EL 28 DE AGOSTO DE 2025 SE CELEBRAN LOS 460 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE SAN AGUSTÍN DE LA FLORIDA, LA CIUDAD MÁS ANTIGUA DE ESTADOS UNIDOS.
La costa atlántica de Norteamérica estuvo olvidada por la Corona durante unos años y esa situación fue aprovechada por piratas y filibusteros para ocuparla y servir de base de operaciones contra los buques españoles. Los franceses construyeron la base de Fort Caroline en la desembocadura del río San Juan, Florida, próxima a Jacksonville, la cual suscitó sospechas a la monarquía española y decidió erigir la fortificación de San Agustín en el mismo litoral.
(Figura 1)
PIRATAS EN EL CANTÁBRICO
Pedro Menéndez de Avilés nació en dicha ciudad asturiana en 1519, segundón de una familia hidalga, y a los ocho años se quedó huérfano de padre. Su madre se casó de nuevo y eso no le gustó, por lo que se marchó de casa para enrolarse de grumete en un barco, en donde se formó como militar y navegante. Cuando retornó a su casa de Avilés, su familia intentó retenerlo al conseguir una licencia papal para su compromiso matrimonial con María Solís Cascos, prima con diez años. Así y todo, a Pedro le interesaba la milicia. Con lo poco que heredó, dado que tuvo diecinueve hermanos, construyó un patache dotado de 50 hombres, especialmente parientes y amigos, y con ellos se dedicó al corso y logró a los veinte años vencer y capturar dos navíos a los filibusteros franceses que atacaban la costa cantábrica.
Otra gran victoria tuvo lugar en 1544 cuando los galos, al mando del corsario Jean Alphonse Saintonge, capturaron dieciocho naves hispanas con mercancías valiosas en el cabo Finisterre y se las llevaron a La Rochela, su base principal. Sin tardar, Menéndez persiguió a los galos por el océano Atlántico y alcanzó ese enclave. A la postre, recuperó cinco de las naves robadas, atacó la base naval, abordó la nave capitana Merie e hirió de muerte al jefe en una dura lucha cuerpo a cuerpo. Con esos antecedentes y otros similares, el avilesino contribuyó a la desaparición de las correrías piratas en las costas cantábrica y gallega.
MENÉNDEZ NAVEGANTE
Su pericia como marino era tan reconocida que el emperador Carlos V le encomendó la misión de trasladarlo por mar a Flandes y le puso al mando, durante dos años, de convoyes con suministros de mercancías y armamento a los soldados. Intervino en luchas navales con Álvaro de Bazán y en dos ocasiones le concedieron la patente de corso.
El entonces príncipe Felipe decidió –ante la ausencia de su padre Carlos V– nombrarle en 1554 capitán general de la Armada y Flota de la Carrera de Indias. El mismo año, el futuro rey Felipe II le encargó la tarea de consejero y acompañante en un viaje a Inglaterra para desposarse con la reina María Tudor de Inglaterra. Zarparon de La Coruña el 13 de julio con una flota de setenta buques y más de 4.000 personas, la mayoría nobles de Castilla, escoltados por una treintena de barcos de guerra.
( Figura 2)
El regreso, empero, fue muy duro por cuanto se cruzó en su camino una fuerte tempestad y solo la habilidad del piloto libró al monarca de sucumbir. Por añadidura, a la llegada a España, dos zabras de los españoles fueron atacadas por los francos y, merced a la habilidad del jefe de la Flota, se consiguió esquivarlos y entrar por la noche en el puerto de Laredo.
Al cabo de dos años, a Menéndez lo nombraron capitán general de la Escuadra de la Guardia de las Costas, y una de sus misiones fue la de atracar con su flota en el puerto de Calais y participar en guerras navales contra los franceses. Con solo cuatro naos tuvo que enfrentarse a ocho del conocido pirata Pata de Palo (François Le Clerc), con el resultado del hundimiento de una nao y la huida del resto. Todo ello influyó en la batalla de San Quintín en agosto de 1557, al noreste de Francia, con derrota total de los galos.
RUMBO A FLORIDA
Realizó varios trayectos entre España y el Nuevo Mundo en calidad de capitán general de la Armada, y a la vuelta de uno procedente de México en 1562, con pieles y tesoros, fue detenido en Sevilla acusado de contrabando. Permaneció encerrado veinte meses y, por fin, quedó libre gracias al favor de Felipe II y el pago de una multa.
