
AL MARGEN DE LA DECLARACION OFICIAL DE ANKARA (OTAN)
La Cumbre de la OTAN, recientemente ocurrida en ANKARA, ha constituido un éxito limitado, muy centrado en los aspectos industriales de defensa y poco resolutivo en lo que respecta a la determinación de los interrogantes de futuro que pesan sobre la Alianza, a pesar de la declaración final, siempre grandilocuente en este tipo de actos, que no refleja los desacuerdos varios que allí se han producido.
En primer lugar, el Presidente Trump no ha demostrado ninguna precaución en usar su estilo tradicional, al que tiene acostumbrado a sus aliados; tosco, ausente del menor sentido diplomático y carente de empatía para con las razones de los países miembros de la Alianza, de la que no hay que olvidar que no se trata de una organización supranacional sino internacional, que funciona por consenso, y que cualquier miembro puede bloquear una decisión de conjunto; en este sentido, la oposición de Erdogán a la rápida adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN, por cuestiones de política interior, no mereció la crítica acerva de Estados Unidos, como lo ha hecho su actual Presidente en esta Cumbre para otros, sin embargo, en esta ocasión, la concesión a Turquía del permiso de compra de los F-35B, después de los elogios al líder otomano, parece una recompensa a su contención en Oriente Medio, tanto en Siria, como en la relación con Israel.
El Presidente Trump ha ofendido gravemente el prestigio internacional de varios países europeos, en especial el de España, con repetidos juicios de valor sobre su comportamiento con la OTAN, amenazando y tomando medidas contra el comercio bilateral, que por otra parte depende de la UE, demostrando no estar a la altura de las circunstancias; además estos ataques no han tenido, por lo que conocemos, la respuesta adecuada, alimentando el acostumbrado e intempestivo proceder del líder norteamericano.
La “estrategia empresarial” de Trump, en el tratamiento de terceros, representa en la OTAN una disgregación de los aliados y una pérdida de confianza en el vínculo transatlántico, pues genera inestabilidad en los grandes asuntos que tiene planteada la Organización Atlántica y que, en esta Cumbre, no han sido más que esbozados, ya que la posición de futuro de Estados Unidos tampoco ha sido definida.
La actuación, al menos la que ha reflejado los medios, del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, como servidor de todos los aliados y portavoz necesario del sentir de estos, no ha estado tampoco a la altura de las circunstancias interpretando las razones de aquellos ante el “todopoderoso” Trump, con el que se ha alineado, muy frecuentemente, con algunos matices de adulación personal.
¿Se ha conservado la unidad en la OTAN?, sí, a duras penas, repitiendo el ya casi eslogan de todos los Conceptos Estratégicos, el artículo V del Tratado, y la clave de bóveda de disuasión y defensa; se ha avanzado en el compromiso de apoyo a Ucrania contra la invasión rusa de su territorio, que dura ya 4 años, comprometiendo una cifra algo inferior a la que la que ya ha librado la UE (90000 millones de euros frente a los 70000 de la OTAN), considerando a Rusia como la principal amenaza de la Alianza; sin que sirva de precedente no ha habido ninguna citación de China, ni como desafío existencial.
Cabe indicar que el debilitamiento del vínculo transatlántico, por los reiterados anuncios de Estados Unidos sobre la retirada de medios y personal en Europa, para aplicarlos en otras zonas de su interés estratégico, como la de Indo Pacífico y Oriente Medio, no ha ido más allá del modo declarativo, manteniendo la unidad de la Organización aspecto que se puede contar entre los más positivos de la Cumbre.
No obstante, es muy posible que Trump, carente de aliados en otros Teatros, no haya querido evocar de nuevo el asunto de su interés estratégico por Groenlandia que tanto malestar produjo en los aliados cuyas reacciones, en su día, disuadieron a Estados Unidos de sus apetencias inmediatas, aunque la OTAN tiene una clara visión de ocuparse del Artico, como zona estratégica de primer orden, programando iniciativas en ese ámbito en las que al parecer participará España.
La determinación de las capacidades necesarias, para sustituir las posibles pérdidas, retiradas en un futuro próximo por los Estados Unidos en Europa, no han sido tratadas específicamente, aunque previsiblemente se tratará de las necesarias para asegurar el transporte aéreo estratégico, el reabastecimiento en vuelo, la inteligencia estratégica, la burbuja global de comunicaciones de combate, las acciones en el ciberespacio y en el espacio ultraterrestre.
La consideración de que la Triada de disuasión sigue teniendo vigencia (Convencional, Armas Nucleares Tácticas y Armas Nucleares Estratégicas), siendo las dos primeras responsabilidad de los europeos y Canadá, facilitando Estados Unidos las cargas nucleares correspondientes para la segunda, y la tercera, la nuclear estratégica a cargo también del aliado norteamericano, induce a pensar que Estados Unidos no puede desvincularse a futuro de la Defensa de Europa, pues rompería esta secuencia clave de la disuasión.
La europeización de la OTAN, siempre planeando en la Cumbre de Ankara, tampoco se ha esbozado, ni siquiera lo que podría ser una reestructuración de los Mandos Estratégicos de la Alianza, aspecto que necesariamente debe de producirse y que quizás se haya dejado para otra cumbre por el estudio que precisa, aunque es posible que se acelere el nombramiento de Mandos europeos en la actual estructura, aspecto ya iniciado en el pasado.
Los conflictos de Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz han merecido una citación, asegurando que la Alianza está por la apertura sin restricciones del estrecho y por la no disponibilidad de Irán de armas nucleares, aunque no existe ninguna implicación en el mismo, para lo que sería necesaria una decisión específica del Consejo Atlántico.
Se puede admitir que Trump ha conseguido consolidar su escenario de gasto e inversiones, exigido en la Cumbre de la Haya, se ha reconciliado con los aliados, de momento, y favorecido la reactivación de sus industrias de defensa que, asegurada la financiación, deberán de proporcionar el material y armamento que precisan los europeos y Canadá para este periodo de mayor protagonismo, de momento con tecnología que habrá que adquirir también en Estados Unidos, en gran medida.
Ricardo Martínez Isidoro General de División, r
Presidente de la Asociacion Española de Militares Escritores (AEME)
