
CANARIAS, FRONTERA AVANZADA ( III)
La dimensión naval completa así la lógica del sistema defensivo descrito hasta ahora. El componente terrestre asegura la permanencia, el aéreo garantiza la reacción y cohesión operativa, y el naval proporciona profundidad estratégica y control del acceso.
La cuestión central que emerge de esta interacción no es la existencia de medios militares —que indudablemente existen— sino si su volumen y evolución resultan proporcionales al incremento del valor geopolítico de Canarias en el Atlántico oriental. Esta reflexión conduce de manera natural al apartado final del análisis: la evaluación global del modelo defensivo y la necesidad de reforzar capacidades que aseguren credibilidad disuasoria a largo plazo.
El análisis de la defensa de las Islas Canarias permite afirmar que el archipiélago ocupa hoy una posición estratégica más relevante que en ningún momento reciente de su historia contemporánea. Su papel como nodo entre Europa, África y América, su función en el control del eje Atlántico-Estrecho-Mediterráneo, la creciente importancia de los recursos marítimos y la evolución del entorno sahariano han transformado a Canarias en una pieza central dentro de los intereses geopolíticos españoles.
Esta realidad obliga a interpretar su defensa desde el concepto de insularidad estratégica: un territorio cuya seguridad depende simultáneamente del control del aire, del mar y de la capacidad de sostener presencia efectiva sobre el terreno pese a la fragmentación geográfica y la distancia respecto al centro político y militar nacional. La defensa del archipiélago no puede basarse únicamente en la geografía ni en la expectativa de refuerzos futuros, sino en la existencia de un sistema permanente capaz de resistir, disuadir y estabilizar desde el primer momento de una crisis.
Lejos de constituir una excepción aislada, Canarias forma parte de una realidad estratégica más amplia que incluye Baleares, Ceuta, Melilla y las plazas norteafricanas: un conjunto de territorios caracterizados por su condición extrapeninsular y por compartir un mismo sentimiento estratégico de frontera. La creación de estructuras permanentes de vigilancia y presencia responde precisamente a la necesidad de garantizar continuidad defensiva en este arco geográfico que proyecta la seguridad española más allá del territorio continental.
En este contexto, el archipiélago puede interpretarse como el extremo atlántico de dicha frontera avanzada, un espacio cuya estabilidad condiciona no sólo la seguridad nacional, sino también la proyección europea hacia el África occidental y las rutas oceánicas globales.
La imagen de Canarias como un auténtico “portaaviones atlántico” resulta especialmente ilustrativa desde el punto de vista estratégico. Su posición permite vigilancia aérea, control marítimo y proyección operativa hacia amplias zonas del Atlántico oriental. Sin embargo, esta ventaja geográfica encierra una paradoja: cuanto mayor es el valor estratégico del archipiélago, mayor resulta la necesidad de dotarlo de medios suficientes para sostener esa función.
La presencia militar permanente existente demuestra la voluntad de mantener control efectivo del territorio, pero su credibilidad disuasoria corre el riesgo de erosionarse si la percepción externa es la de una capacidad progresivamente menguante frente a un entorno regional cada vez más dinámico y competitivo.
La disuasión no depende únicamente de la existencia de fuerzas, sino de la percepción clara de su capacidad real de actuación sostenida.
Uno de los elementos más decisivos para reforzar esa credibilidad reside en la práctica efectiva del refuerzo estratégico. Tradicionalmente, el adiestramiento militar español ha priorizado el desplazamiento de unidades canarias hacia campos de maniobra peninsulares. Sin embargo, la lógica defensiva del archipiélago exige invertir parcialmente ese enfoque: entrenar de forma regular el despliegue rápido de unidades peninsulares hacia las islas más expuestas.
Estos ejercicios no sólo mejorarían la capacidad logística y operativa, sino que transmitirían una señal inequívoca de cohesión estratégica nacional, reduciendo cualquier percepción de aislamiento defensivo. La defensa de Canarias debe practicarse allí donde tendría que ejecutarse.
El incremento del valor estratégico del archipiélago sugiere la necesidad de evolucionar hacia una arquitectura defensiva basada en capacidades de negación de área (Anti-Access/Area Denial, A2/AD). Este enfoque no busca la superioridad ofensiva, sino elevar significativamente el coste y la complejidad de cualquier acción hostil.
Una arquitectura de este tipo debería apoyarse en sistemas avanzados de defensa aérea capaces de ampliar el alcance del escudo defensivo; en capacidades antibuque desplegadas en las islas que refuercen el control del entorno marítimo; en la integración plena de sensores navales, aéreos y terrestres y en la movilidad interinsular que permita concentrar rápidamente fuerzas donde sea necesario.
La combinación de estos elementos transformaría la geografía insular en una ventaja estratégica activa, convirtiendo el archipiélago en un espacio difícilmente accesible para cualquier actor hostil.
Canarias no constituye un territorio indefenso ni abandonado, pero tampoco puede considerarse un espacio cuya seguridad esté definitivamente garantizada por inercia geográfica o por estructuras heredadas. Su creciente relevancia geopolítica exige una adaptación proporcional de su arquitectura defensiva.
La cuestión central no reside en la existencia de fuerzas militares en el archipiélago, sino en si estas se encuentran adecuadamente dimensionadas para sostener su papel como frontera avanzada y plataforma estratégica del Estado. En un entorno internacional marcado por la competencia por espacios marítimos, recursos y rutas globales, la defensa de Canarias se convierte, en última instancia, en una medida del grado de proyección estratégica que España aspira a mantener en el Atlántico.
En ese sentido, la seguridad del archipiélago no debe entenderse únicamente como la protección de unas islas, sino como la garantía de presencia, estabilidad y credibilidad estratégica en uno de los espacios marítimos más relevantes del siglo XXI.
Fernando Alejandre Martinez
General de Ejercito, r JEMAD en el periodo 24/03/2017 –17/01/2020.
De la Asociacion Española de Militares Escritores
Vicepresidente de la Fundación Arte e Historia Ferrer- Dalmau
