LAS MÚSICAS EN LA LEGIÓN. Gonzalez del Piñal

En el marco de «Colaboración de Asociados en la Web» .  se  publica este articulo de nuestro asociado Francisco Jose Gonzalez del  Piñal Jurado , al que agradecemos este segundo trabajo.

 

 

 

 

LAS MÚSICAS EN LA LEGIÓN

 

 

El espíritu de cuerpo, grupo, o reunión, se consigue, en muchos casos, gracias a las melodías  que dan unidad al compañerismo.

 

Por Real Orden Circular del 16 de Octubre de 1920 se inserta en la Plana Mayor del Tercio, del entonces denominado Tercio de Extranjeros, una Unidad de Música formada por tres músicos de 1ª clase, seis de 2ª, diez de 3ª, y seis educandos, al mando de un músico mayor, eligiendo el teniente coronel Millán (pues se propuso el fundador, desde el principio, dotar al Tercio de una música legionaria propia) al músico mayor de 1ª clase Pedro de Córdoba Samaniego, que estuvo en ella hasta 1927. Un decreto de 1932  reorganiza el Cuerpo de Directores, obteniéndose la asimilación a los empleos de comandante, capitán, teniente y alférez, para los músicos mayores de 1ª, 2ª, y 3ª. Y es en 1944 cuando se crea la Sección de Música del Tercio 3, siendo el primer jefe, que quien les escribe conoció, el recordado capitán de Músicas Militares José Mir Félix (1917),  natural de Museros (Valencia), llegando al Sáhara en 1967, y ocupando la Música del 3º durante 6 años. Entre los directores de la Música de La Legión más veteranos,  a través del tiempo, se encuentran : Antonio Sendra, el indicado Mir, Enrique Blasco, Emilio Bachiller, Eloy García López …

Y de canciones, cantatas, cánticos, cantos, oberturas, rapsodias, himnos, marchas, cuplés, cantes,  y toques,  va este artículo. La rica musicología legionaria, a través de este bouquet (ramillete), acoge con sus marchas e himnos, toques, consignas, canciones … y todo lo citado,  a los tres ejércitos, a las armas, a las unidades, a los cuerpos, a los servicios, a sus héroes, dándole y acogiéndole también,  un acento internacional y universal a través de  composiciones emblemáticas  de lujo.        .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

Al final de cualquier tiempo, aunque sea herrumbroso,  es cierto que nos podemos negar a dar por finalizado un viaje que, como todos los viajes, está lleno de despedidas y recibimientos.  En el caso concreto de La Legión, dedicamos el presente artículo con su tilde armónico-melódica en honor a su efemérides, la 106 ya, percibiendo  a  todas  luces    un fondo musical, un emocionante y colorista repertorio, con  entrañables, colosales,  y humorísticas  canciones, la mayoría procedente de los tiempos de la fundación, y que fueron recuperadas (estas últimas) hace una treintena larga de  años, y que nos habla de aquel inglés que vino de “Londón”, que quiso entrar en La Legión y al fín lo pudo conseguir; o aquel que te invita a que te compres una gabardina, con “descalificación” incluída, como se tratará en el apartado correspondiente. Naturalmente con los toques, los toques de cuartel,  viene la contraseña, y así nació en La Legión el suyo propio, “ ¡ legionarios a luchar, legionarios a morir ! ”. En El Aaiún la del  Regimiento de Artillería de Campaña nº 95 era “¡ti,ti, ti…  ti,ti!” (“bombas a tirar …”); o el del Grupo de Intendencia “¡ti, ti, ti, ti … ti,ti,ti,ti!” (“que ya viene el comandante”); o el del BIR Nº 1, “¡ti, ti, ti, … ti,ti!” (“somos los del BIR”), o la del Legendario Regimiento de Infantería Soria 9 (100 años en Sevilla, y desde 1996 en Fuerteventura), “tiii … tí, tí” (“aaa… tención”).

