ESPAÑA FRENTE A LA AMENAZA EN LA FRONTERA SUR

Hace unos días se publicaba en la Tribuna de El Confidencial un artículo mío titulado “ESPAÑA AMENAZADA” que ha tenido una cierta repercusión, no por lo original de su planteamiento, sino porque, de alguna forma, se reunían en él argumentos que de otra forma habrían quedado dispersos y, probablemente, hasta ocultos, al menos para el gran público. Estoy seguro de que a los hipotéticos lectores ceutíes no les sorprenderá nada de lo que dije y voy a decir sobre todo tras ver las contradicciones y la desesperante lentitud de respuesta gubernamental, parecida a la inacción, que ha seguido a la invasión marroquí.
Por ese motivo y como decía, continúo en mi labor de analizar las amenazas a que se enfrenta España y lo hago, primero advirtiendo al lector que si bien es cierto que ya no soy Jefe de Estado Mayor de la Defensa pues como indicaba El Confidencial lo fui hace ya varios años, lo que si sigo siendo es General de Ejército (retirado) y miembro (activo) de la Asociación Española de Militares Escritores.
España ha sido atacada con una acción propia de la guerra híbrida, con un ataque o invasión (nunca una crisis), a la que le falta el propietario, el autor intelectual. Resulta curioso que se haya acusado como responsables de la acción a “las redes”, al “crimen organizado” o a la mala suerte, pero que nadie tenga los arrestos de constatar lo obvio: ha sido el reino alauita el que nos ha invadido. Lo ha hecho enviándonos 72.000 ¿80.000? invasores de los que 60 o 65.000 eran la tapadera, pero, al menos 8 o 10.000, se han “extraviado” y permanecen en España. Si eso no es una invasión, ya me dirán ustedes qué lo es.
Como bien saben, en nuestro país, para tratar de licuar la amenaza evitamos citarla, aunque exista y hablamos de “adversario” cuando lo que queremos decir es enemigo. Sea como sea, lo cierto es que, a estas alturas, muy pocos analistas dudan de que hayamos sufrido un ataque híbrido marroquí. Por ese motivo creo importante señalar qué significa ese término de “guerra híbrida”.
La guerra “convencional” es aquella que creíamos iba a tener lugar el pasado siglo cuando en plena guerra fría nos imaginábamos a los regimientos de tanques T-72 avanzando por las llanuras alemanas. La guerra “irregular” es la que hemos visto en las pantallas de nuestros televisores en las películas sobre Vietnam y Afganistán en las que predomina la lucha de guerrillas y los frentes difusos. La guerra “híbrida” es la mezcla de las dos con algunos aditamentos que proporciona la tecnología actual.
En la guerra híbrida se dan acciones terroristas y actos criminales, ciberataques y acciones de guerra psicológica sobre un trasfondo de acciones bélicas convencionales o no. En ella se combinan acciones de alta con otras de baja intensidad, operaciones en el espacio físico o en el espacio virtual, operaciones de índole psicológica o incluso de formación de opinión.
De todos es conocida la frase de Clausewitz que decía que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Tal vez sea más preocupante saber que en la Rusia de hace unos años al definir la guerra “híbrida” se solía usar una frase del General Gerasimov que le daba la vuelta a Clausewitz para afirmar que la política es la continuación de la guerra a la que se llega cuando en lugar o además de los medios militares convencionales se usan herramientas diplomáticas, económicas, elementos cognitivos, la desinformación y una larga lista de medios más o menos irregulares sin renunciar, por supuesto, al terrorismo.
Ejemplos de guerra híbrida reciente podemos encontrarlos en lo ocurrido en la península de Crimea en 2014, pero también en octubre de 2017 en una esquina de España en la que se lanzaban campañas de desinformación con las que se trataba de interferir la labor gubernamental y apoyar las acciones de subversión desde granjas de bots ubicadas en ciudades venezolanas o rusas.
El futuro, el presente y en algunas ocasiones ya, el propio pasado, han visto y verán guerras “híbridas”. Eso es lo que ocurrirá a corto o medio plazo en el escenario de nuestra frontera Sur donde veremos (ya hemos tenido dos aperitivos) un conflicto de características híbridas muy similar al de las primaveras árabes o “de colores”. Por cierto, cuando hablo de frontera Sur me refiero no sólo a las partes de España que, como Melilla y Ceuta más algunas islas y peñones, tienen frontera terrestre con Marruecos, sino que incluyo los dos archipiélagos, primero el Canario, pero también el Balear.
Pero no sólo eso, también está en riesgo la capacidad de influencia española en el Estrecho de Gibraltar, una capacidad que no es únicamente cuestión de prestigio sino el centro de gravedad de nuestra estrategia nacional, lo que nos define como nación, del mismo modo que ocurre con Irán y el estrecho de Ormuz.
En resumen, no me cabe duda alguna de que, cuando a Marruecos le interese, sobre todo tras el éxito de lo ocurrido hace una semana en Ceuta, la invasión se transformará en una intifada dentro, o justo al otro lado de nuestras fronteras. Veremos entonces, en una rotonda de Ceuta o de Melilla como aparecen puntos de control (checkpoints) con gente armada y como un barrio determinado presta juramento de fidelidad al reino alauita izando la bandera de Marruecos. Lo demás ya se lo imaginan ustedes, la intifada irá transformándose en un problema de orden público y este en un conflicto armado de tipo insurreccional que, además, contará con un cierto beneplácito internacional y con la indiferencia de una parte (la izquierda) del espectro político de nuestra propia patria.
