EXILADOS. General Martinez Isidoro

                                 

  EXILIADOS

 

 

La Historia contemporánea de España es tan conflictiva, sobre todo en los siglos XIX y gran parte del XX, que el fenómeno del exilio, el destierro, la expulsión, la expatriación, etc, de sus residentes es un fenómeno tan doloroso como frecuente.

Desde que Fernando VII dejara el caos político que significó su mandato, en especial el embrión de dos partidos antagónicos y las condiciones para una primera guerra civil, por simplificar, que hoy por hoy representan dos opciones no compatibles, absolutistas y liberales en aquel momento, monárquicos y republicanos en el último tercio del XIX y primero del XX, y conservadores y progresistas  hasta ahora, se pueden contar múltiples gobiernos de muy diferente factura que demuestran la fragilidad del sistema político español, en los que el exilio, el destierro, la expatriación, y sus medidas complementarias, aparecen en los conflictos políticos, que se   combinan también con fenómenos de emigración económica de españoles, en especial hacia Hispanoamérica .

Solo en el siglo XIX se formaron y desaparecieron, con cortos periodos de vigencia, cerca de 75 gobiernos de muy diverso signo, y cinco pronunciamientos militares con una presencia militar dirigente importante, aunque la llegada de muchos gobiernos civiles se hiciera por el concurso de pronunciamientos menores, como detonantes. En estas condiciones, es necesario recordar que la política se apoyaba en la milicia para conseguir sus fines y que la neutralidad del Ejército en esas fechas era más que cuestionable, y la influencia de la masonería, como vínculo perturbador, estaba presente en la sociedad española y en consecuencia en el Ejército. En estas condiciones la proliferación de medidas como las que venimos comentando, el exilio y sus complementarias, eran muy frecuentes y numerosas.[1]

Es necesario contabilizar en el siglo XIX, un cambio de régimen radical, del absolutismo más profundo al liberalismo, el intervencionismo exterior para volver al primero, la pseudo revolución de 1968, el destronamiento de la Reina, la República fallida, la entronización de un Rey extranjero, la restauración de los Borbones y una larga Regencia y la llegada de un Rey niño; entre tanto, tres etapas de una cruel guerra civil, cuyos efectos cualitativos surgirían, como rescoldos, en el siglo XX.

Si se quisieran contabilizar las situaciones en las que el español ha debido abandonar su Patria por razones políticas en el siglo XIX, el número sería prácticamente incalculable, aunque se pusieran filtros de matiz político, como se pretende hacerlo en el XX. En este periodo las circunstancias son parecidas, incluso más graves en intensidad pues el aspecto ideológico estuvo más intensificado, debido al surgimiento de una nueva clase de población, el proletariado, creado por la industrialización de la vida productiva y los desequilibrios en la propiedad de la tierra, instrumentalizados por las teorías revolucionarias y sus vanguardias socialistas, a raíz de la Revolución de octubre de 1917 en Rusia.

Sin embargo, para complicar la ya compleja situación de la sociedad española, carente de cohesión después de las pérdidas del 98, surgen elementos disgregadores, que se alinean a menudo con los anteriores, los nacionalismos, que crearán de nuevo exilios interiores y exteriores, y que España no supo adaptar a una normalidad institucional, como otros países con similares tensionamientos territoriales lo hicieron.

Las complicaciones en el Protectorado de Marruecos, y las dificultades para su solución, sumados a los errores militares y políticos en su conducción, con derrotas significativas y sangrientas, provocan a corto plazo una nueva caída de gobiernos, cuya frecuencia supera ya a las del siglo XIX, con una influencia decisiva en el prestigio de la Monarquía, a la baja.

La dictadura del General Primo de Rivera, asumida por el Monarca, y por algún socialista como Largo Caballero, soluciona definitivamente la rebeldía de las bandas rifeñas y da un auge económico y de orden a la vida corriente española, momentáneo, pues de nuevo aparecen exilios y destierros, en ocasiones interiores y de significado político cultural, debido a la censura, otro instrumento de separación de los señalados; el propio Primo de Rivera se exilia en Paris, donde fallece.