En otro orden de cosas (este autor recuerda, como indica el título de este artículo, que se trata de las músicas en La Legión a través de los tiempos, aunque esporádicamente se aludan a otras músicas militares con aparición puntual  en la vida legionaria), este autor cree que, a veces, en España hay quien confunde convivencia, en un determinado estadio, con connivencia, en otro muy diferente, distinto y distante, con argumentos políticamente trasnochados, obsoletos y ridículos. Se citan/añaden aquí como símbolos extrafronteras ejemplos que han pervivido en el tiempo. Este autor, ya emérito, por razones de fecha de nacimiento y  las satisfacciones de otros estadios, no desearía nunca que la cultura armónica castrense entrara, como los trenes ancestrales, en vía muerta, alcanzando el fin del viaje y del tiempo por caminos inviables o imposibles, vamos una especie de túneles para aventureros  durante el día, y murciélagos de noche;  presididos por la vegetación , hasta que ese billete de ida, sacado en su día, nunca encuentre su vuelta.

Precisamente La Legión es una de las unidades militares que mayor atención ha prestado siempre a la música, a la propia y a la ajena. Lo atestigua su larga tradición en atesorar composiciones con acento legionario, a través de sus ya 106  años de vida la literatura musical legionaria sigue ahí, como el primer día, sin intermediarios malignos. Porque la música legionaria ha estado muy ligada a la música escénica. Anticipando tales muestras aparecen las zarzuelas y sus armonías y simbologías de espíritu castrense, en títulos no estrictamente legionarios como “Las Corsarias” (1919), de Francisco Alonso y letra de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez, y estrenada en Madrid (teatro Martín); descubriendo hacia mitad de la obra el conocidísimo “Pasodoble a la Bandera” (especie de Himno de los soldados combatientes en África). Otra muestra propia de espíritu patriótico se halla en la zarzuela “La Bejarana” (1924), igualmente de Alonso (zarzuela en dos actos de carácter regionalista, estrenada también en la Villa y Corte (nada menos que el teatro Apolo), incluyendo en su primer acto la popularísima “Canción de los Quintos”. Digno es citar seguidamente la revista musical en dos actos “La Orgía Dorada”, con música del maestro Jacinto Guerrero y Julián Benlloch, y libro de Pedro Muñoz Seca, Tomás Borrás, y Pedro Pérez Fernández, estrenada en la capital del Reino (teatro Price) en 1928, con la inclusión del pasodoble “Soldadito español”; piezas, todas ellas, que de las orquestas de los teatros pasarían a las bandas de música (civiles y militares) con lo que la forma y el fondo de su difusión sería enorme, pues llegarían con facilidad a las clases más humildes, cuyos estipendios no les permitía costearse una entrada para el teatro, o no tenían acceso a oirlas en un gramófono o por la radio, al carecer de ellos. Pero ya a estas alturas procede apostillar, dentro del sentido de esta publicación,  que no es otro que homenajear, por parte de este autor, a La Legión, por tercera vez  ya, al no haber sido posible, debido a la pandemia, llevar a la práctica la celebración del Centenario como se esperaba.

En el apartado ya de la música estrictamente legionaria, y de los himnos estrictamente legionarios recibimos con absoluta solemnidad a “Tercios heróicos” (1921),  encargado por Millán-Astray a su amigo el músico militar  Francisco Calés Pina (1886-1957), localizado en los papeles, con agradable sorpresa, por este autor,  en 1914, en Sevilla (en 1913 había ingresado en el Cuerpo de directores de Músicas del Ejército), mandando, como músico mayor, la Unidad de Música del legendario Regimiento de Infantería “Soria” nº 9. Incorporó, con acierto, la arenga tallada en la marcha; vamos, la consigna, con indudable éxito y aceptación. Ocupó el puesto de primitivo Himno de La Legión (“Himno de los legionarios”) convirtiéndose posteriormente en “Tercios heróicos”; ocupando actualmente el sitial requerido en todas las solemnidades legionarias. La letra estuvo a cargo del poeta Antonio Soler Pourtau. “Tercios heróicos” con sus notas severas y  solemnes, en sus acordes y fuerza ,  todo ello marcando el heroismo. Glorifica al hombre arrojado que busca en la guerra y en la muerte el olvido de una trágica historia de amor, haciendo todo ello la pieza conmovedora y poderosa.

