CLAVES Y LECCIONES DE LA GUERRA DE IRÁN. Coronel Garcia Riesco

Interesante trabajo para mejor comprender  la Guerra de IRAN, enviado por el Coronal, Jesus Alberto Garcia Riesco, asociado de AEME.

 

 


 

CLAVES Y LECCIONES DE LA GUERRA DE IRÁN

 

El actual conflicto, que libran Estados Unidos e Israel contra Irán, es un nuevo error estratégico de Occidente que muestra los límites de sus capacidades ante la resiliencia iraní, basada principalmente en el victimismo martirial de la religión chiita.  En consecuencia, es necesario establecer estrategias realistas y adecuar los medios a los nuevos campos de batalla.
 

Una mala estrategia

Las operaciones terrestres en Asia no han sido buenas experiencias para Estados Unidos. Los conflictos de Vietnam, Irak y Afganistán muestran que un poder militar superior no es suficiente para conseguir la victoria; puede destruir infraestructuras y crear sufrimiento, pero no imponer la voluntad a un adversario con capacidad de resistencia. El caso de Vietnam es paradigmático: los líderes estadounidenses —encabezados por Kennedy y McNamara— eran los mejores y los más brillantes, pero fueron arrastrados por la fe en la propia invulnerabilidad sin sopesar si el éxito era realmente alcanzable a un precio razonable; Halberstam señala que «carecieron de sentido histórico y desconocieron los obstáculos que se interponían en el camino hacia la victoria» [[1]]. Reconocían que, en un intento de evitar lesionar la credibilidad estadounidense, estaban entrando en una espiral desafiante que impedía ganar la guerra, pero se cegaron sin tener en cuenta que el país se involucraba en un conflicto de dudoso valor estratégico frente a un enemigo con inquebrantable voluntad de vencer; McNamara se reprochó haber ignorado el patriotismo de Ho Chi Minh [[2]].

El «error Vietnam» se ha repetido en la Guerra de Irán. Estados Unidos e Israel planearon una victoria rápida y decisiva —basada principalmente en el poder aéreo— convencidos de que el adversario no podía soportar una confrontación prolongada. Sin embargo, los ataques no han degradado las capacidades enemigas: Irán no ha hecho concesiones significativas sobre su programa nuclear, ha mantenido gran parte de sus misiles balísticos [[3]], sus fuerzas armadas no han sido neutralizadas y no ha cambiado su régimen político. Se ha demostrado, una vez más, que los estados más débiles no necesitan necesariamente derrotar a potencias más fuertes militarmente para tener éxito, simplemente evitando el colapso —mientras imponen suficientes costes económicos, políticos y estratégicos— logran los objetivos. La capacidad iraní para bombardear a los estados vecinos del Golfo con más de 5.000 ataques de misiles y drones, a pesar de la campaña aérea occidental, muestra «los límites a la expectativa de que se pueda bombardear un país hasta someterlo» [[4]], enfatiza Wezeman.

 

Límites de las capacidades de Occidente

Las guerras en el futuro serán de desgaste y demandarán grandes recursos para reemplazar las pérdidas, por lo que tendrá gran importancia una resiliencia social de la que carece Occidente y a la que, sorprendentemente, no le da la importancia adecuada. Recientes ejercicios de simulación concluyen que, en un conflicto prolongado, el ejército estadounidense «dispondría de municiones consideradas esenciales sólo para un mes» [[5]] y Cancian señala que «sufriría tantas bajas en los primeros treinta días de conflicto contra China en Taiwan como en veinte años de guerra en Irak y Afganistán» [[6]]. El conflicto iraní ha mostrado los límites de la fuerza militar superior frente a una resistencia decidida, aspecto que se repite desde la Segunda Guerra Mundial; Vietnam, Irak y Afganistán reflejan «cómo a las fuerzas armadas más capaces del mundo les cuesta estabilizar sociedades con otras culturas» [[7]], precisa Kremidas-Courtney.