La preparación cuidadosa de la caída de la Monarquía, desde 1917, al menos, da lugar a una nueva sucesión de acontecimientos que culminan con la proclamación de la II República, a raíz de unas elecciones  municipales en las que los partidos republicanos resultan ganadores en las grandes ciudades, pero que en el recuento final son los partidos monárquicos los que ganan los comicios, pero ya es demasiado tarde, los republicanos mejor preparados desde hacía 15 años, ante una Monarquía en pérdida, consiguen sus objetivos, no sin antes intentar complementar su opción con un levantamiento militar, en Jaca en esta ocasión, aunque el desajuste de la conexión republicano/militar cuesta la vida a los sublevados, dada la rapidez y firmeza de la Justicia Militar de ese tiempo; Casares Quiroga, el encargado de esa conexión llega tarde a su cita, por motivos personales.[2]

Con la II República llega de nuevo el exilio interior, de aquellos a los que se quiere hacer jurar su existencia a otra bandera y a otros ideales; se producirán en ese periodo exilios y destierros, sobre todo con “la Sanjurjada”, rebelión militar a los 16 meses de la citada proclamación republicana, visto el nivel de los desórdenes alcanzado en ese periodo, que fracasa por falta de implicados y organización; sin embargo los exilios, de los responsables directos, los destierros interiores y las depuraciones de los supuestos responsables fueron profundos y abundantes, con la condena a muerte del General Sanjurjo, exilio final y perpetuo en cualquier caso, aunque en otro momento de los gobiernos republicanos fuera indultado.

La crisis revolucionaria de Asturias de 1934 y su sofocación supusieron más exilios y medidas de alejamiento complementarias, aunque los responsables militares de su solución, llegado el Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, recientemente impugnadas como irregulares por académicos expertos, sufrieron el exilio definitivo, al ser asesinados por las turbas revolucionarias en Barcelona y Madrid.[3]

Este es el momento clave en la reciente historia de España en el que se produce el mayor incremento del exilio interior , a raíz de la represión desencadenada por lo que se ha venido a llamar “ el terror rojo” en las grandes capitales españolas, en especial en Madrid, no solo por la utilización de escondites ad hoc por personas vinculadas a la derecha, sino porque las Embajadas en la capital , sobre todo la de Chile, Finlandia y Polonia tuvieron incluso que alquilar casas con la garantía de la inmunidad diplomática para recibir a millares de represaliados por la II República y el régimen del Frente Popular.[4], otros no tuvieron esa oportunidad y fueron asesinados en “paseíllos” o en la temibles checas, copiadas de la NKVD soviética, en este caso dirigidas por turno por miembros del partido comunista y el partido socialista, fundamentalmente.

Coincide este periodo con la operación de profunda influencia de la Unión Soviética en España, precursora de la intromisión extranjera en el devenir de este momento convulso de los españoles, y de la italo-alemana en el bando llamado nacional.

“Los comunistas, se daban cuenta de que si conseguían unificar el ejército de la República podrían después apoderarse de sus resortes de mando con relativa facilidad ya que la única fuente de aprovisionamiento era la Unión Soviética, y con el Ejército en la mano podrían apoderarse de España”, recoge el escritor y político republicano Salvador de Madariaga, embajador en Paris y Washington, y representante de la II República en la Sociedad de Naciones en sus reuniones en Ginebra, en su obra histórica” España”.[5]

El historiador republicano continua este relato indicando que el Embajador soviético asistía a las reuniones del Consejo de Ministros y mantenía una gran influencia en las decisiones que se tomaban, pues era el principal abastecedor de una República en guerra; sin embargo Largo Caballero, Primer Ministro en ese momento, no concordaba con la forma de “hacer la revolución” que pretendía la URSS, e incluso se produjo una correspondencia entre Stalin y Largo para aconsejarle como debería hacerlo, aunque este posteriormente fuera sustituido como Presidente del Consejo por el propio Negrín, preferido por Stalin; esta correspondencia puede consultarse en la carta que el dictador ruso le envía en esos primeros momentos al Primer Ministro republicano.[6]; estos aspectos se relatan por el interés que suscita la gran financiación económica con la que contó el exilio posterior al término de la guerra civil, tanto en la URSS como en Francia e Hispanoamérica.

