
DÉFICIT DE OCCIDENTE EN EL CAMPO DE BATALLA TRANSPARENTE
Para supervivir en el campo de batalla transparente —una «zona de muerte» que atrapa al combatiente en el abismo del miedo y la impotencia— se precisan soldados sacrificados y capaces de emplear la tecnología más avanzada, bien soterrados durante largos períodos de tiempo o en arriesgadas operaciones ofensivas. La sensibilidad mostrada por China, Rusia, Irán y Corea del Norte para que sus efectivos adquieran las citadas destrezas contrasta con la pasividad de un Occidente lastrado por las inercias de los modelos tradicionales.
El campo de batalla transparente
En el campo de batalla transparente el ocultamiento es más difícil, el movimiento más peligroso y la adaptación más esencial. La persistente vigilancia de los drones genera un estado crónico de impotencia y agotamiento mental —que destruye la moral de los combatientes— en un entorno en donde la guerra electrónica condiciona las transmisiones y la inteligencia artificial es capaz de asumir el mando y control.
La masa precisa se ha vuelto asequible, por lo que puede usarse en grandes cantidades que sustituyen a plataformas caras y escasas. Los drones actúan como observadores de artillería, trasladan cargas útiles, reabastecen unidades, cartografían campos minados y atacan objetivos con precisión. Retan a la defensa aérea tradicional dado que por debajo de 4.000 metros —el denominado ‘litoral aéreo’— dominan el campo de batalla. Se prevé que, en breve, formaciones autónomas de pequeñas unidades —que integrarán sistemas aéreos, terrestres y marítimos— ejecutarán las órdenes a distancia y se coordinarán entre sí en tiempo real. Un cambio mayor aún es la autonomía desde el lanzamiento, que ejecuta misiones de forma independiente con plataformas que catapultan drones, lo que requerirá «nuevas defensas con muros de drones interceptores» [[1]], precisa Honcharuk.
En consecuencia, los combatientes están más expuestos que nunca —aislados en refugios subterráneos o realizando ataques arriesgados— en una «zona de muerte» impuesta por los drones, que los atrapa en un abismo de miedo e impotencia en donde sobrevivir es un desafío inimaginable.
Límites de los drones, la guerra subterránea
El dron es poderoso porque desde su posición persigue al combatiente hasta una intimidad terriblemente insospechada, pero es solo un escalón en el concepto de «transparencia», la cual se consigue con sensores, fuegos de precisión y redes que transmiten datos de forma rápida y fiable; los drones son esenciales en una fase del combate, pero luego la artillería cobra protagonismo y más tarde los combatientes. La fuerza terrestre sigue siendo imprescindible para conquistar y defender el terreno porque la tecnología aumenta la necesidad de combatientes instruidos con voluntad de vencer; Ryan advierte que «deberíamos resistirnos a la idea de que la guerra de Ucrania es de drones, en realidad, es un conflicto complejo donde los drones han ganado protagonismo» [[2]]. Además, en la medida en que aparezcan nuevos sistemas antidrones —los láseres son especialmente prometedores— y que interceptadores y deslumbradores neutralicen a los satélites, las fuerzas terrestres tendrán más protagonismo. Las interferencias cercenaron en la guerra de Ucrania el éxito inicial del dron Bayraktar TB2 y de los proyectiles M982 Excalibur; Biddle sostiene que «la magnitud de la revolución de los drones es fácil de exagerar» [[3]].
Por otra parte, la guerra subterránea, que impacta significativamente en la moral del soldado, no es nueva. El vietcong utilizó extensos sistemas de túneles para sobrevivir al fuego estadounidense y maniobrar contra fuerzas tecnológicamente superiores; Hamás construyó uno de los sistemas militares subterráneos más extensos de la historia moderna bajo Gaza; y, durante la Operación Furia Épica en Irán, los ataques iraníes con misiles de largo alcance y drones han puesto de manifiesto que el poder militar occidental no está suficientemente soterrado. En el campo de batalla transparente combatir en la superficie se vuelve tan expuesto y letal que la maniobra ha de realizarse bajo tierra; para Luckey «el próximo escenario de la guerra será subterráneo» [[4]].