Otra pieza digna de citar entre los himnos es el denominado “Himno a la IV Bandera”, la del Cristo de Lepanto (1961), de Enrique Escrivá Alapont (Cullera, 1931- 2015),  quien también es el autor del poema sinfónico “Dar Riffien” (1995), oración legionaria (misa) homenaje al Cuerpo. Ingresa en 1952 como músico militar con el n.º 1 de su promoción. Cuando culmina sus estudios superiores (composición y dirección de orquesta) ingresa en el Cuerpo de Directores, de nuevo con el n.º 1. En 1961 pasa destinado al 2º Tercio hasta 1968, en que asciende a capitán y destinado al Regimiento de Infantería “Castilla” 16; volviendo a hacerse cargo de la Música del 2º Tercio (naturalmente en Ceuta) en 1969,  hasta que se retira, con el empleo de comandante,  en 1989 , máximo empleo que se podía alcanzar por entonces (así pues, la vinculación con la IV Bandera es obvia). Se da la circunstancia de que la IV, en 2021, se encontraba celebrando su centenario. También el comandante Escrivá es autor de la “Canción a la VI Bandera”, “Duquesa de Alba”, “Ruiz de Gopegui”, y algunas cosas más. Otro himno significativo, más reciente en el tiempo, es el dedicado al Primer Tercio en cuerpo y alma. Se trata del “Himno del Tercio Gran Capitán”, de Grau y Planet.

Sin duda, en las marchas militares legionarias para músicas marca la pauta “Bandera y Patria” (con la que este autor ha tenido el honor de desfilar muchas veces), tan en vigor como el primer día; tratándose de una veterana  y conocidísima composición compuesta por el autor de zarzuelas    Pedro Rubio Olarte en 1941 (fallecido en 1952); adoptada y popularizada por La Legión para desfilar, con su peculiar paso propio. La conocí y la desfilé desde hace más de 50 años, recordando con cariño a la Música del Tercer Tercio, entonces Sahariano, con base en el Cuartel de Sidi Buya, Aaiún;  acudiendo a prestar servicio a toda la guarnición en su “gua gua”, marca Pegaso Comet, por cierto, y matrícula ET-46993, para más señas. Por cierto, acudía, al mando del capitán director de Músicas Militares José Mir Félix, varias veces al año (4 juras de bandera, así como los días de ensayo) al BIR N.º 1, en Cabeza de Playa de Aaiún, en cuyas juras de bandera adoptaba, obviamente, el paso ordinario “pistolo” (¡ con perdón !, y sin remilgos absurdos y trasnochados -lo digo como infante de tierra, amante de La Legión, e historiador militar- y no el paso legionario, más acelerado, como es obvio.

Cambiando de tercio, como se dice en el argot taurino, otra marcha con mucha solera es “Legionarios y Regulares” (1925), preciosa composición del maestro Arturo Saco del Valle y Flores (1869-1932), director de la Capilla Musical del Palacio Real de Oriente, dedicada a S. M. Don Alfonso XIII quien la encargó. Marcha sin letra,  combinó en una sola  las tres piezas legionarias, con contraseñas de los grupos de Regulares y con toques de las nubas, ante el complejo ensamblaje de instrumentos tan diversos como la nuba, chirimía, tambores, platillos, triángulo, pandero … (la “Coplilla de Alhucemas” dice : “Abd el Krim se subió al cielo / a pedirle a Dios perdón, / y San Pedro le repuso, / pídeselo a La Legión; traspasada posteriormente a una pieza flamenca, como se verá”).    Como músico mayor  militar dirigió  la Música de Ingenieros, en Madrid, entre 1897 y 1904.

