EN EL 80º ANIVERSARIO DE LA TRÁGICA PÉRDIDA Y EN DEFENSA DE LA JUSTA MEMORIA DE SU COMANDANTE. Capitan de Navío Fernandez Diz

 

 

EN EL 80º ANIVERSARIO DE LA TRÁGICA PÉRDIDA DEL SUBMARINO C-4  Y EN DEFENSA DE LA JUSTA MEMORIA DE SU COMANDANTE.

 

El día 27 de junio del año 1946, durante unas maniobras rutinarias de la Armada llevadas a cabo cerca del puerto de Sóller (isla de Mallorca), el submarino C-4 protagonizó un trágico accidente que condujo a su hundimiento prácticamente instantáneo. También participaban en el ejercicio los submarinos C-2 y el General Sanjurjo y tres destructores, el Lepanto, el Churruca y el Alcalá Galiano.

El comandante del submarino era el CC. Francisco Reina Carvajal. Y con él perecieron también los cuarenta y tres hombres bajo su mando. 

 

 

El ejercicio consistía en hacer navegar a los destructores en línea de frente, y de vuelta encontrada, con los tres submarinos que navegarían en inmersión y marcarían sus ataques, estando ya en superficie, con una bengala lanzada por la popa de los destructores al ser rebasados los submarinos por éstos. El submarino C-2, con el Jefe de la Flotilla a bordo, CN Rafael Fernández de Bobadilla y Ragel cumplió el plan previsto y salió a superficie a las 1311.

Cada submarino tenia asignada un destructor como blanco. El Lepanto, debería atacar o ser atacado por el C-4 que hace inmersión a las 1250, según información posterior del comandante del submarino General Sanjurjo, el CC. Francisco Núñez de Olañeta, que fue testigo de ello. A las 1405, y de forma súbita, el C-4 intentó salir a superficie, soplando todos sus lastres, justo por la amura de babor del Lepanto que no pudo hacer nada por evitar la colisión con el submarino, precisamente a la altura de su cañón. El impacto fue tan violento como inevitable. Igual que la enorme tristeza y la impotencia de los testigos al ver la quilla del C-4 mientras se hundía irremisiblemente. Uno de los testigos fue el padre capellán del Lepanto que tuvo tiempo para auxiliar espiritualmente a toda la dotación para que pudiera descansar en paz a 1350 metros de profundidad en un punto a 13 millas en la demora 013 del faro (Morro de la Vaca) del puerto de Soller.

El submarino Delfin (S-61), entonces bajo mi mando, navegó en inmersión precisamente por este punto en la preparación de unos ejercicios. Era media noche cuando ordené rezar, por la red de ordenes generales, un Padrenuestro por el eterno descanso de nuestros compañeros que yacían tan cerca de nosotros. En la Flotilla de Submarinos se guarda un recuerdo permanente de la tragedia del C-4 precisamente por las especiales circunstancias en las que se produjo.

Ante una clara incertidumbre de lo sucedido, fueron inevitables todo tipo de especulaciones alguna de las cuales señaló, a mi juicio injustamente, al Comandante del buque, como responsable ultimo del hundimiento del buque bajo su mando, algo que intento negar con este articulo.

Es una realidad que la estructura de un submarino, y su modo habitual de funcionar operativamente, obliga a su comandante a ejercer su mando y control   de una forma absolutamente centralizada, llevando al conjunto del submarino prácticamente en un puño. Por este motivo, todo el estrés que una determinada situación operativa pueda generar se concentra inevitablemente en el corazón de su comandante, sin que su dotación pueda percibirse de ello.

A modo de ejemplo, cuando el comandante necesita mantener la situación de superficie desde la cota periscópica, de noche y en un ambiente de múltiples emisiones sonar que pueden rodear al submarino, los timoneles suelen tener problemas para mantener la cota ordenada en condiciones tiempo duro, haciendo posible que   el comandante deje de ver el horizonte que le rodea.  Toda la dotación esta tranquila, simplemente porque el comandante está al periscopio, sin advertir ni tener en cuenta los problemas que puede estar teniendo, en las circunstancias anteriormente mencionadas, para advertir con antelación suficiente la posible aproximación de un escolta que esté tratando de investigar un contacto, cuando las relajaciones del ejercicio lo permiten. De aquí surge la creencia de que el comandante es siempre responsable de todo, pero no siempre.

Por todo ello, por tener que hacer frente a situaciones como la mencionada, y otras aun mas graves, todos los comandantes de submarinos son nombrados después de una estricta valoración de su historial y de sus capacidades y de su experiencia, según los archivos disponibles en la Flotilla de Submarinos. El   comandante de un submarino debe de conoce al detalle las fortalezas y las debilidades del submarino bajo su mando, algo que no es muy conocido dentro y fuera de la Armada.

En línea con el espíritu que impulsa la redacción de este trabajo debo de destacar una circunstancia muy especial referida al submarino C-4. El 30 de abril de 1946, solo 58 días antes de la tragedia, el Jefe del Estado, General Franco, y varios de sus ministros, incluido muy probablemente también el de Marina, embarcaron en el C-4 para   visitar su interior y después trasladarse hasta el lugar del pecio del transporte auxiliar “Castillo de Olite,” hundido por las baterías de costa del bando republicano solo unos días antes de finalizar la guerra civil. El General Franco lanzó al mar, en aquella ocasión, una corona de flores en recuerdo de los 1400 hombres que perdieron su vida en el hundimiento del transporte. Es de destacar que el Comandante de la Flotilla de submarinos, para cumplir esta importante misión, sin duda designó al mejor submarino y al mejor comandante que tuvo disponible en aquel momento.

