«Tenemos una amenaza cierta y clara de Marruecos»
El general critica la política del Gobierno con EE.UU., duda del apoyo de la OTAN en caso de ataque a Ceuta y Melilla, y cree que «no se respeta a las Fuerzas Armadas y se busca el aplauso fácil con la UME»
Desprendiéndose de la bufanda y la boina que le protegen del frío burgalés, el general (r) Fernando Alejandre entra sonriendo en el claustro del hotel NH Collection Palacio de Burgos. Entre piedras del siglo XVI recuerda que él estudió en su juventud en este mismo edificio cuando era colegio de jesuitas. Y antes, su padre había recorrido los mismos pasillos como cadete de la Academia de Ingenieros del Ejército. Ahora llega dispuesto a analizar la actualidad militar, la profesión a la que dedicó toda su vida hasta llegar a ser nombrado jefe de Estado Mayor de la Defensa ( Jemad), y con la novedad de una recién estrenada jubilación que le permite expresarse con total libertad.
—¿Tenía ganas de poder hablar sin restricciones?
—Es un cambio de vida recuperar tu derecho a la libertad de expresión, aunque es verdad que he dicho lo que tenía que decir cuando estaba en activo también.
—¿Cree que el Gobierno podría haber gestionado de otra manera el ‘No a la guerra’ de Irán y el choque con Estados Unidos?
—Para una persona atlantista como yo, que cree en los valores occidentales y la importancia de la Alianza Atlántica, me hubiera gustado que se hubiera gestionado de alguna otra forma. Creo que cuando uno está en la oposición hacer lemas y eslóganes para mover a las masas puede ser, pero cuando uno está en el Gobierno reclamar no a la guerra es raro. Y además, ¿no a la guerra o no a esta guerra? Porque hasta hace poco tiempo insistíamos a los ucranianos que resistieran con uñas y dientes. Es un poco simple.
—¿Choca esa postura con el envío de una fragata a Chipre?
—Parece un eslogan publicitario más que algo que uno cree firmemente. Yo entiendo que el Gobierno tiene sus preocupaciones que trata de aislar del contexto internacional, pero estamos en España, formamos parte de unas alianzas, tenemos unos acuerdos y habrá que respetarlos en cualquier caso. No quiero decir que lo haga sin mantener nuestra propia soberanía, pero nuestra propia soberanía tiene unos límites que hay que ser respetuosos con ellos.
—¿Veremos consecuencias por parte de Estados Unidos?
—Dependerá de cuánto tiempo mantengamos el órdago. No creo que afecten al plano militar de momento, pero nos ponen en una situación un poco complicada. Estamos bajo un paraguas que es el escudo antimisiles que nos proporcionan los norteamericanos a toda la Alianza desde una base española. Pero la consecuencia más inmediata es la repercusión política, irnos colocando en un lugar de la historia en el que no queremos estar, y creo que también nos afectará en el plano económico.
—¿Tiene credibilidad la posibilidad de que Estados Unidos abandone las bases de Morón y Rota?
—Yo creo que ahora no es una opción todavía. ¿Puede llegar a serlo? Puede llegar a serlo. A mí me preocupan dos cosas. Una es el acercamiento entre Estados Unidos y Marruecos, que es evidente y no ha empezado a raíz de las declaraciones del presidente del Gobierno. A mí ese acercamiento no me da una especial tranquilidad sino todo lo contrario. Y por otro lado está un escudo antimisiles en Rota de la Alianza Atlántica, que no se puede basar en un país de fuera. Así que ese vínculo con Marruecos yo pienso que no va a dar lugar en ningún caso a que el escudo se traslade a Marruecos, pero podría ser perfectamente a otro país del flanco sur de la Alianza y nos daría más de un quebradero de cabeza.
—¿Y es Marruecos el mayor enemigo que debe preocupar a España?
—Para mí no hay ninguna duda. Nosotros tenemos una amenaza cierta y clara en el flanco sur, que es el norte de África, las dos plazas de soberanía y Canarias. Estoy seguro de que es la amenaza a la que mis compañeros en activo dedican mayor atención, como hacía yo en tiempo de servicio.
—¿Si tuviera ahora España que invocar el artículo 5 por una agresión a Ceuta y Melilla tendríamos el apoyo de los aliados?
—Complicado. A principios de siglo, cuando un islote se perdió no pudimos invocarlo. Es una situación muy complicada. Podríamos invocarlo, pero que nos respondieran afirmativamente yo particularmente tengo mis dudas. Hemos perdido varias oportunidades de meter a Ceuta y Melilla dentro del Tratado de Washington que me hubiera gustado que no se hubieran pospuesto. Teníamos motivos más que justificados para haber hecho valer nuestra posición y haber jugado esa baza.
—¿Tiene motivos Donald Trump cuando acusa a Europa de desatender sus responsabilidades en defensa?
