
EL Martirio y el Tiempo en la guerra en Irán
Resultan muy relevantes y sorprendentes, las palabras mencionadas el pasado 27 de abril por el canciller alemán, Friedrich Merz, manifestando su creencia de que Estados Unidos está siendo humillado por las autoridades de Irán en la guerra desencadenada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. Por otro lado, también declaraba que es evidente que los estadounidenses se han metido en esta guerra sin ninguna estrategia.
En cuanto a lo de sorprendente lo digo porque es la primera vez que un país europeo se postula con tanta franqueza y sinceridad ante la guerra en Irán y que estas palabras coinciden con la mayoría de los analistas y expertos que están tratando esta guerra de alta intensidad. Washington no consultó con ningún aliado europeo antes de iniciar su ofensiva, impulsado por Tel Aviv, el 28 de febrero pasado, en pleno proceso de planeamiento de operaciones por parte del Pentágono. En el fondo, la postura del canciller alemán coincide con la mayoría de los países europeos.
En mi opinión, hay tres simples razones para acompañar esta afirmación de Merz: a) mientras estaban en negociaciones de paz a lo largo de la última semana del pasado mes de febrero, Estados Unidos aceptó la propuesta de Israel para iniciar el ataque a Irán con el argumento de que se presentaba la oportunidad de matar al Líder Supremo, Alí Jamenei; b) los objetivos políticos y estratégicos de Estados Unidos nunca han sido definidos con claridad y precisión, toda vez que se han cambiado varias veces a lo largo de la guerra; y c) el no haber contemplado, desde el primer momento el valor político, estratégico y operacional del Estrecho de Ormuz, el “estado final” a conseguir ni la estrategia de salida del conflicto.
Esta guerra se sostiene en una serie de premisas que la hacen realmente distinta de una guerra clásica. En primer lugar, se enfrentan dos teocracias, la de Israel como pueblo elegido por Dios, y la de Irán donde el poder político está dominado por líderes religiosos y las leyes se basan en la interpretación de la ley islámica (sharía). En segundo lugar, la influencia del martirio chií en el país persa es profunda y no puede entenderse solo como propaganda política, Está arraigada en siglos de tradición religiosa, memoria colectiva y simbolismo.
En el chiismo, el evento más importante lo constituye la batalla de Kerbala (680 d.C), donde el imán Husein ibn Alí fue asesinado junto a sus seguidores. EL episodio no se ve como una derrota, sino como el triunfo moral del sacrificio frente a la injusticia. Este marco simbólico establece una idea clave: morir por una causa justa no es una pérdida, sino una victoria espiritual. Hay que tener presente que el mártir no es sólo víctima, sino modelo moral de resistencia mientras que el sufrimiento se interpreta como el sacrificio con sentido transcendente. Esta doctrina crea una cultura donde morir por una causa justa puede verse como honorable y necesario.
Esta cultura legitima el conflicto toda vez que, en la actualidad, el discurso oficial presenta a los muertos en combate como mártires y convierte las pérdidas en victorias morales. Los actuales líderes iraníes hablan de vengar a los mártires como justificación para continuar con el enfrentamiento. Todo ello dificulta la desescalada ya que ceder puede interpretarse como traicionar a los mártires y la guerra se convierte en una cuestión moral, no solo estratégica.
Desde la perspectiva de Estados Unidos e Israel, este componente ideológico dificulta la disuasión clásica ya que el sacrificio puede ser valorado positivamente, y aumenta la preocupación sobre escaladas no racionales en términos puramente estratégicos. Todo ello no significa que Irán actúe irracionalmente. Sus decisiones siguen siendo en gran medida geopolíticas y calculadas.
Con independencia de las últimas declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, de que va a retirar unos 5.000 efectivos de Alemania del actual número de tropas estadounidenses que hay desplegados en Europa – unas 86.000 -, en respuesta a las declaraciones de Merz respecto a la guerra en Irán, indicadas al comienzo de este artículo, lo cierto es que un factor primordial en esta guerra es el tiempo de duración.
Las interrupciones en las exportaciones de petróleo, gas y fertilizantes ya han provocado fuertes aumentos de precios. A nadie se le escapa que el conflicto está afectando no solo a la estabilidad en Oriente Medio, sino que está produciendo una rotura del sistema de seguridad global con importantes transformaciones en la geopolítica del poder mundial.
El tiempo de duración tiene un impacto fundamental en Trump, no solo internamente con encuestas en las que más del 60% de la sociedad de Estados Unidos rechaza la guerra y de las elecciones de medio mandato en noviembre sino también en el exterior donde Estados Unidos está perdiendo credibilidad como líder mundial de la democracia, de la solución de conflictos y del mantenimiento de la estabilidad y seguridad internacional. Y cada vez cuenta con menos aliados.
Sin embargo, para Irán no es lo mismo. La población iraní está impregnada del sentido del martirio que constituye una pieza central de su cultura como hemos visto anteriormente. Por ello, la importancia de morir es mucho menos temida que en el mundo occidental. De hecho, líderes iraníes han llegado a describir la cultura del martirio como un “arma” de seguridad nacional.
Para que la guerra termine enarbolando la bandera de la victoria estadounidense de consolación, el presidente Trump necesita conseguir al menos dos objetivos, la total apertura internacional de Ormuz y la salida del país del llamado “polvo nuclear” enriquecido. Los demás objetivos que se habían planeado como el cambio de régimen, el apoyo a los proxis o la eliminación de la producción de misiles de crucero, balísticos e hipersónicos quedarían sin conseguir.
La disuasión entre Irán e Israel pasa por momentos críticos. La resiliencia iraní, aparte de sus posibles problemas con la capacidad de sus depósitos de combustible casi llenos y de que no podrán proyectar un poder sostenido en las dos próximas décadas, constituye una potente baza estratégica en tanto que el nacionalismo de la sociedad persa, ante un ataque desde el exterior, es mucho más fuerte que sus criticas al régimen. Mientras tanto, China y Rusia están observando con satisfacción como se deteriora y se desgasta el poder e influencia de Estados Unidos.
Con Netanyahu totalmente beligerante y muy difícil de controlar por Trump, dado que está empeñado en una huida hacia adelante continuando con la guerra, las previsibles negociaciones entre Estados Unidos y Trump se encuentran en una encrucijada. Por una parte, Irán se postula por una guerra de desgaste, sustentada en el tiempo y en la cultura del martirio. Por otra, EE.UU tiene prisa y quiere un acuerdo lo más rápidamente posible, principalmente, por sus problemas de política interior y por los efectos económicos globales.
Posiblemente, el final de la guerra dependerá menos de factores puramente militares que de la situación política interna en Estados Unidos, de las necesidades políticas de Netanyahu o de las discrepancias entre la Guardia Revolucionaria de Irán y otras autoridades del régimen. Todo ello en un contexto en que la comunidad internacional está atravesando un periodo de desequilibrio estratégico mundial con un futuro de imprevisibles consecuencias.
GD (R) Jesús Argumosa Pila. General de División del ET, r
Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores
Director de la Cátedra de Geopolítica y Estudios Estratégicos del EIIS.
