CICLO I /26 DE AEME «CHINA EN LA NUEVA ERA GEOPOLITICA»

UNA NUEVA OTAN PARA UNA NUEVA ERA
Se considera que fue Aristóteles quien resumió el principio general de la filosofía holística al escribir, en su tratado de metafísica, que el todo es mayor que la suma de sus partes. También los milesios y los atomistas griegos, como Demócrito y Epicuro, plantearon sistemas filosóficos en los que el universo era percibido como un todo, en el que lo material y lo espiritual formaban parte de un conjunto integrado. Ludwing Von Bertalanffy modernizó este concepto, en la segunda mitad del siglo XX, desarrollando la teoría general de sistemas.
En esta primera mitad del siglo XXI estamos inmersos en una nueva era geopolítica a la que se la puede llamar geopolítica holística. En realidad, el holismo actual es la posición opuesta al método cartesiano, el cual afirma que el análisis de las partes es suficiente para comprender el todo. Hasta hace muy poco se consideraban diferentes regiones geopolíticas en distintos lugares mundiales, cada una de ellas respondiendo a una serie de relaciones de poder en su zona de influencia. Hoy en día, la geopolítica es universal, no cabe tratarla de forma particularizada en una región ya que la dinámica del poder contempla al mundo permanentemente como un todo único.
En este mundo holístico aparecen dos factores geopolíticos clave que van a tener un protagonismo fundamental en la configuración del nuevo orden mundial que se avecina y donde, las dos superpotencias, Estados Unidos y China, con sus respectivos socios y aliados, lideran un enfrentamiento entre las fuerzas geoestratégicas democráticas y las fuerzas geoestratégicas autoritarias. Uno de los factores es el energético – el cierre del Estrecho de Ormuz lo demuestra – en el que parte como favorito el lado democrático y el otro lo constituyen las tecnologías disruptivas encabezadas por la inteligencia artificial en el que las capacidades de ambas partes se hallan equilibradas.
La política estadounidense, con su autosuficiencia energética, está aprovechando esta oportunidad para posicionarse como primus inter pares en el equilibrio estratégico global frente a su rival sistémico, China, cuya economía está sedienta del recurso energético. De ahí su actuación en Venezuela, en los países del Golfo y en Irán todos ellos suministradores de energía a Pekín. En el campo de la inteligencia artificial (IA), EEUU sigue dominando la potencia de computación necesaria para entrenar nuevos modelos de IA de vanguardia en tanto que los semiconductores más avanzados son producidos por Nvidia con sede en Silicon Valley.
Es en este nuevo marco de la geopolítica holística donde se encuadra el futuro de la OTAN ante la próxima Cumbre de la Alianza de los próximos días 7 y 8 de julio, en Ankara. La situación estratégica internacional ha cambiado profundamente. Es cierto que las ambiciones del presidente estadounidense sobre el Canal de Panamá, Groenlandia, Canadá, Venezuela o Cuba, junto a su ambigüedad en el apoyo a Ucrania, su actuación en la guerra en Gaza o la intervención en la guerra contra Irán, acompañado de Israel, sin haber consultado con sus aliados, ha provocado la rotura del orden internacional establecido por Estados Unidos al final de la II Guerra Mundial.
Pero también es verdad que la OTAN se enfrenta a una serie de desafíos en el ámbito internacional que van desde la amenaza rusa hasta la rivalidad y competencia estratégica entre las superpotencias, las grandes potencias y las potencias emergentes, pasando por la carrera armamentística, la proliferación nuclear, el resultado de los grandes dilemas geopolíticos o el dominio de las tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial y la computación cuántica.
A mayor abundamiento, la OTAN también afronta desafíos internos que ponen en cuestión su cohesión y la capacidad de actuación, ya sea por la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea que se ha enfriado en los últimos tiempos o ya sea por la diversidad de intereses de los propios países europeos que dificultan mucho las decisiones y la coordinación de esfuerzos.
En la reunión de ministros de Exteriores de la OTAN en Helsingborg, Suecia, del pasado 22 de mayo, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró que Estados Unidos sigue planeando la reducción de su presencia militar en Europa, noticia que ya era esperada por los gobiernos europeos reconociendo que el país del Mississippi tiene que hacer frente a otras amenazas en otros lugares del mundo. También manifestó que los movimientos de tropas responden a una constante necesidad de “reevaluar donde despliegan tropas”.
En la misma reunión, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, insistió que la trayectoria de la Alianza Atlántica a largo plazo continúa siendo la de ser menos “dependiente” de Washington, señalando que los países europeos están “preparados” para una reducción de la presencia estadounidense en Europa, aunque remarcó la necesidad de que ese proceso se dé “con tiempo” y “de forma estructurada”.
Con independencia de que el presidente Donald Trump tiene dificultades en el sistema político estadounidense para abandonar la OTAN ya que necesitaría una ley aprobada por el Congreso o el respaldo de dos tercios del Senado, lo cierto es que en el actual panorama geopolítico internacional que se ha expresado más arriba, lo último que le interesa a Estados Unidos es dejar a los aliados europeos que le garantizan la paz y seguridad en el occidente de Asia. En román paladino, Trump se irá y la OTAN permanece.
La amenaza de Rusia permanece intacta como lo demuestra no solamente los ataques continuos a Ucrania sino también la respuesta de Putin a la carta de Zelenski del pasado jueves proponiendo una reunión entre ambos líderes. Despreció la misiva e insistió que sus fuerzas conquistarán toda la región de Donbás sin renunciar a la capitulación de Ucrania. En su retórica de estos días manifiesta que todos los lugares desde donde provenga una amenaza militar directa contra Rusia son objetivos legítimos, apuntando a los que apoyan a Kiev.
La nueva OTAN entra en una fase inédita ante la actual geopolítica holística caracterizada en Europa por una disminución de la presencia estadounidense, así como una creciente europeización de la defensa. Es preciso lograr un equilibrio entre las capacidades estadounidenses y las europeas para lo cual es imprescindible que la industria europea esté plenamente integrada. En esta nueva andadura la Alianza debe centrarse en evitar impulsos unilaterales de algunos miembros ya que lo más importante consiste en tratar cualquier tema antes en el Consejo Atlántico.
En esta OTAN del segundo cuarto del siglo XXI, la disuasión atómica seguirá siendo uno de los pilares centrales del compromiso estratégico de Washington con la seguridad europea. Su cohesión debe mostrarse claramente no solo en el apoyo a Ucrania sino también en el gasto y en una razonable distribución de capacidades. La reducción de la presencia estadounidense, ya asumida por los aliados europeos, debe realizarse de forma paulatina, eficiente, sólida y creíble. Todo ello se va a desarrollar en la nueva era geopolítica, holística, que nos acompañará en gran parte de este siglo XXI.
GD (R) Jesús Argumosa Pila. General de División del ET, r
Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores
Director de la Cátedra de Geopolítica y Estudios Estratégicos del EIIS.