Rusia ha soterrado los itinerarios de abastecimiento, los puestos de mando, los puestos de socorro médicos y otras instalaciones críticas para sobrevivir en el conflicto «transparente». Si las velocidades de excavación mejoran significativamente y si los sistemas autónomos reducen el riesgo y la necesidad los efectivos, la guerra subterránea será una realidad; Musk considera que «la tecnología de perforación de túneles aún ópera ‘a la velocidad de un caracol’ en comparación con lo que demandan los proyectos de infraestructura transformadores» [[5]].
Necesidad de asumir una nueva doctrina
En el próximo conflicto será clave no sólo poseer la tecnología más avanzada, sino ser capaz de integrarla y adaptarla antes de que el adversario la neutralice. Drones, sensores, dispositivos electrónicos, producción industrial y procedimientos tácticos tienen ciclos de revisión de semanas que resultan inalcanzables para los ciclos de veinte meses actuales de la OTAN. En consecuencia, hay que desarrollar organizaciones capaces de aprender, decidir, producir, integrar y escalar con más rapidez que el enemigo; en la guerra acelerada del presente no basta con innovar, hay que hacerlo antes de que la ventana de oportunidad se cierre.
Ucrania se ha adaptado rápidamente al nuevo modelo con sistemas no tripulados controlados a distancia, cadenas de suministro cortas, ingenieros trabajando en primera línea junto a las unidades, y fabricantes con capacidad de producir enormes cantidades de sistemas no tripulados y de perfeccionarlos constantemente en respuesta a los avances en el campo de batalla. Su sistema Delta de gestión de la batalla recopila datos de sensores en tierra, mar y aire y los distribuye a las unidades militares «lo que permite dirigir una masa de medios baratos que aventaja a los escasos y caros de Occidente» [[6]], señala Petraeus.
También Rusia lo ha hecho. Las maniobras «Zapad 2025», con una participación de 13.000 efectivos, se han centrado en mejorar la operatividad de las pequeñas unidades —en las que se concentran las bajas en la guerra— y en aumentar los ataques contra puestos de mando, bases aéreas e infraestructuras logísticas. Su sistema Rubikon centraliza la investigación, el desarrollo, el análisis, la adquisición y el despliegue en combate de sistemas no tripulados, «lo que permite una retroalimentación con los fabricantes que reduce el ciclo de innovación» [[7]], concreta Lee.
Los ejércitos que se adapten a esta realidad —integrando la tecnología con la doctrina y la organización— moldearán el futuro de la guerra; lo contrario es prepararse para un campo de batalla que ya no existe. En consecuencia, Occidente debe desarrollar conceptos y doctrinas que protejan la maniobra en un entorno dominado por la presencia persistente de drones, lo que implica priorizar la defensa aérea, la guerra electrónica y las medidas de decepción; debe crear nuevas unidades, suprimir otras, instruir a los mandos para ejecutar operaciones autónomas y escalar la producción de drones.
Aprendizaje de China y sus aliados y déficit de Occidente
China, Rusia, Irán y Corea del Norte han creado un sistema en el que la información obtenida en el campo de batalla se transfiere rápidamente. En concreto, China —el mayor productor mundial de drones— ya mostró en 2024 su interés por conocer la forma en que el sistema ruso Rubicon —neutralizando drones y líneas de suministro ucranianas— reconquistó de la ciudad rusa de Kursk [[8]]. Ahora necesita asimilar los últimos avances, por lo que está recibiendo instrucción, inteligencia y tecnología militar de Rusia sobre cómo se utilizan los drones y la forma en que los combatientes se adaptan a la «transparencia». China también está colaborando con Rusia para neutralizar la red de satélites Starlink —con operaciones conjuntas de interferencia en ubicaciones clave— y destruirla «mediante la suplantación de acceso, infección por virus y explotación de vulnerabilidades» [[9]], precisa Gertz.
