Interesante articulo, sobre la primera ciudad española en los EEE.UU, con el Castillo de San Marcos, joya histórica donde se guardan numerosos recuerdos de la civilización española, entre ellos una colección de banderas con la Cruz de Borgoña, perfectamente conservadas en cuadros con aire acondicionado.. Redactado para la revista MILITARES, que la publicará en su próximo numero, por el Teniente Coronel Jose Garrido Palacios, asociado de AEME.
SAN AGUSTÍN Y LA ESCLAVITUD EN LA FLORIDA
DE EE. UU. (1670-1740)

Vista aérea del Castillo de San Marcos. Florida (Estados Unidos)
El Tratado de Madrid, firmado el 17 de julio de 1670 entre españoles e ingleses, ratificaba otro anterior rubricado tres años atrás y ponía fin a la guerra entre los dos contendientes durante los años 1655-1660. Ese Tratado fue conocido asimismo por el de William Godolphin, en recuerdo del firmante en nombre del rey Carlos II de Inglaterra; al tiempo que la firma española fue realizada por Gaspar de Bracamonte en representación de Mariana de Austria, regente por minoría de edad de Carlos II de España.
Avance de los ingleses hacia el sur
En el acuerdo de 1670 las dos potencias delimitaron su frontera en la península de Florida, situada al sur de Charleston, estado actual de Carolina del Sur, y se comprometieron a lo siguiente: pacto de no agresión, respeto al comercio de cada uno e intercambio de prisioneros capturados en conflictos anteriores. En principio, todo fue normal, aunque pronto surgieron diferencias por el tráfico de esclavos de los británicos y el avance constante de sus fuerzas al sur de la frontera comprometida en el citado Tratado.
No fue la primera vez que ellos incumplían un compromiso, por cuanto ya en 1607 hicieron lo propio: fundaron una colonia –su primer asentamiento en el actual Estados Unidos–, y construyeron el Fuerte de Jamestown, en Virginia, desde el que controlaban las incursiones de los barcos españoles y los ataques de los indígenas powhatan, situados en la orilla del río James.
Las incursiones inglesas hacia el sur prosiguieron sin solución de continuidad hasta llegar a las puertas de las posiciones españolas, por lo que se reforzaron las defensas de San Agustín. Recordemos al respecto, que dicha ciudad se erigió en 1565, en la época del explorador Pedro Menéndez de Avilés, y fue el primer asentamiento europeo más antiguo en Estados Unidos. La ciudad estaba defendida por unos bastiones de madera que poco podían hacer frente a los ataques anglosajones. Una de esas acciones tuvo lugar en mayo de 1668, dirigida por el pirata Robert Searle, que dio muerte a decenas de hombres, mujeres y niños españoles. En consecuencia, las autoridades decidieron levantar un nuevo bastión.
Nuevo Castillo de San Marcos
El nuevo Castillo de San Marcos comenzó su construcción en octubre de 1672, dirigido por el ingeniero militar Ignacio Daza y el sargento Manuel de Cendoya, experto en fortificaciones, con un material rocoso llamado coquina, una roca compuesta por carbonato cálcico y restos de fósiles marinos, tipo conchas de ostiones, corales, etc. Constaba de cuatro baluartes, patio central, foso en tres lados y puente levadizo. El material estaba pobremente cementado, si bien fue muy resistente a los disparos de la artillería y las flechas enemigas. La edificación, en forma de estrella, se inauguró en 1695 y hoy todavía perdura. Fue declarado Monumento Nacional en 1924.
Su estreno militar ocurrió poco después, toda vez que en 1702 el gobernador inglés James Moore, de la provincia de Carolina (entonces unidas Norte y Sur), intentó apoderarse de la ciudad de San Agustín, mas el millar largo de habitantes –incluidos tres centenas de militares– hicieron una férrea defensa de la ciudad y del Castillo durante dos meses. A la postre, ante la llegada de una flota española de La Habana, los atacantes se retiraron tras provocar un gran incendio en la ciudad.