Menéndez, durante una estancia en prisión en el Caribe escribió el Memorial sobre la navegación de las Indias dirigido al monarca a través del virrey de Nueva España, Luis de Velasco. En sus páginas proponía medidas para proteger la Flota de Indias contra la piratería y la elección de un puerto de refugio en La Española. Esa obra llegó a la Casa de Contratación y generó recelos.
Algunos historiadores opinan que su detención en Sevilla fue debida a envidias de los funcionarios por su ascenso directo, realizado por el soberano sin que ellos hubieran sido consultados, y a su rápido ascenso en la Carrera de Indias. Otros apuntan que el verdadero motivo fue la negación de un permiso para buscar a su hijo Juan, perdido en una travesía de México a España en 1561. En puridad, dicha institución puso al capitán general numerosas trabas a lo largo de su vida.
Felipe II recibió noticias de que los piratas franceses estaban ocupando la costa oriental de Norteamérica, a la altura de Florida –que entonces incluía Georgia, Las Carolinas y parte de Alabama–, se estaban fortificando y pretendían atacar los galeones hispanos. Así, para cumplir esa tarea, el monarca pensó en Pedro Menéndez de Avilés.
Igualmente, el explorador quería volver a Florida con el fin de buscar a su hijo, pues unos naturales decían que allí había españoles cautivos. Con todo, Felipe II le nombró adelantado en marzo de1565 y le encomendó las misiones de la expulsión de los hugonotes de la costa atlántica, la ocupación del territorio y la presencia de misioneros. Además, debía proteger los barcos que navegaban por el litoral atlántico y construir bastiones para su defensa, toda vez que por esa zona estaba la Corriente del Golfo y era lugar de paso del Galeón de Manila durante el retorno a España.
(Figura 3)
SAN AGUSTÍN
Menéndez, después de invertir 200.000 ducados de su peculio y con una flota de veinte naos y más de 2.500 personas, partió en junio de 1565 de Cádiz y el 28 de agosto arribó a un puerto de Florida que llamó San Agustín, santo del día. Allí celebraron una misa, construyeron la ermita de Nuestra Señora de la Leche y fundaron una misión. Durante su estancia, el avilesino se informó de que los hugonotes del Fuerte Caroline estaban veinte leguas al norte y habían recibido refuerzos: siete buques y 700 hombres al mando del pirata Jean Ribault.
Con esa información, el capitán general decidió atacar a los galos, pero tuvo dificultades, así que regresó a San Agustín. Llegó el 8 de septiembre y organizó la construcción del nuevo fuerte tras tomar posesión del lugar en nombre del Rey de España. Los calvinistas les persiguieron con 500 hombres y cinco embarcaciones sin demasiada fortuna, por cuanto una borrasca les hizo naufragar y provocó muchas bajas. Ante los obstáculos de la acometida anterior, el adelantado lo intentó por tierra y, en ese sentido, la hueste fue ayudada por Seloy, cacique de los indios timucuas.
La tropa del marino, guiada por nativos, avanzó por áreas pantanosas, selvas y una agreste orografía. Unos soldados perdieron la vida, mas el jefe no cejó en su empeño de asaltar por sorpresa el Fuerte Caroline. Localizaron el baluarte al cuarto día de marcha y, escondidos entre la vegetación, dejaron pasar la noche. Al alba, atacaron la fortaleza y la victoria fue rotunda y rápida. El alcalde del fuerte, René Laudonnière, y unas decenas de protestantes escaparon, mientras que los restantes perecieron. Solo se salvaron los católicos, las mujeres y los niños, unos setenta en total.
El enclave quedó en manos de los hispanos y fue llamado Fuerte San Mateo porque ese día se logró la victoria. Se izaron las Insignias de España y el adelantado nombró sargento mayor a Gonzalo Villarroel. Le puso al frente de 300 hombres y le encargó la defensa de la guarnición, mientras que él regresó a San Agustín.
Algunos hombres del naufragio del pirata Ribault consiguieron salvarse y caminaron por la costa hacia San Agustín, lo que llegó a oídos de Menéndez. Sin demora, con su hueste fue al encuentro de los galos, los cuales fueron sorprendidos y capturados. Ellos ofrecieron 200.000 ducados por su libertad, si bien perecieron en aquel lugar conocido por Matanzas, en donde se colocó un cartel que decía «no por franceses, sino por herejes». Pese a las bajas, unos pocos llegaron a Francia.
Cumplidos pocos días, Menéndez se enteró de la permanencia de francos en cabo Cañaveral, al sur de San Agustín, y la construcción de una fortificación. Al acercarse aquel con sus buques, los intrusos huyeron hacia la selva. Los vencedores dieron cuartel a los franceses y 170 católicos volvieron, mientras que los demás murieron a manos de los indios.