Mientras el régimen iraní no sea desafiado por una considerable fuerza terrestre, probablemente seguirá en el poder. Semejante operación es complicada: en la guerra de Irak de 2003 se desplegaron más de cincuenta grupos de combate estadounidenses y británicos para invadir un país de mucha menor entidad que Irán. Además, la geografía iraní ralentizaría cualquier invasión terrestre porque es una meseta delimitada por cadenas montañosas al norte y al oeste, intercalada por dos desiertos al norte y al este. A nivel más concreto, reabrir el Estrecho de Ormuz implicaría emplear muchos medios y gran cantidad de efectivos con despliegues prolongados en la zona para obtener resultados inciertos. El Estrecho tiene poco más de 30 km de ancho en su menor distancia y está rodeado por montañas, por lo que los buques de guerra estadounidenses estarían al alcance de unos drones y misiles difíciles de detectar y neutralizar. Otra opción es conquistar la estratégica isla de Jark, pero las tropas quedarían igualmente expuestas por su cercanía al continente. Finalmente, la opción de asaltar Isfahán, para incautar las reservas iraníes de unos 400 kg de uranio enriquecido, no parece viable.

Por su parte, el mar Caspio funciona como un nodo crítico que sustenta las relaciones entre Moscú y Teherán ante la presión de Occidente; Rangel precisa que «es particularmente importante el Corredor de Transporte Norte-Sur, un sistema multimodal de puertos, ferrocarriles y carreteras que conecta Rusia con Irán» [[8]]. Además, Rusia prevé apoyar a Irán, en caso necesario, con sus propias versiones mejoradas de los drones tipo Shahed y con drones guiados por satélite de largo alcance. También planea reclutar e instruir a operadores de drones entre los 10.000 estudiantes iraníes que se preparan en universidades rusas [[9]].

 

Resiliencia iraní

En los últimos dos siglos, Irán ha tenido numerosos conflictos con potencias extranjeras —principalmente Rusia, Reino Unido y Estados Unidos— que han arraigado la victimización en el subconsciente social, lo que le da una capacidad inusual de resistencia. El país ha pasado décadas construyendo un sistema basado en la resiliencia y en la descentralización, por lo que está preparado para una guerra larga capaz de agotar las reservas del adversario y mantener el costo del conflicto por encima de lo que la opinión pública y las industrias occidentales pueden absorber; Carr señala que «la doctrina militar de Irán se ha construido durante mucho tiempo en torno a sobrevivir a un ataque inicial a gran escala» [[10]].

La mayor fuerza iraní radica en la cultura martirial chiita, que tiene su origen en el sacrificio de Ali Bin Talib y sus leales, asesinados en el año 661 por las fuerzas del califa omeya Yazid I en Karbala. La simbología martirial —espejo por el que se vislumbra la felicidad eterna— permitiría al país sostener una guerra prolongada con la inmolación de miles de jóvenes que imitarían el modelo de la Guerra Irán-Irak (1980-1988); Mamouri estima que seis millones de iraníes siguen las fatwas [[11]]. La victimización enfatiza que Occidente busca la destrucción del islam, por lo que el principal objetivo del régimen es la resistencia contra el imperialismo agresor. Cuanto más sufre el país, más crece el resentimiento; «en semejante marco ideológico las grandes pérdidas se consideran una prueba de rectitud, no un fracaso político» [[12]], precisa Prowant.

 

Lecciones del conflicto

Dificultad para enfrentarse a una guerra prolongada

El conflicto muestra la dificultad de Occidente para imponerse a estados totalitarios debido a su endémica aversión al riesgo, lo que lesiona su capacidad de disuasión. Demasiados líderes del mundo libre están condicionados por cálculos políticos a corto plazo y apegados a la ilusión de que el «poder blando» puede evitar los conflictos indefinidamente. Irán ha aprendido que la propia resistencia permite mantener a la economía global como rehén y ha comprobado que no necesita cerrar completamente el Estrecho de Ormuz para crear incertidumbre, un arma por sí misma; Wallerstein se pregunta si «Estados Unidos puede adaptarse a un mundo en el que sigue siendo poderoso, pero ya no único [[13]].

