CANARIAS, FRONTERA AVANZADA I
Las Islas Canarias ocupan una posición estratégica singular dentro del sistema de seguridad español, europeo y de la Alianza Atlántica. Situadas en el Atlántico oriental, en la intersección natural entre Europa, África y América, las islas constituyen un nodo geográfico de comunicaciones marítimas y aéreas cuya relevancia excede ampliamente su dimensión territorial. Canarias no representa únicamente un espacio insular periférico, sino una auténtica plataforma avanzada desde la que se proyecta la presencia española hacia el Atlántico medio y el África occidental.
Desde esta perspectiva, el archipiélago puede entenderse también como la puerta atlántica del Estrecho, es decir, como el punto desde el cual España puede vigilar y contribuir al control del único espacio global —un auténtico global common— cuya supervisión estratégica le corresponde de forma directa: el eje Atlántico-Estrecho-Mediterráneo. Incluso en un contexto condicionado por la presencia británica en Gibraltar y por la creciente influencia marroquí en la costa norteafricana, Canarias proporciona profundidad estratégica y continuidad oceánica a la acción geopolítica española.
La importancia esratégica del archipiélago se ha visto reforzada en las últimas décadas por factores emergentes. Entre elltos destaca la existencia del monte submarino Tropic, al suroeste de las islas, rico en telurio y cobalto, minerales críticos para la transición tecnológica y energética global. La posible explotación futura de estos recursos sitúa a Canarias en el centro de una competencia estratégica creciente por el control de espacios marítimos y fondos oceánicos.
En este contexto deben entenderse la iniciativa presentada por España ante las Naciones Unidas en 2014 para ampliar los límites de su plataforma continental al oeste del archipiélago, así como la aprobación unilateral por parte de Marruecos en 2020 de leyes destinadas a extender su Zona Económica Exclusiva e incorporar aguas adyacentes al Sáhara Occidental. Aunque estas últimas y unilaterales medidas carezcan de reconocimiento jurídico internacional pleno, su aplicación práctica introduce un elemento adicional de presión estratégica en el entorno inmediato del archipiélago.
La dimensión militar de esta realidad se refleja igualmente en el creciente protagonismo del área sahariana y atlántica en ejercicios militares internacionales, particularmente en maniobras conjuntas entre Marruecos y Estados Unidos en las que participan fuerzas de la OTAN, configurando un escenario regional donde el archipiélago aparece como pieza geográfica central pese a la limitada participación española en dichos ejercicios. Todo ello refuerza la percepción histórica expresada por el almirante Carrero Blanco, quien consideraba el Sáhara Occidental como la retaguardia estratégica natural de las islas.
Por todo lo anterior, la defensa de Canarias debe analizarse desde la lógica de una frontera avanzada y debe plantarse su seguridad teniendo en cuenta no solo la protección del territorio insular, sino el control efectivo de los espacios marítimo y aéreo circundantes. Desde la lógica de la preservación de la profundidad estratégica atlántica y de la capacidad de responder con rapidez ante crisis regionales en las que aparece un fenómeno contemporáneo que modifica el concepto clásico de profundidad defensiva: la presión migratoria irregular y desordenada, que introduce factores de inestabilidad interna y reduce, al menos parcialmente, la separación tradicional entre frente exterior y espacio interior.
En consecuencia, aunque el archipiélago dispone de presencia militar permanente y estructuras específicas de mando y control, la credibilidad de su defensa exige evaluar si los medios actuales resultan proporcionales a su creciente valor estratégico. Canarias no es un territorio marginal, sino una pieza clave de los intereses geopolíticos españoles, cuya protección futura requerirá, muy probablemente, reforzar capacidades de negación de área (A2/AD), mejorar la movilidad interinsular y consolidar una arquitectura defensiva capaz de garantizar disuasión efectiva en esta parte del Atlántico oriental.
Así pues, la defensa de las Islas Canarias sólo puede comprenderse plenamente si se analiza el archipiélago no como un conjunto aislado de islas, sino como un sistema estratégico integrado dentro de un espacio geopolítico más amplio que abarca el Atlántico oriental, el entorno sahariano y el eje marítimo que conecta el Estrecho de Gibraltar con las rutas transatlánticas. Canarias constituye así una posición avanzada cuya relevancia deriva menos de su territorio emergido que del espacio marítimo y aéreo que la rodea.
Desde una perspectiva operativa, el archipiélago forma parte de una continuidad estratégica que enlaza cuatro dimensiones inseparables. Por un lado el acceso atlántico al Estrecho y las rutas hacia el Mediterráneo y las líneas de comunicación marítima entre Europa, África occidental y América. Por otro, el espacio sahariano como profundidad geográfica inmediata y los fondos oceánicos circundantes, cada vez más relevantes por sus recursos minerales y energéticos.
Esta configuración convierte a Canarias en un punto de observación y control privilegiado sobre flujos comerciales, energéticos y humanos que atraviesan uno de los corredores marítimos más transitados del hemisferio occidental. La defensa del archipiélago, por tanto, no puede limitarse a la protección del territorio insular, sino que implica la vigilancia y, llegado el caso, la negación del uso del espacio marítimo circundante a actores hostiles.
La condición de archipiélago introduce además un rasgo esencial: la fragmentación física del territorio obliga a concebir la defensa como un problema de movilidad y conexión permanente entre islas. Ninguna posición individual resulta decisiva por sí misma; lo determinante es la capacidad de actuar como un sistema coordinado.
Tradicionalmente, la distancia respecto al continente europeo se interpretaba como un elemento de seguridad pasiva. Sin embargo, la evolución del entorno regional obliga a reinterpretar el concepto de profundidad estratégica. La estabilidad del espacio sahariano, las disputas sobre delimitaciones marítimas y la creciente competencia por recursos oceánicos reducen la separación efectiva entre Canarias y los focos potenciales de tensión.
A ello se añade un fenómeno contemporáneo que altera los esquemas clásicos de defensa: la presión migratoria irregular. Más allá de su dimensión humanitaria o política, este fenómeno introduce una variable estratégica adicional al difuminar parcialmente la distinción entre exterior e interior, generando situaciones en las que elementos de inestabilidad pueden encontrarse ya dentro del propio territorio antes incluso de producirse una crisis convencional. La profundidad estratégica deja así de ser exclusivamente geográfica para adquirir también una dimensión social y operacional.
En consecuencia, la defensa del archipiélago no puede basarse únicamente en la distancia o en el control marítimo y aéreo. Resulta imprescindible disponer de fuerzas terrestres capaces de asegurar el territorio, mantener la estabilidad interna y responder a acciones limitadas de fuerza que busquen crear hechos consumados antes de la llegada de refuerzos.
La geografía canaria no presenta un nivel homogéneo de exposición estratégica. Las islas orientales, especialmente por su proximidad al continente africano y por sus características costeras, constituyen el sector más sensible desde el punto de vista operativo. La escasez de puertos naturales en determinadas zonas, unida a amplios tramos de litoral abiertos al Atlántico, no elimina la posibilidad de acciones anfibias limitadas o infiltraciones marítimas, sino que condiciona el modo en que podrían desarrollarse.
Esta realidad refuerza la necesidad de una presencia militar distribuida que permita vigilancia permanente, reacción inmediata y capacidad de contención inicial. El objetivo no sería derrotar por sí sola una amenaza de gran entidad, sino impedir la consolidación rápida de cualquier acción hostil y ganar el tiempo necesario para la activación del conjunto del sistema defensivo nacional que desarrollaremos más adelante y que explica por qué la organización militar en Canarias se articula en torno a tres necesidades complementarias que estructuran el resto de este análisis:
- Presencia terrestre permanente, orientada a la vigilancia continua y a la estabilidad inicial del territorio, materializada en el Mando Operativo Terrestre.
- Superioridad y movilidad aérea, no sólo mediante aviación de caza y de apoyo al rescate, sino también mediante capacidad de transporte táctico que permita reforzar rápidamente islas concretas.
- Control marítimo y capacidad de negación de área, esenciales para impedir el uso del entorno oceánico como vía de presión estratégica.
Fernando Alejandre Martinez
General de Ejercito, r Fue JEMAD en el periodo 24/03/2017 –17/01/2020.
De la Asociacion Española de Militares Escritores
Vicepresidente de la Fundación Arte e Historia Ferrer- Dalmau

