
CAOS EN APLICACIÓN PACTO EEUU-IRAN
El pasado día 19, hace ya 20 días, se firmó el Memorandum de Entendimiento (MoU) entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán, considerado como un marco de acuerdo que abre una nueva etapa de negociaciones. El MoU permite a las dos partes prepararse para iniciar las conversaciones con el objeto de aplicar el memorando en un plazo estimado en 60 días.
Desde entonces, se han realizado diferentes ataques israelíes contra el sur del Líbano, el último el pasado sábado día 27, que han causado un elevado número de víctimas en las milicias de Hezbollah. Simultáneamente, se han desarrollado ataques recíprocos
entre Estados Unidos e Irán, los últimos este pasado fin de semana, anulando la apertura del estrecho de Ormuz realizada anteriormente. Tanto el alto el fuego en el Líbano como la apertura del estrecho de Ormuz constituyen puntos centrales del MoU, por lo que su incumplimiento pone en peligro el frágil acuerdo alcanzado el pasado día 19 entre los dos países.
El pasado 28 de febrero, cuando se inició la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, los objetivos que marcó Estados Unidos eran, principalmente, cuatro: eliminar a la cúpula del régimen teocrático persa, destruir el programa nuclear iraní, impedir que Irán siguiera apoyando a sus diferentes milicias proxis en Oriente Medio y aniquilar el sistema de misiles balísticos, incluyendo los hipersónicos, de Irán. De hecho, no se ha conseguido ningún objetivo ya que la eliminación de la cúpula del régimen iraní ha sido sustituida por otra posiblemente más radical. Es cierto que, desde el punto de vista operativo la operación ha sido un éxito, pero también es verdad que en el nivel estratégico se considera que ha fracasado.
El citado memorando, que pretende poner fin al conflicto de 2026, si se llega a cumplir, tendrá unas repercusiones geopolíticas potenciales muy amplias y afectan tanto a Oriente Medio como al sistema internacional. En síntesis, el acuerdo establece un alto el fuego, la reapertura del estrecho de Ormuz, negociaciones sobre el programa nuclear iraní y un proceso gradual de alivio de sanciones.
Uno de los impactos más inmediatos es lograr la estabilidad en Oriente Medio, así como la reducción del riesgo de una guerra regional más amplia. El memorando contempla el cese de hostilidades entre Estados Unidos e Irán y también busca disminuir la tensión en escenarios vinculados, como el Líbano y las rutas marítimas del Golfo. Asimismo, los posibles efectos se traducen en un menor riesgo de enfrentamientos directos entre Irán y los actores respaldados por los EEUU, una disminución de la amenaza sobre el tráfico marítimo en el Golfo Pérsico y mayores opciones para negociaciones diplomáticas regionales.
En relación con las consecuencias geoeconómicas de la reapertura y seguridad del estrecho de Ormuz, que constituye una de las rutas energéticas más importantes del mundo, el acuerdo supone una reducción de la prima de riesgo en los mercados energéticos, una mayor estabilidad para importadores de petróleo y gas en Europa y Asia, así como una menor presión inflacionista derivada de los shocks energéticos.
Otra importante repercusión lo conforma el impacto sobre los precios del petróleo puesto que los mercados reaccionaron inicialmente con caídas de los precios del petróleo ante la expectativa de menor riesgo geopolítico y posible aumento de exportaciones iraníes.
En relación con la cuestión nuclear, el acuerdo no resuelve definitivamente el problema nuclear iraní, aunque es verdad que abre una fase de negociación de 60 días. En este asunto, la única solución aceptable sería limitar el programa nuclear para que solamente se desarrolle para usos civiles, todo ello bajo supervisión internacional. En otro caso, aparecería un retorno de sanciones, tensiones militares y el riesgo de una nueva escalada.
En cuanto a la reconfiguración de alianzas regionales, el acuerdo puede alterar los cálculos estratégicos de varios actores ya que Israel podría observar con cautela cualquier alivio de presión sobre Irán. Arabia Saudí y otros Estados del Golfo podrían combinar la cooperación con Estados Unidos con una diplomática más pragmática hacia Teherán, China podría beneficiarse de una mayor estabilidad energética y Rusia podría perder parte de su capacidad de crear crisis como elementos de influencia geopolítica.
Si las sanciones se reducen gradualmente, Irán podría incrementar su producción y exportación de crudo, se beneficiarían países consumidores como China, India y varios Estados europeos y podría verse parcialmente reducida la influencia energética de otros productores.
Trump a la hora de exigir a Netanyahu que pare sus ataques contra Hezbollá en el Líbano, se encuentra con un difícil dilema. Por un lado, puede obligar a Netanyahu a no atacar a Hezbollá al dejar de abastecer en armamento y munición a Israel sin lo cual Tel Aviv no puede continuar con la guerra. Pero por otro, el lobby judío en Estados Unidos, que es vital para el apoyo a Trump en las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre, tiene la opción de anular dicho apoyo.
A falta de un análisis más profundo y de los diferentes incidentes y tensiones que se están sucediendo desde la firma del acuerdo, a corto plazo, el memorando parece favorecer la desescalada militar, la estabilidad energética y la apertura de negociaciones nucleares. A medio y largo plazo, su éxito dependerá de si las partes logran transformar este acuerdo provisional en un tratado más sólido, creíble y verificable. El principal riesgo es que las ambigüedades del texto provoquen interpretaciones divergentes y una nueva crisis si las negociaciones fracasan.
Para ser pragmáticos, Estados Unidos está siendo superado por Irán en la estrategia de las negociaciones. Si leemos en detalle las condiciones del memorando, constituyen una victoria para Irán y un revés para Estados Unidos.
Lo cierto es que, hasta ahora, el pacto parece no haber dado ningún fruto. Ni Irán ha abierto por completo el estrecho de Ormuz, como pedía Estados Unidos, ni Israel ha retirado sus tropas militares del sur del Líbano, como exigía Irán. Ni Hezbollah ha entregado su armamento como solicitaba Israel. Las consecuencias geopolíticas señaladas tendrán que esperar.
En definitiva, el cumplimiento del memorando está en manos de Irán ya que el régimen teocrático no tiene tanta prisa como Trump para cerrar Ormuz al mismo tiempo que el país persa gana prestigio como potencia regional en el laberinto bélico de Oriente Medio. Para Estados Unidos, está suponiendo una pérdida de credibilidad regional e internacional. Una mala noticia para Occidente.
GD (R) Jesús Argumosa Pila. General de División del ET, r
Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores
Director de la Cátedra de Geopolítica y Estudios Estratégicos del EIIS.