No obstante, y para asegurar la vinculación, II República- Unión Soviética, y siendo Ministro de Hacienda Negrin, el 25 de octubre de 1936, se embarca para Odesa desde Cartagena un cargamento de 7800 cajas con oro del Banco de España, cifrado en un peso de 810 toneladas métricas y un valor de “1.581.642.100 pesetas oro, 63.265 .684 libras esterlinas oro de la época, en nombre de Largo Caballero, de Indalecio Prieto y de Negrín, y de cuatro suplentes, tres embajadores, uno de ellos el propio Salvador de Madariaga, y un ministro plenipotenciario, para el caso de que los tres cargos primeros desaparecieran”.[7], se apunta también en el mismo texto que cerca de 300 toneladas de dicho oro fueron embarcadas en dirección a Marsella. Tanto una como otra partida no fueron recuperadas por la administración de la República, y las reclamaciones a la URSS fueron inútiles, aunque como es sabido las autoridades soviéticas recibieron cerca de 3000 niños españoles, el exilio infantil, separados de sus padres al parecer con una finalidad de protección; más tarde, en diferentes expediciones desde 1957, ya adultos, volverían algunos a España y se integrarían de forma muy variada, pero complicada, en la sociedad española; también hay argumentación sobre la utilización de ese oro en la reparación de daños causados a la URSS por la intervención de la División Azul, cuyos cautivos pasaron por los terribles campos siberianos hasta su liberación en 1954.

Del citado oro no hay rastro hasta que el propio historiador de referencia cita que Indalecio Prieto hace alguna referencia a su aparición en Francia, en manos de su partido comunista (PCF):

“El PCF administró, para compras de material, 2500 millones de francos, entregados por Negrin, sin que ningún funcionario español hubiera ejercido el obligado control.

El PCF habría retirado para sí cantidades considerables del dinero entregado por Negrín.

El PCF reclamaba constantemente, sin justificantes veraces, cantidades sucesivas a Negrin.

El diario francés Ce Soir, de influencia del PCF, se financiaba con parte del dinero entregado por Negrin.

La flota de 12 barcos de la compañía France Navigation  era de propiedad española, ya que aquellos fueron comprados con dinero español, sin embargo el PCF, administrador de la compañía, nunca los devolvió, utilizándolos para el exilio de españoles a Chile y cobrando al SERE (Servicio de Emigración para Republicanos Españoles) los fletes correspondientes.

Parte del tesoro sacado de Cataluña por los exilados españoles estuvo custodiado por comunistas franceses.”[8]

Existe, no obstante, más capital que debió aplicarse al exilio posterior a la guerra civil, a través del SERE o indirectamente, siempre según el texto de referencia, manejado por Negrin y fue el que se formó a través del expolio y pillaje de las cajas de particulares depositadas en los Bancos y en los Montes de Piedad de las capitales españolas en poder de la República:” las cajas de caudales de particulares fueron abiertas con sopletes oxhídricos, ya por la irrupción de los revolucionarios, ya por la intervención más oficial”.[9]

El caso, como recoge nuestro historiador republicano, es que Negrin llegó a manejar, sin control administrativo del Estado, ahora en el exilio, con una Diputación Permanente, a modo de Parlamento, un tesoro muy valioso que exportó fundamentalmente a Hispanoamérica, en especial a Méjico, Venezuela y Argentina, que teóricamente debió ser aplicado a confortar los casos más extremos del exilio.

Este tesoro compuesto de “enormes cajas repletas de diamantes, esmeraldas, zafiros, perlas y joyería de oro y platino, además de cajas fuerte llenas de acciones y obligaciones, por valor, solo de las joyas, de más de 50 millones de dólares de la época, fue llevada a Francia y custodiada en un hotel de veraneo en Deauville (Normandía), con la cobertura de pertenecer a una familia española adinerada y con un gran tren de vida; más tarde fueron embarcados en el yate Vita con destino a Méjico, donde recibió, entonces, el apoyo incondicional de su Presidente Cárdenas.

Más tarde, se producirían serias discrepancias sobre la titularidad de dicho tesoro, al que nunca quiso renunciar Negrin, y la forma de ayudar a los exilados, aunque finalmente la Diputación Permanente de la República en el exilio creó la Junta para el Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), en lugar del SERE, en la que ya no participó Negrín, posteriormente se invirtió capital en diversos negocios en diferentes países de Hispanoamérica.[10]

La entidad de los exilados republicanos después de la derrota en la guerra civil, según la misma fuente, serían los siguientes:

-500.000 huidos cruzaron la frontera con Francia; según las autoridades francesas se cifraron en 10.000 los reos de delito común, ante la jurisdicción de cualquier país, que penetraron en Francia con aquellos.