En esa excelente defensa, la roca tuvo un gran mérito, ya que las balas de los oponentes eran absorbidas por la coquina, y en el mismo conflicto aprendieron que había que sustituir todo el material de madera por otro ignífugo. En ese sentido, con la dirección cualificada del ingeniero Pedro Ruiz de Olano, se modificaron los tejados de madera por otros de roca y forma abovedada. A la vez, se elevaron los muros existentes dos metros con el fin de proporcionar una mejor defensa contra el fuego artillero y los intentos de acceso por ellos.
Antes del ataque definitivo, el gobernador de Cuba, Pedro Nolasco Benítez de Lugo, solicitó ayuda urgente a España para oponerse a las agresiones inglesas. En esa petición, realizada en 1702, se incluían 150 hombres, 400 armas de fuego, picas, víveres y materiales para mejorar las defensas. No obstante, a pesar de la urgencia de la situación, en España no se alarmaron. Con cierta calma, en 1704, enviaron algunas armas y 20 hombres, dotación insuficiente para los retos que debía afrontar la guarnición del fuerte.
Masacre de Apalache
Al cabo de unos años, las acciones continuaron en otros sectores de la península de Florida dirigidas por el ex gobernador James Moore, dado que fue destituido, y actuaba cual pirata con el consentimiento de las autoridades de Charleston. Lanzó un feroz ataque contra las misiones de la provincia de Apalache en enero de 1704, denominada «Masacre de Apalache»; y, más tarde, hizo lo mismo en la zona de los timucuas, al sur de Jacksonville. Esas salvajes acciones destruyeron muchas misiones españolas y ocasionaron innumerables muertes. Los religiosos fueron quemados en hogueras y 4.000 niños y mujeres, esclavizados; a la vez que casi todos los hombres fueron eliminados, la mayoría indios cristianizados. Traemos a la memoria que por el año 1700 había unas 50 misiones franciscanas en las tres zonas mencionadas.
Solo se salvó el Castillo de San Marcos, el que siempre hizo frente a los asaltos ingleses, franceses y holandeses, y gracias a ese acto España no abandonó la península de Florida en tal ocasión. El costo de su mantenimiento era elevado, pues las 500 personas que albergaba San Agustín dependían de las arcas de la Corona española, y ese gasto permaneció muchos años. A lo largo del siglo XVII la Corona gastó siete millones de pesos en mantener las misiones y los presidios ocupados por soldados profesionales.
Por su parte, los anglosajones se ganaron el favor de varias tribus, antes neutrales, mediante el contrabando y el trueque de mercancías. Los primeros ofrecían ron, baratijas y armas para luchar contra los españoles; de otra suerte, los indios entregaban pieles de animales –bien cotizadas en los mercados– y apoyaban a los británicos en litigios territoriales. Con esa estrategia se sumaron miles de nativos a esas fuerzas y consiguieron ocupar vastos espacios en poder de los españoles.
La esclavitud de negros e indios y el Fuerte Mosé
Sin duda, algunos de los factores de litigio entre España e Inglaterra fueron la esclavitud y el trato a los negros africanos, que difería de manera sustancial. Para España, la evangelización cristiana fue uno de los objetivos impuestos por la Corona y había que cumplirlo, y la forma básica no era otra que la fundación de misiones. Por el contrario, los propósitos de los ingleses con los negros e indios, en su caso, eran los esclavos y la disponibilidad de mano de obra para sus cultivos y granjas; los pingües beneficios que aportaban.
Ese contraste quedó patente con la emigración de familias enteras de norte a sur que se produjo a lo largo de varios años. El primer caso acaeció en 1687, cuando un grupo formado por seis hombres, dos mujeres y un niño llegaron a San Agustín en una pequeña embarcación. Fueron admitidos y recibieron amparo, obviando la reclamación enemiga. El rey de España, Carlos II, concedió derecho de asilo a todos los cautivos que llegaron al territorio español y su libertad, siempre que abrazaran la fe católica. En la misma línea, el gobernador de Florida, Manuel Montiano (1737-1749), a más de cumplir la Real Cédula del monarca, construyó en 1738 para los esclavos negros el poblado de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, o Fuerte Mosé, situado 3 km al norte de San Agustín.
