La doctrina de la Escuela de Salamanca en la Declaración de Independencia de EE UU. Eduardo Garrigues

El diario La Razón, publica en el dial de hoy, un interesante articulo escrito por D. Eduardo Garrigues Embajador de España en el que muestra el paralelismo entre los principios jurídicos y los valores democráticos que defendieron los teólogos de Salamanca elemento básico para comprender la esencia del legado de España en Norteamérica,

 

La doctrina de la Escuela de Salamanca en la Declaración de Independencia de EE UU

 

 

En este año se celebra el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, cuyo texto –según prestigiosos historiadores como Larrie Ferreiro– estaba destinado, más que a comunicar la rebelión con respecto al gobierno de Inglaterra, a poder recabar la ayuda de los estados rivales, especialmente Francia y España, para poder enfrentarse a su poderosa metrópoli.

A finales de 1776, el conde de Aranda, embajador de España en París, había recibido a Benjamín Franklin y a los otros comisionados que el congreso de los Estados Unidos enviaba a Francia para conseguir la ayuda que necesitaban para poder derrotar a Inglaterra. La primera entrevista entre el diplomático aragonés y los comisionados estadounidenses, –con las limitaciones suplementarias provocadas por la falta de entendimiento en una lengua común–, no era simplemente una negociación entre interlocutores con distintos intereses, sino que más bien suponía la confrontación entre dos mundos y dos concepciones políticas diferentes. Pero para cuando, en enero de 1777, se produjo la segunda entrevista con los representantes del congreso, el embajador español había comprendido que el conflicto entre Gran Bretaña y sus colonias le daba a España una ocasión, quizás irrepetible, de vencer y quizás humillar a su enemigo ancestral, por lo que Aranprincipios da recomendó a la corte de Madrid que se reconociese oficialmente a los representantes del congreso –que podrían convertirse en líderes de un poderoso país vecino de nuestros dominios en la América septentrional–.

Y propuso que España declarase la guerra a Inglaterra, lo que no se efectuó de inmediato, pero que tras la declaración de guerra en 1779 supuso que el gobernador de la Luisiana, Bernardo de Gálvez, conquistase ambas orillas del río Misisipí y las plazas fuertes inglesas de Mobilia y Pensácola, impidiendo que el ejército continental de George Washington tuviera que combatir a Inglaterra en dos frentes, Norte y Sur. Y propiciando así la derrota definitiva de la metrópoli en Yorktown, que se plasmó en el tratado de paz de 1783.

Por diversas circunstancias, la ayuda española a la guerra contra Inglaterra no ha sido suficientemente conocida ni reconocida en el país beneficiario, aunque en 2014 el Congreso de los Estados Unidos nombró al militar malagueño Bernardo de Gálvez ciudadano honorario, título que ya ostentaba el marqués de Lafayette.

El legado de España en los Estados Unidos, que se manifestó en esta necesaria ayuda a la guerra contra Inglaterra, adquiere una dimensión más profunda al considerar que muchos valores que se proclamaron en 1776, como el respeto al ser humano, a la libertad y a la rebelión contra la tiranía, habían sido enunciados 250 años antes por la escuela de Salamanca. En unas conferencias celebradas estos días en la Casa de América, por iniciativa del Capítulo de Toledo que me honro en presidir, se ha puesto especial énfasis en el paralelismo entre las ideas formuladas por la Escuela de Salamanca en el siglo XVI y los recogidos en la Declaración de Independencia estadounidense.

Algunos de los ponentes de esas sesiones, como don Ricardo Rivero, exrector de la Universidad de Salamanca, don Jaime de Olmedo, rector de la Universidad Camilo José Cela; y don José Manuel de la Puente Brunke, presidente de la Academia Nacional de la Historia del Perú, han presentado en esas jornadas el vínculo existente entre los valores formulados por la Declaración de Independencia y los valores defendidos en el seno de la Escuela de Salamanca, 250 años antes.

En mi opinión, el que el Gobierno de Carlos III otorgase inicialmente una ayuda secreta a los líderes rebeldes y más tarde declarase la guerra a Inglaterra no debe analizarse tan solo como un gesto político y militar de aquel gobierno. El traer a colación los principios jurídicos y los valores democráticos que defendieron los teólogos de Salamanca constituye un elemento esencial para comprender la esencia del legado de España en Norteamérica, que se había plasmado ya –antes de la guerra de Independencia– en la aportación de valores espirituales y materiales en el Sudoeste de los EEUU y en ambas Floridas.

Tomando este importante elemento en consideración, la última parte de la conferencia ha tratado sobre la manifestación de estos valores a través de la tarea de los hispanistas y también se ha expuesto la pervivencia de la cultura espiritual y material, como ha destacado el profesor principal y exdirector del Instituto de América en la Universidad de Nuevo Méjico, Don Gabriel Meléndez.

Eduardo Garrigues es Embajador de España.