CICLO I /26 DE AEME «CHINA EN LA NUEVA ERA GEOPOLITICA»

LA ESTRATEGIA NUCLEAR CHINA EN 2026, UN ESBOZO DE UNA CONTRADICCIÓN
Hablar en términos generales de estrategia de defensa de China exige prudencia. Es engañoso aplicar hoy a un país totalitario y hermético categorías propias de la guerra fría, con parámetros de estudio occidentales.
En el fondo en la China de hoy, bajo una apariencia de una economía de libre mercado que no lo es en absoluto, más allá del barniz superficial, se constata una toma de decisiones muy centralizada y, sobre todo, oculta a cualquier tipo de escrutinio público.
Esta será por tanto mi primera consideración. Todo lo que se comenta a continuación viene mediatizado por un factor decisivo que puede cambiar en cualquier momento dramáticamente, la opinión de la cúpula del régimen, para la que la libertad de acción tiene pocos o ningún límite.
Segundo comentario general sobre las estrategias de china es su marco temporal. La propia naturaleza del régimen, protegida frente a cambios de fondo, favorece planeamientos de largo plazo y una gran estabilidad en sus posicionamientos y ambiciones.
Para el tema que nos ocupa, es evidente una ambición de gran potencia, al menos regional, que lleva a un rearme sofisticado y acelerado.
De las declaraciones repetidas de sus dirigentes se deriva de forma evidente la voluntad de cerrar cuanto antes la reunificación nacional, a través de la incorporación de Taiwan a la República Popular China. La posibilidad de lograr esta reunificación, incluso por la fuerza, es una constante del discurso oficial chino.
Hay una segunda línea estratégica que consiste en ser el poder militar dominante en su área de influencia. Esta iniciativa explica el despliegue y asertividad en el mar de la china y la conocida construcción de islas artificiales en la zona.
Finalmente hay una voluntad expresa de potencia económica global dominante, lo cual explica acciones concretas, alianzas e inversiones.
Pues bien, todo lo anterior exige, en un análisis coherente, desactivar la avasalladora superioridad nuclear de sus adversarios, Estados Unidos sobre todo, y en menor medida Rusia e India.
Hay en este comentario un primer matiz esencial de la visión china en la materia, que condiciona la evolución de su programa nuclear, que tuvo su origen en 1964 con apoyo de la URSS.
Para muchos países, la ambición nuclear es en esencia defensiva. Se trata, en ese caso, de proteger el país frente a previsibles agresiones externas.
No es el caso de China hoy en día, sin lugar a dudas. China no espera una agresión militar externa a su territorio. Quizá fue ese un temor cierto hace unos años, con la escalada de tensión con la Unión Soviética. No es el caso hoy, con independencia de las repetidas declaraciones de sus dirigentes y de su estrategia nuclear declarada.
China necesita en mi opinión una poderosa fuerza nuclear para desmontar la disuasión de sus adversarios, en particular de los Estados Unidos, y lograr una deseada libertad de acción. Por cierto, no sólo Estados Unidos, me da la sensación que la China de hoy, mira con atención la evolución de una India llamada a ser el gran competidor estratégico como potencia regional.
Su estrategia nuclear no es, por tanto, defensiva sino una precondición para ser libre de adoptar acciones ofensivas sin que sus adversarios puedan obligarles a una parálisis a través de una disuasión nuclear desequilibrada.
Si mi teoría es correcta, la estrategia china debería cuanto antes igualar el número y potencia de cabezas nucleares disponibles y disponer de vectores en número y calidad que les permitan alcanzar el territorio de los adversarios, en particular el territorio continental de los Estados Unidos.
La realidad contrastable sigue esta línea. Es un hecho de fácil constatación la gran inversión china de estos últimos años en actualizar, mejorar e incrementar su arsenal nuclear y de los vectores de lanzamiento, como los DF-61, (exhibido en Tiananmen el 3 de septiembre de 2025), DF-41, DF-31 y DF-5C. Esto es relevante y se enmarca en los parámetros comentados.
Llegados a este punto, es importante preguntarse, dentro de las limitaciones comentadas, sobre la doctrina de empleo de este armamento nuclear declarada por las autoridades chinas. ¿Bajo qué condiciones planean su utilización, llegado el caso?
