EL ESTADO MAYOR EN EL EJERCITO DE TIERRA
En un artículo titulado La Operatividad de los Ejércitos, que firma el general Martínez Isidoro, el autor expone cómo el curso de Estado Mayor (EM) del Ejército de Tierra y consecuentemente su Diploma han sido sustituidos por un curso llamado también de Estado Mayor, pero común para los Ejércitos y la Armada. Se conoce con el nombre de Curso deEstado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Como también expone el artículo citado, este curso se desarrolla a nivel casi exclusivamente estratégico y político-militar. Sin negar sus bondades, la consecuencia es que, de hecho, el ET se ha quedado sin oficiales apropiados para los EM,s de sus GU,s. El propósito del presente artículo es el de analizar las posibles causas de esta situación, sus consecuencias y algunas ideas para contribuir a encontrar una solución.
Tradicionalmente, y hasta hace unas décadas, los tres componentes de las Fuerzas Armadas funcionaban de manera prácticamente independiente. En cada Ejército y Armada, existían cursos para la obtención del oportuno diploma de Estado Mayor que los habilitaba para destinos en sus respectivos estados mayores. Había asignaturas muy similares en los tres, como era, por ejemplo, la teoría de la organización, pero, los cometidos de un oficial de EM en el Ejército de Tierra, eran y son muy distintos en el Ejército de Tierra de los de los oficiales de EM de la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio, sobre todo en los niveles operacional y táctico
Había muy pocos destinos en que coincidiera personal de distintos componentes de las Fuerzas Armadas, por lo que el conocimiento mutuo, es cierto, era muy escaso. Para cubrir los puestos en los estados mayores conjuntos existía un Curso de Estado Mayor Conjunto que se realizaba en el CESEDEN y al que concurrían oficiales diplomados de Estado Mayor de los respectivos ejércitos. No obstante, con el aumento de la participación española en organismos internacionales, se observó que no existían suficientes oficiales como para cubrir las crecientes necesidades de vacantes en los cuarteles generales en el EMAD, OTAN, UE y otras unidades internacionales y multinacionales.
Por cierto, que nunca ha estado claro si los puestos en esos estados mayores de carácter conjunto, deben ser todos cubiertos indistintamente por oficiales de cualquier ejército o armada o, por el contrario, es conveniente que existan en él, de diferentes procedencias y por lo tanto, determinados puestos deben ser asignados a un determinado componente de las Fuerzas Armadas. Pero lo que sí era ya cierto es que todos debían tener una preparación común y un conocimiento mutuo de sus respectivos ejércitos y armada.
Si que parece claro también, que la mayoría de los puestos de los niveles estratégicos podrían ser ocupados indistintamente por oficiales de cualquier ejército o armada, Pero ahí hay otra razón no claramente confesada ni justificada: se trata de que, en esos destinos, haya el mismo número de cada componente, cosa que no es justa, pues, lo mismo que sucedía ya en los mandos superiores, que existe una rotación, las escalillas no son iguales en número y la regla 1-1-1 , debería ser, como mínimo 2-1-1. En fin, estas son batallas perdidas para los del ET porque además, este sistema fue copiado de los EE. UU donde allí las escalas son más similares en número y donde la influencia en el total de las FF.AA. es más o menos similar. Cosa que, repetimos, evidentemente no es aquí así, donde la preponderancia es del ET, no sólo en número sino porque nuestra estrategia de Defensa es eminentemente terrestre.
Otra razón que ha llevado a esta situación es la obsesión por “lo conjunto”. Se basan en la frase del general Eisenhower de que, a partir de ese momento, año 1945, “todas las operaciones serán conjuntas”. Afirmación absolutamente correcta pero lo que no se tiene en cuenta es que estaba hablando del nivel estratégico militar, pero no del nivel operacional, en el que casi nunca se actúa conjuntamente, sino prácticamente lo hace sólo un componente, normalmente el terrestre, a veces el naval y pocas el aéreo, con apoyos de los otros componentes y por supuesto mucho más raramente existen operaciones conjuntas a nivel táctico. No se olvide, que debe entenderse por operación conjunta, aquella en la que participan unidades de más de un componente de las FAS.
Lo que es curioso es que esta tendencia hacia lo conjunto no sólo no ha facilitado la creación de estructuras conjuntas, es decir, repetimos, con unidades de distintos componentes, evitando así redundancias y buscando la economía de medios, , sino al contrario, ha aumentado la tendencia a la “autarquía”. Sólo como ejemplos, podríamos citar cómo la Armada ha desarrollado la Infantería de Marina, creando una Brigada, que no deja de ser una Brigada de Infantería similar a las del Ejército de Tierra, pero especializada en operaciones anfibias, cosa que es un caso muy particular de la operaciones y que además, como ocurrió en Normandía, en poco tiempo, cualquier Brigada puede recibir esta instrucción. Como es natural, acaba empleándose en operaciones terrestres con lo cual no se justifica su existencia en permanencia. Otro caso es el del desarrollo de unidades terrestres de protección y proyección en el Ejército del Aire, cuando existen unidades similares en el ET. Y finalmente, la creación del Arma de Aviación del Ejército de Tierra. Todos van en contra del principio de economía de medios y especialmente los financieros.