-50.000 regresaron, casi inmediatamente a España, ante las duras condiciones de los campos y zonas de internamiento iniciales de la acogida francesa.

-220.000 de ellos eran soldados y milicianos del Ejército de la República

-170.000 eran mujeres y niños, y 10.000 estaban enfermos o heridos.

-40.000 eran paisanos varones.

Los gastos ocasionados por los exilados no fueron sufragados por ningún país europeo, existiendo pequeños gestos de acogida de Bélgica y Gran Bretaña; la URSS se negó a recibir a nadie.

Méjico se comprometió a recibir 50.000 exilados si se pagaba su gasto de transporte.

Francia se resarció, en parte, de dichos gastos alistando Batallones de Trabajadores que lucharían contra los alemanes en su ofensiva de ocupación de Francia, recogiendo las armas abandonadas por el Ejército francés, y también mediante su integración en la Legión Extranjera francesa; muchos estuvieron en Dunquerque y Narvik y continuaron la campaña con los aliados en la II Guerra Mundial.

En 1964, 25 años después de la finalización de la guerra civil, se decretó “Los 25 años de Paz”, operación organizada por el Ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne, en la que aparte de su contenido propagandístico, como destaca Salvador de Madariaga, se suavizaron las medidas de repatriación y muchos de los no perseguidos por delitos de sangre pudieron regresar a España.

En 1977 se dicta la ley de Amnistía y se producen las condiciones globales para el retorno de cualquier exiliado, poniendo fin al goteo de entradas en España que se había producido desde 1964. Las condiciones de la citada ley son conocidas, resarciendo de todos los derechos a los exilados de la guerra civil, incluso de los económicos a los funcionarios y represaliados  del bando republicano, también se aplicaría al bando nacional; la inflación provocada subió por encima del 20%.

Con el comienzo de la actividad de la banda terrorista de ultraizquierda ETA en 1968, y los sucesivos encuentros “de negociación ”con los Gobiernos de turno, ya en la Transición, se produjeron también extrañamientos de etarras históricos en un número cercano a un centenar, antes de la amnistía de 1977, y posteriormente, que se refugiaron en Francia, Bélgica, Cuba, Venezuela, Méjico, etc, así como en, Africa, en la zona del Golfo de Guinea en mayor medida; muchos de ellos volvieron a la lucha armada; en la actualidad todavía permanecen 379 asesinatos atribuibles a ETA sin resolver.

Como consecuencia del clima de violencia y extorsión que imperaba en el País Vasco en aquellos años, cerca de 200000 vascos tuvieron que huir de su tierra natal, fundamentalmente a otras provincias españolas, para evitar ser represaliados por ETA, constituyendo uno de los exilios interiores más significativos; al parecer estos “exilados modernos” no pueden votar en la tierra que les vio nacer.

Ahora, que se pretende nacionalizar a los descendientes de los exilados españoles, por otra parte deseable para aquellos que amen a España a través de sus ancestros, se deberían apreciar circunstancias como las descritas en este resumido artículo para evaluar la gran tragedia del exilio, en las conductas de sus verdaderos responsables y sobre todo para impedir la posibilidad de que se repitan.

 

Ricardo Martínez Isidoro             General de División, r .

Presidente de la Asociacion Española de  Militares Escritores (AEME).

 

[1] Revoluciones Imaginarias. Los Cambios  Políticos en la España Contemporánea. José Miguel Ortí Bordás. Historia.

[2] Ver El EJERCITO Y LA REPUBLICA, del Coronel. Eladio Baldovin.

[3] Ver EL EJERCITO Y LA REPUBLICA, del Coronel Eladio Baldovin.

[4] Ver Seis Mil Mujeres y Checas de Madrid, de Tomás Borrás.

[5] España, Salvador de Madariaga. Ensayo sobre Historia Contemporánea. Espasa Calpe 1978.

[6] España. Salvador de Madariaga. Carta de Stalin a Largo Caballero. Páginas 608 y 609. Espasa Calpe 1978

[7] Ídem. Página. 439.

[8] Historia de Salvador de Madariaga. Página 449.

[9] Ídem. Página.440.

[10] Historia de Salvador de Madariaga, Página 506.