Los submarinos de tipo C fueron construidos por la Sociedad Española de Construcción Naval con la tecnología de la época, presente en los submarinos de la clase Holland 105F. Estos submarinos estuvieron considerados unos buenos submarinos, aunque debemos de reconocer que, según la tecnología de sus equipos, especialmente los dedicados a la escucha y análisis del ruido inherente a los blancos que habrían de ser objeto de sus ataques, estaba muy alejada de la tecnología de los submarinos actuales.

 

 

El ejercicio que habían de realizar los tres submarinos y los tres destructores era muy sencillo, aunque podemos considerarlo bastante rígido y de seguridad un tanto limitada porque obligaba a los submarinos navegando en inmersión a salir al encuentro de los destructores para que estos transitaran precisamente por la vertical de los submarinos para facilitar su detección. El ejercicio estaba previsto para que los tres submarinos lo finalizaran prácticamente a la misma hora. Sin embargo, comparando el horario conocido del submarino C- 2 con el horario del C-4, este llevaba casi una hora de retraso con respecto al primero para instalarse, a cota profunda, en la derrota del Lepanto. Sin que se conozcan exactamente los motivos de este retraso, es posible que el C-4 tuviera que hacer una aproximación un tanto forzada en velocidad para lograr situarse bajo la quilla de su objetivo, como tenia ordenada, lo que podría haber afectado a las condiciones de su escucha y consiguiente situación exacta del Lepanto.

Es de hacer notar también que un escolta que se aproxima de proa hacia un submarino reduce mucho su firma acústica de modo que el submarino puede estimar que su blanco de interés esta mucho mas alejado de lo que realmente lo está. Y es impensable que el Comandante del C-4, en la fase final de la aproximación a su objetivo, cayese en la tentación de hacer una ultima marcación del blanco cuando lo que tenia ordenado era precisamente que se mantuviese a cota profunda durante el transito hacia el Lepanto, algo que el C-4 había ya prácticamente conseguido.

De acuerdo con la información de los testigos de la tragedia el C-4 estaba soplando sus lastres como intentando salir a superficie en el momento de la colisión. Esta situación solo se puede comprender si el C-4 tuviese un incendio o una grave vía de agua cuyo solo anuncio obliga a cualquier submarino a salir inmediatamente a superficie para no perder su reserva de flotabilidad.  En estos casos de graves emergencias hay que reaccionar con tanta rapidez que es el Oficial de Guardia en la cámara de control del buque el que debe de tomar las decisiones mas inmediatas para que el buque alcance cuanto antes la superficie a saber: una fuerte inclinación a subir, máxima velocidad y soplado instantáneo de todos los lastres. En el desempeño de esta función el mencionado oficial no tenia por qué conocer al detalle el ejercicio en el que el C-4 estaba implicado y mucho menos la situación en superficie.

El Comandante del buque, CC Francisco Reina Carvajal ante una repentina y peligrosa emergencia se vio sin duda obligado a aceptar salir a superficie en la esperanza de que el destructor Lepanto, estuviese suficientemente alejado como para poder evitar por si mismo la colisión con su submarino, algo que trágicamente no sucedió. Esta podría haber sido la causa principal de la tragedia. El Comandante del C-4 había logrado estar, en inmersión, prácticamente por la proa del Lepanto, como tenia ordenada. Solo le faltaron unos cinco minutos para que su blanco pasase por su vertical y salir a continuación a superficie lanzando una bengala para marcar su ataque al escolta. Al mismo tiempo, si la emergencia a la que tuvo que hacer frente el CC Reina Carvajal se hubiera producido simplemente unos cinco minutos antes, el Lepanto seguramente hubiera tenido tiempo para apartarse lo suficiente para evitar la colisión con el submarino. Que la tragedia tuviese lugar en la demora 013 y a 13 millas del faro de Soller permite tener que admitir cualquier tipo de conjetura de las personas que sean supersticiosas.

Pero debemos de aceptar que la tragedia en la que se vio envuelto el C-4 fue el resultado de una fatal coincidencia de circunstancias, como sucede en todos los accidentes que tienen graves consecuencias. Por eso, es norma en nuestros submarinos no aceptar ni una gota de agua de mar que entre el casco resistente sin justificación alguna.

El pecio del submarino C-4 está ya perfectamente localizado. Ya ha habido un intento de poner en ese lugar una placa para honrar la memoria del   submarino español C-4 y toda su dotación, trágicamente hundido en acto de servicio.

Desde este sucinto articulo solo deseo dejar constancia del recuerdo, afecto y respeto que siempre ha merecido en la Flotilla de submarinos la dotación del submarino C-4 y, de una manera especial, la consideración que merece la memoria de su Comandante, CC. Francisco Reina Carvajal, victima de una tragedia de la que en absoluto fue el responsable.

                                                                           

Aurelio Fernández Diz      Capitán de Navio, r

Comandante de la Flotilla de submarinos. (1996-1998)