EL COMBATE DE EDCHERA
Introducción
Este artículo esta extraído del libro La Legión en Ifni Sahara. 1956-1976 de Vicente Bataller. Fundación Tercios de Extranjeros. Málaga. 2020.
El combate de Edchera tuvo lugar el de 13 de enero de 1958 durante el conflicto de Ifni Sahara de 1957/58. El autor se desplazó en el 2013 al Sahara para ver in situ el escenario del combare: la altiplanicie de Edchera y el interior de la Saguia (río) el Hamra.
Fue el último combate importante mantenido por la Legión donde obtuvo dos Laureadas de San Fernando otorgadas al brigada Fadrique y al legionario Maderal Oleaga, las últimas concedidas por el Ejército español. Ambos bandos tuvieron muchas bajas. Por parte española hubo que lamentar 96, de las que 87 (36 muertos y 50 heridos) fueron de la XIII Bandera de la Legión, principal protagonista de este combate.
El jefe de la bandera era el comandante Rivas y las compañías estaban mandadas por los capitanes Girón la 1ª y Jáuregui la 2ª y por los tenientes Vizcaino la 3ª y Del Barco la 5ª de máquinas.
Lo que se relata está basado, principalmente, en entrevistas llevadas a cabo por el autor a algunos excombatientes, tanto mandos como tropa. De todos los entrevistados destaca, sin duda, el coronel Álvarez López, que de teniente durante las ocho horas que duró el combate permaneció desplegado arriba en la altiplanicie. También el jefe de la 5ª de máquinas, Del Barco, que ese día montó la base de fuegos más a retaguardia, y tuvo por ello una visión más de conjunto de los acontecimientos de la meseta. También ha resultado de mucho interés el testimonio del conductor del vehículo de la radio, Bautista, y del operador Parra, así como del cabo Abraham Saky y los legionarios, Zerolo y Abraham Corrales.
De lo que pasó abajo, en el interior de la Saguia, contamos con lo manifestado por el sargento Mérida que mandaba el pelotón de ametralladoras agregado a la 2ª que bajó a la Saguia con el capitán Jáuregui, así como lo testificado durante la incoación del expediente para las Laureadas por el cabo Del Corral, uno de los supervivientes de la sección del Fadrique.
Saguia el Hamra. La dificultad del terreno y del enlace
En la zona conocida como Edchera, a unos 25 km de El Aaiún, se encontraba el único paso por donde se podía cruzar la Saguia el Hamra con vehículos hasta el pequeño oasis del Meseied de la otra orilla, la Oeste.
La orilla Este, donde se produjo el combate, ofrecía varias ventajas para los atacantes. Se prestaba a que permanecieran bien ocultos en su borde con paredes de arenisca erosionada de unos 60 m de desnivel, con riscos, cuevas, hendiduras, profundas oquedades y zanjas naturales. Por otra parte, los tiros eran rasantes en una inmensa llanura de un kilómetro desde el borde, que ascendía muy suavemente y sin opción a poder protegerse.
En lo referente al lecho de este río seco habían pequeños montículos y hondonadas con matas secas que también facilitaban la ocultación. En esta zona la anchura de la Saguia era de casi 2 km.
Respecto al enlace radio entre los jefes, el de bandera y los de compañía, y entre éstos y sus jefes de sección, en aquella época era inexistente; no había radios de dotación. Para dar órdenes lo habitual eran emplear enlaces o agentes de transmisiones, esto es, legionarios que corrían a entregar la orden escrita o verbal de un jefe a otro. En ocasiones también se usaban señales con persianas.
Cuando se asignaba una misión en el interior del territorio, se agregaban a la bandera dos coches-radio, normalmente Dodges 3/4, dotados de estaciones radio MK II con sus operadores, así como una sección de camiones Ford-K (Köln), unos treinta, con sus correspondientes conductores y unos pocos vehículos ligeros, Jeeps Willys, a razón de uno para cada jefe de compañía, más tres o cuatro para la sección de vanguardia. El resto de mandos, oficiales incluidos, iban en los camiones. Por último, el comandante disponía de un Carrier blindado contra cartuchería.
07:00-10:15. Convoy a Edchera
La bandera salió el 13 de enero sobre las 07:00 con equipo muy ligero pues, al igual que en anteriores ocasiones, tenía previsto volver a comer al mediodía, al tratarse de una operación de rutina, un reconocimiento para obtener información de contacto. Debieron salir unos cuatrocientos legionarios más los conductores de los camiones agregados, etc. En total alrededor de unos cuatrocientos cincuenta hombres.
El avance se hizo con tres columnas que marchaban en paralelo. A la derecha, según la dirección de la progresión, la 2ª compañía seguida de la 3ª. En el centro, el comandante con su plana mayor de la 4ª, los agregados y 5ª de máquinas. Y a la izquierda, la 1ª compañía.
La sección del teniente Gamborino, de la 2ª, iba adelantada en misión de reconocimiento con dos escuadras en punta de vanguardia. La velocidad de la columna era lenta (unos 8 km/h), pues al recibir los primeros disparos (10:15) sólo habían recorrido unos 23 km. Detrás de la punta de vanguardia progresaba el capitán Jáuregui acompañado por un guía indígena, el cabo 1º Alí. En el coche-radio asignado a Jáuregui, además del conductor, iban dos operadores.
En la columna de la izquierda iba solo 1ª compañía que progresaba más al interior y alejada de la orilla, con la misión de vigilar el flanco este (izquierdo) y constituir la reserva de la bandera. Marchaba paralela a la columna de la derecha.
Entre ambas columnas, pero un poco atrás, se desplazaba un tercer grupo de vehículos. Delante iba el comandante Rivas con personal de la 4ª compañía de plana mayor (enlaces-gastadores, cornetín de órdenes, etc.), y con el jefe de la misma, el capitán Casado. Inmediatamente detrás del comandante marchaba la Dodge-radio con las dos estaciones MK II. Una de ellas enlazaba con El Aaiún (coronel Mulero), y a la vez, con la vanguardia (capitán Jáuregui). La otra MK II estaba reservada para enlace tierra-aire.
Finalmente, cerraba esta tercera columna la 5ª compañía de máquinas, esto es, la sección de morteros del teniente Piris y un pelotón de ametralladoras (los otros tres, de los cuatro existentes, estaban agregados uno por compañía de fusiles) que constituían la pequeña base de fuegos.
En lo que se refiere al enemigo, estaba compuesto por saharauis y marroquíes dotados de un armamento ligero, incluso mejor que el de los españoles, en especial las ametralladoras de procedencia francesa.
Unos 3 o 4 km antes del paso de Edchera, Gamborino descubrió unos vigilantes avanzados que habían dormido allí y corrieron hasta desaparecer. La bandera continuó su marcha hasta que los dos Jeep de los exploradores recibieron unos disparos lejanos cerca del paso.
En ese momento aún no se sabía que el enemigo ocupaba bastante frente y estaba perfectamente cubierto de vistas y fuegos, escondido en los trincherones y oquedades existentes en el borde Este de la Saguia. Ni que en la zona del Meseied había otro grupo que intervendría posteriormente. Ni tampoco que en el fondo de la Saguia existían más rebeldes ocultos entre las matas secas y pequeñas hondonadas.
10:15-12:00. Reacción de la XIII Bandera ante una emboscada
El capitán Merino – entonces sargento de ametralladoras agregado a la 2ª compañía- me comentó (2019): «Las bandas se encontraban en un frente muy largo, unos 2000 m…. los rebeldes esperaron a tener ahorquillados desde el primero al último camión, para disparar con las ametralladoras…».
Rivas reaccionó impartiendo las siguientes órdenes: A la 2ª compañía (vanguardia), avanzar para establecer contacto con el enemigo y ocupar el paso; a la 3ª proseguir la marcha detrás de la 2ª hasta la altura de los primeros disparos, desembarcar y atacar el borde; a la 1ª (reserva) desbordar por detrás de la 3ª, bajar por el paso y envolver a los rebeldes en el interior de la Saguia para cortar su retirada; a la 5ª, establecer la base de fuegos. Según este plan, el enemigo acabaría rodeado en el Este (altiplanicie) por la 3ª compañía, en el Sur (paso) por la 2ª y en el Oeste (cauce de la Saguia) por la 1ª.
A la llegada de los camiones a la zona de fuego se desencadenó una descarga que alcanzó a los vehículos en marcha, a pesar de ir a unos 300 metros alejados del borde. Algunos legionarios incluso fueron heridos o muertos en su interior, antes de desembarcar. La 3ª compañía, detuvo los camiones y saltaron los legionarios al suelo, pero no existían obstáculos donde protegerse de los tiros rasantes. Los que pudieron, buscaron la desenfilada detrás de las ruedas de los camiones. Hubo momentos de caos, ¿cómo no iba a haberlos?, hasta que se logró organizar y desplegar las tres secciones de la compañía e iniciar el avance con saltos cortos. La 3ª logró avanzar hasta unos 150 m del borde, momento en el que los tiros rasantes de las ametralladoras y fusiles de las bandas inmovilizaron a la compañía. Si algún legionario levantaba un poco la cabeza, lo alcanzaba alguna de las muchas balas que silbaban rasantes a escasos centímetros de su espalda.
En cuanto a la 2ª compañía, la sección de vanguardia del Gamborino cerró con rapidez para reconocer el borde desde donde se habían recibido los primeros disparos, hasta que les acribillaron las ruedas. Resultó muerto el teniente y el conductor del Jeep. El resto de los legionarios de su sección saltaron de los coches y quedaron fijados al terreno por los disparos a ras del suelo.
Por su parte, el capitán Jáuregui se adelantó a la máxima velocidad, junto con la sección del teniente Carrillo y ametralladoras del sargento Merino, hasta alcanzar el paso de Edchera; descendieron de los camiones (excepto la Dodge con la radio) y, sin recibir disparos, bajaron por el camino hasta una zona repleta de pequeños montículos en el interior de la Saguia; desde esta posición descubrieron varios camellos con las sillas puestas y los abatieron.
Respecto a la otra sección de la 2ª, la del teniente Ochoa, también entró en la «zona de fuego» de la emboscada. El legionario Zerolo, que pertenecía a esta sección, me contó que sobrepasaron a la sección de Gamborino, recibieron fuego y desplegaron en la meseta, cerca del inicio del paso. El camino del paso quedó bajo el control de la 2ª, con una sección arriba (Ochoa), al inicio, y otra más abajo (Carrillo), en la desembocadura o próxima a ella.
Mientras todo esto ocurría con la 2ª compañía, la 1ª avanzó embarcada en los camiones por detrás de la 3ª y 2ª, alcanzó el paso de Edchera y, sin descender de los vehículos, bajó por el camino sin recibir tiros. Llegó hasta donde se encontraba el capitán Jáuregui. En ese momento escucharon como se incrementaban los disparos arriba, en la altiplanicie donde estaba fijada la 3ª. Según el relato del entonces teniente Álvarez que estaba en la meseta, vio como el enemigo empezó a avanzar sobre la compañía por el flanco norte, con saltos cortos y bien coordinados. La situación de la 3ª era tan comprometida que la 1ª recibió la orden de subir a la meseta y contratacar.
12:00-13:30. La 1ª compañía contraataca
Cuando la 1ª inició la subida por el paso, Jáuregui comunicó por radio «Mi comandante, Girón que se va para arriba y yo estoy aquí sólo, ¿por qué no me deja a alguien?». Rivas ordenó a Girón que dejara una sección con Jáuregui y se designó a la del brigada Fadrique, quien al parecer se ofreció voluntario.
Girón, con las otras dos secciones de la 1ª, al mando de los tenientes Zorzano y Moreno, subió de la Saguia por el paso y al llegar a la meseta contraatacó por el flanco norte y detuvo el avance del enemigo hasta que la 1ª quedó también fijada en el Norte, a continuación de la 3ª. Tuvo varias bajas, entre ellas la del teniente Zorzano, que cayó herido.
Llegado a este punto, en la explanada de arriba de la Saguia se encontraban desplegadas en un único escalón las tres compañías de fusiles -menos las secciones de Carrillo y de Fadrique, que se hallaban abajo en el río- con todos los legionarios fijados por un tiro rasante en un terreno llano y sin obstáculos donde protegerse. No podían levantar un palmo la cabeza pues los mataban o herían (así murió el teniente Vizcaino, jefe de la 3ª). Los de arriba no sabían, por tanto, lo que ocurría abajo en la Saguia. Ni los de abajo, lo que pasaba arriba en la meseta, con 60 m de desnivel.
14:00-16:00. Lucha cuerpo a cuerpo en la Saguia
Al parecer, una vez Jáuregui se quedó sólo con las dos secciones, éstas desplegaron una al lado de la otra, con la de Carrillo más pegada a la orilla (Este) y la de Fadrique más próxima al cauce (Oeste). De este modo, se encontraban hasta que, alrededor de las 14:00, Jáuregui informó al comandante que recibía fuego aislado y observaba bajar algunos rebeldes. La respuesta de Rivas fue precisa: «duro con ellos», esto es, una orden clara de entrar en combate.
El capitán ordenó el avance de las dos secciones en paralelo hacia donde se supone procedían los disparos. El capitán le decía al brigada que “pasara a situarse en un determinado sitio” y Fadrique le contestaba que “aquello era ir a una muerte segura” pero cumplió la orden y desplegó con el dispositivo más habitual, esto es, dos pelotones delante (uno al mando del sargento Jiménez y el otro del cabo 1º Valle y el tercero (cabo 1º Sánchez) detrás, para apoyar por el fuego desde una pequeña loma a los legionarios que avanzaban a vanguardia.
Los dos pelotones de delante, tras avanzar unos 300 metros y encontrarse próximos al centro del río, fueron atacados por numerosos rebeldes ocultos en la maleza desde distintas direcciones y a muy cortas distancias con un fuego imprevisto e intenso. Sufrieron varias bajas, pero continuaron el avance. Desde el Meseied las bandas enviaron refuerzos hasta lograr que el número de rebeldes fuera el doble o triple que el de legionarios. Se acercaron a tan corta distancia que se llegó a la lucha cuerpo a cuerpo. En ese momento, poco apoyo pudieron recibir del tercer pelotón, que seguía atrás en la loma, ni de la sección del teniente Carrillo, aún más alejada, ni de las ametralladoras, mucho más separadas, pues de hacer fuego, hubieran causado bajas propias en un combate tan próximo entre ambos bandos.
Suponemos que en ese espacio de 300-350 metros que separaban los dos pelotones de vanguardia del que estaba más a retaguardia, se encontraban, tanto el capitán Jáuregui y su guía Ali como, un poco más alejado, el coche-radio que quedó averiado y no pudo seguir al capitán.
En momento del ataque a los dos pelotones de vanguardia Jáuregui, que se encontraba próximo, le dijo por radio al comandante «No puedo seguir hablando, viene un grupo de moros hacia mí». El coronel Mulero, jefe de tropas del Sahara, que también escuchaba las conversaciones desde El Aaiún, al oír este comunicado dispuso que saliera inmediatamente una compañía de la IV Bandera de las posiciones defensivas de El Aaiún, con repuestos de automóviles, para comunicar al comandante la orden de «romper el contacto y regresar a El Aaiún».
El capitán Jáuregui y el guía Ali fueron de los primeros en morir en una lucha cuerpo a cuerpo. Por su parte, el 3er pelotón de Fadrique, que desde la loma situada a retaguardia intentaba apoyar a los dos pelotones adelantados, también recibió fuego y murió su jefe, el cabo 1º Sánchez Barbosa. Tomó el mando el cabo Del Corral.
Mientras tanto, los dos pelotones de vanguardia, cada vez con más bajas, se establecieron en defensiva y en repetidas ocasiones rechazaron los ataques de los rebeldes. Sus bajas iban en aumento. Murió el jefe de uno de los pelotones (cabo 1º Valle) y fue herido el del otro (sargento Jiménez Vega). El brigada, que desde el principio intervino en la lucha como jefe de la sección y como simple combatiente, fue herido dos veces, una en el hombro y otra en el oído izquierdo. Ante la noticia que le trajo el enlace de que el capitán había muerto, y tras un largo combate agotador, con más de un cincuenta por ciento de bajas, decidió el repliegue de los supervivientes.
Para llevarlo a cabo, se necesitaba el sacrificio de al menos dos legionarios que protegieran la evacuación de heridos y resto de supervivientes. Fadrique -a sabiendas del riesgo que para su propia vida ello suponía- optó por quedarse él personalmente con la ayuda de un legionario voluntario, Maderal Oleaga. Ambos eran conscientes de que seguramente tendrían que entregar sus vidas para salvar la de sus compañeros.
Para aumentar su potencia de fuego se apropiaron de un fusil ametrallador y varias granadas de mano. Tomaron posiciones y Fadrique dio la orden de iniciar el repliegue.