(Figura 4)
FUNDADOR DE CIUDADES Y PUEBLOS
En las Indias el concepto de «ciudad» debe entenderse en sentido figurado, dado que, de ordinario, las aglomeraciones urbanas no tuvieron la entidad de hoy día. Ahora bien, esa denominación se aplicaba cuando en su génesis estaba diseñada para dicha función. En paralelo, el concepto de «poblado o pueblo» se refiere a la localidad que tenía su raíz en una misión, presidio o rancho; y crecían con el devenir del tiempo. Se pensaba que cada misión se convertiría en poblado autónomo a los diez años de implantarse; y luego se liberarían los misioneros y crearían otras nuevas.
El adelantado fundó ocho ciudades y pueblos en la costa atlántica del actual Estados Unidos, a saber: San Agustín, San Mateo, Santa Elena, Santa Lucía, Tequesta, Ays, Carlos y Tocobaga; y en casi todas combinaban la evangelización con la seguridad.
Aparte de los asentamientos principales de San Mateo y Santa Elena, erigió diez fortines y organizó la vida de los ocupantes en todos los aspectos: económico, religioso y militar. Asimismo, y con motivo de un recorrido por el Caribe durante dos meses, reforzó las defensas para hacer frente a los nativos hostiles y los piratas en las islas de La Española, Cuba y Puerto Rico.
La falta de provisiones obligó a Menéndez a trasladarse a Cuba y a solicitar víveres y otros recursos al gobernador García de Osorio, mas este se negó. Sin embargo, la visita de un emisario real, recién llegado a La Habana, avisó al adelantado de que una flota francesa atracaría en breve la costa de Florida. Por ello, retornó allí en febrero de 1566 y contactó con los naturales calusas, amistosos, quienes tenían cautivos a varios españoles, y aquel pensó que quizá uno de ellos podría ser su hijo Juan; pero no fue así.
(Figura 5)
SANTA ELENA
Con una flota de tres buques y 150 hombres, recorrió la costa atlántica, en cumplimiento de las órdenes del rey Felipe II, y exploró el litoral de Georgia y la zona meridional de Carolina del Sur. En el enclave de Santa Elena, isla de Parris, Carolina del Sur, construyeron un fuerte de madera, al que denominaron San Felipe (1566), en honor al monarca. Aquella fue la primera capital de Florida entre ese año y 1587. Luego pasó a San Agustín.
Tras una nueva travesía a Cuba, regresó al punto de origen y se encontró con la ayuda prometida por Felipe II: una nutrida cantidad de alimentos, diecisiete barcos y 1.500 hombres, inclusive tres jesuitas. Todo ello al mando del general Sancho de Arciniega, quien también llevaba unos despachos de Felipe II en los que encargaba a Menéndez la fortificación de las islas caribeñas con el propósito de hacer frente a los corsarios franceses.
El avilesino fue nombrado gobernador de Cuba en 1567 y Caballero de la Orden de Santiago, y le concedieron el señorío de Santa Cruz de la Zarza (Toledo), un retrato de corte de Tiziano y el derecho a ser tratado como «Don». El nuevo dirigente, a través de sus delegados en Cuba, construyó el castillo de La Fuerza, un Seminario –germen de una Universidad–, un Hospital Militar, el arsenal de La Habana y la expulsión de los piratas. Elaboró cartas náuticas de archipiélagos, canales –verbigracia el de Bahamas– y la costa norteamericana; y diseñó navíos que acortaban la navegación, los «galeoncetes», con la quilla más alargada en relación con la manga.
FUERTES, PRESIDIOS Y MISIONES
Sintió una gran satisfacción don Pedro Menéndez de Avilés al tocar de nuevo tierra de San Agustín en junio de 1568 con los refuerzos logrados en España; no obstante, todo cambió cuando conoció otra noticia menos agradable. El corsario francés Dominique de Gourgues había atacado por sorpresa el Fuerte de San Mateo con una fuerza de 280 hombres y cientos de indios, y su resultado fue el ahorcamiento de casi todos los residentes. A la vez, los nativos habían asaltado el resto de asentamientos hispanos en Florida. Apenas quedaban los de San Agustín y Santa Elena, aunque en malas condiciones sanitarias, de personal y hambruna. De hecho, los religiosos jesuitas abandonaron las misiones que ocupaban.
En una nueva visita del adelantado al monarca, expuso la situación en el Caribe y Florida, y solicitó ayuda para hacerla frente. Enseguida logró el apoyo real y le acompañaron 300 soldados y franciscanos en la vuelta. En verdad, la actividad y la ilusión de los nuevos expedicionarios impulsaron en cuatro años el cumplimiento de los objetivos reales.
