LA UNIFORMIDAD DE NUESTROS MILITARES. Teniente General, r ET Feliu Ortega       

 

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                              LA UNIFORMIDAD DE NUESTROS MILITARES   

 

Teniente General, r del CGA/ET
Vicepresidente 1º de la Asociacion Española de Militares Escritores
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Hace ya tiempo publiqué un artículo en el que me lamentaba del poco cuidado que   ponían nuestros  medios de comunicación, especialmente los cinematográficos, al incluir a actores representando a nuestros militares, sobre todo a nuestros mandos y más específicamente a los del ejército de tierra. No se cuidaba la uniformidad, que no era la adecuada sino que además, las prendas  parecían adquiridas usadas en el rastro. Los uniformes frecuentemente estaban, no ya  hechos a medida sino ni siquiera de la talla adecuada y con emblemas y divisas inapropiados. Todo ello contrastaba con  los que normalmente llevaban los que pertenecían a ejércitos extranjeros. Nunca entendí la razón de este proceder que no creo que fuera por ahorrar presupuesto, ni tampoco por no atender al asesor militar, del que normalmente suelen disponer las empresas  del cinematógrafo y por supuesto no por despreciar a los personajes que los actores representan. Quiero o mejor dicho quería pensar,  que era por desidia.

Pero ahora, lo que  ocurre es absolutamente real y no puede culparse de ello a nadie sino a los propios protagonistas. Además no puede culparse de ello a falta de uniformes reglamentarios adecuados ni de normativa  pertinente para su uso, como ocurría en el pasado.

En diversas ocasiones, he recordado como en los años 50 no teníamos más que una uniformidad y así, en pleno verano, íbamos con botas de montar, guerrera de cuello cerrado, gorra de plato y guantes. Solo los generales tenían una uniformidad de verano, de blanco, con pantalón recto y guerrera de cuello abierto con corbata. Parecía que, lo mismo que los oficiales de Aviación y los de  Marina, eran los únicos que tenían calor. Estoy  refiriéndome a  laa uniformidad entonces llamada “de paseo” o de diario. Pero no estaba muy justificada esta denominación porque en realidad era las única. Salvo las fuerzas especiales, al campo se iba también así, lo mismo que en los servicios de armas, aunque en  estos últimos casos se añadían las trinchas del correaje al cinto de cuero negro que formaba parte del uniforme de diario.  Para gala lo único que se hacía es sustituir el calzón y las botas de montar por un pantalón recto, botines con espolines , un correaje dorado o una banda y guantes blancos pero la misma guerrera y la misma gorra.. El oficial cuyos recursos se lo permitían solía tener un uniforme reservado para actos especiales, dejando otro para servicios y diario, pero no todos podían permitírselo, por lo que era frecuente ver uniformes desgastados y raídos Representaban la imagen típica del hidalgo español, corto de recursos pero sufrido y orgulloso de su uniforme.

Posteriormente, este uniforme se fue haciendo más cómodo, suprimiendo la bota de montar y el cinto de cuero,  adoptando  para paseo en verano un uniforme de  sahariana, de tela de verano, sin forro y sin guantes, que fue ya un gran avance en comodidad. También se adoptó, lo mismo que para la tropa, un uniforme de campaña que fue evolucionando hasta adoptar el actual mimetizado. En cuanto al de diario, se sustituyó el de sahariana por uno similar al de invierno,  pero de tela de verano y ya en ambos con solapa y camisa y corbata, suprimiendo los guantes. Para  interior de los acuartelamientos,  se diseñó un uniforme con chaquetilla y hombreras con divisas, autorizándose el estar en mangas de camisa y corbata, con hombreras y pasador de corbata con el emblema del Arma.

Finalmente, se autorizó para verano, el uso de camisa de manga corta con hombreras con las divisas en las hombreras. Finalmente se ha adoptado para el interior una chaquetilla negra con una galleta,  en la que figura la divisa de su empleo, el emblema del Arma o Cuerpo y el nombre.

Existen pues ,hoy en día, uniformes sencillos, en versiones adecuadas para cada circunstancia. Pero sin embargo, la imagen que ofrecen nuestros oficiales a los medios de comunicación es a veces, bastante penosa. Mientras, en las reuniones y visitas, junto a autoridades civiles estas suelen vestir, como mínimo camisa y chaqueta, es desgraciadamente  demasiado frecuente observar que  nuestros oficiales incluidos los generales,  acudan  o reciban en sus despachos  en traje de campaña, sin que no exista el motivo, que tampoco debería serlo, de tener a continuación que salir al campo ni  tampoco estar en ese momento al mando de una unidad actuante.

Es decepcionante ver las tomas que ofrecen los medios de TV en las que hay reuniones de personal civil en las que están participando militares y mientras los primeros van más o menos correctamente los militares aparecen con  uniformes de campaña las más de las veces arrugados y gastados, propios para el campo y el combate pero no para un acto social.

Algo parecido ocurre con el personal de seguridad  de los edificios emblemáticos como los cuarteles generales, que está a la vista del público y cuya misión es el control de las entradas y salidas. Su uniformidad y actitud debería ser la correcta y adecuada sin que eso excluya el que haya además personal con equipo y uniforme de campaña.

En resumen, el Ejército debería cuidar más la imagen que presenta ante la población civil y de la misma forma que lo hace en los desfiles y ceremonias debería cuidarlo en todo momento.

 

Luis Feliu Ortega