Reflexiones de verano:  EL SENTIDO DEL HONOR. TG Feliu Ortega

 

 

 

 

 

 

 EL SENTIDO DEL HONOR 

 

Luis Feliu Ortega
Teniente General, r del CGA
Vicepresidente 1º de AEME

 

Hace un tiempo escribí un par de artículos en los que comentaba cómo el uso de la mentira, es decir el manifestar lo contrario de lo que se piensa y se tiene por cierto, con intención de engañar, para lograr un beneficio, no era tenido como algo perverso, sino, muy al contrario, era considerado como una habilidad, una muestra de ingenio de quien la practica. No hay más que observar cómo se tratan entre sí nuestros políticos, y aunque se acusen públicamente y empleen vocablos como bulos, fango, cloaca, al mismo tiempo, sobre todo algunos, estén a su vez acusando conscientemente al adversario político con mentiras. Claro que, la mayor parte de las veces, el que miente lo hace conscientemente y sabe que el otro no se lo va a creer, pero es que éste, a su vez, sabe que el primero tampoco  se cree lo que está diciendo.

 

Con esto, están consiguiendo que nadie les crea realmente, aunque aparentemente y por disciplina de partido político o por no perder sus prebendas, parezca que sí lo hacen.

 

Pero lo peor es que esta práctica se está, desde hace algún tiempo, extendiendo a toda la población. Si siempre se ha intentado, ahora ya, el que no lo hace es incluso tenido por ingenuo. Sí por ejemplo, nuestras autoridades mienten para defraudarnos, por qué no vamos a intentar nosotros defraudar, mintiendo en nuestras declaraciones y en nuestros documentos. El que lo logra es un listo y el que no lo intenta, es tenido por inútil o ingenuo. De vez en cuando, alguno cae y es castigado, pero en la gran mayoría de las veces, el defraudador llega a un acuerdo con los fiscales e inspectores y al final le es útil la mentira. Para la mayoría de la población intenta engañar al Estado, al Fisco a Hacienda, no solo no está mal sino que es casi obligatorio.

 

En España la figura del pícaro ha sido tradicional e incluso era un personaje que caía simpático. Como le ocurría al Lazarillo de Tormes, de Zorrilla. Hasta incluso ocurre algo de esto con el timador al que a veces se le disculpa aludiendo que juega con la ambición del timado y en cierto modo se lo merece.

 

Pero lo que ocurría antes es que todo esto era “cosa de villanos”. Las personas de honor, los caballeros, tenían a gala no mentir porque manchaba su honor. La palabra de honor era sagrada y se juraba por el honor de la persona. Hoy, desgraciadamente, esto se está perdiendo. Cada vez más frecuentemente, se encuentra a personas aparentemente honorables, que están en puestos importantes, que no dudan en manchar su honor o mejor dicho que no creen en él. Es cierto que todavía hay instituciones en las que el culto al honor y la honradez se conservan, aunque siempre haya excepciones, pero también hay cada vez más en las que ni se menciona.

 

En el campo político, el problema es ya escandaloso. Es impresionante observar con la desfachatez con que se hacen declaraciones de transparencia, de consenso, de solidaridad, cuando todo el mundo sabe que están mintiendo. Siempre me queda la duda de si de verdad creen que engañan, porque son muy listos y los demás somos imbéciles y nos lo tragamos todo o lo hacen a pesar de que nadie se lo cree. Saben que no podemos hacerlo, y por eso actúan así,  pero necesitarían que se les pudiera decir en la cara lo que son. Porque mientras tanto tenemos que aguantar esta burla, mientras ellos se regodean en ella.

 

De todas formas, los españoles, se dejan engañar fácilmente por los políticos, adoptando aparentemente actitudes críticas pero luego aceptando sus engaños. No quieren reconocer la corresponsabilidad que moralmente contraen cuando emiten su voto por un candidato o una acción política. Es muy frecuente observar que votan por ideología, por interés, por enfado ante la situación o por las aparentes cualidades del que se presenta y luego se tapan los oídos ante sus embustes, con excusas como la de que todos son iguales o incluso peores y que para ellos no existe otra opción, aunque esta no sea la mejor para España y los españoles.

 

Todas las opciones políticas, mientras se ajusten a la Constitución, deben ser respetadas, pero hay que ser responsable y sobre todo, lo que no debe permitirse, ni mucho menos apoyarse y reconocerse es la falta de honorabilidad.

26/09/03