Siguiendo en la onda legionaria de las marchas (más adelante se citará un abultado montón), y entre las últimas composiciones escritas (2016) para los seguidores de su Credo,  se encuentra “Legendario Legionario”, escrita y dedicada por su autor, el maestro  José Albero Francés, director de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, de 1973 a 2003,  al que suscribe con sentidas palabras (se trata de un excelente director y gran amigo) que le viene a decir al afortunado, en su dedicatoria,  que “… hoy, por ley del tiempo, promovido a emérito; quien no dejará nunca de sentir a La Legión con esa admiración y asombro  que le provoca  el cenit del espíritu, y que al llevarla siempre en su corazón se “ahorra” acariciarla. La compostura del hombre que no pierde nunca la orientación, que no desfila jamás con el paso cambiado, es la fachada de su alma”. Esta marcha militar, que se presenta y dedica, extendida ya a buena parte de las actuales músicas militares, se hace extensiva, por tanto, a toda esa tropa de voces ardientes cantando en el combate a la esperanza del triunfo, sin soberbia pretenciosa.

Dado su relativamente reciente fallecimiento en Málaga, es obligado referirse, con más  cariño y admiración aún, al teniente coronel y amigo Eloy García López, director de Músicas Militares (Benejúzar –Alicante-, 1940 – Málaga, 2021). En 1994 gana el primer premio del Concurso Internacional de Composición de Marchas Militares, de la Fundación Sevillana de Electricidad y Càtedra General Castaños, estrenándose su marcha ganadora “Peregrinos de la Paz” (dedicada a los legionarios enviados a Bosnia), por la Unidad de Música de La Legión, a su mando por entonces (al ascender a teniente coronel se trasladó a la de la Guardia Civil), en el sugestivo marco de la sevillana plaza de España, justo delante de Capitanía General, ante diversas autoridades, entre ellas, el general Reig de la Vega, por entonces jefe del Mando de La Legión, por cuanto se preparó el acto, aprovechando que en el Museo Militar Regional se estaba celebrando una Muestra expositiva titulada “La Legión en Sevilla”, de la que tuve el honor de formar parte activa como presidente de la Agrupación Cuartelmaestre, por entonces. En su producción legionaria, el teniente coronel Eloy García López es también  autor de varios títulos  dedicados a La Legión, como “Los Tigres de Bujarratz”, “Gloria y Honor”, así como “La Soledad”, “El Cristo de La Legión” …  Aquel día citado de 1994, conoció personalmente el que suscribe al entonces comandante Eloy García; así como a un muy valorado y admirado suboficial instrumentista de la Música de La Legión, de potente voz y timbre precioso,  quien deleitó al numeroso público asistente con su asombrosa garganta; siendo una persona muy conocida, valorada y aplaudida en Málaga por su copiosa obra musical. Su nombre : Francisco Almudever Chardí.

En la parcela de las canciones,  cantatas, cánticos,  cantos y otros géneros ya citados,  le cuesta trabajo a este autor incluir/ aludir a “Pata Palo es un pirata malo”, por su argumento poco serio,  pero como se ha cantado siempre en el Tercio, aquí queda reflejada.

Así que dentro de las piezas solemnes, tenemos la canción de canciones legionarias,  “La canción del Legionario”, la primera elegida en este apartado de valientes y leales, por su elevada relevancia,  que nos habla del sudario que compartimos  los que juntos formamos Bandera, terminando con la consigna propia del Cuerpo; todo ello rodeado por una aureola literaria y rítmica, plena de espíritu, el espíritu legionario. Sería compuesta en 1922 por el maestro Modesto Romero Martínez (Madrid, 1883-1954), colaborador musical en los cuplés de Fidel Prado, autor de “El Novio de la Muerte”, al que puntualmente se citará, y de forma especialmente honorable, como no podría ser de  otra  manera.

