Expiró el New Start. Un mundo nuclear más inestable. General Argumosa Pila

 

 

 

Expiró el New Start. Un mundo nuclear más inestable

 

 

A nadie se le escapa que el armamento nuclear ha modelado y está modelando la seguridad y estabilidad internacional. Es cierto que el arma nuclear no se ha empleado desde 1945 pero también es verdad que, a lo largo de los casi cuatro años de la guerra en Ucrania, las autoridades rusas han lanzado veladas amenazas con la posible utilización del arma nuclear, cuantas veces el desarrollo de la guerra no les era favorable.

El Tratado New START (acrónimo en inglés del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) expiró el pasado jueves, 5 de febrero, sin que las partes acordaran una prórroga, acuerdo o convenio alternativo que sustituyera dicho tratado que representaba una medida de confianza y control mutuo entre Estados Unidos y Rusia, las dos grandes potencias nucleares.

Dicho Tratado lo firmaron en Praga, en el año 2010, el presidente estadounidense Barack Obama y Dmitri Medvédev, entonces presidente ruso. Hoy, 16 años después, Medvédev es el vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa y un halcón del discurso nuclear, especialmente materializado a lo largo de los casi cuatro años de la guerra de Ucrania. Entró en vigor en 2011 y tenía una validez de diez años, pero, en 2021, Joe Biden y Putin optaron por prorrogarlo cinco años más.

El Tratado limitaba a cada país que podía tener 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas y 700 sistemas de lanzamiento desplegados – misiles balísticos intercontinentales, misiles lanzados desde submarinos y bombarderos estratégicos-. En la práctica, este “techo” funcionaba porque había verificación. Incluía 18 inspecciones presenciales al año, intercambio de datos y notificaciones obligatorias para garantizar transparencia y control mutuo.

En febrero de 2023, un año después de la invasión rusa de Ucrania, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció la suspensión de su participación en el Tratado New Start debido al apoyo estadounidense a Ucrania, aunque respetaría las limitaciones señaladas en el tratado. Asimismo, en septiembre de 2025, Putin anunció que Moscú mantendría durante un año los límites centrales del tratado, siempre que Washington hiciera lo mismo y evitara medidas que alteraran el equilibrio estratégico. El presidente estadounidense, Donald Trump, calificó la propuesta de una “buena idea” pero no formuló ningún compromiso.

A Rusia le interesa renovar el tratado toda vez que, por un lado, después de un tiempo de estar en el ostracismo internacional aumentaría su prestigio al convertirla en una gran potencia que se mide de igual a igual con Estados Unidos. Por otro, la colocaría en una posición privilegiada al poseer un poderoso instrumento nuclear que la permite considerarse un actor imprescindible para influir y tener en cuenta su posición a la hora de definir y establecer el actual y previsible sistema de seguridad internacional.

La postura de Estados Unidos consiste en que en el tratado se incluya a China, ya que Pekín está ampliando su arsenal y modernizando su triada profundamente. El Pentágono estima que China, a la que considera su principal adversario estratégico, podría superar las 1.000 ojivas nucleares hacia 2030. El país de la Gran Muralla rechaza un tratado con límites simétricos mientras su arsenal sea muy inferior al de las otras dos grandes potencias nucleares.

De acuerdo con las estimaciones del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el 1 de enero de 2025, existían 9.614 ojivas nucleares en el mundo. De ellas, Estados Unidos tiene 3.700 y Rusia 4.380, lo que supone algo más del 83% del total. Las 1605 ojivas restantes se reparten entre China con unas 600, seguida por Francia y el Reino Unido con 290 y 225, respectivamente. Mientras que India tiene 180 y Pakistán 170, Israel se supone que dispone de 90 ojivas y Corea del Norte de unas 50.

Pero lo más grave de la expiración del Tratado New Start es que aparece en un momento en el que la comunidad internacional está inmersa en un peligroso proceso de rearme que incrementa poderosamente las posibilidades de conflicto en el actual desorden mundial. Ya han desaparecido las medidas de confianza mutua que habían existido a lo largo de la guerra fría y que poco a poco se han ido abandonando hasta el día de hoy, tanto en el campo convencional como en el escenario nuclear.

En el informe del SIPRI del 28 de abril de 2025, se señala que el gasto militar mundial alcanzó los 2,7 billones de dólares en 2024, lo que supone un incremento del 9,4% en términos reales respecto a 2023, el aumento anual más pronunciado desde, al menos, el final de la guerra fría. El gasto militar creció en todas las regiones del mundo, destacando el fuerte aumento registrado en Europa y Oriente Medio. Los cinco países con mayores presupuestos militares – Estados Unidos, China, Rusia, Alemania e India – representaron el 60% del total mundial, con un gasto conjunto de 1,6 billones de dólares.

Lo cierto es que finaliza el último acuerdo nuclear entre Estados Unidos y China y entramos en una nueva era incierta e impredecible con el temor a un aumento del número de ojivas desplegadas y a una mayor capacidad militar nuclear en un contexto internacional caracterizado por conflictos abiertos junto a una competencia geoestratégica entre superpotencias y grandes potencias que incrementa las tensiones mundiales.

Coincidiendo con la expiración del Tratado New Start, el 5 de febrero, el Ejército estadounidense anunció que Washington y Moscú han acordado restablecer el diálogo militar de alto nivel, tras las conversaciones en Abu Dhabi. Estados Unidos suspendió la comunicación militar con Rusia meses antes de que Rusia invadiera Ucrania. Esta medida puede indicar un avance sustancial en la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

La mayor parte de los indicios actuales apuntan a que se está iniciando una nueva carrera de armamentos en todo el mundo que puede originar riesgos y desafíos de difícil y complicado control por los gobiernos. No se debe olvidar que el desarrollo y aplicación de diferentes tecnologías disruptivas – particularmente la inteligencia artificial y la computación cuántica – serán elementos esenciales e imprescindibles, para bien o para mal, en la redefinición de capacidades nucleares en el nuevo equilibrio estratégico inestable que se avecina.

Las consecuencias más graves de la defunción del New Start en la seguridad internacional se encuentran en el fin de los límites verificables del arsenal nuclear; en el incremento de una nueva carrera de armamento nuclear, ya indicada; en el efecto dominó sobre otras potencias nucleares; en la fragilidad del régimen internacional de control de armas; en el mayor riesgo de errores de cálculo y crisis nucleares o en la mayor polarización entre bloques geopolíticos.

Llegados a este punto, y tomando como apoyatura la actual confrontación geopolítica nuclear ruso-estadounidense, la lógica estratégica apunta a que el escenario más probable sería la transformación del orden nuclear mundial en el que el sistema nuclear dejara de ser bipolar y pasara a ser multipolar, más complejo y menos predecible. Ello conduce a un mundo nuclear más inestable. La única forma de evitarlo consiste en la firma de un nuevo acuerdo de contención nuclear entre Estados Unidos y Rusia. Ambos países tienen la palabra.

 

 GD (R) Jesús Argumosa Pila.       General de División del ET, r

Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores