Ciclo II/26. » LA IA EN LAS FUERZAS ARMADAS»

La IA ¿el nuevo Marte de la guerra?
Carlos Javier Frías Sánchez
General de División del ET
Asociacion Española de Militares Escritores
Resumen
La aplicación de la Inteligencia Artificial (IA) es un factor crítico en el futuro de las operaciones militares. Sus capacidades crecen a gran velocidad y, con ellas, sus aplicaciones militares. Ya hoy la IA es imprescindible para automatizar múltiples actividades militares —desde el combate aéreo y antiaéreo hasta la optimización logística—, para el desarrollo de sistemas de armas autónomos y, especialmente, para materializar el concepto de «campo de batalla transparente».
Palabras clave: Inteligencia Artificial, vehículos autónomos, campo de batalla transparente, kill chain, kill web.
- Introducción
La aplicación de la IA a las actividades humanas es un fenómeno relativamente nuevo, también en el ámbito militar, pero ya condiciona decisivamente el desarrollo de los conflictos entre Estados avanzados. En una aproximación sencilla, la IA es una rama de la informática que busca desarrollar algoritmos capaces de simular capacidades humanas —aprendizaje, razonamiento, percepción, planificación— para que los ordenadores analicen datos y tomen decisiones de forma más o menos autónoma. Es importante recordar su carácter imitativo: simula capacidades que, en realidad, no posee.
A efectos de este trabajo, conviene distinguir tres grandes tipos de IA:
- IA de máquinas reactivas: optimiza problemas gobernados por reglas fijas y conocidas (como el ajedrez o el go), gracias a la capacidad de cálculo de los ordenadores.
- IA predictiva: detecta relaciones estadísticamente significativas entre datos de entrada y de salida, sin comprender su porqué. Los Large Language Models (LLM) —ChatGPT, Claude, Grok— son su exponente más avanzado.
- IA cognitiva o AGI (Artificial General Intelligence): comprendería la relación entre datos y tomaría decisiones por sí misma, de forma similar —o superior— a la inteligencia humana. Es todavía una concepción teórica, sin existencia real.
- La IA y sus usos militares
La IA de máquinas reactivas es una IA que no tiene memoria ni entiende el contexto. Solo reacciona ante una situación concreta siguiendo un conjunto de reglas predefinidas. Resulta útil para actividades sujetas a reglas físicas o matemáticas fijas: combate aéreo y antiaéreo, guerra electrónica, operaciones en el ciberespacio y logística, donde permite optimizar cálculos que antes exigían enormes esfuerzos humanos.
La IA predictiva implica el uso de análisis estadísticos para identificar patrones, anticipar comportamientos y prever próximos eventos. Los LLM (Large Language Models) son el ejemplo más conocido de este tipo de IA. Tiene aplicaciones crecientes. Una de las más relevantes es el análisis de inteligencia: convierte en información útil ingentes volúmenes de datos procedentes de múltiples sensores (empresas como Palantir son ejemplo de ello), función crítica para el «campo de batalla transparente». Este tipo de IA «aprende» mediante entrenamiento con bases de datos, de forma similar al corrector predictivo de un teléfono móvil, y es capaz de reconocer patrones —por ejemplo, en fotografías de reconocimiento— con una velocidad y un detalle imposibles para el analista humano. También permite la «fusión de datos» de múltiples sensores, eliminando duplicidades y ofreciendo una imagen casi en tiempo real del campo de batalla.
En realidad, durante gran parte de la Historia, el campo de batalla fue un espacio esencialmente desconocido para los jefes militares, por la escasez de medios de obtención de inteligencia (de ahí vienen conceptos como el de «la niebla de la guerra» de Clausewitz). Sin embargo, actualmente, en el conflicto de Ucrania —con decenas de miles de UAS y cientos de miles de teléfonos móviles— la masa de datos disponible supera la capacidad humana de procesamiento, y es la IA predictiva la que hace posible transformar esos datos en información útil, generando una auténtica «transparencia» del campo de batalla.
Otras aplicaciones militares relevantes de la IA predictiva son la guía de vehículos autónomos, la «democratización» de la precisión (poniendo armas guiadas de precisión al alcance de actores que antes no accedían a ellas), la influencia sobre la opinión pública adversaria a través del ciberespacio, y la detección de vulnerabilidades en dispositivos conectados a Internet con fines de ciberataque.
