
UN MUNDO SIN CONTROL DEL ARMAMENTO NUCLEAR, EL TRATADO NEW START.
Si se revisa lo que ha sido de los tratados de control de armamentos firmados en la época de relativa coexistencia pacífica entre el Este y el Oeste, Rusia y Estados Unidos, fundamentalmente, se puede concluir que en la actualidad el mundo marcha sin control y con reducidas expectativas de lograr esas medidas acordadas que den cierto confort a la situación internacional.
Salvo un golpe de efecto que sorprenda, la expiración del Tratado de Reducción de Armamento Nuclear, New Start, se producirá este mes de febrero sin que se conozcan intenciones de renovación, bien es verdad que el Presidente Putin, con motivo de su invasión a Ucrania y la nueva situación creada, suspendió en 2023, por parte de Rusia, la aplicación de dicho tratado, aunque su prórroga de 5 años, en términos generales, se cumple ahora.
Si nos retrotraemos a los años 30 del siglo pasado, en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial (II GM), y repasamos los esfuerzos de desarme general entre las potencias vencedoras y vencida, Reino Unido, Francia , Estados Unidos, y Alemania, respectivamente, después de la aplicación del ominoso Tratado de Versalles, se detecta un sincero deseo de favorecer la paz, vía desarme, en el seno de la incipiente Sociedad de Naciones(SN), vetado finalmente por la actitud intransigente de Francia con Alemania, aspecto que promovió, muy probablemente, un rearme de todas ellas que desembocó en la II GM.
El nivel de efectivos, la decisión de recobrar el servicio militar obligatorio, el tonelaje de las flotas navales , el número de aviones de combate, la prohibición de las armas ofensivas, carros de combate y artillería pesada, etc, estaban aceptados como los más adecuados para mantener la paz, y eran precisamente el Reino Unido y Alemania, incluso con” un Hitler” en el poder(había sido elegido Canciller con el 52% de los sufragios y ganado el plebiscito de Devolución del Sarre, en manos francesas desde 1919, con un 98%), los más coherentes para propiciar el desarme.
En aquellos momentos no existían armas nucleares, tampoco la SN tenía el prestigio jurídico que después cogió su sucesora, la ONU, como principal fuente del derecho internacional, hoy siempre planteado, pero no respetado por diferentes actores; tampoco había un conflicto abierto en Europa, como la guerra de invasión de Rusia contra Ucrania y el riesgo de que ante una “amenaza existencial” Putin pudiera desencadenar una respuesta nuclear, indefinida, sobre su objetivo, Ucrania o los Aliados, tantas veces esgrimido.
En cualquier caso, el paralelismo entre situaciones, muy diferentes geopolíticamente, estriba en que Europa se está rearmando, muy probablemente sin control, hasta límites que ponen en peligro el bienestar social con la dedicación a Defensa del 5% de sus PIB en 2035, con un aumento hasta el 3,5% en 2029; también se pueden apreciar posiciones encontradas para conseguir la paz en Europa y en Indo-Pacífico, con potencias cada vez más armadas con capacidades de sexta generación, cargas nucleares sofisticadas y vectores hipersónicos, sin tiempo prácticamente de detección; a la par los países, incluso los más neutrales otrora, promueven la recuperación del servicio militar, inicialmente voluntario según su distancia a la posible amenaza. Todo ello se produce sin que las medidas de confianza que promueven, y promovían antaño, la seguridad internacional, y alejaban la probabilidad de una guerra, existan ya, ni tampoco se reclame su recuperación.
Es necesario admitir que en el nuevo orden internacional la exhibición de la fuerza está reemplazando a la negociación y que aquella tiene gran influencia en los resultados finales de la acción diplomática, todo ello sin atenerse a reglas y sin la cobertura que proporcionaban los antiguos tratados, hoy obsoletos.
En 2007 Rusia se retira del Tratado FACE, sobre control de armas convencionales en Europa, precisamente cuando Putin manifiesta en Munich sus nuevas ansias geopolíticas.
En 2020 el Presidente Trump abandona el Tratado de Cielos Abiertos aduciendo que Rusia lo incumple; en 2021 Rusia lo abandona a su vez.
En 2001 Estados Unidos se retira del Tratado ABM, que limitaba los sistemas antimisiles, para crear la Agencia de Defensa Antimisiles; Rusia comienza su proliferación de nuevos misiles y cargas nucleares que “burlen” las defensas norteamericanas, iniciándose una nueva carrera de armamentos.
En 2018 Estados Unidos se retira del Tratado INF, de limitación de misiles de alcance intermedio, aduciendo que Rusia lo incumple, retirándose esta a su vez en 2019. Este tratado era especialmente valioso para la seguridad de Europa.
La limitación de los misiles intercontinentales con cabezas nucleares fue objeto de buenos tratados, SALT/START I, II y III, y actualmente el NEW START, entre EE. UU, y Rusia, tratado cuya vigencia termina este mes de febrero del 2026, aunque Rusia anuncia su suspensión con motivo de la guerra de invasión a Ucrania.
La renovación de este tratado significaría, para el enrarecido ambiente internacional, una señal muy significativa de distensión, una pausa en la carrera de armamentos que Rusia, China y Estado Unidos propugnan, con el vigor que se vivía en las antiguas divergencias internacionales que dieron lugar a la II GM.
Ricardo Martínez Isidoro General de División, r
Presidente de la Asociación Española de Militares Escritores.
