambición suficiente nos quedaremos en el grupo de los países europeos intrascendentes, con los que nadie cuenta para prácticamente nada. Lo que evidentemente no es nada bueno. Si España no da un paso al frente, Italia y Grecia, y hasta Turquía, si ésta llegase a ingresar en la UE, podrían tener vía libre para asumir misiones y responsabilidades que   deberían de ser españolas por estar   directamente relacionados con su defensa y seguridad.

Madrid, 20 de abril 2021

[1] Anti-Access /Area Denial. El alcance de este Plan podría ser el objeto de otro trabajo.

 

Fuente:

https://publicaciones.defensa.gob.es/cuadernos-de-pensamiento-naval-30-revistas-pdf.html