La letra es del comandante Emilio Guillém Podemonti (fallecido en 1956).  Dentro del género lírico hallamos mucha semilla castrense en las zarzuelas, en canciones conocidísimas como “Las que tienen que servir” y “La Calesera”, con letras llenas de vida y luz propia. En 1893 hallamos “Los Voluntarios” con su pasodoble; en 1919 “Las Corsarias”, con su disco de pizarra que incluye su célebre “Banderita”; y en 1928 con “La orgía dorada”, una revista musical española de antología,  nace solemnemente el pasodoble “Soldadito español” que sería estrenado el 23 de Marzo de 1928 en el teatro Price, de Madrid, en el que se le rendía homenaje a los soldados que participaron en las guerras de Cuba, Filipinas y el Rif.

A esta altura de la publicación procede comentar, por parte de este articulista,  que se siente orgulloso de las alusiones que le efectúa  Ricardo Fernández de la Torre (+) en su obra “Historia de la Música Militar de España”, edición colorista de lujo, publicada en 2000 con cerca de 700 páginas. La primera  canción de guerra , adoptada y adaptada por La Legión (catalogada como canción y marcha militar francesa) es la extranjera “La Madelón” (1913-1914), de Robert y Bousquet, formidable canto francés de trincheras y teatros,  que se compuso, con el tiempo, en dos versiones, la francesa y la legionaria. Magdalena (vamos, Madelón) era una chica ficticia pero para los soldados franceses era la chica de sus sueños. Muy popular en La Legión Extranjera francesa narra la historia de una cantinera que con constancia, atención, gracia y dedicación a los militares se convierte en su amiga, su modelo, su confidente, su apoyo, su sueño, su ilusión, y hasta su objeto de deseo; cambiándosele, para el caso concreto que hoy nos ocupa, su letra original para otra con adaptación legionaria.  Cantada por Marlene Dietrich y Sara Montiel, es de 1914, y por tanto pertenece al elenco de la Iª Guerra Mundial, anterior al estallido de la misma, que en el caso que hoy se trata, procede apostillar que en La Legión (por entonces denominada Tercio de Extranjeros) se canta desde 1921.

Una pieza que incluye también el repertorio del Cuerpo es la “Misa Legionaria” (Enrique Escrivá), que incluye el “Kyries”, “Gloria”, “Sanctus”, “Plegaria” (“Pater Noster”), y “Agnus Dei”.

La música militar podría definirse como una combinación armónica y rítmica de sonidos, destinada a despertar en el alma vibración patriótica y sentimientos guerreros, y a estimular la disciplina del cuerpo”; decía el gran Ricardo Fernández de Latorre, ya citado,  personalidad recordada que no necesita presentación entre los amantes de la musicología militar. Entre otras marchas militares legionarias de raigambre se encuentran solemnemente “La bandera legionaria” (1926), de Marquina y Capó, teatro matritense “Novedades”, en colaboración con Palomero; “El cantinero del Tercio”, Barcelona, 1928, de Fernández Bayot y Perea Campobadal; “El primer Legionario” (1933), de Mariano San Miguel; “El Legionario”, de Leonardo Rodríguez y Pigem Plá, Casablanca, 1934;  “El alma de La Legión”, de Carretero y Vidriet;  “El héroe de La Legión”, de Lorena y Lito; “El corneta de La Legión”, de Manuel López Quiroga;  “Hermandad Legionaria”, de Berná y López Anglada (también el capitán director Manuel Berná es el autor del “Himno de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios”, y de “Gestas Legionarias”, estrenada en 1970) ; “Los Legionarios”, de Severo Muguerza;  “Teniente Coronel Barberá” y “Caballero Legionario”, de Sendra; “Coronel Reig de la Vega” y “Comandante Vivero”, del hoy Coronel Enrique Blasco, cuando estaba destinado en la Música del Mando de La Legión”; “El Legionario”, marcha para piano de Pedro Rubio;  “Desfila el Tercio”; “El Recluta”; “El 20”; “Heróica Infantería”…