—Lamentablemente no solo el presidente Trump. Las tiene el presidente Trump, las tiene el presidente Obama, que es el primero que las hizo públicas y fue el primero en hablar del famoso 2%. Si hay algo claro es que al acabar la Guerra Mundial y según se iban sucediendo diversos hitos de la Guerra Fría, Europa decidió que aquí todo el monte era orégano y la defensa nuestra le pertenecía a alguien que no es europeo. Eso lógicamente ha causado desconcierto para los norteamericanos y disgusto para algunos presidentes, entre ellos tanto Obama como Trump y Biden.
—¿Va por buen camino el aumento del gasto en defensa anunciado por el Gobierno?
—No lo sé, no tengo los datos y no puedo afirmarlo; pero soy bastante escéptico porque creo que es una cantidad de dinero ingente. El 2,1% son más de 33.000 millones de euros para la defensa. Yo recuerdo lo mal que se vivía con 9.000 o con 10.000 millones. Pensar que ahora en las Fuerzas Armadas dispongan de un presupuesto que es más de tres veces superior del que yo tenía a mí me da cierto vértigo. Y además no veo que las unidades hagan más maniobras, ni hay mejores mochilas ni más munición…
—¿Cree que este plan de crecimiento atiende a las necesidades reales de las Fuerzas Armadas?
—Lo que sí que me extraña mucho es que todo el mundo hemos apoyado la idea del campeón nacional, pero crear un campeón nacional de la nada y en materiales que desconoce profundamente a mí me cuesta verlo. Por eso hay una parte del plan que a mí me produce cierto rechazo. No se puede partir de la nada. Es un poco caótico.
—Volviendo al papel de la Cristóbal Colón en Chipre, ¿puede una fragata ser defensiva?
—Las misiones pueden ser ofensivas y defensivas, pero las fragatas no. Lo que me repulsa, lo que me provoca verdadero dolor de cabeza, es cuando oigo hablar del carro de combate defensivo o la fragata defensiva. Las fragatas no son defensivas. Mis compañeros cuando se suben en un carro de combate o en una fragata no saben muy bien si van a atacar o a defender, saben que en un momento dado van a tener que hacer fuego y se acabó la historia.
—¿Cree que se intenta desnaturalizar la verdadera esencia de las Fuerzas Armadas?
—Sin lugar a dudas. Hacer ese hincapié en que solo vamos a defendernos produce una mala sensación que yo creo que solo es la de la propia mala conciencia de la persona o personas que tienen que verse obligadas a dar una orden de ese calibre.
—Y mientras, la guerra de Ucrania ha cumplido ya cuatro años.
—Eso hablábamos, lleva cuatro años, está enquistada y nosotros en lugar de darnos cuenta de que allí están muriendo muchísimas más personas al cabo de una semana de las que han muerto en las cuatro semanas que lleva de combate Irán, les pedimos que se mantengan. Quizá sería bueno aplicar el no a la guerra también allí.
—¿Existe en España cultura de defensa?
—No, no existe en absoluto. En España hay un montón de planes relacionados con la cultura de defensa, pero casi todos ellos están abocados al fracaso. Ya no explicamos a los niños en el colegio la necesidad que tienen de defenderse. Hemos convertido el buenismo o el pacifismo en una especie de cultura beatífica en la que hay que imponer moderación. Nosotros hemos sublimado la palabra paz y nos hemos creído que si había paz todo es bueno; y no, a veces la paz es injusta y esa es la paz que lleva a la indefensión.
—Los militares son aplaudidos sobre todo cuando hacen labores de ayuda a la sociedad.
—Me produce cierta nostalgia. Creo que un Ejército necesita disponer de tres erres. La primera erre es la del respeto. Creo que no se respeta a las Fuerzas Armadas porque no se tiene en cuenta su misión y la forma de acometerla, se buscan subterfugios con el aplauso fácil a la UME o cualquier unidad involucrada en una catástrofe natural. Pero no se puede desvirtuar que la razón de las Fuerzas Armadas no es esa, eso es un plus, pero no es su misión. El reconocimiento tampoco se tiene en cuenta y nos vemos abocados a ese ciclo por el cual nadie nos hace mucho caso, nadie tiene la sensación de que somos útiles para la sociedad. Y el tercero es la remuneración. Mientras no paguemos a nuestros soldados de forma adecuada los soldados no se sentirán lo que son, defensores de España y militares profesionales. Es muy difícil que un soldado se tome en serio su misión si le pagamos poco más que el ingreso mínimo vital.
—¿Le veremos afiliado a algún partido político?
—No, creo que no. Como cualquiera de nosotros tengo mi corazoncito político y sé a quién voto, pero no creo que me vaya a afiliar. Creo que debo tener un respeto a mis compañeros a los que durante un tiempo dirigí y además creo que no me encontraría a gusto en esa arena, soy demasiado visceral para permitirme un mitin político. No me afiliaré, seguro que no, pero yo siempre estoy a la disposición de España y de sus Fuerzas Armadas.
Pilar de la Cuesta
Fuente:
https://lectura.kioskoymas.com/abc/20260329
