En el marco del Programa de Actualization de Asociados, AEME PAA 1S 25, se publica este trabajo de nuestro asociado Jose Luis Borrero Gonzalez, Capitan de la Guardia Civil.
“ROA EL GUERRILLERO DE ANTEQUERA”
La llegada de la Guardia Civil a Antequera (Málaga), a comienzos del año 1845 supuso para la comarca, sacarla del ostracismo económico en la que se hallaba inmersa por el bandidaje que asolaba las tierras de España y que había instalado su ley a través de robos, extorsiones, asesinatos, secuestros y todo un elenco de delitos a cuál de ellos más grave, hasta tal punto que las personas hacían testamento cuando iniciaban viaje, ya que no tenían la certeza de volver con vida. Esta situación la Guardia Civil la recondujo en apenas dos años, dando seguridad y tranquilidad a toda la comarca y, por extensión, a la provincia de Málaga.
El autor, nos lleva a descubrir al guerrillero Francisco Roa Rodríguez de Tordecillas, nacido en Antequera, de profesión escribano. Sus hazañas en la lucha contra el francés se perdieron en el preterir de la historia, unas por envidia y otras por componendas políticas que envolvieron aquella época.
De la mano de personajes reales, el alférez de la Guardia Civil Melchor Ortiz Rodríguez y del teniente coronel del ejército Gaspar Rodríguez Pérez, nos invita a conocer unos hechos dormidos en el ostracismo del tiempo, posicionándolos en el lugar que le corresponde “por derecho” en la historia de la ciudad de Antequera, y rendirle el homenaje que se merece, ya que en vida no se le reconoció, hasta tal punto que murió en la más extrema pobreza por empeñar en la lucha todos sus capitales.
Cierto día el autor se topó con un mapa de la sierra del Torcal, que muestra un paraje conocido como “Camas de Roa”, ¿Roa, Roa?, ¿quién es Roa? La búsqueda le llevó con un hilo invisible al Archivo Municipal de Antequera,
donde localiza a un personaje apasionante y hasta ese momento desconocido por la ciudadanía.
Mucho se ha hablado de las causas de la mal llamada Guerra de la Independencia, ¿de quién nos íbamos a independizar? Lo que nadie pone en duda, es que la población hastiada se sublevó contra el invasor en un movimiento de resistencia popular, denominado “Guerrillas” o “Partidas”, grupos organizados y jerarquizados, hostigadores incansables del ejército francés; destruían no solo sus campamentos, abastecimientos, infraestructuras sino lo más importante, la propia arrogancia francesa y su sensación de superioridad sobre el doblegado pueblo español.
El aprovisionamiento del ejército francés, siguiendo las directrices de Napoleón, se realizaba sobre el propio terreno, con lo cual todo recaía sobre la población civil, factor este extremadamente importante para ser el gran aliado de los guerrilleros. Sin embargo, las tensiones entre guerrilleros y ejército popular español siguen, y es a partir de 1811 cuando se intenta el encuadramiento militar de las mismas y en 1813 un edicto obliga a la disolución de las partidas.
Los oficiales de carrera tienen motivos para envidiar las meteóricas carreras y ascenso de algunos guerrilleros que pasan en poco tiempo a capitanes o coroneles. Tras la guerra, Fernando VII optará por la oficialidad del Antiguo Régimen, es decir, la de origen nobiliario, pasándose a fomentar el descrédito de las partidas, pues los consideraban bandoleros desalmados e indisciplinados. En este pozo de la historia cayó nuestro personaje que, a pesar de sus esfuerzos por combatir al ejército francés, no tuvo reconocimiento alguno, solo el grado de capitán, cargo testimonial no retribuido, iniciándose contra él una campaña de difamación que se vio incrementada por su apoyo durante el Trienio Liberal al bando absolutista.
En líneas generales, el reclutamiento de los guerrilleros, no fue con carácter voluntario o de altruismo patriótico. Cada miembro quedaba sujeto al jefe de la partida, quien establecía una mezcla de temor y admiración. Por lo general, la mayoría de sus integrantes lo fueron a la fuerza, siguiendo el canon de alistamiento establecido en el ejército regular, con la excepción de nuestro personaje, que añadió a los integrantes de su partida premios económicos, implantando una especie de productividad, algo tan común hoy en día en nuestras empresas. Por este motivo es de las pocas partidas que no cayó en el bandidaje para aprovisionarse.
La Guerrilla supo mantener ese espiritu de lucha y sed de libertad durante toda la guerra. El guerrillero así concebido, no fue un bandido sino un patriota defensor de las libertades usurpadas al pueblo español. Hombres y mujeres
que entendieron las necesidades de este y pusieron al servicio de España, bienes, haciendas, caudales y hasta la propia vida.
Centrándonos en el propio guerrillero y en concreto en la partida de “Roa”, nos preguntamos: ¿cuáles fueron los motivos que le impulsaron a sentir que debían participar en esa lucha?, ¿qué empujó aquella gente a permanecer durante treinta y seis meses en la Sierra del Torcal, tan inhóspita y hostil, de extremas temperaturas, sin tener asegurado el plato de comida de cada día?, ¿qué les instigó a ello?, ¿por qué se privaron de la comodidades que les brindaba la vida en sus poblaciones de origen?
Obtener respuesta hoy en día con nuestra mentalidad es sumamente complicado, vivimos rodeados de comodidades y lo más importante, la “falta de compromisos”, por ello, se nos antoja imposible e inexplicable y en cierto modo inasumible.
Es la primera “guerra total” de la historia, sin límite temporal o de espacio, esta lucha generalizada, de frentes indefinidos, nace por la incapacidad de combatir al enemigo de otra forma.
Francisco Roa Rodríguez de Tordecillas, un hombre que debió tener una enorme personalidad y economía suficiente para arrastrar y mantener, según algunas fuentes hasta 200 guerrilleros, en la sierra de El Torcal, con sus fríos y sus calores. Sus últimos años se desenvuelven en la más absoluta de las miserias con un patrimonio dilapidado en sus ideales. No deja de ser extraño que, a diferencia del otro héroe local, el capitán del ejército regular español Vicente Moreno Baptista, el olvido haya sido la nota predominante en este personaje y sus hazañas.
Pocos guerrilleros tuvieron tantos enfrentamientos contra los franceses como los tuvo la partida de Roa. Este esbozo de novela es para darlo a conocer y que pluma con más capacidad que la de este aficionado a juntar palabras lo alcen a la eternidad.
El ayuntamiento de Antequera, en sesión plenaria y por mayoría, el 16 de agosto del 2017, aprobó la denominación de una calle con el nombre de Francisco Roa, en el barrio de Los Remedios.
No importa cómo caes, sino cómo te levantas.
No importa el fracaso, sino volverlo a intentar.
No importa el largo camino, sino lo que está al final.
No importa el sudor que cueste, sino lo que quieres lograr.
Vivir no es solo existir, sino ser y crear.
José Luis Borrero González