Las composiciones inspiradas en La Legión no dejan de crecer. La Legión, con el tiempo, permanece reflejada en el género lírico, refrendándose en zarzuelas como “La flor del camino”, del maestro Pablo Luna (autor de “Los cadetes de la Reina”), y letra de Carlos Allén Perkins estrenada en el Teatro Apolo en 1921, con su coro de legionarios y uno de ellos como protagonista; que cuenta la historia de una bella malagueña a quien salva de un percance el legionario Pepe Luis. La siguiente obra es “El corneta legionario”, estrenada en Madrid al año siguiente (1922), con música de Ernesto Rosillo, Prudencio Muñoz y Augusto J. Vela, y letra de Juan Miguel Herrera Sotoblanco y Manuel Vázquez Quirós, autores del texto; y estrenada en el Liceo de América. “Cariño de Legionario”, episodio lírico en dos actos, de Ochaita, Valerio, Angel de León, Solano, y Montorio; actuando Castellón Vargas (“El Príncipe Gitano”), alma del espectáculo, en el Teatro Calderón, de Madrid, en 1953.

En el repertorio general legionario están incluidas piezas de gran calidad emocional de diferentes modalidades, como se irán viendo. Se comienza con la solemne “Rapsodia Militar Española”, del, por entonces, comandante de Músicas Militares Abel Moreno Gómez (hoy teniente coronel retirado), cuando mandaba la Música, por entonces denominada, de la División de Infantería Mecanizada “Guzmán el Bueno” n.º 2, con Base en Sevilla. Se estrenó solemnemente en 1989, y dedicada al entonces Príncipe Felipe. La misma, como corresponde, de alto espíritu español, incluye propiamente, como es de recibo,  citas legionarias. “El Legionario”, Vigo, 1934, de Bárcena. “Las gestas legionarias”, poema sinfónico, de Berná. “Plegaria Legionaria”, de Asins. “Boceto Legionario”, de Grau. “El canto del Legionario”, de Ramalli. “Bocato Legionario”; “A La Legión vine a luchar” … En el grupo de marchas lentas, o procesionales, se encuentran “El Cristo de la Buena Muerte” y “Nuestra Señora de la Soledad” (1992), del citado coronel Enrique Blasco; así como las de García López, ya citadas.

En el apartado cinematográfico aparece la canción “A La Legión vine a luchar”, de Quintero, correspondiente a la banda sonora del film “¡ A mí La Legión !”, 1942, dirigido por Juan de Orduña. “Caballeros Legionarios”, film de 1939, de Rivera. “Los novios de la muerte”, de Rafael Gil. “Truhanes de honor”, 1950, de García Maroto. Entre otras expresiones audio-visuales, apostillando un poco,  está el vídeo “Legionarios”, presentado en Sevilla el 27 de Octubre de 1994, realizado durante la “Semana de La Legión” que el entonces Museo Militar Regional de Sevilla y la Agrupación Cuartelmaestre dedicó a La Legión aquella primavera. El acto lo presentó el que suscribe (por entonces, presidente de la Agrupación Cuartelmaestre), cerrándose con un recital poético legionario a cargo de los ya fallecidos sargentos legionarios José María Margaritti Pereira  y Ramón Rodríguez Navas. La prensa dió buena cuenta de ello, tanto de la muestra “La Legión en Sevilla”, como del vídeo citado.