Al contrario, las instituciones militares occidentales presentan un déficit de aprendizaje sistémico que prioriza la explotación de las competencias existentes sobre las nuevas soluciones, debido a una cultura institucional que separa el desarrollo tecnológico del mando operativo. Taiwán, por ejemplo, ha invertido en plataformas tripuladas tradicionales sin prestar atención a la producción nacional de drones ni adoptar una doctrina de defensa de sistemas no tripulados, «lo que implica que las estructuras organizativas, la formación e instrucción, las adquisiciones y las instalaciones no están actualizadas para desplegar eficazmente en el nuevo campo de batalla» [[10]], señala Petraeus.
En suma, las fuerzas occidentales no han institucionalizado las lecciones clave de las guerras de Ucrania e Irán en su doctrina, estructura de fuerzas y normativa de adquisición de material. En cambio, China, Rusia, Irán y Corea del Norte han construido un sistema en el que las experiencias en el campo de batalla —desde el uso de drones hasta la guerra electrónica, desde la movilización industrial hasta la coerción estratégica— «fluyen con mayor rapidez de lo que muchas instituciones occidentales han reconocido» [[11]], señala Ryan. Si las naciones occidentales quieren competir con el nuevo bloque autoritario, necesitan cambios rápidos en la organización, la cultura, la tecnología y la filosofía de mando; el contraste entre la inercia del aprendizaje institucional occidental y la velocidad del aprendizaje de sus adversarios es una inquietante realidad.
Jesús Alberto García Riesco
Coronel de Artillería (r) y politólogo
Asociación Española de Militares Escritores
Academia de las Ciencias y las Artes Militares
[[1]] Citado en “Ukraine is scaling up interceptor drones”, TE, Feb 26th 2026.
https://www.economist.com/europe/2026/02/26/ukraine-is-scaling-up-interceptor-drones
[[2]] JOSHI, Shashank “The War Room newsletter: Ukraine’s war needs more than drones”, TE, Nov 17th 2025.
https://www.economist.com/europe/2025/11/17/the-war-room-newsletter-ukraines-war-needs-more-than-drones
[[3]] JOSHI, Shashank “The dangerous delusion of modern warfare”, TE, May 28th 2026.
https://www.economist.com/interactive/essay/2026/05/28/the-dangerous-delusion-of-modern-warfare?
[[4]] Citado en SPENCER, John. “The Next Domain of Warfare Lies Underground”, May 21, 2026.
https://spencerguard.substack.com/p/the-next-domain-of-warfare-lies-underground
[[6]] PETRAEUS, David. “The Ukraine Lesson Taiwan Keeps Missing”, Foreign Affairs, July 8, 2026.
https://www.foreignaffairs.com/united-states/ukraine-lesson-taiwan-keeps-missing
[[7]] LEE, Rob. “Inside Rubicon: The Structure of Russia’s Elite Drone Center”, June 2026. https://www.fpri.org/article/2026/06/inside-rubicon-the-structure-of-russias-elite-drone-center/
[[8]] Citado en “China is gaining troubling military know-how from Russia”, TE, Jul 23rd 2026.
https://www.economist.com/briefing/2026/07/23/china-is-gaining-troubling-military-know-how-from-russia
[[9]] GERTZ, Bill. “Classified documents reveal Chinese plan to destroy Starlink satellites”, WT, July 16, 2026.
https://www.washingtontimes.com/news/2026/jul/16/documents-reveal-chinese-plan-destroy-starlink-satellites/?srsltid=AfmBOooDUAol6rI8YetvZMxnqeY1G3ESL-_QdCdxrJLF5F9Fpju7wiA
[[10]] PETRAEUS, David. “The Autonomous Battlefield. And why the U.S. Military Isn’t Ready for It”, Foreign Affairs, March 12, 2026.
https://www.foreignaffairs.com/middle-east/autonomous-battlefield.
[[11]] RYAN, Mick. “Modern war and the systemic learning deficit in Western military institutions” https://www.lowyinstitute.org/publications/modern-war-and-the-systemic-learning-deficit-in-western-military-institutions