Los que se replegaban a retaguardia también recibieron el apoyo por el fuego del 3er pelotón. Cuando en ocasiones se giraban para ver el estado del brigada y del legionario que protegían su retirada, observaron el arrojo y valor de ambos mientras repelían los continuos ataques del enemigo. Luego vieron que sólo quedaba en pie el brigada, que resistía a pesar de ser herido en diferentes partes de su cuerpo, hasta que los supervivientes, emocionados, escucharon a lo lejos un «¡Viva España!», gritado por Fadrique antes de morir.
Cuando el día 14 fueron a recoger los cuerpos de los muertos encontraron los cadáveres del brigada Fadrique y del legionario Maderal horriblemente mutilados. A Maderal le faltaba la mitad de la cabeza. Fadrique mantenía apretada en la mano una granada que no tuvo tiempo de lanzar. Los rebeldes se ensañaron con los dos héroes que defendieron caras sus vidas mientras protegían el repliegue de sus compañeros. Las grandes manchas de sangre que permanecían en derredor de los cadáveres eran una clara muestra de las bajas enemigas producidas, retiradas por las bandas, pero que habían dejado su huella.
Refuerzo de la 2ª compañía/IV Bandera. Fin del combate
La IV Bandera designó a la 2ª compañía (capitán Morejón) para reforzar a la XIII Bandera. La 2/IV marchó, conducida por guías del teniente Aguilar, hasta donde se encontraba el comandante Rivas a quien Aguilar le comunicó la orden del coronel Mulero de romper el contacto y volver a El Aaiún. Pero en ese momento la bandera se encontraba empeñada con sus unidades en un sólo escalón, con muchas bajas, fijada por un intenso fuego enemigo, sin poder moverse. Además, el comandante, en cumplimento del credo legionario de “no abandonar a un hombre en el campo hasta perecer todos” no podía cumplir la citada orden.
Rivas ordenó a Aguilar vigilar con sus policías la retaguardia y a Morejón que cubriera con su compañía el flanco sur de la bandera. Posteriormente le dijo que realizara un reconocimiento del fondo de la Saguia para recuperar heridos y cadáveres. La 2ª/IV inició la exploración y divisó el coche radio destrozado y la posible baja del capitán Jaúregui, junto con varios componentes muertos de su unidad, pero la zona estaba muy batida por las armas automáticas enemigas. Murió en el intento del rescate el cabo 1º Flores y fue herido el cabo Ortiz (murió poco después). También el cabo 1º Aguirre-Goitia intentó, con cuatro legionarios voluntarios, rescatar el cadáver del capitán Jáuregui, pero fue imposible por la intensidad del fuego enemigo.
Durante esa noche del 13 al 14 la XIII Bandera, más la 2ª7IV, se establecieron defensivamente en la altiplanicie en círculo alrededor de los vehículos.
Al amanecer del día 14, la XIII Bandera, reforzada con la 2ª/IV, inició un ataque con un dispositivo de frente estrecho y concentró sobre él todo el apoyo de fuego disponible. Pero el enemigo, durante la noche, había huido en dirección a Tafudart. Los legionarios de la 2ª/IV -menos fatigados que sus compañeros de la XIII- fueron los que más colaboraron en la recogida de los heridos (54) y muertos (43).
Los legionarios murieron cumpliendo el credo legionario de acudir al fuego, de morir en el combate con honor, de compañerismo, de no abandonar a sus muertos… Se concedió la Laureada al brigada Fadrique y al legionario Maderal. Respecto al capitán Jáuregui, con el valor reconocido por sus anteriores combates y veterano de la guerra civil y de la División Azul, al parecer no hubo testigos de su muerte y por eso no se le incoó un expediente para la concesión de la Medalla Militar o Laureada, pero por el estado de sus heridas al encontrar su cadáver se deduce que murió también heroicamente en una lucha cuerpo a cuerpo.
Pienso que el sacrificio de la XIII Bandera no fue debidamente valorado ni recompensado. Que a la XIII se la debería haber propuesto para una Laureada o Medalla Militar Colectiva o, como mínimo, a la sección del brigada Fadrique.
General de brigada (ret.) Vicente Bataller Alventosa
De la Asociacion Española de Militares Escritores
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