
LA DISOCIACION OPERACIONAL ESTADOS UNIDOS ISRAEL
El comienzo de la actual guerra de Irán, con los ataques aéreos y con misiles, en una acción combinada de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y las aéreo-navales de los Estados Unidos, tuvieron como punto álgido de cooperación el aprovechamiento de la inteligencia proporcionada, seguramente, por el servicio de inteligencia exterior judío, el MOSSAD, en especial para eliminar la cúpula del sistema teocrático iraní, en la figura del Ayatollah Jamenei y sus colaboradores más próximos.
Desde entonces, solo se produjeron acciones combinadas dedicadas también a la destrucción de rampas de lanzamiento de misiles iraníes y de las instalaciones de enriquecimiento de uranio, en especial las que pudieran albergar los 400 kg que se supone poseen los persas y cuya destrucción ya se había anunciado repetidamente por el Presidente Trump, después de los bombardeos de gran envergadura que se realizaron con anterioridad.
La evolución de las operaciones, después de un cierto “desconcierto estratégico” de Estados Unidos por la ausencia de reacción interior en Irán, quizás mal evaluada en relación con la debilidad real de la protestas de parte de la población iraní y la potencia de la represión, tuvo como punto culminante la utilización de la baza estratégica que siempre ha gravitado en esta zona de conflicto y que además ha sido utilizada en varias ocasiones, no solo por Irán sino por Irak en su guerra contra los persas en tiempos de Saddam Hussein, el cierre del Estrecho de Ormuz, opción que seguramente el Pentágono tuvo siempre muy presente y no tanto las sucesivas decisiones, al parecer muy personalistas de Trump.
Lo significativo de este proceso se centra en una cierta separación operacional, que no estratégica, pues Estados Unidos siempre apoyará a Israel por múltiples razones, todas sabidas, entre las actuaciones norteamericanas y judías, así ,después de un apreciable choque durante la primera negociación con Irán, vía Pakistán, entre Trump y Netanyahu, para que Israel cesara en sus ataques a Hezbollah en el sur del Líbano, cuestión nunca lograda de forma terminante, las FDI se han desentendido de las operaciones norteamericanas en el Estrecho, y todo parece indicar que Irán ha tomado nota y las represalias contra objetivos en Israel han cesado, al menos las directas; en definitiva se configuran dos Zonas de Operaciones(ZO) diferenciadas en el Teatro(TO), por el momento.
En primer lugar, la ZO. definida por la apertura del Estrecho de Ormuz, principal objetivo de Trump, lo que supone un despliegue naval norteamericano en la embocadura este del Estrecho y la posibilidad de desembarcos puntuales en la orilla iraní para anular sus instalaciones de misiles, drones y bases de lanchas rápidas que hostigan e impiden la circulación.
La segunda ZO. estaría conformada por la tradicional finalidad de Israel de impedir la consecución de la capacidad nuclear militar y de sus misiles, muy perfeccionados en precisión, por parte de Irán así como por el desmantelamiento de las posibilidades de agresión al territorio judío por parte de sus “proxis”, fundamentalmente Hezbollah desde el sur del Líbano.
Por el momento ambas ZO. no están conectadas a nivel operacional e Irán parece respetar, de momento, en sus represalias a los ataques norteamericanos de estos últimos días, el territorio judío, no así alguno de sus aliados, como las milicias proiraníes de Irak que han atacado con drones a Israel. La razón de ese distanciamiento pudiera estar en la dificultad de conciliar los objetivos de ambos; es obvio que Israel ha comprometido a Estados Unidos en una guerra que le cuesta mucho ganarla, como están demostrando los hechos en el Estrecho, después de una resistencia a todas luces inesperada de los iraníes, cuyo esquema de defensa está preparado, en todos los sentidos, contra los ataques de potencias muy superiores; también el seguimiento de la política armamentística de Irán en los últimos 25 años hacía esperar una gran acumulación, aparte de la ayuda de Rusia y China, aliados tradicionales de Irán, con misiles, cohetes y medios avanzados para su “targeting”.
Cobra sentido, en estas condiciones, el viaje de urgencia del Primer Ministro judío a Washington que tiene lugar en estos días, ante el anuncio de una nueva tanda de negociaciones entre EEUU. e Irán. Es muy posible que esta reunión en el nivel estratégico del conflicto tenga sobre todo el mayor interés para Netanyahu, a efectos de que Trump no se desvíe de los objetivos judíos en la zona, pues cualquier plan de paz para Israel pasa por debilitar y pacificar Irán, en relación con sus planteamientos hostiles sobre los judíos, aspecto que se extiende a sus “proxis”, y en especial a Hezbollah, milicia con mayor poder institucional y militar en Líbano , ampliamente apoyada y armada por Irán, cuyos ataques son efectivos sobre la población del norte de Israel.
Es necesario apuntar la dificultad de municionamiento, sobre todo de misiles, por parte norteamericana, que ha sostenido también a Israel en su larga y potente campaña de anulación de HAMAS y que ha llevado a multitud de daños colaterales en Gaza, prácticamente destruyendo sus infraestructuras; esta carencia de abastecimiento de misiles puede tener relación con las repetidas treguas que se vienen sucediendo por iniciativa de Trump.
A todo esto, pasa inadvertida la situación en la Banda de Gaza, ahora ya orillada por la prensa y la política; poco se comentan los avances del Consejo de Paz, en especial el desarme de HAMAS, sin logros de momento, que harán ver nuevos ataques de Israel; tampoco los frecuentes y dolorosos intentos, para los palestinos, de resistencia a los nuevos asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania, estos últimos condenados por la doctrina de las Naciones Unidas.
La destrucción de un barco iraní, al parecer con cargamento militar ruso de apoyo a Irán, en el Mar Caspio, por drones cuya autoría se atribuye a Ucrania, introduce una conexión de ambas guerras y extiende una sensación de inseguridad general adicional de sombrías perspectivas, pues inicia un peligroso embrión de vuelta de Rusia al escenario de Oriente Medio, después de su desaparición con la caída de Bashar al – Asad.
La consecuencia de la disociación analizada posibilitaría una vuelta a operaciones de más dureza norteamericana sobre Irán lo que repercutiría en las alternativas de negociación, rebajando su probabilidad, dada la actitud del régimen persa, con una cúpula renovada y una Guardia Revolucionaria crecida en sus habituales deseos de venganza por las agresiones producidas sobre sus líderes e infraestructuras, en este “vaivén” de los ataques y las represalias, del que algunos obtienen pingües beneficios financieros.
Ricardo Martínez Isidoro General de División, r
Presidente de la Asociacion Española de Militares Escritores (AEME.)
Agosto 2026
