
O R M U Z
El Estrecho de Ormuz viene siendo la pieza clave de la estrategia de Irán, por la amenaza de su cierre desde hace décadas, y por el daño a las economías mundiales que esta acción pudiera provocar, como está sucediendo actualmente.
Otra constatación clara, en un Teatro de Operaciones como el de Oriente Medio, el cierre de Ormuz es una alternativa que debe constar siempre entre las líneas de acción del Mando Central norteamericano, que se ocupa de las operaciones en esa región caliente del Globo, y del Mando Conjunto en el Pentágono, en Wahington, con una visión más global, por ello no se puede asumir que los actuales acontecimientos en el estrecho no estuvieran previstos.
Además, la “pinza energética” que podría sufrir Europa, que ya empieza a hacer estragos, entre el corte de suministro de energía, por destrucción de los oleoductos que la unían con Rusia, y por el reciente cierre de Ormuz, debería ser motivo suficiente para que la Unión Europea(UE) reaccionara de alguna forma más enérgica, es decir amenazando, al menos, con emplear la fuerza militar y empleándola llegado el caso, pues la UE, aunque no haya definido su intereses vitales, aquellos que deberían ser suficientes para hacerla reaccionar coactivamente, se encuentra en la ocasión más evidente de reunirse y coincidir ante un hecho de esa relevancia; en el pasado, con motivo de la nacionalización del Canal de Suez por el Presidente Nasser, Francia , Reino Unido e Israel reaccionaron militarmente contra Egipto, teniendo que intervenir Estados Unidos par evitar una escalada, ante la amenaza de la entonces URSS. Más tarde, en 1967, Nasser bloqueó el Canal durante 8 años como reacción a la ocupación del Néguev por Israel.
No es la primera vez que se ha intentado bloquear el Estrecho de Ormuz. Durante la guerra Irán- Irak, en 1984, Saddam Hussein extendió el conflicto a las aguas del Golfo atacando las instalaciones petrolíferas iraníes, esperando su bloqueo y la repercusión internacional; Irán respondió atacando a los petroleros de los países que apoyaban a Irak y estableciendo campos de minas flotantes para impedir cualquier tráfico, civil y militar.[i]
Durante el periodo 1984-1988, según fuentes galas, en el Teatro de Operaciones del Golfo Pérsico/Estrecho de Ormuz, 546 barcos, la mayor parte comerciales, fueron atacados o afectados por minas, de los cuales unos 55 fueron hundidos, las marinas americana e iraníes tuvieron enfrentamientos directos, en uno de ellos el minador iraní Ajr fue hundido, los dragaminas occidentales actuaron, con decenas de unidades, y trabajaron limpiando el Estrecho; los convoyes fueron escoltados y el trafico por Ormuz no fue interrumpido más que algunos días. Durante la Segunda Guerra del Golfo, con ocasión de la invasión de Saddam Hussein de Kuwait, Irán volvió a sembrar minas en sus aguas del Estrecho para impedir un posible desembarco en sus costas; más tarde más de 1000 minas fueron neutralizadas por dragaminas occidentales.
Es evidente que Occidente ha considerado el Estrecho de Ormuz como un punto crítico de sus interese vitales, y si no lo ha hecho se equivoca, y que, tanto en la primera como en la segunda Guerra del Golfo, la primera bilateral Irán-Irak, aunque con un implícito apoyo hacia los iraquíes, y la segunda amparada por resolución de las Naciones Unidas, que a su amparo EEUU formó una gran coalición contra Irak, han actuado contra la denegación de circulación por Irán de esta vía vital.
Es muy probable que la diferente dependencia del petróleo y del gas de Irán, por parte de Occidente, en esta fase geopolítica de este escenario, y sobre todo la ausencia de liderazgo estratégico del Presidente Trump con respecto a Europa, a la que nunca le ha participado sus planes de ataque a los persas, hayan sido las razones de la negativa de la UE para prestar ayuda a Estados Unidos en el despeje de Ormuz. Sin embargo, constituye un precedente, de nuevo, del alejamiento estratégico de Europa de Estados Unidos, aspecto que ante unas hipotéticas agresiones rusas puede pasar factura, y sobre el futuro de la OTAN tener gran repercusión.
La incidencia del cierre de Ormuz sí esta siento costosa para el continente asiático, en especial para China, India y las grandes economías de Corea de Sur, Tailandia, Japón, etc, aunque la intensa relación con Rusia de la primera y el pragmatismo de la segunda, alivian sus situaciones energéticas, no tanto para coreanos y japoneses que podrían de nuevo “socorrer” a Estados Unidos en estas sus peticiones de colaboración, en este caso por la incidencia directa en sus economías.
Jurídicamente, la circulación por el Estrecho de Ormuz siempre ha estado repartida entre dos jurisdicciones, la de Irán y la del Sultanato de Omán, según la Convención de Mondego de 1994, ratificada por el sultanato, firmado por los persas y emiratos, pero no ratificado por estos, aunque sí lo han hecho 167 estados, más la Unión Europea; los Estados Unidos lo firmaron en 1994 aunque el Senado norteamericano tampoco lo ratificó. En conclusión, el estatus respetado, o susceptible de ser respetado, es el consuetudinario, participando jurídicamente en su gestión tanto el Sultanato de Omán como la República Islámica de Irán.
La naturaleza del régimen de los persas, expansivo en la región, ha precisado siempre la protección disuasiva de británicos y norteamericanos, desaparecido el dominio del imperio otomano; retirados estos últimos y también los británicos, Estados Unidos estableció bases militares no solamente para defender posibles agresiones en el sultanato sino también en los emiratos, no aceptando la ampliación a 12 millas de las aguas territoriales de Irán en el estrecho y defendiendo contra la violación del derecho consuetudinario de libre circulación.
Es evidente que además del conflicto entre Israel e Irán, y del apoyo de Trump a Netanyahu, existe un antiguo diferendo jurídico entre la potencia americana y la república islámica, que enrarece todavía más el conflicto.
En cualquier caso, la ausencia de un objetivo final deseado por parte de Estados Unidos, que parece no hallarlo, en contraposición con el de Israel, muy claro para los judíos, podría enfocarse a la misión primordial e histórica que siempre guio el establecimiento norteamericano en el Estrecho, proteger a las Monarquías afines y asegurar la circulación por Ormuz.
Europa en esta crisis, como poder político y militar que pretende, vía UE, también ha perdido la ocasión, esta vez, de mostrarse como tal.
Ricardo Martínez Isidoro. General de División, r.
Presidente de la Asociacion Española de Militares Escritores (AEME)
[i] Vie-Publique.fr