Estrategias realistas acordes con las propias capacidades

También hay que establecer una estrategia realista que precise los objetivos políticos antes de realizar las operaciones militares. Al no estar preparado para enfrentarse a una guerra prolongada, Occidente planea de forma refleja operaciones cortas y decisivas que ya no son resolutivas; Mattis dice que los objetivos iniciales declarados de Estados Unidos e Israel no se han cumplido porque, aunque se han seleccionado bien los objetivos, ha faltado estrategia [[14]].

Adecuar los medios a los nuevos campos de batalla

La guerra de Ucrania muestra que, en una guerra de desgaste, la relación entre el campo de batalla y los centros de producción ha de ser estrecha y directa: la experiencia en combate mejora la tecnología de forma constante, y la tecnología mejora el rendimiento en combate. Sin embargo, la dependencia de la industria armamentística occidental de los accionistas y de su capacidad para impulsar la economía y crear empleo, ralentiza la relación con el teatro de operaciones porque desvía a los centros de producción de su función genuina, que es emplear los recursos para producir armamento y no al revés. La colosal producción bélica estadounidense en la Segunda Guerra Mundial se realizó gracias a que los gestores de las fábricas de armamento —aportando su mejor talento y su mayor esfuerzo— asumieron de facto una prestación personal preceptiva —alejada de los dividendos— que les identificaba con los combatientes en el frente.

 

 

Jesús Alberto García Riesco

Coronel (r) y politólogo

 

Asociación Española de Militares Escritores

 

[[1]] HALBERSTAM, David. The Best and the Brightest, Ballantine, 1993.

[[2]] MCNAMARA, Robert. In Retrospect: The Tragedy and Lessons of Vietnam, Vintage, 1996.

[[3]] Citado en ALI, Rabia. “Test of patience’: Iran conflict becoming ‘war of attrition’ with no clear end”, May 2026. https://www.aa.com.tr/en/us-israel-iran-war/test-of-patience-iran-conflict-becoming-war-of-attrition-with-no-clear-end-analysts-warn/3937531

[[4]] Citado en JACK, Victor. “5 ways the Iran war shows NATO is not ready to fight Russia from ammunition shortages to underinvestment in navies, the alliance is far from battle ready” April 2026. https://www.politico.eu/article/5-ways-iran-war-nato-weakness-russia-conflict/

[[5]] VERSHININ, Alex. “The Attrition War”, March 2024. https://www.rusi.org/explore-our-research/publications/commentary/attritional-art-war-lessons-russian-war-ukraine

[[6]] CANCIAN, Mark. “The First Battle of the Next War: Wargaming a Chinese Invasion of Taiwan”

January, 2023.  https://www.csis.org/analysis/first-battle-next-war-wargaming-chinese-invasion-taiwan

[[7]] KREMIDAS-COURTNEY, Chris. “The Iran war and the limits of American power”, Mar. 2026. https://www.epc.eu/publication/the-iran-war-and-the-limits-of-american-power/

[[8]] RANGEL, Beatrice. “Del Estrecho de Ormuz al Mar Caspio: la resiliencia estratégica de Irán”, May 2026. https://www.infobae.com/america/opinion/2026/05/13/del-estrecho-de-ormuz-al-mar-caspio-la-resiliencia-estrategica-de-iran/

[[9]] Secret document reveals Russia’s plans to aid Iran, The Economist, May 7th 2026. https://www.economist.com/europe/2026/05/07/secret-document-reveals-russias-plans-to-aid-iran

[[10]] ALI, Rabia. Op. Cit.

[[11]] Citado en “Why Ali Khamenei may have welcomed the nature of his death”, The Economist, Mar. 2026. https://www.economist.com/middle-east-and-africa/2026/03/03/why-ali-khamenei-may-have-welcomed-the-nature-of-his-death

[[12]] PROWANT, Max. “The Unique Resilience of Iran’s Theocracy”, February 16, 2026.  https://lawliberty.org/the-unique-resilience-of-irans-theocracy/

[[13]] KREMIDAS-COURTNEY, Chris. Op. Cit.

[[14]] BOOT, Max. “The Iran War’s Hard Lessons”. https://www.cfr.org/articles/the-iran-wars-hard-lessons