Si atendemos a las declaraciones repetidas de sus dirigentes, su uso es meramente defensivo, renunciando expresamente al primer uso de este armamento. Es decir, enmarcan su uso en una respuesta a un ataque nuclear previo.
Ya he comentado que, en el fondo, el objetivo es muy otro en términos de disuasión. Se trata claramente de desactivar la disuasión del adversario a través de un equilibrio nuclear de fuerzas.
En este sentido, la estrategia de “no primer uso” es totalmente coherente con intenciones ofensivas convencionales, posibilitadas por una amenaza nuclear para paralizar la amenaza nuclear del adversario.
De igual manera, la declarada capacidad de represalia tras sufrir un primer ataque es, y así hay que entenderla, en el fondo, como un mensaje disuasorio para evitar el ataque inicial por parte del adversario.,
Si esto es así, y sin dudarlo así lo parece, el rearme acelerado nuclear chino busca paralizar la respuesta de los adversarios, dando libertad de acción a China para un ataque convencional.
En esta lectura aparece inmediatamente el escenario Taiwan. Ante la idea de una acción militar china hoy, el desequilibrio nuclear con el aliado norteamericano llevaría a China a tener que congelar la acción, siempre que el compromiso norteamericano con la isla fuera indiscutible y nuclear, como en principio parece.
Esta es la hipótesis a contrarrestar precisamente y sin duda, una congelación de acciones nucleares que permitiría a China hacer valer su aplastante superioridad convencional en una acción sobre la isla.
Cabe recordar en este punto que la evolución geopolítica actual hacia un equilibrio de poderes, que recuerda mucho el modelo de la época del Tratado de Utrecht de 1715, con el consiguiente abandono de facto del modelo institucional de renuncia al empleo de la fuerza en las relaciones internacionales de la Carta de las Naciones Unidas.
En un esquema como el descrito, es plenamente coherente el rearme chino en su aspiración a ser una de las grandes potencias del Siglo XXI y estar en disposición de promover sus ambiciones por la fuerza.
Mi sensación es que la apuesta es ser la primera potencia comercial y económica mundial y la potencia predominante militar en Asia, Oceanía y tal vez en África.
Por eso precisamente la República Popular de China no ha aceptado la condición de extenderlo a China, expresada por la administración norteamericana para renovar el acuerdo START III de limitación de armas nucleares, dejándolo caducar el 5 de febrero de 2026.
Este acuerdo entre Rusia y Estados Unidos limitaba las cabezas nucleares a 1550 por cada lado y los vectores de lanzamiento ICBM a 800. Ante la última propuesta de prórroga del acuerdo por un año hecha por el Kremlin, objetó Estados Unidos con la condición de incluir a China en el acuerdo. China nunca la aceptó.
Siguiendo esta argumentación, esta postura china es también coherente con un importante rearme nuclear y una estrategia de empleo como la que podemos derivar de las declaraciones de sus dirigentes, incluyendo la subida del nivel de alerta de sus fuerzas nucleares.
No tiene, efectivamente, interés alguno China en proclamar una utilización de armas nucleares como garantía de una integridad territorial no amenazada, como hacen Rusia o Francia por ejemplo.
China hace ver a las claras con esta posición que excluye la posibilidad de ser atacada, no es defensiva, su visión hoy en día es sin duda ofensiva. Y pretende que sus acciones, como he explicado, no puedan ser limitadas por la amenaza nuclear del adversario.
Además, y esto es a mi juicio lo más importante, hay por parte china una apuesta subyacente muy peligrosa para occidente y que consiste en la exportación global de un modelo político muy perverso en términos de derechos y libertades.
Una última llamada de atención muy de actualidad. Los conflictos de Ucrania y muy en especial el de Irán, hacen que los cálculos estratégicos chinos se aceleren y dan la razón a sus dirigentes sobre la necesidad de una libertad de acción estratégica que sólo un arsenal nuclear equivalente al de los adversarios puede proporcionales.
Lo anterior, desborda los límites de este artículo y obliga a desentrañar en detalle la visión del mundo desde China y las bases geoestratégicas, marxistas y confucianas de una tal visión, tal y como se presentó en la tercera sesión plenaria del comité central del Partido Comunista Chino, celebrada en julio del 2024,
Rubén García Servert, Teniente General del EAE,r
De la Academia de las Ciencias y las Artes Militares.
