LA “OKUPACION” DE LOS ORGANOS TECNICOS DEL ESTADO. General Martinez isidoro

 

 

 

 

LA “OKUPACION” DE LOS ORGANOS TECNICOS DEL ESTADO

 

Ricardo Martinez Isidoro
General de División, r del ET
Presidente de la Asociacion Española de Militares Esritores.

 

El valor, para la Sociedad, de los órganos técnicos del Estado reside en su carácter eminentemente realista para enjuiciar las situaciones y gestionar soluciones a través de una conveniente gestión de los recursos disponibles de todo tipo; para ello precisan de una condición indispensable, su independencia.

La diagnosis de una situación, o la investigación de un acontecimiento, no pueden ser analizadas desde una posición política, ausente de técnica, y mucho menos cuando no se pretende solucionar las causas del evento sino salvar la opción ideológica de sus responsables.

La técnica es muy variable, no se trata ya solamente de aspectos tecnológicos profundos, se centra en la reunión organizada de expertos, que con permanencia se dedican, de lleno, a una actividad en la que son ellos los que ostentan la verdad, o la mejor aproximación a la misma.

La intromisión de la política en la organización y funciones de los técnicos, sobre todo en la alta administración del Estado es cada vez más más frecuente e intolerable, tanto por lo referido como por los resultados obtenidos en esta verdadera “okupación”, que produce efectos nefastos, no hay más que enumerarlos.

Si comenzamos por Seguridad Nacional, su Departamento principal, del mismo nombre, es un órgano técnico que auxilia al Consejo en la determinación de los riesgos a los que deben atender todos los componentes de la Nación integrados en aquel concepto y, llegado el momento, recomendar oponerse a las amenazas consiguientes. La responsabilidad del Departamento consiste en reconocer, en libertad, todos aquellos elementos que puedan tener las connotaciones de riesgos y amenazas, presentarlos en el Consejo y defenderlos técnicamente como tales; la política comienza cuando el Consejo de Seguridad Nacional elige no considerar algunos, por cuestiones ajenas a factores objetivos, como puede suceder a menudo en relación con los potenciales golpes de estado en Cataluña, situación en el País Vasco, amenazas de Marruecos, alianzas parlamentarias con partidos con antecedentes terroristas que no condenan su antigua dedicación , etc; también, en su momento, sobre el número de contagios de la COVID 19, con anterioridad a la manifestación del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, del 2020.

Como consecuencia, el Servicio de Inteligencia Nacional (CNI), que depende funcionalmente, según la ley, del Presidente del Gobierno, recibe este influjo político a través de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia, compuesta por prácticamente todos los miembros del Gobierno, coordinados por una Vicepresidencia; en su seno se elabora la Directiva de Inteligencia, firmada por el Presidente una vez aprobada, y constituye la Orden de Operaciones para el Servicio.

Pero el CNI es un órgano eminentemente técnico, sus analistas llevan años siguiendo los riesgos y amenazas contra los intereses nacionales, y sería contraproducente que por un matiz político de su Directiva dejaran de ocuparse de alguno, cuando sea vital para la Seguridad Nacional, y de hecho es muy posible que así haya sucedido, contemplados otros factores de la política interior.

Las Fuerzas Armadas son órganos técnicos, y cada vez lo son más, sus misiones se deducen de la Constitución y de la Ley Orgánica vigentes, sus capacidades les hacen limitarse a aquellos cometidos para los que están adiestrados; sus medios y armamento están dimensionados para las diferentes operaciones militares, por eso son “la última ratio” del Gobierno de turno, cuando la situación aconseja emplear la fuerza.

Sin embargo, si se les modifican sus misiones, si se les sustituye su armamento, por simples defensas o por espray de defensa personal, si no se les dan órdenes acordes con su carácter y con los planes ampliamente testados en su adiestramiento, se estará empleando negativamente a las FAS, rebajando su moral, y poniendo en peligro su integridad, diluyendo la disuasión que podría representar una utilización correcta, al margen de la política, cuando esta guía erróneamente su empleo.

La Justicia, además de ser un Poder que se equilibra con los otros dos existentes, se basa en la aplicación de las leyes a la Sociedad en sus diferentes litigios; se precisa una independencia plena para desarrollar esta función en plenitud, sus componentes son técnicos, los jueces, y de ninguna manera deben detentar opciones políticas confesadas, ni integrase en órganos judiciales según su condición ideológica sino por su competencia procesal; escuchar denominaciones como, “Jueces para la Democracia”, después de prácticamente 50 años, no es el mejor indicio de su independencia, y esta es también vital.

Los sucesivos fallos estrepitosos en que España se ha visto involucrada en los últimos años tienen su origen también, en muchos casos, en la invasión de la política en los órganos técnicos “okupándolos” con políticos. Los episodios de los gravísimos accidentes de Adamuz y Urda, a medida que avanza la investigación, muy lenta en el primer caso, el perfil excesivamente político de los dirigentes y asesores de ciertos órganos, como los responsables de la infraestructura ferroviaria, con muy pequeñas excepciones, es indicio de una reducción de la composición técnica de sus staff y por tanto de una mayor dependencia de la opción política dominante origen de sus nombramientos; los resultados están a la vista.

El caso de nuestra eficaz  y deseada Unidad Militar de Emergencias(UME), la cuestión se complica aún más, pues no solo es una Unidad técnica, que debería estar en la cadena de la Protección Civil, donde se ubica su modelo francés, sino bajo la égida del Jefe de Estado Mayor de la Defensa(JEMAD), evitando también la intromisión política de Interior; bajo aquella dependencia se determinarían los apoyos necesarios de las  FAS , una mayor ósmosis con las Unidades de Ingenieros del Ejército de Tierra (ET), de donde proviene la esencia de la UME, y una aplicación operativa de mayor nivel, a través del Mando de Operaciones con todos los Mandos que dependen del JEMAD, que dominan los diferentes espectros del conflicto; también se evitaría , en gran medida, la intromisión política actual, siempre potencial, y en algunos casos efectiva, de la dependencia del Ministro de Defensa de turno.

Los órganos técnicos han sido creados para desarrollar una función específica, que no debe ser modificada por la intromisión política, como viene siendo habitual; las consecuencias hablan por sí solas.