Algunos de los objetivos fueron: limpieza de corsarios de la costa atlántica, exploración de los territorios de Florida, Georgia, Carolina del Sur y el Canal de las Bahamas; así como el castigo a los autores de ataques a españoles; por ejemplo, en Ajacan, bahía de Santa María (hoy Chesapeake, Virginia). A la vez, el capitán Juan Pardo realizó dos expediciones a Las Carolinas y fundó varios fuertes: San Juan, San Pablo y Santiago.
A modo de resumen, don Pedro Menéndez construyó diez fuertes en la costa oriental de Norteamérica, de los cuales, ya por las insurrecciones indígenas, ya por los piratas, quedaron reducidos a dos: San Mateo y Santa Elena.
En cuanto a las misiones –que recibían protección de presidios vecinos–, constituyeron una institución admirable en las fronteras, sirvieron a la iglesia y a la Corona y lograron la integración de millares de indios al cristianismo y a la cultura hispana. Entre los años 1565 y 1700 hubo en la región de Florida cien misiones activas y llegaron a convertirse más de 20.000 naturales, la mayoría timucuas, instruidos por setenta frailes y cinco clérigos.
FINAL DE MENÉNDEZ
Los resultados obtenidos por el avilesino en las Indias fueron significativos y, en honor a ello, Felipe II le tenía reservada una grata noticia, una misión especial en Flandes: la de ayudar a Luis de Requesens a sofocar la rebelión del príncipe de Orange. En consecuencia, aquel se centró en su nuevo cometido y delegó las operaciones de Florida en su yerno Velasco.
Menéndez reunió una poderosa flota en Santander el 8 de septiembre de 1574 compuesta por trescientos buques y 20.000 soldados y marineros; y ese mismo día se sintió enfermo. Abandonó su tarea y el día 17 de septiembre del citado año falleció en dicha ciudad a causa de un tifus exantemático. Tenía 55 años. En su testamento dijo que lo inhumaran en la iglesia de San Nicolas de Avilés, su cuna, si bien la comitiva solo llegó a la villa de Llanes debido a que la galerna se lo impidió. Al cabo de muchos años, en agosto de 1924, los familiares trasladaron sus restos al templo que él eligió con la presencia de autoridades españolas y norteamericanas.
Los asentamientos de Florida quedaron incompletos después de la muerte del adelantado y la política exterior de España, especialmente defensiva. En lo que atañe a Santa Elena, la capital, con apenas 250 habitantes en 1572, se reconstruyó en distintas ocasiones y se abandonó en 1587. Sus habitantes se trasladaron a San Agustín, objetivo del corsario Drake, el cual, pese a los frecuentes asaltos, resistió durante dos siglos, al igual que ocurrió en otras misiones. Al final, mediante el Tratado de París firmado en 1763, la Corona cedió San Agustín y las misiones franciscanas a los ingleses, en tanto que la población de esos lugares, incluidos los indios amigos, se trasladaron a Santo Domingo y se integraron con los hispanos. Dos décadas más tarde, las tierras de Florida pasaron de nuevo a manos españolas por el Tratado de Versalles, mas un ataque norteamericano obligó a la firma del Tratado de Adams-Onís en 1819, y la entrada en vigor en 1821, con la entrega de ese territorio a cambio de cinco millones de dólares –destinados a pagar reclamaciones–. Ese acto tuvo lugar el día 10 de julio de ese año, en la plaza de la Constitución de San Agustín; y ese día se arrió la Bandera roja y gualda.
(Figura 6)
CONCLUSIONES
Pedro Menéndez de Avilés fue un gran militar, marino y navegante, constructor de ciudades, fuertes y misiones. Fundó San Agustín en 1565, primer asentamiento europeo más antiguo en Estados Unidos, que perduró 250 años, hasta su entrega a Estados Unidos en 1821. Ese hecho ocurrió medio siglo antes de que los ingleses llegaran a Jamestown (1609, Virginia) o Plymouth (1620, Masachusets).
Se le llamó el señor del mar Océano por la expulsión total de los piratas franceses y por su conocimiento de las corrientes marinas y la navegación. Fue un notable ingeniero naval que diseñó sus propias embarcaciones e inventó un instrumento náutico que medía con precisión la longitud geográfica. Escribió el Memorial sobre la navegación de las Indias que potenció las escoltas de los galeones de Indias y la defensa de la costa atlántica y las islas del Caribe.
José Garrido Palacios, Teniente coronel del ET (R). Doctor en Filosofía y Letras, de la Asociación Española de Militares Escritores
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