Esa fortificación, construida con cuatro muros de coquina, contribuyó a vigilar la frontera con los británicos y a dificultar el asalto a la zona española. Fue el primer asentamiento de negros y mulatos libres en Estados Unidos, compuesto por una centena de antiguos esclavos africanos huidos de las colonias inglesas de Georgia y de las dos Carolinas (ahora ya Norte y Sur). Asimismo, los ocupantes de los barracones de Mosé pasaron de ser sometidos en la explotación anglosajona del algodón, a ser libres y dueños de zonas de cultivo, de las que obtenían productos para su alimentación.
El tráfico de esclavos indígenas entre 1670 y 1715 por los colonos ingleses, en las colonias de Norteamérica y el Caribe, se estima que fue de entre 25.000 a 50.000 personas, cifra nada desdeñable. Las fugas de aquellos fueron continuas en las dos Carolinas y hasta una rebelión masiva de negros tuvo lugar en Carolina del Sur, siendo sofocada por los británicos antes de que lograran asilo en San Agustín.
La oreja del pirata Jenkins
En 1731, el capitán español Julio León Fandiño con el guardacostas La Isabela capturó el navío Rebecca, comandado por el pirata Robert Jenkins, cuando ambos estaban en la costa Atlántica de Norteamérica. Cuando el contrabandista estaba prisionero de los españoles, el capitán le cortó una oreja con una espada y luego dijo, según versión de la víctima: «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».
Ese acto fue aprovechado, años después, por el gobernador de Georgia, James Oglethorpe, promotor de que el ofendido se presentara ante la Cámara de los Comunes con la oreja cortada y conservada en un frasco con alcohol y sal. Jenkins expuso su caso particular ante el Parlamento británico, y ese acto sirvió para enfrentarse al primer ministro Walpole e incrementar la enemistad con los españoles. Con todo, el 23 de octubre de 1739 Inglaterra declaró la guerra a España. Esa situación desafortunada dio lugar a la llamada Guerra de la Oreja de Jenkins o Guerra del Asiento, que perduró nueve años (1739-1748) y terminó con victoria española.

Plano de San Agustín, San Marcos y el Fuerte Mosé (1783). Museo del Ejército. Madrid
La derrota anglosajona constituyó un revulsivo para intensificar su lucha y aumentar los medios disponibles. Con un ejército formado por 2.000 soldados y la incorporación de indios procedentes de las tribus creeks, cherokees, choctaws y chickasaws, los ingleses se lanzaron al asalto de puestos hispanos escasamente guarnecidos, entre ellos el de Mosé, si bien el poblado –constituido por veinte cabañas– había sido fortificado y defendido por 100 hombres, insuficientes a todas luces. Así y todo, los asaltantes no pudieron con el Castillo de San Marcos, que resistió un mes de asedio e intensas descargas de artillería. Terminado el cerco, parte de las fuerzas del recinto español salieron por la noche y contraatacaron. Recuperaron Mosé y dieron muerte a una centena de enemigos. El gobernador Oglethorpe, que ocupaba el bastión de Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, salió huyendo del lugar poco antes de perecer.
En ese tiempo, los libertos del Fuerte Mosé estuvieron al mando del capitán Francisco Menéndez, un negro de Gambia, antiguo esclavo de los británicos y con experiencia militar, quien juró defender la Corona y la religión católica. Fue un gran jefe, un excelente defensor de sus compañeros y siempre luchó con denuedo en contra de los ingleses. El año 1741 fue hecho prisionero por un corsario enemigo cuando navegaba en una nave y poco después se fugó y regresó al Fuerte Mosé. En 1763, por el Tratado de París, Florida pasó a manos anglosajonas a cambio de Cuba, en manos de ellos, y en ese momento Menéndez fue evacuado a Cuba, en donde fundó una comunidad denominada San Agustín de Nueva Florida. España volvió a recuperar ese territorio transcurridas dos décadas; y el primer edificio de Mosé fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1994.
Bibliografía
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MARTÍNEZ LAÍNEZ, F. Y CANALES TORRES, C.: Fronteras lejanas, Editorial EDAF, Madrid, 2017.
Jose Garrido Palacios
Teniente coronel del ET (R). Doctor en Filosofía y Letras
Asociación Española de Militares Escritores
