En el marco de «Colaboración de Asociados en la Web» . se publica este articulo de nuestro asociado Capitán, r de Infanteria de Marina Francisco Jose Gonzalez del Piñal Jurado , al que agradecemos este trabajo.

LAS EXCURSIONES SAHARIANAS DE LA TROPA
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Capitán, r de Infanteria de Marina
Historiador militar, articulista
El R. E. S. (Recreo Educativo del Soldado) estuvo activado en nuestro país durante el Servicio Militar Obligatorio, existiendo también, obviamente, en el Sáhara durante nuestra permanencia, para así poder conocer el misticismo que encierra el desierto, algo diferente e interesante.
Con alguna frecuencia se organizaban expediciones en la modalidad de excursiones para que la tropa, que por su destino no pudiera nomadear, conociera los diferentes parajes -muchos inéditos- que ofrece el desierto : Ausert, Bu-Craa, Cabo Bojador, Echera, La Güera, Playa de la Palangana, Smara, Valle de las Geodas, Villa Cisneros
Nuestro circuito para ilustrar el presente artículo lo situaremos en plena costa, en zona de acantilados, a unos 80 kilómetros al sur de la Cabeza de Playa de Aaiún, denominado playa de la Palangana. Así pues, siguiendo la pista de Villa Cisneros, y a algo más de una hora de camino, nos topamos con un lago salado. Se trata de una depresión longitudinal en cuyo suelo se encuentra alojada una extensa capa de sal, en medio de una cadena de dunas… Camino adelante aparece un “morabito” , que el lector que conozca el territorio sabe que se trata de un cementerio, muy cerca del mar, donde varios montículos de piedra revelan la existencia de diversas tumbas.
Los vehículos, a veces, suelen abandonar las pistas marchando campo a través, intentando salvar, como pueden, los obstáculos que le presenta la áspera orografía del desierto, donde un oasis, varios arbustos, y frondosos matorrales advierten la presencia del líquido elemento, el agua, siendo lugar guardado por un indígena. El camino, cada vez más, se aproxima a la costa, apareciendo los restos de una minúscula industria que se dedicaba a la preparación de un producto que se extrae de las algas, con destino a la industria farmacéutica.
Y llegamos a nuestro destino, la costa, alta y muy acantilada. A unos 15 metros las aguas marinas, muy bravas, levantan olas de blanca espuma que terminan estrellándose en el propio acantilado… Por fin la caravana arriba a destino donde es recibida por un expontáneo y nutrido grupo de pescadores que acuden al lugar a practicar la pesca de percebes, muy abundantes en la zona. Los recién llegados se disponen a montar el vivac, instalando sus tiendas de campaña, procediendo, sin pausa, a darse un baño en la playa, o jugar a la pelota hasta la hora del papeo. Otros prefieren inspeccionar los alrededores, conversar con algún nativo, o simplemente fotografiar el paraje. Ya, al anochecer, y tras la cena, se aposentan circularmente contando relatos, cantando el folclore más diverso, en común camaradería, oficiales, suboficiales, y tropa, todos componentes de la excursión. A la hora de dormir se montan los correspondientes servicios de cuartel, económicos y de armas, cerrando con cremalleras las tiendas precautoriamente, porque son muchos los componentes del desplazamiento que piensan en una eventual y furtiva visita de alguna lefa despistada, o con ganas de hacer daño.
Para llevar a cabo las excursiones saharianas con normalidad había que proceder a la utilización de unas normas tan peculiares como obligatorias. La composición de la caravana tenía que ser dotada de abundante alimento, agua potable para varios días (“aunque vayas a la vuelta de la esquina lleva agua para cinco días”, se decía en el Tercio), y combustible suficiente para los vehículos. Se le recuerda al lector, ajeno a los rigores desérticos, que aquel teatro de operaciones (o teatro doméstico o lúdico, en este caso) en el que pueden ocurrir averías u otros imprevistos, no cruzarse con nadie, o cruzarse con gente no deseada, u otras dificultades de localización inmediata, máxime si la salida es lejana.
Finalmente estos *buscadores de paz* (apelativos que denominó por aquella época la revista “Atlántida”, de la Capitanía General de Canarias) habían de ir provistos de armamento “por lo que pudiera pasar”, montándose en el campamento los correspondientes servicios de vigilancia y protección -día y noche-, recayendo los mismos entre la propia tropa excursionista. Entre las fotos que se adjuntan hay una montando el vivac, otra en la que aparece sobrevolando el campamento un helicóptero de reconocimiento, y otra de un camión Pegaso, modelo 3045, aún de gasolina, encuadrado en el Batallón de Automóviles del Sáhara (de los cuatro que solían ir -dos para el transporte de la tropa, y dos para armamento, repuestos, carburante y víveres-, más vehículo de Mando), cuya foto corresponde precisamente, también, a la excursión a la Palangana, marineando una duna. Llevaba poco tiempo el vehículo en el territorio y aún no tenía asignada la S de Sáhara en el cajetín izquierdo de la matrícula (las fotos son de 1972).
Las actividades del R. E. S. en el Sáhara convertían estas excursiones en jornadas aventureras que unían a propios y extraños en un ambiente agradable , de solidaridad y convivencia.
Nota de reacción: Las fotos serán incorporates cuando se resuelvan algunos problemas técnicos de edición.