La IA cognitiva o AGI sería la que comprende la relación entre los datos de entrada y de salida y es capaz de tomar decisiones por sí misma. Este tipo de IA aún no existe, pero su desarrollo es previsible. Su empleo militar exigiría bases de datos completas, representativas y significativas sobre el fenómeno de la guerra, de las que hoy no disponemos: apenas existen unos 2.500 conflictos documentados a lo largo de 10.000 años de historia, con información a menudo incompleta, poco precisa y aún menos fiable. No obstante, esta limitación en los datos necesarios para aprender también afecta a los decisores humanos, por lo que no hay garantía de que un jefe militar humano actúe mejor que una futura AGI. Una vía prometedora es la generación de «datos sintéticos» mediante simulaciones, aunque estos nunca podrán sustituir por completo a la experiencia real, dada la dificultad de parametrizar elementos como la moral o la «fricción» de Clausewitz.
En los conflictos actuales de Ucrania, Gaza e Irán, el espacio de batalla es ya «transparente», gracias a miles de sensores de todo tipo. El combate se articula como una cadena de fuegos o «kill chain», cuyas etapas siguen el acrónimo F2T2EA (Find, Fix, Track, Target, Engage, Assess), en las que la IA de máquinas reactivas y la predictiva resultan fundamentales.
- «Kill chains» y «kill webs»
Gracias a la multiplicación de sensores y al abaratamiento de los sistemas de guiado, casi todo lo que se despliega en el campo de batalla puede ser detectado y atacado con precisión. El proceso de destrucción de objetivos («targeting») se organiza mediante «kill chains», procesos que se articulan en los siguientes pasos: Find (detectar), Fix (localizar), Track (seguir), Target (priorizar objetivos), Engage (atacar) y Assess (evaluar el resultado).
Hasta los años 90, cada una de estas fases era lenta y dependía de medios escasos; completar una «kill chain» solía requerir unas 72 horas para un Cuartel General bien adiestrado de la OTAN. Sin embargo, entre el fin de la Guerra Fría y el inicio de la guerra de Ucrania se ha producido el mayor avance tecnológico de la historia, y la forma de ejecutar esta «kill chain» se transformó radicalmente. La multiplicación de sensores disponibles —satélites civiles, UAS y teléfonos móviles— llevó a Ucrania a disponer de elementos de obtención de inteligencia que no existían previamente. Inicialmente, dadas las dificultades de manejar la enorme masa de información obtenida, los ucranianos descentralizaron el control de su «kill chain» a nivel de Brigada, dividiendo (y reduciendo) los datos a analizar, logrando comprimir su duración desde 72 horas hasta apenas unos minutos. Sin embargo, las acciones de cada Brigada eran muy difíciles de coordinar con las demás, y el alcance de los sensores disponibles era muy limitado (empleaban normalmente drones comerciales de prestaciones reducidas). Poco después, la empresa Palantir aportó software especializado en la integración de información procedente de un número casi ilimitado de sensores, transformando las pequeñas «kill chains» ucranianas de nivel Brigada en una gran «kill web»: cualquier vector de fuego puede actuar con datos de cualquier sensor, gracias a la IA y a la conectividad satelital de Starlink. Israel emplea herramientas similares (Lavender, Pillar of Fire, Habsora), en una arquitectura similar.
Esta «kill web» podría operar con mínima o nula intervención humana. Como la actuación humana ralentiza el proceso, existe un poderoso incentivo para otorgar cada vez más autonomía decisoria a la IA, lo que suscita debates filosóficos y morales de enorme trascendencia sobre el papel del ser humano («man in the loop») en la decisión de emplear la fuerza.
- Conclusiones
La IA ya no es el futuro del ámbito militar: es su presente, y se convertirá progresivamente en una capacidad imprescindible. Otorga hoy una ventaja decisiva a quien la posee, al permitir alcanzar la «transparencia» del campo de batalla mediante sensores y efectores, condición vital para la victoria en los conflictos actuales. Sin IA, ningún equipo humano podría gestionar el volumen de información generado por los sensores modernos, ni sería viable una operación como las que se desarrollan hoy en Ucrania o en Irán.
Y esto contando únicamente con IA de máquinas reactivas y predictiva. Cuando se desarrolle una AGI, su influencia en la actividad militar será previsiblemente mayor, más decisiva y, probablemente, más preocupante. Los debates éticos y morales sobre el empleo de la IA con fines letales —que sustenta ya hoy la propia existencia de la «kill web»— siguen sin resolverse, y de que se alcance un acuerdo transversal entre los Estados de la sociedad internacional puede depender, en buena medida, el futuro de la Humanidad.
