El Coronel del EA y E, r Adolfo Roldan Villen, publica este recuerdo de un héroe Catalan que participo en la gesta del Santuario de Santa Maria de la Cabeza, en Andújar, cuyo entrega de su propia vida en acto de servicio, es desconocida por muchos compatriotas.
Carlos Muntadas Salvadó Prim, duque de los Castillejos
Una estela funeraria en los terrenos del antiguo aeródromo de Sariñena (Huesca), recuerda al duque de los Castillejos. La estela dice así: «Aquí cayó con otros compañeros el 14 de septiembre de 1937, luchando por Dios y por España el capitán voluntario de Aviación Carlos Muntadas S. Prim, duque de los Castillejos, nacido en Barcelona en enero de 1901». Carlos Muntadas Salvadó Prim Muntadas y
Golferichs, II duque de los Castillejos nació en Barcelona en enero de 1901. Sus padres, Carlos Muntadas y Muntadas y Concepción Salvadó Prim, pertenecían a la burguesía catalana y eran dueños de la empresa España Industrial y propietarios, entre otros bienes del Monasterio de Piedra de Nuévalos (Zaragoza).
Por parte materna hereda los títulos del ducado de Prim y de los Castillejos, al ser su madre sobrina de Isabel Prim y Agüero I, duquesa de Prim, grande de España.
Como ingeniero industrial, estudió en la Escuela Central de Ingenieros Industriales, estuvo vinculado al Banco Zaragozano como consejero y a la España Industrial como empresario.
Muy aficionado a los deportes, era socio y atleta del Club Deportivo Español con el que participaba en campeonatos de primer nivel. Asimismo, como aficionado a la aviación, muy joven, en 1932, fue nombrado tesorero del Aero Club de Cataluña. Un año más tarde en la de Aviación Barcelona, efectuó los vuelos para conseguir el título de piloto privado de Aviación.
Generalmente los pilotos civiles que obtenían el título, posteriormente volaban muy poco, pues no había posibilidades, al no disponer de avión propio y ser muy elevado el coste de la hora de vuelo. Sin embargo, la Escuela Barcelona, durante 1934, facilitó que pudieran volar algunos pilotos a un coste razonable y Carlos Muntadas se sumó a esa lista y pudo seguir entrenándose durante ese año.
Su vocación aeronáutica y sus deseos de volar hacía que en cuantas demostraciones de aviones que realizaban las fábricas como propaganda Muntadas siempre se apuntaba a algún vuelo. Así, el 11 de mayo de 1935, cuando el piloto francés Baurier efectuaba en Barcelona una demostración de un nuevo
avión Caudron Pelikan, consiguió participar en un vuelo de exhibición. Y lo mismo hizo el 26 de mayo en la demostración del bimotor Monospar y en junio, cuando se presentó el avión de turismo americano Beechraft Jacobs, de 4 plazas enteramente metálico.
En 1935 con el piloto civil Salvador Fábregas adquirió una avioneta Monospar del mismo modelo que la exhibida poco antes en Barcelona. El 18 de julio de 1936, se celebró el Rally Internacional del País Vasco, organizado por el Aero Club de Francia y con el recorrido Barcelona-Biarritz y en el que
participaron pilotos de la mayoría de los países europeos. Por el Aero Club de Cataluña participaron Juan Balcells y Carlos Pérez en una avioneta Moth- Gipsy 95 y Salvador Fábregas y Carlos Muntadas con la avioneta de su propiedad Monospar-Pobjoy 150. Ganaron la prueba el dúo Balcells y Pérez.
Estos pilotos al regresar a la Ciudad Condal se encontraron una ciudad en pie de guerra. Había comenzado la gran tragedia.
Con el inicio de la guerra, Carlos Muntadas se alista como voluntario de aviación en el bando franquista y pasa con su avioneta a zona sublevada, donde realiza en los primeros días de la contienda servicios de enlace en el bando nacional, de gran trascendencia en aquellos momentos confusos.
Incorporado a la aviación nacional comienza a realizar servicios de vuelo y así vemos como el 17 de agosto de 1936, acompañando al capitán Ángel Salas, vuela a Vitoria para hacerse cargo de un trimotor Fokker XII, cuyo piloto polaco se negó a volar. Salas y Muntadas se subieron a la cabina, aprendieron lo poco que pudieron para iniciar el despegue y poco después salían para dirigirse al aeródromo
de Gamonal (Burgos).
Ascendido a teniente de complemento de aviación, pasa a formar parte del 1º Grupo español de vuelos nocturnos y entre enero y abril de 1937, Carlos Muntadas junto a los aviadores Carlos Haya y el ruso blanco teniente Vsevolod Marchenco Larinof, participa en el aprovisionamiento de víveres a las personas refugiadas en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, enclave situado en el parque natural de
Andújar, en el paraje denominado cerro Cabezo, provincia de Jaén.
Asimismo, volando con Haya y Marchenco, en aviones DC-2, Savoia 81 y principalmente Junkers JU-52, realiza misiones de reconocimiento, bombardeo nocturno a las fuerzas que rodean el Santuario, lanzamiento de obuses, morteros, ametralladoras y munición, y principalmente víveres para la subsistencia de los héroes defensores, que al mando del capitán de la Guardia Civil Santiago Cortes
González permanecían rodeados por las fuerzas del Ejército Republicano En septiembre de 1937, ya destinado en el aeródromo de Zaragoza, se inician los bombardeos nocturnos de los aeródromos del enemigo.
En la noche del 14 al 15 de septiembre de 1937, tocó el turno de bombardear los aeródromos de Sariñena (Huesca) y Bujaraloz (Zaragoza). En esta época todavía estaban en Zaragoza los dos grupos de Junkers JU-52. Para cumplimentar esta misión despegaron dos aviones, el primero pilotado por los jefes de Grupo E. González Gallarza y Haya (Carrillo que era el otro jefe estaba ausente); y el segundo avión pilotado por Muntadas y Marchenco. Completando la tripulación de este segundo avión, además de los pilotos citados, iban el sargento artillero ametrallador José Ramón Blasco Lavín, el alférez Abelardo Carazo Calleja, el mecánico sargento Federico Romero y el cabo operador de radio Ángel Aparicio Velasco.
En su segunda acción de bombardeo y cuando todo parecía iba a transcurrir con la misma tranquilidad que en la anterior actuación, antes de alcanzar su objetivo, a mitad de camino de su destino, es avistado por las tropas republicanas que estaban en la sierra de Alcubierre, que avisan al aeródromo de Sariñena. Allí despega un avión Polikarpov I-15 «Chato», pilotado, según unas informaciones, por el ruso Eugene Yakushin y, otras fuentes, por Ivan Trofimovich Eremenko, que consiguen derribar el Junkers-52 de Muntadas.
En el derribo Muntadas, Marchenko, Carazo, Romero y Aparicio fueron muertos y abatidos esa misma noche, y solo se salvó el cabo Blasco que tras una odisea digna de contar llegó a la zona nacional.
En 1940, a Carlos Muntadas se le concedió la Medalla Militar Individual, y Alemania le condecoró también a título póstumo con la Cruz del Águila (1942).
Sus restos mortales fueron trasladados, en 1938, desde Sariñena al Panteón que la familia Muntadas tiene en el Monasterio de Piedra.
Adolfo Roldán Villen
Academia de las Ciencias y las Artes Militares (Sección Diccionario Biográfico Militar);
De la Asociacion Española de Militares Escritores
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Fuente:
https://www.acami.es/wp-content/uploads/2025/02/Carlos-Muntadas-Salvado-Prim-web.pdf