LA CULTURA DEL PODER. General Argumosa

 

 

 

LA CULTURA DEL PODER

 

 

En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente la rapidez y la profundidad que la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando nuestro mundo. El poder de la tecnología emergente en manos privadas provoca que sea más difícil discernir, gobernar y orientar la humanidad hacia el bien común.

La lectura de la encíclica MAGNIFICA HUMANIDAD del Papa León XIV, publicada el pasado 15 de mayo, constituye un remanso de paz que proporciona una continua y elevada riqueza espiritual capaz de alimentar nuestro conocimiento y nuestro reconocimiento en orden a comprender y asumir con plenitud el valor de la justicia y del sentido que debe darse al bien común universal. Constata una realidad mundial incuestionable

La encíclica nos presenta dos imágenes bíblicas que reúnen características que se pueden aplicar al mundo de la tecnología avanzada actual: la construcción de la torre de Babel (cf Gén 11, 1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (cf Neh 2-6). En el libro del Génesis, el relato de Babel esconde un profundo engaño siendo una obra ajena a términos éticos y morales universales y el resultado no es la unidad sino la dispersión. Sin embargo, en el libro de Nehemías la obra tiene a la dignidad humana en el centro y reconstruye el vínculo social en el pueblo antes que las piedras.

En concreto, la tecnología de la Inteligencia Artificial (IA) no es neutral, porque sigue las pautas de quién la concibe, la financia, la regula y la utiliza. Por ello, la elección no es un “si” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén, entre un poder que pretende dominar el mundo y un pueblo que respeta la dignidad de la persona y se pone a trabajar unido.

En este caso, la cuestión se refiere, fundamentalmente, al riesgo de que la IA, separada de la ética y de la responsabilidad, haga más rápida e impersonal la decisión sobre la vida y la muerte, y presente el uso de la fuerza como una opción inmediata y viable sin tener en cuenta aspectos humanos y morales de los pueblos ni tampoco la consideración de la paz como una condición del bien común universal.

Ante posibles posiciones agresivas y orientadas al uso de la fuerza de la IA, resulta muy importante que se acuda a los principios de la Doctrina social de la Iglesia: dignidad de la persona, bien común, destino universal de los bienes, subsidiaridad, solidaridad y justicia, como criterios asumidos por la comunidad internacional que sirven realmente al bienestar y a la prosperidad de la humanidad.

Después de estas primeras consideraciones generales sobre la tecnología, en este momento me interesa analizar algunos aspectos del contenido del Capítulo 5 de la encíclica que lleva por título “La cultura del poder”, el mismo que he dado a este ensayo. Este capítulo trata un ámbito mucho más dramático que es la guerra.

La encíclica indica expresamente que en estos tiempos se está consolidando una cultura del poder en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano y reduciendo el drama concreto de los pueblos en guerra a una variable secundaria respecto a los intereses estratégicos. El Papa León XIV pretende recuperar la expresión “civilización del amor” introducida por san Pablo VI, en el año 1970, cuando el mundo estaba marcado por la guerra fría, la carrera armamentística y fuertes desequilibrios económicos. Se podría denominar la cultura de la negociación.

Hoy asistimos a una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de la política internacional. Por un lado, los conflictos regionales que se prolongan en el tiempo se vuelven habituales y, por otro, resurgen formas de conflicto por la expansión territorial como la invasión rusa de Ucrania, la actitud agresiva china hacia Taiwán y las islas y atolones del Mar de China Meridional, las operaciones israelíes en Cisjordania, las pretensiones marroquíes sobre el Sahara Occidental, el dominio turco de territorio del norte de Siria o las posiciones ofensivas de Trump sobre Groenlandia, Canal de Panamá, Canadá y sus operaciones en Venezuela que, vulnerando el derecho internacional, se van aceptando como habituales por la comunidad mundial.

Para el Papa León XIV, “hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la guerra justa, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto”. Queriendo significar que, en la cultura del poder que actualmente está viviendo la humanidad, no se tienen en cuenta otros instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la paz y la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón. En román paladino, la doctrina de la Santa Sede parece orientarse hacia una ética de paz activa más bien que a una teoría reguladora de la guerra.

Otro elemento decisivo que se aborda en la encíclica es el crecimiento de la industria bélica. No hay ninguna duda de que las industrias armamentísticas y los países que suministran armas se benefician de un mercado que prospera gracias a los conflictos. Las exportaciones de armas de empresas estadounidenses, chinas, rusas, británicas o francesas, entre otras, mueven enormes cantidades de dinero. Hay que añadir por su peso político y económico mundial a las grandes empresas digitales Existe una carrera armamentista tanto en el campo nuclear como en el convencional. Se ha extendido la creencia, errónea, de que la disuasión nuclear garantiza la seguridad mientras que en el sector convencional los intereses en juego favorecen que los conflictos tiendan a ser crónicos.

A mayor abundamiento, el panorama resulta aún mas inestable por la presencia de nuevos actores no estatales – grupos yihadistas, milicias privadas o redes criminales – que no solo indican el fin del monopolio de la fuerza por parte de los Estados, sino que estos actores transforman la guerra en un verdadero sistema natural de vida.

Un último aspecto se vincula con el continuo desarrollo de los sistemas de armas y en particular las armas relacionadas con la IA. La creciente facilidad con la que se pueden emplear los sistemas de armas autónomas hace que la guerra sea más viable y menos sujeta al control humano. Ello contradice el principio de que recurrir a la fuerza armada debe ser siempre un último recurso. En concreto, se debe controlar no solo el desarrollo y el diseño de los sistemas de armas sino también regular en detalle su aplicación y ejecución, fundamentalmente, en la toma de decisiones de alto riesgo y muy complejas, sobre la escalada y la guerra.

De las dos imágenes bíblicas que nos presenta la encíclica, el relato de Babel enfocado en el dominio y en la prepotencia, caracteriza a una humanidad que practica la cultura del poder, y la gesta de Jerusalén, basada en el vínculo y relación social, caracteriza a otra humanidad que ejercita la cultura de la negociación. La que predomina sin ninguna duda, en estos momentos, es la cultura del poder en la que actúan, principalmente, las superpotencias, las grandes potencias y las potencias emergentes.

En virtud de lo expuesto, y siguiendo la orientación señalada en la encíclica, a nivel político, es urgente pasar de la cultura del poder a una auténtica cultura de la negociación, en la que el diálogo y las relaciones diplomáticas se conviertan en la vía habitual para afrontar los conflictos. Es decir, utilizar la lógica de la paz en lugar de la lógica de la guerra, de tal manera que la cultura de la negociación se convierta en un compromiso mundial compartido y así alejar a la humanidad de la espiral de la violencia.

El cambio de tendencia hacia la lógica de la paz no será fácil en el ambiente internacional de crispación y conflicto existente en este primer tercio del siglo XXI donde está imperando la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón. Sin embargo, como apunta el Papa, tanto la ONU – a pesar de que ahora se encuentra debilitada – como las organizaciones internacionales son instrumentos esenciales para promover el diálogo y la solución pacífica de los conflictos. Constituye una llamada a la esperanza.

                                                   

 GD (R) Jesús Argumosa Pila.       General de División del ET, r

Vicepresidente 2º de la Asociación Española de Militares Escritores

Director de la Cátedra de Geopolítica y Estudios Estratégicos del EIIS