En resumen y tomando como ejemplo lo sucedido en las Fuerzas Armadas de nuestros países aliados, se ha creado este curso de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, que repetimos una vez más, habilita a oficiales de los tres componentes, para ocupar puestos en estructuras y organismos de mando de nivel estratégico conjunto y combinado, lo cual era necesario y de hecho, creemos que es un éxito. Con lo que nos permitimos discrepar es que esto sustituya a los diplomas de los estados mayores de los ejércitos y la armada o por lo menos al del ET.
De hecho, a los oficiales del Ejército de Tierra que finalizan el curso actual, se les concede sin otro requisito ni trámite, el diploma de EM del ET, con capacidad para ocupar destinos de esa especialidad en los Estados Mayores de los Mandos y Grandes Unidades de su Ejército, aun cuando dicho curso apenas los ha preparado para ello. Además, por supuesto se les autoriza a llevar los emblemas y la faja azul cuando están en esos destinos o permanentemente la estrella de cinco puntas, sobre el emblema del Arma, en el resto de los destinos.
Decíamos anteriormente que la preparación conocimientos y mentalidad de un oficial de EM del ET es distinta a la del resto de las FAS. Efectivamente, la complejidad de la batalla terrestre, necesita personal que conozca perfectamente los medios de que dispone una Gran Unidad. Es decir, sus medios de combate, de apoyo de combate y de apoyo logístico, para auxiliar al Mando a concebir, preparar y ejecutar la maniobre en la que intervienen todos ellos de forma coordinada y eso no es lo que se aprende en el curso de EM de las Fuerzas Armadas actual.
Los que apoyan la situación actual, arguyen que para eso están en el Ejército de Tierra, otros cursos como la fase Interarmas del curso de ascenso a comandante y los cursos de Operaciones, Logística e Inteligencia, pero no se trata de esto, se trata de alguien que coordine todos esos aspectos, sepa presentar y preparar sus propuestas al Jefe, traducir sus decisiones en órdenes y sepa controlar su cumplimiento, explicando a las tropas los detalles necesarios. Todo esto, repetimos, no se estudia adecuadamente en el nuevo curso. Además, el diploma de EM del ET era una especie de “máster” de su profesión, es decir, un perfeccionamiento de los conocimientos generales de la misma y una preparación más completa para efectuar estudios y trabajos sobre distintos estudios y problemas de la organización del Ejército.
Cuando empezó el curso actual de EM de las FAS, los oficiales del ET concurrentes al mismo, hacían antes un curso de un año, similar al primer curso del antiguo curso Estado Mayor del ET. Pero el Ejército del Aire y la Armada protestaban porque el nivel de aquellos era superior al de los suyos respectivos y ocupaban siempre los primeros puestos. Por otra parte, y por presión e instrucciones políticas “había que igualar” No se daban cuenta o no querían hacerlo, de que no todo es igualable, ni debe serlo. Ni la preparación, ni la mentalidad de los oficiales debe ser la misma. La diversidad es necesaria, siempre que haya unidad en la acción. Es la obsesión actual por igualar que se da incluso dentro del Ejército de Tierra con las Armas a las que se ha unificado en el Cuerpo General del Ejército.
Creemos que es necesario recuperar nuestro diploma y, consecuentemente, el curso de EM del ET, aunque probablemente de una duración mucho menor a la que tuvo y mantener el actual EM de las Fuerzas Armadas, quizás con una denominación diferente que no sea engañosa y que no sustituya al Diploma de EM del Ejército de Tierra. No tengo elementos de juicio suficientes para juzgar los casos de la Armada y el Ejército del Aire para los que, al parecer, no es necesario la existencia de oficiales diplomados en los niveles operacional y táctico pero lo que creemos que no es admisible, es que, por esa razón, tenga el ET que prescindir de los suyos.
En todo este proceso, ha influido, de forma más o menos inconsciente, el hecho de que, durante este tiempo, no ha existido prácticamente conciencia de amenaza de conflicto de gran intensidad con batallas convencionales terrestres. Solamente la guerra de Ucrania ha hecho reflexionar a nuestros políticos y mandos militares españoles y extranjeros y probablemente no sólo se piense en el rearme y la recuperación del servicio militar obligatorio sino también en la reorganización de las estructuras, especialmente del ET y en ellas, de sus estados mayores.
Madrid a 24 de febrero de 2026
LUIS FELIU ORTEGA Teniente General del ET, r