Me parece obvio señalar que, o tomamos medidas ya, o solo nos queda prepararnos para cuando llegue la invasión definitiva.
Y por eso, y sin pretender ser exhaustivo, creo que debo incluir en este análisis cuales son algunas de las medidas urgentes que hay que tomar y que desde luego empiezan por la impermeabilización definitiva y total de la frontera y la repatriación de los 8.000 (o 10.000) ilegales que, al parecer, se han quedado en Ceuta.
A mi entender, resulta clave actuar sobre cuatro ejes distintos: la voluntad de defendernos, la implicación de todo el gobierno en la defensa, el establecimiento de un sistema defensivo creíble y la utilización de la brecha tecnológica que aún mantenemos con nuestro vecino del Sur.
- La voluntad
Es la piedra angular del sistema y, como ya he dicho, falló estrepitosamente hace una semana. La voluntad debe tener carácter nacional y por ello no es una responsabilidad autonómica sino de TODO el gobierno de la Nación que es quien debe dirigir la respuesta, económica, diplomática, financiera, de seguridad y, en último término, militar.
Creo que debo recordar que las Fuerzas Armadas tienen tres cometidos relacionados con la seguridad nacional, el primero es lograr la Disuasión a ataques de un hipotético adversario, el segundo el de tener lista la Prevención de uno de esos ataques y el tercero es llevar a cabo la Respuesta militar cuando no haya otra solución.
Evidentemente, la Disuasión falló, la Prevención ha dejado ver con claridad nuestra debilidad por lo que cada vez nos queda un margen menor antes de tener que aplicar la Respuesta. Por cierto, esa respuesta es la guerra; algo que una vez desatado es difícil de predecir, sobre todo, cuando nuestra política exterior ha convertido a nuestro enemigo en el Sur en amigo preferencial de los Estados Unidos, de Francia y de ¡¡Israel!!
- La implicación gubernamental
España, que debería contemplar Canarias, el Estrecho, las plazas de soberanía, la costa sur de la Península y Baleares como un único sistema estratégico debería también ser consciente de que su defensa y protección compete al conjunto de las políticas del Estado.
Hemos hablado de intifada y sabemos que ese tipo de acciones empiezan por un problema de orden público. La cuestión es saber si España dispone, en Ceuta y Melilla, de las herramientas, sistemas y procedimientos para que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sepan cómo, dónde y para qué pueden/deben solicitar el apoyo del resto del Gobierno, empezando por las Fuerzas Armadas. Es saber si tenemos mecanismos suficientes para que el Gobierno actúe como un todo (whole of government) utilizando conjuntamente las herramientas de Ministerios como el de Defensa e Interior, pero también las de Sanidad, Presidencia, Fomento, etc. Es, en definitiva, saber si hemos practicado y tenemos interiorizado quién controla la situación y la frontera en cada momento y en cada fase.
- El sistema defensivo
Ceuta y Melilla disponen, in situ, de órganos de mando capaces de recibir refuerzos. Tengo dudas de que esos refuerzos se hayan practicado recientemente y tengo más dudas de que pudieran ejecutarse en un entorno de los denominados A2/AD (Anti-Access/Area Denial), es decir bajo la actuación de sistemas enemigos destinados a dificultar o impedir el acceso de nuestras fuerzas a la zona de operaciones y a limitar nuestra libertad de acción dentro de ella.
Es por ello que Ceuta y Melilla deberían estar al completo de sus plantillas, no como en la actualidad con unidades tipo Regimiento de un solo Batallón. El Tercio y el Grupo de Regulares de cada plaza, sus Regimientos de Caballería, Artillería e Ingenieros deberían ser los mejores de España, no sólo por historia, concienciación e ilusión, sino por dotación y operatividad. Las plazas son el mejor sitio para desplegar esas capacidades que vemos usar en Ucrania y de las que no estamos precisamente sobrados, me refiero a UAV,s y sistemas avanzados similares.
En la costa sur de la península debe disponerse de sistemas de armas de alcance adecuado a la amenaza, no para actuar sobre la frontera de Ceuta o Melilla, sino para hacerlo en profundidad.
La Armada debe patrullar constantemente plazas, islas y peñones, la Fuerza Aérea debe disponer de medios eficaces para actuar en la profundidad de Marruecos, allá donde no llegan los fuegos lejanos. Los planes del tipo “sigo pudiendo reaccionar como en 2002” deben practicarse a menudo.
- La brecha tecnológica
No todo es desplegar y hacer fuego, no todo es prever acciones de represalia. También es preciso disponer (dentro o fuera de esas capacidades denominadas A2/AD) de sistemas que eviten cualquier intento de interferencia o control del estrecho.
Por ello es necesario disponer de sensores terrestres, navales, aéreos y espaciales para generar una imagen operativa permanente.
Es preciso desplegar en el Estrecho esos sistemas que nos dan ventaja tecnológica (UAV,s, sistemas guiados, municiones inteligentes, etc.)
Concluyo y lo hago señalando que estamos ante una amenaza capital para la seguridad nacional. No deberíamos permitirnos un minuto de relajación y, mucho menos aún, pensar que ya habrá tiempo para preparar la respuesta. Hay una amenaza sobre nuestro territorio nacional. Aspira, en una primera fase, a controlar las dos ciudades españolas del norte de África y a quitarnos el control del estrecho. En nuestra mano está (DISUASION) dejar claro el precio que tendrían que pagar.
Fernando Alejandre Martínez
General de Ejército (R)
Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores
JEMAD entre 2017 y 2020