De los tiempos de la fundación perviven numerosas piezas anónimas de las que el ya citado Enrique Escrivá Alapont fue el autor de las adaptaciones, arreglos, e instrumentación  de este cancionero legionario, que incluye “Se fundó en Dar Riffien”, “Pobrecitos maridos infelices”, “El simi-si es un palito”, “De Larache vengo ahora”, “Un inglés que vino de *Londón*…” (ya citado), “Cuevas de Ketama”, “A la derecha va el Tercio”, “Como somos caballeros legionarios”, “Tango legionario”,..; además de “La chamelona”, “La enfermería”, “Tanguillo de Cádiz”, “Bella Chao”, “Legionario soy”…, y algunos títulos más, entre ellos, algunos un tanto horteros, como aquel canto popular de antaño, que llegó al Tercio, de corte más que picantón, que dice : “Qué polvo tiene el camino / qué polvo la carretera / qué polvo tiene el molino / qué polvo la molinera”.

El General Antonio Maciá Serrano escribió un excelente artículo en “ABC” que tituló “Del cuplé al himno, pasando por La Legión”. Y es que cuplés dedicados hubo muchos también : “El primer Legionario”; “Luis Miguel”, de Nieto y Quirós, cantado, entre otras,  por Raquel Meller (1920-1921);  “El héroe de La Legión”; “Las Legionarias” 1933, de Sorde; “El Legionario”, 1934, Vigo, de Bárcena; “El canto del Legionario” …

En otro orden de cosas, antes de proseguir, cabe apostillar nuevamente que el recordado y admirado Ricardo Fernández de Latorre, destacado historiador de la música militar española, fallecido hace pocos años, decía que la música popular del soldado ha sido siempre tan rica y extensa que se ha hecho digna de una antología. Dándole ahora un giro considerable al arte armónico y melódico de combinar sonidos, procede citar que el Ministerio de Defensa presentó un disco de flamenco, al que nos vamos a dedicar a continuación. Así pues, el 18 de Septiembre de 2013 se presentó en Madrid un CD titulado “Flamenco Rojo y Gualda”, en el que se han seleccionado una serie de letras populares, entonadas en distintas épocas y circunstancias, que se han adaptado a palos del flamenco en algunas de sus variantes. Género elegido por tratarse del más difundido entre nuestros soldados y el más representativo de España. Grabado en Andalucia (Estudios La Azotea, de Sanlúcar de Barrameda) en 2013, cuenta al cante con Jesus Méndez y al toque con Manuel Valencia (dos grandes figuras del momento), y con Carlos Merino y Ángel Sánchez en la percusión y palmas. Existen, en concreto,  otras alusiones entrañables y populares para la tropa, tales como el pueblo natal del soldado y todo lo que acarrea (la patrona, la madre, la novia …), la vida cotidiana cuartelera, o los propios “quintos”. Sin ir más lejos, parte precisamente de una de las piezas editadas, por bulerías y de corte legionario y cofrade, que dice así : “mi madre me pega palos / porque quiero a un legionario / y al son de los palos digo / viva el Tercio y sus soldados”, continuando más espiritualmente con … “Abd-el Krim subió al Cielo / a pedirle a Dios perdón / San Pedro le contestó / pídeselo a La Legión

Ha ingresao  en La Legión / un Cristo crucificao / ya nadie podrá decir / que somos de mal vivir “. Esta acertada idea es el resultado de varios años de trabajo realizado por el gran amigo y especialista Antonio Lillo Parra, quien ha sido responsable de los archivos musicales de la Biblioteca Central Militar, Madrid, y profesor adjunto de Historia y Estética de la Música Marcial, en el Instituto de Historia y Cultura Militar,  con sede también en la Villa y Corte. Lillo, excelente y valiosa persona  es un funcionario civil, ya jubilado, que ha trabajado brillantemente para la administración militar. Naturalmente, en el entorno castrense también la música cofrade ocupa un lugar tan imprescindible como irreemplazable, hasta el extremo de que no sería posible, a título de ejemplo, una Semana Santa en Málaga sin el acompañamiento de La Legión a su Cristo Protector, Titular de la Congregación de Mena, como es el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, con toda la solemnidad que representa su rico cortejo a los sones del “Novio de la Muerte”, la pieza musical legionaria más representativa, y por ello la hemos reservado para cerrar el artículo.

Finalmente pues , se le ha guardado, como se cita, celosa y  triunfalmente la culminación de este trabajo, dedicado, una vez más, devocionalmente (porque todo está en la mente, afortunadamente) a La Legión,  al cuplé de cuplés. Uno, representativo,  e irrepetible; de la que se tuvieron que hacer numerosas versiones, unas más lentas, otras más moviditas, según para qué ocasiones, incluyendo las de ritmo marcha-himno de carácter lento para poder marcar el paso los legionarios (el paso lento procesional) cuando portan al Patrón a hombros, o en su trono . Nos referiremos a una pieza que comenzó como cuplé, pasando a himno y marcha de desfile, como se viene refiriendo, hasta aperturar su expresión a paso ordinario, paso lento, o el caso peculiar del “paso deportivo”; interpretada  por Lola Montes (Madrid, 1898-1983), pseudónimo de Mercedes Fernández,  el día de su estreno en Málaga, el 20 de Julio de 1921, en el teatro Vital Aza, de Málaga, como es más que sobradamente conocido (Millán, cuando la oyó, se quedó prendao, de lo que le gustó). En su letra el amor empuja a un hombre a buscar el olvido en el Tercio; todo ello basado en un hecho real, como fue la muerte en combate  de Baltasar Queija, primer caído legionario. La música es de Juan Costa Casals (1882-1942), pianista y compositor, autor de cuplés, y Fidel Prado Duque (Madrid, 1891-1970), escritor, periodista, dramaturgo y letrista de cuplés. Tanto por motivos del espectáculo como confesionales, también está considerado como el Himno del Jueves Santo malacitano. Su estructura original comienza como cuplé, pasando a marcha de desfile a paso ordinario ligero, a paso lento cuando es adaptado al ritmo de marcha procesional, dándose un caso muy peculiar de interpretarse como “Soy un socio del Atleti”. Don Baltasar Queija era un cabo de La Legión, nacido en Rio Tinto (Huelva) el 26 de Marzo de 1900, que se convirtió en el primer legionario caído en combate el 7 de Enero de 1921, y es en quien, por tanto,  se inspira “El Novio de la Muerte”, como se indica. El comandante de la Música de La Legión, Ángel García Ruíz (Ceuta, 1901-1956) adaptó en 1952 El Novio de la Muerte a marcha fúnebre con el paso procesional para la Semana Santa ceutí.

Finalizados los toques reglamentarios de la jornada militar, y ante el preceptivo “rompan filas” de la retreta, y ante la posibilidad de que esté leyendo estas líneas algún político de ocasión, termino con una frase del admirado Antonio Burgos (+). que nos dice : “El toque que más ensalzaría hoy a los nuevos políticos sería el toque de silencio”; a lo que este discreto articulista añadiría algunas palabras más (confesando previamente que la frase no le corresponde a quien escribe, aunque a algunos se lo parezca), que son éstas: **Haga usted lo que yo… No se meta en política** ( … ! ).    

“Finis coronat opus” (el fin corona la obra), “ad perpetuam rei memoriam” (para perpétua memoria de las cosas).

 

 

 FRANCISCO JOSÉ GONZÁLEZ DEL PIÑAL JURADO
Expresidente de la Agrupación Cuartelmaestre
Caballero Legionario de Honor 

 

 

   BIBLIOGRAFÍA :
    La IIª Región Militar y su tiempo, Francisco José González del Piñal Jurado. Sevilla, 1985.
   Historia de la Música Militar de España, Ricardo Fernández de Latorre. Ministerio de Defensa, 1999.
   Historia de La Legión Española, Tomo III. Brigada de La Legión, 2001.
   Dionisio Zarco Pedroche, Teniente de Caballería, Maestro de Banda. Notas manuscritas, 2021.
   Música, Legión y Centenario. Origen de la Música Legionaria, Andrea Santodomingo Jiménez (docente universitaria), artículo en la Revista       La Legión, n.º 553, IV 2020.
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